El Buenos Aires que se fue

Blog en Monografias.com

 

Archivo de Enero, 2013

EL CIGARRERO AMBULANTE

El cigarrero ambulante se caracterizó por emplear un puesto móvil para la venta de cigarrillos.

Pertenecía a la categoría de vendedores de artículos no perecederos, es decir, que no estaban obligados a deshacerse rápidamente de su mercadería. Armaba su puesto en aquellos lugares de la ciudad bien concurridos, con mucho movimiento. El puesto de venta difería según estuviera o no discapacitado.

En el primer caso, usaba un mueble vitrina de dos compartimientos, con rueditas para facilitar su desplazamiento. Se ubicaba cerca de las esquinas. Una persona discapacitada atendía la venta sentado en una silla. Vestido con traje y sombrero o gorra, se ocupaba de la venta de cigarrillos de distintas marcas, destacándose una que auspiciaba ese puesto de venta.

También vendía cigarros, fueran toscanos o caburés, como se denominaba a los medio toscanos. El envase de toscanos estaba abierto, porque se vendía por unidades. 

La mercadería estaba a la vista, protegida por las puertas vitrina, de vidrio transparente. Un segundo compartimiento ubicado en la mitad inferior, se utilizaba para guardar la mercadería. Si bien es cierto que los cigarrillos se reponían con mucha frecuencia, siempre había un remanente para responder a la demanda del momento.

Con la compra de un atado de cigarrillos, se obsequiaba una carterita conteniendo 12 fósforos de papel. Las cajitas costaban 5 o 10 centavos y contenían 45 o 90 fósforos de papel marca “Ranchera”, respectivamente. También se vendían fósforos de cera marca “Victoria” .

Cumplido el horario de trabajo, el mueble quedaba cerrado y amarrado junto con la silla a un árbol, o era transportado a un portal cercano, donde se guarecía hasta el día siguiente. En muchas ocasiones, estaba ubicado al lado del portal.

Los vendedores sin discapacidad, empleaban un puesto de trabajo más sencillo, consistente en un cajón de madera que se ubicaba sobre un caballete o una mesa tijera, muy fácil de transportar. Se lo ubicaba en el lugar más conveniente, de acuerdo con el desarrollo de cualquier evento que convocara mucho público.

Este mini emprendimiento comenzó en la primera década del Siglo XX y persistió hasta avanzada la década de 1960. El cigarrero ambulante, desaparecido hace muchos años, fue un personaje de las calles en ese Buenos Aires que se fue.

La ciudad, Personajes de la ciudad

PARIS EN EL TANGO

París fue la ciudad, que representó para el tango, su ingreso y aceptación como danza a nivel internacional.

En los comienzos del siglo XX, la aparición del tango fue recibida con mucha reserva. Su origen prostibulario y sus letras reñidas con la moral de la época, fueron factores de rechazo en los círculos sociales. El tango no era bien visto y en su aceptación, fue muy importante la etapa parisina.

Allí se consagró y desde allí, fue lanzado a la consideración internacional. La moda de visitar París, disfrutar de la Ciudad Luz, participar de su vida bohemia con sus atracciones nocturnas, con sus mujeres y sus desengaños, han integrado el contenido de tangos tradicionales.

En “Anclao en París“, de Enrique Cadícamo y Guillermo Barbieri, la nostalgia y la amargura, son temas dominantes: “Tirao por la vida de errante bohemio / estoy, Buenos Aires, anclao en París. / Curtido de malas, bandeado de apremios, / te evoco desde este lejano país. /……¡Lejano Buenos Aires, qué linda has de estar! / ya van para diez años / que me viste zarpar. / Aquí, en este Montmartre, / faubourg sentimental, / yo siento que el recuerdo / me clava su puñal…!”.

El recuerdo de la mujer inalcanzable, con sus dudas y misterios, está relatado por Julián Centeya y Enrique Delfino en “Claudinette“: “Medianoche parisina / en aquel café concert, / como envuelta en la neblina / de una lluvia gris y fina / te vi desaparecer…/ Me dejaste con la pena / de saber que te perdí, / mocosita dulce y buena / que me diste la condena / de no ser jamás feliz”.

