El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Febrero, 2013

LOS JUEGOS INFANTILES EN EL TANGO

La infancia y comienzo de la adolescencia está estrechamente vinculada con los juegos que nos acompañaron durante nuestra infancia. El tango, como expresión de Buenos Aires, supo incorporarlos en sus letras para asignarles la importancia que poseían en la vida de la muchachada.

El fútbol es y ha sidoi, pasión de multitudes; con su práctica desde edad muy temprana, se buscaba en un club de fútbol importante, alcanzar fama y bienestar económico. Era el sueño de muchos que se materializaba en algunos pocos. Estas ansias y proyectos han quedado muy bien reflejados en “El sueño del pibe”, de Reinaldo Yiso y Juan Puey:”Vas a ver que lindo / cuando allá en la cancha / mis goles aplaudan,/ seré un triunfador / jugaré en la quinta, / después en primera, / yo se que me espera / la consagración.”

La llegada al barrio del circo, era un acontecimiento importante. Una o dos veces al año ocurría esa visita, de modo que se hacía lo imposible para estar presente en alguna función. En los días previos al debut, algunos artistas y un remolque con alguna fiera, recorría las calles del barrio, distribuyendo programas y anunciando la presentación. Eduardo E. Beecar y Roberto Fugazot nos dicen en “Circo criollo”: “Ya la murga con sus sones de platillos y trombones / circuló por todo el pueblo, pregonando por doquier, / e imprimiendo en cada nota esta frase como un dejo:/ “circo gaucho, circo viejo, te vas para no volver” / De los pibes la algazara y el payaso con su cara / y sus locos cascabeles que va viendo enmudecer, / va expresando con la mueca de su labio y su entrecejo, / “circo gaucho, circo viejo, te vas para no volver”.

Probablemente sea la calesita, el juego ligado al niño desde la más temprana edad. ¡Quién no ha girado por una vez en la calesita!. Quién no ha vibrado de emoción cuando sacó la sortija. Y cuando más crecidos, realizaban piruetas sobre un caballo de madera o un avioncito con la hélice rota. La relación del niño con la calesita ha sido una constante a través del tiempo. Fueron Cátulo  Castillo y Marianito Mores, quienes dieron vida al inolvidable “La calesita”: “Grita la calesirta / su larga cuita maleva; / cita que por la acera / de Balvanera nos lleva. / …Vamos, que nos espera / con su poller marchita, / esta canción que rueda / la calesita…

El barrilete es otro de los juegos forzozamente ligados a la etapa infantil, aunque no exclusivamente, porque adolescentes y adultos, no perdían la oportunidad “de ayudar” a remontarlo. Pero todas las viscicitudes relacionadas con la fabricación del barrilete y su posterior remontada, configuran una imagen imposible de olvidar. Eladia Blazquez escribió “Sueño de barrilete”: “Yo quise ser un barrilete / buscando altura en mi ideal, / tratando de explicarme / que la vida es algo más / que darlo todo por comida. / y he sido igual que un barrilete, / al que un mal viento puso fin / no se si me falló la fe, la voluntad, / o acaso fue que me faltó piolín”.

El comienzo del invierno anunciaba que estaba próximo el día de San Pedro y San Pablo, cuando en cada barrio, se lo celebraba con la tradicional fogata del 29 de junio, que se hacía con todo lo inflamable recolectado desde dos semanas antes. Todo lo combustible, era útil para alimentar ese fuego que congregaba a los habitantes del barrio a participar del festejo anual y quemar algún muñeco, preparado para ese día. Julio Huasi e Ismael Spitalnik escribieron “San Pedro y San Pablo”: “Los purretes trajeron la madera, / tablones, sillas rotas, un catre y un cajón. / La montaña se hará pronto una hoguera, / las viejas tendrán brasas, no gastarán carbón. / …y las casas serán rojos fantoches, / millones de fogatas habrá por la ciudad, / surgirá la mañana en plena noche, / paloma y papa asada los pibes comerán”. Era la reunión que finalizaba cuando sólo quedaban algunas brasas esparcidas, sobre un empedrado que guardaba el calor durante muchas horas.

Ninguno podrá olvidar los juegos en la vereda, como la rayuela, las bolitas, el patrón de la vereda y tantos otros. Han sido épocas estampadas en el cerebro para siempre. Son recuerdos imperecederos que han quedado retenidos. Julio Navarrine y Juan Raggi lograron un acierto con “Oro muerto”: “El dueño de la casa / atiende a las visitas;/ los pibes del convento / gritan en derredor / jugando a la rayuela, / al salto, a las bolitas, / mientras un gringo curda / maldice al Redentor”.

