El Buenos Aires que se fue

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COSTUMBRES Y SUPERSTICIONES DE LOS INMIGRANTES

La inmigración no solo trajo gente al país, sino también sus hábitos, costumbres y supersticiones.

Las primeras décadas del siglo XX se poblaron de creencias que sorprendieron nuestra infancia. La crianza de los hijos de inmigrantes se realizó dentro de estas características, absorbiendo todas las costumbres inherentes a cada grupo inmigratorio, muchas de las cuales han perdurado a través del tiempo y su evocación, siguen causando curiosidad.

Fue muy difundida la “protección” brindada por una pastilla de alcanfor, colocada dentro de una bolsita de género, que colgaba del cuello. Se le atribuían propiedades preventivas de las enfermedades respiratorias. Durante todo el invierno, vivíamos con esa bolsita con el alcanfor consumiéndose lentamente. Niños y adultos, “se beneficiaban” de sus propiedades exclusivas.

Las amenazas de padres y abuelos se centraban sobre la “víctima infantil” cuando se jugaba con astillas de madera encendidas porque se afirmaba que durante la noche, el niño se orinaba en la cama. Si algo así ocurría, con o sin fuego de por medio, un castigo corporal era el colofón.

El sarampión “brotaba” mejor, si se envolvía al niño con telas de color rojo, y se cubrían las ventanas con papel rojo. Los niños nacían en un repollo, o los traía una cigueña desde París. Pero los adultos también sucumbían a tradicionales costumbres para protegerse, como el hecho de evitar la mala suerte que sucedía cuando se barría la cocina de noche.

Las supersticiones referidas a la mala suerte impedían a muchas personas pasar por debajo de una escalera o embarcarse en día martes 13. En la búsqueda de la buena suerte, esas personas tocaban madera. Entre todas las creencias supersticiosas que hemos heredado preponderan las destinadas a protegernos del mal.

La herradura está considerada el más universal de los amuletos de la suerte, especialmente colgados sobre la puerta de entrada a la casa, ubicada con los extremos hacia arriba. Una de las supersticiones más extendidas sobre la mala suerte, es la rotura de un espejo, lo que anunciaba 7 años de mala suerte.

También sobre la mala suerte es el número 13, número de mal agüero, a tal punto que en los hoteles, no figura el piso 13; se pasa del 12 al 14 y algo similar ocurre en las líneas aéreas, donde esa fila no existe. Sentar 13 personas en una mesa era una aberración, porque uno de ellos moriría ese año.

Se señalaba que tener plumas de caburé en la casa, aumentaba el poder de seducción. Estas creencias y supersticiones, tuvieron fuerte vigencia en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://usuaris.tinet.cat/vue/supersticiones_1.htm

La inmigración, Modas y costumbres

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