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EL BANDONEÓN EN EL TANGO

El bandoneón es un instrumento de origen alemán, que llegó a estas latitudes para identificar y caracterizar la ejecución del tango rioplatense.

El estilo interpretativo, sus variaciones y ronroneos, le han conferido al tango muchas de sus características melódicas y bailables. De una danza ágil y rápida, con cortes y quebradas, la ejecución del bandoneón produjo una profunda transformación en la danza, más lenta e intimista.

El bandoneón está presente en los títulos o integrando el desarrollo del tema, estableciéndose un diálogo donde el bandoneón, cobra vida y adquiere un protagonismo esencial. En 1928, Pascual Contursi y Juan Bautista Deambroggio escribieron “Bandoneón arrabalero”; “Bandoneón arrabalero, / viejo fueye desinflao, / te encontré como a un pebete / que la madre abandonó / …Bandoneón, / porque ves que estoy triste / y cantar ya no puedo, / vos sabés / que yo llevo en el alma / marcao un dolor”.

Los diálogos alcanzan profundidad y emoción, son verdaderas confesiones, tal como se observa en “La última curda”, 1956, de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo; “Lastima, bandoneón, / mi corazón / tu ronca maldición maleva…/ Pero es el viejo amor / que tiembla, bandoneón, / y busca en un licor que aturda, / la curda que al final / termine la función / ¡corriéndole un telón / al corazón !”.

Fueye es sinónimo de bandoneón. Muchas veces así aparece mencionado en tangos como “Oro bajo”, 1926, de Julio Navarrine y Juan Raggi, en la letra no modificada por la censura en la década del 40:”El fueye melodioso termina un tango papa. / Una pebeta hermosa saca del corazón / un ramo de violetas, que pone en la solapa / del garabito guapo, dueño de su ilusión”.

Cumplendo el papel de padre del tango, lo expresó José Canet en “La abandoné y no sabía”, 1944, cuando dice: “…acunado entre los sones / de bandoneones / nació este tango “.

El bandoneón participa activamente de las situaciones que vive una pareja, acompañando al hombre en su incertidumbre y desasosiego, como un viejo compañero. Lo dijeron Julián Centeya y Enrique Mario Francini en “La vi llegar”, 1944, con estas palabras: ” Y el bandoneón / -rezongo amargo del olvido- / lloró su voz / que se quebró en la densa bruma. / … Y el bandoneón / dice su nombre en su gemido, / con esa voz / que la llamó desde el olvido. / Y en este desencanto brutal que me condena / la vi partir sin la palabra del adios”.

La relación entre el ejecutante y el instrumento es íntima, confidencial. Al bandoneón se le confían los secretos personales mejor guardados, los sentimientos más comprometidos, como integrantes de una sociedad muy especial. Enrique Cadícamo junto a Rafael Rossi, nos dejaron en 1943, “Cuando tallan los recuerdos” : “Aquí está mi orgullo de antes, / bandoneón de mi pasado, / viejo fueye que he dejado / para siempre en un rincón. / Mi viejo fueye querido, / Yo voy corriendo tu suerte, / las horas que hemos vivido / hoy las cubre el olvido / y las ronda la muerte”.

Otras veces, los momentos vividos con el bandoneón se traducen en episodios muy gratos, felices y emotivos, que conducen a una cadena de recuerdos inolvidables, siempre agradecidos. Lo decían Francisco Marino y Juan Arcuri en “Viejo tango”, 1926, : “En el gangozo rezongar del fueye, / brotan sentidas, llenas de emoción / las cadenciosas notas de mi tango, / el viejo tango de mi corazón. / Se llena mi alma de dulces recuerdos / y de añoranzas de mi juventud, / y cada nota asoma a mi memoria / una deuda de inmensa gratitud”.

El alejamiento del hogar por razones laborales, motiva la evocación nostálgica del tango, siempre asociada al querido bandoneón. Así Homero Manzi y Lucio Demare compusieron “Mañana zarpa un barco”, 1942, :” Dos meses en un barco viajó mi corazón, / dos meses añorando la voz del bandoneón / El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión, / al ritmo de su danza se hamaca la emoción. / Bailemos este tango, no quiero recordar, / mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más”.

La humanización del bandoneón queda claramente reflejada, al atribuírsele los mismos sentimientos que nos tocan vivir a diario. Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián lo manifiestan en “Nostalgias”, 1936, al decir: ” Gime, bandoneón, tu tango gris; / quizás a ti te hiera igual / algún amor sentimental…/ Llora mi alma de fantoche, / sola y triste en esta noche, / noche negra y sin estrellas…/ Quiero emborrachar mi corazón / para después poder brindar / por los fracasos del amor”.

El bandoneón y el tango, intimamente entrelazados, elementos determinantes de una inmigración que se asentó en el barrio de la Boca. De acuerdo con Alberto Vacarezza y Antonio Scatasso, así lo señalaron en “El poncho del amor”, 1927, : ” Yo soy del barrio de la ribera, / patria del tango y el bandoneón. / Hijo sin grupo de un gringo viejo, / igual que el tango de rezongón “.

El bandoneón se transforma en el confidente esencial, entre copas y tangos, cuando los romances terminan en la nada pero permanecen en el subconciente, reapareciendo con fuerza incontenible. Homero Manzi y Aníbal Troilo, lo expresaron en “Che, bandoneón”, 1950, : “Bandoneón / hoy es noche de fandango / y puedo confesarte la verdad, / copa a copa, pena a pena, tango a tango, / embalado en la locura / del alcohol y la amargura. / Bandoneón, / ¿para que nombrarla tanto ? / ¿No ves que está de olvido el corazón / y ella vuelve noche a noche como un canto / en las gotas de tu llanto, / Che, bandoneón? “.

El bandoneón era el personaje, la esencia, el motivo, la razón de todas las situaciones emparentadas con el tango. El bandoneón llora, gime, ronronea; se manifiesta de todas las formas posibles ante su dueño. José Staffolani y Pedro Maffia compusieron “Taconenando”, 1931, y así lo contaron: “Y al quejarse el bandoneón / se escuchó / tristes las notas del tango / que nos hablaba de amor, / de mujer, de traición, / de milongas manchadas de sangre / de sus malevos y el “Picaflor”.

Las penas y los romances evocados bajo la acción del alcohol, caracterizaron al famoso tango “Malena”, de Homero Manzi y Lucio Demare, 1942,: “Malena canta el tango como ninguna / y en cada verso pone su corazón. / A yuyo de suburbio su voz perfuma. / Malena tiene pena de bandoneón. / O acaso aquel romance, que solo nombra / cuando se pone triste con el alcohol. / Malena canta el tango con voz de sombra. / Malena tiene pena de bandoneón”.

El tango, Realidades argentinas

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