Los espectáculos con títeres, se ofrecían en festivales infantiles, fiestas de cumpleaños o en fiestas parroquiales. Los pibes quedaban atrapados durante esos minutos de hechizo que surgían de las trompadas y cabezazos de esos muñecos inquietos. José Tagini y Juan Guichandut nos dejaron el clásico “Marionetas” que dice: “¡Arriba Doña rosa! / ¡Don Pánfilo , ligero! / y aquel titiritero / de voz aguardentosa / nos daba la función…/ Tus ojos se extasiaban: / aquellas marionetas / saltaban y bailaban / prendiendo en tu alma inquieta / la cálida emoción…”.

El tango, La infancia, Los juegos

MIGUEL DE MOLINA

Miguel Frías, conocido como Miguel de Molina, nació en Málaga el 10 de Abril de 1908.

Creció rodeado de mujeres: su abuela, su madre y cuatro tías. Se educó en un colegio de monjas. A los 13 años, obtuvo trabajo en un burdel, donde se ocupó de la limpieza, hacer compras y cocinar. Posteriormente, se alejó del burdel dirigiéndose a Sevilla, donde organizó espectáculos para turistas, hasta el año 1930, cuando es reclutado para el servicio militar en Madrid.

Al año siguiente comienzó su actividad profesional en el mundo del espectáculo, destacándose como intérprete de la copla, género habitualmente interpretado por mujeres y que en el arte de Miguel de Molina, se convirtió en una atracción sin precedentes, tal el caso de “Ojos verdes” y “La bien pagá”, por ejemplo.

Durante la Guerra Civil, se encontró del lado republicano, actuando con su espectáculo ante las tropas republicanas, para levantar su ánimo. Al finalizar la guerra en 1939, las tropas franquistas lo torturaron por homosexual y rojo, sufriendo sucesivas prohibiciones que le impidieron trabajar. Nunca ocultó su situación de gay.

En 1942 viajó a Buenos Aires invitado por la actriz Lola Membrives, para actuar en el Teatro Cómico durante la temporada de verano, obteniendo una sucesión de éxitos, y convirtiéndose en el artista de moda. Comenzado el otoño de 1943, preparó un espectáculo en el Teatro Avenida y fue contratado por Radio Belgrano.

En Julio de ese año, fue enviado de regreso a España por orden de la embajada española, permaneciendo la semana previa al viaje, alojado en la cárcel de Villa Devoto y perdiendo todas sus pertenencias. En 1945 viajó a México repitiéndose el éxito en sus presentaciones en “El Patio” y en el “Tetro Esperanza Iris”, pero fue acosado en su labor por miembros del sindicato.

Escribió entonces una carta a Eva Perón, solicitando regresar a la Argentina. Se le respondió que nada impedía su retorno y se le facilitó el ingreso al país. Llegó a Buenos Aires el 21 de Setiembre de 1946, reapareciendo 3 semanas después en el Teatro Premier, siendo ovacionado. Muy agrdecido, actuó en numerosos actos de Gobierno y de la Fundación Eva Perón.

Participó en 3 películas, sin mucho éxito. En 1957 regresó a España donde actuó por poco tiempo, y decidió dejar la actuación. Nuevamente en la Argentina, se alojó en su palacete ubicado en O’Higgins y Echeverría, en el bario de Belgrano, viviendo de sus ahorros y de la venta de sus antigüedades y obras de arte.

Se hizo famoso por su manera de entonar las coplas españolas. Su concepción teatral de los números musicales cambió por completo el mundo del varieté. El toque femenino que daba a su vestimenta, residía en las blusas que diseñaba, cosía y usaba. Falleció en su casa, el 5 de Marzo de 1993. Miguel de Molina fue un artista cabal, eximio representante del cante español, en especial la copla, que vivió en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Beccacece H. Un artista excepcional. La Nación, 25-03-2011.

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Artistas destacados, El Teatro, El exilio, Vivieron en Buenos Aires

LA BATALLA DEL RÍO DE LA PLATA

La Batalla del Río de la Plata fue el único episodio de la Segunda Guerra Mundial entre buques ingleses y alemanes desarrollado en América del Sur, en aguas territoriales uruguayas.

Participaron el Acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee y los cruceros británicos Ajax, Achilles y Exeter. El Graf Spee partió de Alemania el 21 de Agosto de 1939. Su objetivo fue entorpecer el abastecimiento británico hundiendo los barcos mercantes que encontró en su trayecto, pero con una característica singular: a los buques capturados no les permitió transmitir el ataque, evacuó a la tripulación, capturó a los oficiales y no se produjo ninguna muerte.

En Diciembre de 1939, se dirigió a la zona del Río de la Plata donde se encontró con los buques británicos el día 13 de Diciembre. El combate duró 90 minutos, a raíz del cual el Exeter abandonó la lucha, y el Ajax y Achilles, en malas condiciones, se limitaron a perseguir al Graf Spee, que entró al puerto de Montevideo para reparaciones y provisión de municiones.