La descripción de las “grisettes”, como se denominaba a las obreras de la costura que transitaban situaciones prostibularias, fue un verdadero acierto en el tango “Griseta”, de José González Castillo y Enrique Delfino: “Mezcla rara de Museta y de Mimí / con caricias de Rodolfo y de Schaumard, / era la flor de París / que un sueño de novela trajo al arrabal. / Y en el loco divagar del cabaret, / al arrullo de algún tango compadrón / alentaba una ilusión, / soñaba con Des Grieux, / quería ser Manón…”.

El destino fatal causado por la tuberculosis, quedó reflejado en muchos tangos, como reflejo de la vida diaria, cuando la enfermedad era preludio de muerte. En “Mimí Pinzón”, José Rótulo y Aquiles Roggero lo destacan claramente: “Un día más, / un año más, / que estoy perdido en la neblina…/ En esa niebla de la noche parisina / que te alejaste para nunca retornar. / Yo te llamé / Mimí Pinzón, / porque en tu afán de ser coqueta / te fue arrastrando al igual que la Griseta, / y el mismo mal y su final te castigó”.

El rudo invierno parisino está asociado con letras tristes y desgarradoras. Héctor Blomberg y Enrique Maciel escribieron el tango “La que murió en París”, donde una vez más, la tuberculosis es, lamentablemente, la figura dominante: “Yo sé que aún te acuerdas del barrio perdido, / de aquel Buenos Aires que nos vió partir. / Que en tus labios fríos aun tiemblan los tangos / que en París cantabas antes de morir…/ La lluvia de otoño mojó los castaños, / pero ya no estabas en el bulevar…/ Muchachita criolla de los ojos negros, / tus labios dormidos ya no han de cantar…/….¡Muchachita, como tosías / aquel invierno al llegar…! / como un tango te morías / en el frío bulevar”.

El tango incorporó la figura de la francesita que pasó su juventud entre fiestas y champagne, hasta que encontró a un argentino que le chamuyó en el oído, dejando París por Buenos Aires. Lo expresaron muy bien Enrique Cadícamo y Eduardo Pereyra en “Madame Ivonne”: “Mademoiselle Ivonne era una pebeta / en el barrio posta del viejo Montmartre. / Con su pinta brava de alegre griseta / animó las fiestas de Les Quatre Arts. / Era la papusa del Barrio Latino / que supo a los puntos del verso inspirar. /….Han pasao diez años que zarpó de Francia, / Mademoiselle Ivonne hoy es sólo “Madame” / …Ya nada le queda de aquel argentino / que entre tango y mate la alzó de París”.

Eran las primeras décadas del siglo XX cuando Buenos Aires miraba hacia Europa. París ejercía sobre los argentinos una atracción total; era una meta estar en París, pasar por París, vivir en París. El tango, no quedó ajeno a este influjo por lo que incorporó muchas vivencias de la época, acaecidas en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La cuestión social, Realidades argentinas

EL BARRIO DE LAS MIL CASITAS

El “Barrio de las mil casitas” está ubicado en Liniers, integrado por los barrios Tellier y Falcón.

Fue en 1924, cuando una ordenanza de la Intendencia de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a construir el barrio Tellier-Falcón, en el predio comprendido por las calles Carhué, Ramón Falcón, Cosquín e Ibarrola, más conocido las “mil casitas” o “Casitas baratas”.

Fueron adjudicados por sorteo a empleados que tenían un sueldo superior a 400 pesos, cuyos hijos eran estudiantes de nivel secundario o universitario. Construidas en dos plantas poseían living en la planta baja, 2 habitaciones con ventanas altas, 2 baños y un entrepiso para guardar objetos varios.

Se ubicaron en manzanas divididas en tres sectores, configurando calles más angostas. Las calles surgidas de su construcción fueron denominadas pasajes con nombres de pájaros, flores o libros. Formaron parte de casas similares edificadas en Floresta y Flores, en la década de 1920.

