El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Junio, 2014

AÑO NUEVO

La llegada del Año Nuevo se vivía en un clima de felicidad.

Era un día diferente, que motivaba el encuentro con familiares y amigos. Rodeado de una publicidad inusual, las radios, revistas y diarios centralizaban su información en la llegada del nuevo año. Las historietas mostraban a un anciano de barba blanca, el Año Viejo, que mostraba con nostalgia a un bebé, el Año Nuevo.

Ese día era regido por la euforia, los buenos deseos para con los vecinos, amigos y familiares. Se preparaban unas comilonas descomunales, con alimentos preparados y cocinados desde temprano, a los que se sumaba lo que aportaban los invitados. Las bebidas de ese día eran sidra, champan o cerveza para los adultos y gaseosas para los pibes, integrando un menú completamente distinto, donde podía degustarse el clásico pan dulce, las típicas variedades de fruta seca como nueces, avellanas y almendras, con el agregado de las almendras confitadas llamadas peladillas.

La cena comenzaba más tarde que lo habitual, de tal modo que la hora del brindis coincidiera aproximadamente con la medianoche. Todos ponían lo mejor de sí, para que transcurriera en un marco de alegría. Un cúmulo de buenas intenciones y deseos se repartían a todos, como si de un día para otro, pudieran experimentarse cambios trascendentes, por el simple hecho de vivir una noche distinta.

El teléfono estaba siempre ocupado por quienes saludaban a amigos y parientes o recibían llamadas similares. Se sintonizaba la radio para brindar a la hora exacta, a fin de despedir al Año Viejo y recibir al Año Nuevo.

Se intensificaba el estallido de cohetes, visibles por la ventana del comedor, que ya habían preanunciado el recibimiento y a veces, podía observarse una pequeña lluvia de fuegos artificiales. Siempre se observaban globos de papel que se elevaban gracias al calor de una vela encendida en su interior, con el aspecto de pálidos faroles voladores, cuya caída, causaba más de un incendio.

Buenos deseos para el año que llegaba, con optimismo y alegría, eran el corolario de los festejos de fin de año, en ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La ciudad, Modas y costumbres, Reuniones sociales

LOTERÍA DE NAVIDAD, AÑO NUEVO Y REYES

La llegada del nuevo año siempre constituía un acontecimiento a todo nivel.

La última semana del año era completamente distinta. La posibilidad de ganar dinero con la Lotería apostando en el “Gordo de Navidad”, creaba un clima de expectación, acentuado durante la transmisión radial del sorteo, esperando la aparición del número ganador. Salvo la quiniela clandestina, no existían otras posibilidades ya que no había “Prode”, “Quini”o “Raspadita”.

Era habitual durante la transmisión radial del sorteo, que duraba varias horas, la demora en el anuncio del premio mayor. La posibilidad de ser un nuevo rico, anidaba en cada uno de los que habían adquirido un billete de lotería. Los resultados del sorteo provocaban todo tipo de comentarios, con una extensa cobertura periodística y radial.

Siempre se consultaba el extracto completo del sorteo, a fin de verificar si se había obtenido algún premio. Los nuevos ricos eran reporteados repetidas veces, brindando historias de vida curiosas y atractivas, que se instalaban en el nutrido anecdotario de los triunfadores en los juegos de azar.

En menor escala y paralelamente al sorteo navideño, se realizaban en almacenes y panaderías, sorteos de grandes canastas conteniendo una diversidad de productos alimenticios, bombones y confitados; también juguetes, grandes muñecas “Marilú” y más raramente, electrodomésticos.

Para los muchos que vieron frustradas las posibilidades de ganar un premio. encontraban un desquite jugando en el sorteo de Año Nuevo, que con un premio menor, abría un nuevo abanico de posibilidades para “salir de pobre”. Si bien no tenía el impacto del sorteo navideño, brindaba la ocasión de beneficiarse  con una importante suma de dinero para la época.

Las entrevistas a los ganadores informaban sobre los planes elaborados previamente ante la posibiidad de ganar un premio, de como los sueños se convertían en realidad. Los beneficiados alcanzaban un inmediato grado de popularidad que después del último sorteo importante, el de Reyes, caían poco a poco en el olvido.

Eran tres sorteos en dos semanas, en los que cambiaba el destino de varias familias. Ya fuera por la adquisición de un entero, de varios billetes, o la modesta participación en uno, en el caso de ganar, todo oscilaba en una muy importante mejoría de la situación económica, hasta la posibilidad de adquirir varios billetes de la próxima jugada.

Los pasos relacionados con el cobro de los premios era rigurosamente registrado por el periodismo. Se conocían las anécdotas de quienes no apostaron al número ganador en ésa ocasión; de los que sí lo hicieron y por cuales razones. Casualidades, contrariedades y coincidencias , se balanceaban constantemente en los relatos que resultaban ser las consecuencias de todas las vivencias relacionadas con los distintos aspectos de los sorteos.

Entre la inmensa mayoría no beneficiada, las esperanzas quedaban postergadas hasta los próximos sorteos de Navidad, Año Nuevo y Reyes, en ese Buenos Aires que se fue.

La ciudad, La cuestión social, Los juegos, Realidades argentinas

DÍA DE CLÁSICO FUTBOLERO

La ansiedad se vivía desde temprano cuando se jugaba un clásico de fútbol.

La convocatopria para asistir a la cancha y compartir las emociones del partido, estaban incentivadas por la propaganda de la radio, los diarios y las revistas deportivas. Todo tipo de especulaciones surgían en las discusiones en el café, en las esquinaas donde había quioscos de venta de diarios y en el trabajo.

Una preocupación constante era conseguir las entradas para asistir al estadio. Ese día, la afluencia de público era suficiente para llenar por completo las instalaciones. Por lo tanto, se concurría lo más temprano posible, para encontrar un lugar adecuado y disfrutar del espectáculo.