Múltiples negociaciones diplomáticas resolvieron autorizar la permanencia en el puerto durante 72 horas, al cabo de las cuales, lo abandonó fondeando cerca de la costa. La tripulación abordó el carguero Tacoma, que transportó a más de mil hombres hasta Buenos Aires.

El Graf Spee fue volado por orden de su Capitán. Minutos antes de la explosión, el Capitán Hans Langsdorff y 40 hombres abandonaron el buque rumbo a Buenos Aires, siendo trasladados al Hotel de Inmigrantes. El Capitán Langsdorff se alojó en el Arsenal Naval donde envuelto en la bandera alemana se suicidó de un disparo en la cabeza, el 19 de diciembre de1939, dejando una carta explicativa.

Parte de la tripulción del Graf Spee se alojó an Argentina, en las provincias de Córdoba, San Juan y Mendoza donde se establecieron reanudando sus vínculos familiares. Algunos fueron seleccionados por entidades alemanas como la Embajada, la Aeronáutica Condor, y las empresas Siemens y Merck.

Pasado el tiempo, al cumplirse 30 años de la Batalla, se realizó en Mendoza una reunión notable: los sobrevivientes de los cuatro buques y sus familias, se encontraron en una reunión de camaradería de varios días de duración, en donde la emoción de los recuerdos, las anécdotas y la nostalgia renovaron emociones.

Las reuniones se transformaron en costumbre, ya que acordaron repetir los encuentros anualmente, en el mes de diciembre, al conmemorarse la fecha en la que el Graf Spee fue volado. Ese día hay una cita en los cementerios alemán y británico de Buenos Aires, a la que acuden los veteranos sobrevivientes y sus familias a visitar las tumbas del Capitán Hans Langsdorff y de veteranos fallecidos, alemanes y británicos.

Se escuchan los compases melancólicos de “Der Gute Kamerad” (El buen camarada), vieja canción militar  que  cantaban los soldados y marinos alemanes para honrar a sus muertos. La reunión finalizaba en un tradicional restaurante alemán.

Las reuniones de camaradería continúan desarrollándose también en Villa General Belgrano, Córdoba, rememorando un episodio inolvidable de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://www.dickhaus.com/historia_pag_Graf_Spee.htm

http://www.juanjoseflores.com.ar/2004/12/los-tripulantes-del-Graf-Spee.html

http://www.lanacion.com.ar/467026-el-reencuentro-de-los-camaradas-br-admiral-graf-spee

https://www.box.com/public/khlhZunilo

El exilio, Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

EL TOSCANO AVANTI

Los “Cigarros Avanti”, los más populares en Italia, comenzaron a fabricarse en Buenos Aires en el año 1902, en el barrio de Villa Urquiza.

La fábrica estaba ubicada en un galpón de ventanales amplios, que ocupaba una manzana y llegó a alojar alrededor de 1500 obreros. Realizaban un trabajo exclusivamente artesanal. La Compañía Introductora de Buenos Aires, (CIBA), fue la responsable de todos los procesos de la fabricación: Recepción del tabaco, Secado, Despalillamiento, Armado y Embalaje para su posterior comercialización.

Cada una de las 200 cigarreras que allí trabajaban, elaboraban mil toscanos bicónicos por día, que luego eran estampillados. El consumo del “Cigarro Avanti”, era muy popular especialmente, entre los inmigrantes italianos que en la ciudad de Buenos Aires, superaban el 50 por ciento de la población. Pero los argentinos no se quedaron atrás.

Se vendían los envases conteniendo dos toscanos o cuatro medio toscanos. Al toscano original se lo cortaba por el centro, justo donde estaba la etiqueta y se disponía de dos mitades, en condiciones de ser fumadas. Esta marca de cigarros llegó a ser la más famosa del país.

La promoción del tradicional toscano  era frecuente verla en murales y en los tranvías. Era habitual encontrar personas fumando un “Avanti”. En los bares, el “Avanti” integraba el aroma dominante, mezclado con el vaho del alcohol, durante las interminables partidas de truco o de tute. Los carreros arengaban a los percherones, sin sacarse el toscano de la boca. Los vendedores ambulantes como fruteros, pescadores o maniseros, siempre llevaban el toscano, encendido o apagado, durante sus tareas.

La popularidad de este cigarro estaba muy extendida, máxime si se tiene en cuenta que en la década del 30, el consumo anual era de 70 millones, elaborados principalmente con tabaco Criollo Misionero. Los que fumaban cigarrillos preferían el tabaco negro sin filtro, ya que el tabaco rubio aún, no había alcanzado popularidad.

