El Buenos Aires que se fue

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LA CEGUERA EN EL TANGO

El tema de la ceguera apareció en pocos tangos.

Se la ha descrito asociada a situaciones vivenciales difíciles, dramáticas, especialmente tristes. Los tangos fueron escritos entre 1920 y 1940, en una época en la que los estudios y tratamientos para la ceguera, eran más deficitarios que en la época actual.

Homero Manzi y Cátulo Castillo nos dejaron “Viejo ciego“, donde describen a un violinista ciego y bebedor, que hacía escuchar las melodías de su violín en la penumbra de un boliche: “Con un lazarillo llegás por las noches / trayendo las quejas del viejo violín / y, en medio del humo, parece un fantoche / tu rara silueta de flaco rocín.// Cuando oigo tus notas, me invade el recuerdo / de aquella muchacha de tiempo atrás…/ ¡A ver viejo ciego! ¡Tocá un tango lerdo!…/ ¡ Muy lerdo y muy triste…que quiero llorar!..”.

A veces se encaraba el tema de la ceguera como “el no querer ver la realidad”, al enfrentar evidencias indeseadas, inadvertidas voluntariamente, focalizadas en las relaciones de pareja, cuando la pasión todo lo superaba. Así lo expresó Luis Rubinstein en “Ciego“: ” Ciego,/ estaba ciego en mi delirio…/ Ciego, / porque ese amor era un martirio…/ Y ahora que cayó / la venda de mis ojos / me asqueo al recordar / tus lindos labios rojos…/”.

El poeta Evaristo Carriego le cantó a lo sórdido del arrabal, a la obrerita tuberculosa y al ciego melancólico. Este punto se rescató en “El último organito“, de Homero Manzi y Acho Manzi: “El último organito irá de puerta en puerta / hasta encontrar la casa de la vecina muerta,/ de la vecina aquella que se cansó de amar./ Y allí molerá tangos para que llore el ciego, / el ciego inconsolable del verso de Carriego, / que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral /”.

La historia contada en “Charlemos“, de Luis Rubinstein, fue un impacto en la década del 40. La triste historia relatada por un ciego, aferrado a una esperanza inalcanzable, fue magistralmente traducida: “¿Belgrano sesenta once? / Quisiera hablar con Reneé…/ ¿No vive allí?…No, no corte…/ ¿Podría hablar con Usted? // ¿Qué dice? ¿Tratar de vernos? / Sigamos con la ilusión…/ Hablemos sin conocernos / corazón a corazón…/ No puedo…No puedo verla…/ Es doloroso, lo sé…/ ¡Cómo quisiera quererla! / Soy ciego…Perdóneme…/”.

La ceguera infantil fue relatada en el tango “La cieguita”, de Patricio Muñoz Acuña y Ramón Betrán Reyua. Con un enfoque muy duro y lamentable, los autores nos dejaron uno de los testimonios más tristes en la relación tango y medicina: “de aquel día que en paseo / vi en un banco a la cieguita / y a su lado a la viejita / que era su guía y su amor. / Y observé que la cieguita / de ojos grandes y vacíos / escuchaba el griterío / de otras nenas al saltar, / y la oí que amargamente / en un son que era de queja / preguntábale a la vieja: / ¿Porqué yo no he de jugar?”. El tango contando historias sobre la ceguera, en ese Buenos Aires que se fue.

Aquellas enfermedades, El tango

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Comentarios

4 respuestas a “LA CEGUERA EN EL TANGO”
  1. horacio asborno dice:

    … y como metafora, tengo el registro del tango: “POBRE CORAZON MIO – CORAZON CIEGO” de A. Scatasso.

  2. Carlos Araujo dice:

    Estimado Horacio Asborno:
    Gracias por su aporte. No conocía el tango que Ud. menciona, de modo que es oportuno, para incorporarlo a los comentados oportunamente.
    Evidentemente, cuatro ojos ven más que dos.
    Saludos cordiales.

    Carlos E. Araujo

  3. horacio asborno dice:

    Hola Don Carlos: podrá escuchar la melodia de éste tango, en mi registro de pianola, haciendo click en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=d959oFwY9JM

  4. Carlos Araujo dice:

    Estimado Horacia Esborno:
    Muchas gracias por enviar el video de su interpretación del tango en la pianola. Se veía muy bien y se escuchaba mejor. Ha sido una grata sorpresa, que mucho aprecio. Y el tango, excelente.

    Cordiales saludos

    Carlos E. Araujo



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