El Buenos Aires que se fue

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PARIS EN EL TANGO

París fue la ciudad, que representó para el tango, su ingreso y aceptación como danza a nivel internacional.

En los comienzos del siglo XX, la aparición del tango fue recibida con mucha reserva. Su origen prostibulario y sus letras reñidas con la moral de la época, fueron factores de rechazo en los círculos sociales. El tango no era bien visto y en su aceptación, fue muy importante la etapa parisina.

Allí se consagró y desde allí, fue lanzado a la consideración internacional. La moda de visitar París, disfrutar de la Ciudad Luz, participar de su vida bohemia con sus atracciones nocturnas, con sus mujeres y sus desengaños, han integrado el contenido de tangos tradicionales.

En “Anclao en París“, de Enrique Cadícamo y Guillermo Barbieri, la nostalgia y la amargura, son temas dominantes: “Tirao por la vida de errante bohemio / estoy, Buenos Aires, anclao en París. / Curtido de malas, bandeado de apremios, / te evoco desde este lejano país. /……¡Lejano Buenos Aires, qué linda has de estar! / ya van para diez años / que me viste zarpar. / Aquí, en este Montmartre, / faubourg sentimental, / yo siento que el recuerdo / me clava su puñal…!”.

El recuerdo de la mujer inalcanzable, con sus dudas y misterios, está relatado por Julián Centeya y Enrique Delfino en “Claudinette“: “Medianoche parisina / en aquel café concert, / como envuelta en la neblina / de una lluvia gris y fina / te vi desaparecer…/ Me dejaste con la pena / de saber que te perdí, / mocosita dulce y buena / que me diste la condena / de no ser jamás feliz”.

La descripción de las “grisettes”, como se denominaba a las obreras de la costura que transitaban situaciones prostibularias, fue un verdadero acierto en el tango “Griseta”, de José González Castillo y Enrique Delfino: “Mezcla rara de Museta y de Mimí / con caricias de Rodolfo y de Schaumard, / era la flor de París / que un sueño de novela trajo al arrabal. / Y en el loco divagar del cabaret, / al arrullo de algún tango compadrón / alentaba una ilusión, / soñaba con Des Grieux, / quería ser Manón…”.

El destino fatal causado por la tuberculosis, quedó reflejado en muchos tangos, como reflejo de la vida diaria, cuando la enfermedad era preludio de muerte. En “Mimí Pinzón”, José Rótulo y Aquiles Roggero lo destacan claramente: “Un día más, / un año más, / que estoy perdido en la neblina…/ En esa niebla de la noche parisina / que te alejaste para nunca retornar. / Yo te llamé / Mimí Pinzón, / porque en tu afán de ser coqueta / te fue arrastrando al igual que la Griseta, / y el mismo mal y su final te castigó”.

El rudo invierno parisino está asociado con letras tristes y desgarradoras. Héctor Blomberg y Enrique Maciel escribieron el tango “La que murió en París”, donde una vez más, la tuberculosis es, lamentablemente, la figura dominante: “Yo sé que aún te acuerdas del barrio perdido, / de aquel Buenos Aires que nos vió partir. / Que en tus labios fríos aun tiemblan los tangos / que en París cantabas antes de morir…/ La lluvia de otoño mojó los castaños, / pero ya no estabas en el bulevar…/ Muchachita criolla de los ojos negros, / tus labios dormidos ya no han de cantar…/….¡Muchachita, como tosías / aquel invierno al llegar…! / como un tango te morías / en el frío bulevar”.

El tango incorporó la figura de la francesita que pasó su juventud entre fiestas y champagne, hasta que encontró a un argentino que le chamuyó en el oído, dejando París por Buenos Aires. Lo expresaron muy bien Enrique Cadícamo y Eduardo Pereyra en “Madame Ivonne”: “Mademoiselle Ivonne era una pebeta / en el barrio posta del viejo Montmartre. / Con su pinta brava de alegre griseta / animó las fiestas de Les Quatre Arts. / Era la papusa del Barrio Latino / que supo a los puntos del verso inspirar. /….Han pasao diez años que zarpó de Francia, / Mademoiselle Ivonne hoy es sólo “Madame” / …Ya nada le queda de aquel argentino / que entre tango y mate la alzó de París”.

Eran las primeras décadas del siglo XX cuando Buenos Aires miraba hacia Europa. París ejercía sobre los argentinos una atracción total; era una meta estar en París, pasar por París, vivir en París. El tango, no quedó ajeno a este influjo por lo que incorporó muchas vivencias de la época, acaecidas en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La cuestión social, Realidades argentinas

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