La inclinación hacia los toscanos comenzó a declinar en la década de 1950, dando lugar al consumo de cigarrillos rubios, con o sin filtro. Como consecuencia de ello, la Compañía cerró sus puertas en el año 1958. Los cigarros “Avanti” constituyeron durante más de medio siglo, la fuente de toscanos económicos y más populares en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http: consumosdelayer.blogspot.com.ar/2011_11_01_archive.html

La cuestión social, La inmigración

TANTURI - CASTILLO

Ricardo Tanturi y Alberto Castillo constituyeron uno de los binomios tangueros más representativos de la década del 40.

Ricardo Tanturi, llamado “El caballero del tango”, nació en el barrio de Barracas el 27 de Enero de 1905. Fue dentista y pianista. En 1933 formó un sexteto típico llamado “Los Indios”, igual que un equipo de polo de esa época. Trabajó en el Hotel Carrasco, de Montevideo y comenzó a grabar en el sello “Odeón”.

Se incorporó a los programas de Radio “El Mundo”, cambiándose al sello grabados “Víctor”. En 1939, se incorporó el cantor Alberto Castillo a quien llamaron “El cantor de los 100 barrios porteños”. De esta forma orquesta y cantor ingresaron de inmediato a la popularidad, dando origen a una sucesión de éxitos que impulsó el expectacular ascenso de ambos, arrastrando multitudes.

Alberto Salvador De Luca, conocido como Alberto Castillo, fue uno de los intérpretes más carismáticos de toda la historia de la música rioplatense. Nació en Mataderos, el 7 de Diciembre de 1914. Comenzó a cantar mientras estudiaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires obteniendo el título de Médico en 1942.

Trabajó con los conjuntos de Armando Neira, Augusto Berto y Mariano Rodas. Conoció al maestro Tanturi en un baile universitario, donde cantó algunos temas. Ingresó al conjunto en 1939 permaneciendo hasta 1943. Fueron años de un éxito clamoroso.

Castillo no imitaba a nadie. Era completamente distinto, por la forma de cantar, por sus gestos exagerados, por su manejo del micrófono, su forma de vestir a la usanza “Divito” y por su provocativa forma de decir, con un tono cachador, arrastrando el fraseo, con una cadencia rea. Fue un verdadero transgresor que provocó odios y amores entre el público.

El primer disco del binomio Tanturi- Castillo apareció el 8 de Enero de 1941, el vals “Recuerdo”, de Alfredo Pelaia. Pero sin lugar a dudas, fue el tango “Así se baila el tango”, de Elías Randal y Marvil, el que mejor lo caracterizó cuando decía:”¡Qué saben los pitucos, / lamidos y shushetas, / que saben lo que es tango, / que saben de compás”. Siempre alguno se daba por aludido y comenzaba la bronca.

Luego de su desvinculación de Tanturi actuó como solista. Su orquesta fue dirigidas sucesivamente por Emilio Balcarce, Enrique Alessio y Angel Condercuri. Ricardo Tanturi falleció el 24 de Enero de 1973 y Alberto Castillo el 23 de Julio de 2002.

El binomio constituido por Ricardo Tanturi y Alberto Castillo fue uno de los más exitosos en la década del 40, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Sentir el tango. Nº 12, 1998. Ed. Altaya.

Binomios tangueros, El tango

EL WINCOFÓN

El “Wincofón” era un reproductor eléctrico de discos aparecido en Buenos Aires a fines de la década de 1950.

Estaba dotado de un motor eléctrico que movía un plato giratorio, a una velocidad constante de 78 RPM, 45 RPM o 33 1/3 RPM. La velocidad se modificaba mediante el movimiento de una perilla exclusiva para tal fin. Para los discos de 45 RPM, era necesario agregar un cilindro que se colocaba en el vástago central, dado que el centro de esos discos era muy amplio.

Eran automáticos, es decir que se colocaban varios discos simultáneamente, no más de ocho, y con un solo movimiento de la perilla de arranque , se podían escuchar todos. Al caer el último disco, el brazo fonocaptor apagaba el motor finalizando la reproducción.

El brazo fonocaptor disponía de 2 púas: una para los discos de 78 RPM y la restante para los de 45 RPM y 33 1/3 RPM. Se la giraba manualmente mediante una perilla ubicada en el extremo frontal del brazo. El “Wincofón” podía ser monoaural, con su propio parlante o estereofónico, mediante el acople de un segundo parlante en una salida opcional. Algunos modelos, tenían incorporada una radio.

Al wincofón se lo podía hallar en la mayoría de los hogares donde habitaban adolescentes. Difundió masivamente la música de los 60 y 70, siendo el insustituible complemento en las celebraciones de fiestas, cumpleaños y asaltos, esas clásicas reuniones bailables organizadas por estudiantes, en la casa de uno de ellos.

El “Wincofón” fue el reproductor musical “de mesa” más popular, para la difusión de discos en ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La cuestión social, Los entretenimientos, Reuniones sociales
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