Ese día, se almorzaba más temprano la clásica tallarinada de los domingos, a fin de salir con el último bocado en dirección a la cancha. El clima de excitación se vivía en todo lugar, pero era especialmente manifiesto en los medios de transporte.

Un bullicio descomunal era provocado por los cánticos, groseros o no, que los coros improvisado por los aficionados hacían oir en los tranvías, ómnibus o colectivos, ocupados al máximo tanto en el interior, donde no cabía un alfiler, como colgados de los estribos o ubicados en los techos de los tranvías.

A medida que nos acercábamos al estadio, grandes grupos de hinchas, agrupados según el equipo, caminaban a buen ritmo, gritando múltiples expresiones y agitando banderas alusivas. La gente observaba desde los balcones de sus casas, este inusual espectáculo, repetido en ocasión de cada clásico. Como alguno de ellos colocaba una bandera de uno de los equipos, siempre se escuchaba todo tipo de gritos “alusivos”, contrarios a ese club, dirigidos al responsable, que habitualmente, permanecía poco tiempo por razones obvias.

Los controles de entrada eran más estrictos, demorando el acceso al estadio y exaltando el nerviosismo ya existente. La llegada temprano permitía disfrutar el partido de tercera división, preliminar al clásico. Pero el interés estaba centrado exclusivamente en lo que estaba por venir.

Como consecuencia de la enorme cantidad de público, era posible encontrar en la tribuna, algún aficionado al equipo contrario, que denotaba su presencia al gritar un gol o quejarse a viva voz ante una jugada discutida, originando la inmediata reacción de quienes lo rodeaban, invitándolo o recomendándole que se fuera a otro lado. Ya sea en la cancha o pendiente de un aparato radiofónico, los días de clásico se vivían con una mayor expectativa en ese Buenos Aires que se fue.

Los entretenimientos, el fútbol

ANATOLE BORISOVICH SADERMAN

Anatole Borisovich Saderman fue un fotógrafo nacido en Moscú, Rusia, el 6 de mayo de 1904.

En 1918 viajó con su familia a Minsk y luego a Lodz, Polonia, donde estudió inglés y dibujo. En 1921 se estableció en Berlín, Alemania, donde retomó los estudios de bachillerato y el idioma búlgaro. Para ayudar a su familia dictó clases de ruso para alemanes y de alemán para rusos.

Comenzó a pintar carteles y la reproducción de rostros de las figuras cinematográficas de la época para un cine de barrio. La llegada de Hitler, motivó a la familia a emigrar en 1926 hacia América del Sur, viajando a bordo del “Cap Polonio”. Anatole descendió en Montevideo con 3 dólares, libros y una máquina fotográfica. Desconocía totalmente el castellano. Su familia siguió hasta Asunción, Paraguay, donde residía su hermano mayor.

Trabajó de fotógrafo callejero y estudió fotografía con el maestro ruso Nicolás Yarvoff. Obtuvo fotografías del puerto y conventillos montevideanos, empleando una vieja máquina que le había regalado su padre. En 1927 viajó a Asunción, donde instaló su primer estudio fotográfico llamado “Electra”. En 1929 viajó a Formosa y en 1932 se estableció en Buenos Aires, comenzando a trabajar en el Estudio Van Dick, ubicado en Rivadavia y Medrano.

Recorrió todos los escalones de la fotografía, desde retocar un negativo, hacer copias, trabajos en el laboratorio hasta la práctica intensiva de la fotografía. En 1934, abrió su estudio en la calle Callao 1066. Su especialidad fue el retrato y su clientela, principalmente los artistas plásticos. La calidad y cantidad de artistas que desfilaron por su estudio fue muy importante. Saderman fotografió a los más destacados representantes de las artes plásticas argentinas.

La serie comenzó con el escultor Luis Falcini. Le siguieron Raúl Soldi, Lino Eneas Spilimbergo, Antonio Berni, Benito Quinquela Martin, quienes fueron unos pocos de las muchas figuras que pagaron con su talento, el trabajo de Anatole Saderman. El pago se realizaba intercambiando un cuadro por el retrato fotográfico.

Pasado un tiempo, el fotógrafo estableció como condición para el trueque, la de recibir solamente autorretratos, hecho que lo llegó a acumular más de 100 trabajos. Con ambas modalidades, Saderman acumuló una cantidad de cuadros que provocó la envidia de más de un museo, por constituir una muestra real del desenvolvimiento del arte plástico en la Argentina.

Entre 1961 y 1962 vivió en Roma, realizando exposiciones en la Galería Nova Pesa. Su estilo se basó en el estudio del rostro, la iluminación de sus expresiones y el brillo de los ojos, capturando una imagen exclusiva e inimitable.

En 1974 se mudó a Santiago del Estero con su esposa Nina y publicó “Retratos y Autorretratos”. Fue socio fundador de la Asociación de Fotógrafos Profesionales, del Foto Club Argentino y del Foto Club Buenos Aires. Buena parte de su obra se conserva en el Fondo Nacional de las Artes. En 1982 recibió el premio Konex. En 1984 fue nombrado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aitres”. Anatole Saderman, el mayor retratista de la fotografía argentina, vivió en ese Buenos Aires que se fue, donde falleció el 31 de octubre de 1993.

Fuente: Chatrone Celina: Anatole Saderman, un extraño en el espejo. La Nación, ADN Cultura, 08-02-2013.

http://es.wikipedia.org/wiki/Anatole_ Saderman

Villar, Eduardo. Anatole Saderman, el fotógrafo que se muestra en cada retrato. Clarín 07-01-2013.

http://libreriaelextranjero.com/anatole-saderman-retratos-fotograficos…

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