El Buenos Aires que se fue

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EL METRO CUADRADO

Algunas tareas para el hogar indicadas en la escuela, no podían cumplirse para el día siguiente.

Entonces pedíamos auxilio a nuestros padres, para poder  resolverlas. En la mesa del comedor, cubierta con un mantel de hule con un dibujo cuadriculado, resolvíamos a diario todas las tareas escolares. No era un sitio aislado, dado que confluían simultáneamente, otras actividades.

Una radio encendida, trasmitía una novela, mientras mi madre planchaba sobre una mesa exclusiva para esa labor. Uno de mis hermanos, estudiaba piano y sus lecciones, ocurrían siempre a la misma hora. Recibir el auxilio de mis padres no era sencillo: papá trabajaba fuera de mi casa y mamá estaba ocupada con las tareas hogareñas.

El tema asignado fue “El metro cuadrado”. Debía disponer de una hoja de papel glacé de un metro cuadrado de superficie y dividirla en 100 cuadrados de 10 centímetros de lado. El marcado del papel en 100 cuadrados iguales realizado con un lápiz, no era sencillo. No disponía de una regla superior a un metro de longitud, y el marcado de la hoja debía ser exacto para lograr la total igualdad en el plegado.

Era un trabajo para ser realizado por más de una persona, poniendo mucho esmero para que la tarea fuera exitosa. Fue mucho el tiempo que demandó el plegado correcto para obtener la uniformidad en el resultado final.

Cercana la medianoche, yo era sólo espectador, pero el cuadrado de diez por diez centímetros, estaba listo. Fue una labor realizada totalmente por ellos y yo, fui impotente para dar un paso positivo. Ese día, mis padres realizaron muy bien los deberes que me encomendaron en la escuela, de ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La educación, La infancia

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