Estaban inspiradas en las casonas holandesas y siempre se conocieron como “las casitas baratas”, a pesar de que las cuotas a pagar, eran elevadas para la época. El predio original fue ampliado extendiéndose hasta las calles Tuyutí y Boquerón.

En 1934, como consecuencia de la crisis del 30, la Compañía de Construcciones Modernas resolvió retirar los aportes. Las casas pasaron a la Municipalidad respetándose los acuerdos previos y se fijó un alquiler mensual, para quienes no podían adquirirlas.

Tenían pisos y escaleras de madera con baranda, que crujían al caminar y al pisar los escalones. Solían estar pintados en tonalidades marrón oscuro. El aspecto uniforme que presentaban, fue paulatinamente modificado por cada familia, adaptándolos a los gustos o necesidades de cada uno, como la construcción de garages en el área del living.

Fueron muchas las familias que con menos recursos mantuvieron el “sueño de la casa propia”. Se constituyó en un verdadero modelo de la transformación social porteña. Los barrios de “las casitas baratas” constituyeron un formidable aporte edilicio, refugio de la clase media trabajadora durante el crecimiento y unificación social de ese Buenos Aires que se fue. 

Fuente: http://www.skyserapercity.com/showtheread.php?t=436129

http://liniersrepublic.blogspot.com.ar/2011/10/las_mil_casitas_de_liniers.html

El barrio, La casa, La ciudad, La cuestión social

CONCHITA PIQUER

Concepción López Piquer, conocida como Conchita Piquer, fue una cancionista y tonadillera nacida en Valencia, España, el 8 de Diciembre de 1906.

Comenzó su labor artística en 1921 y cuatro años más tarde se marchó a Estados Unidos junto con su madre, ralizando giras durante 12 años por Norteamérica y varios países de Centroamérica, regresando a España.

Se unió al torero Antonio Márquez y durante la Guerra Civil vivió en la España blanca. Triunfó en Madrid, en el Teatro Maravillas con la obra “María Magdalena”, de Valverde, León y Quiroga. Su verdadero descubridor fue el poeta Rafael de León, integrante del famoso trío Quintero, León y Quiroga, quien modeló su estilo convirtiéndola en la reina de la tonadilla.

Su voz caliente y sensual la consagró “Reina de la canción andaluza”, en especial al interpretar las letras escritas por Rafael de León. Los éxitos se repitieron al representar espectáculos consagrados como “Las calles de Cádiz”, “No te mires en el río”, y “Ropa tendida”.

El 1º de Setiembre de 1944, partió con su compañía desde Bilbao rumbo a Buenos Aires, en el transatlántico “Cabo de Buena Esperanza”, embarazada y soltera. Famosa internacionalmente, su hija no sería reconocida en España, ya que la ley no la amparaba. Hizo coincidir su parto con su viaje a Argentina. En Buenos Aires nació su hija Concha Márquez Piquer, siendo su madrina Eva Duarte.

La fiesta del casamiento de Juan perón con Eva Duarte, se celebró en la casa que Conchita Piquer, tenía en el barrio de Belgrano. Fueron memorables sus temporadas a sala llena en el Teatro Cómico, acompañada en guitarra por Esteban de San Lucar o el Niño de Huelva. Permaneció en Argentina casi 4 años, regresando a España en 1948. En 1951, filmó bajo la dirección de Luis César Amadori “Me casé con una estrella”, acompañada por Luis Sandrini.

Fueron inolvidables sus interpretaciones de “Ojos verdes”, “Tatuaje”, “No me quieras tanto”, “La bien pagá”, “Lola Puñales” o “No me llames Dolores”, todas ellas magníficas creaciones. Cantó hasta el 13 de Enero de 1958, cuando le falló la voz por padecer una faringitis. Fue comparada con las grandes Billie Holiday o Edith Piaf. Su calidad interpretativa fue reconodcida por sus colegas rivales. Falleció en España, el 11 de Diciembre de 1990.

Conchita Piquer, creadora de la copla y reina de la canción andaluza, fue la mejor cantante popular española que vivió en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Andrés, Jorge: Piquer, la reina de la copla española. La Nación 4 Diciembre de 2006.

http://www.letrasviperinas.com/coplas/biografias*conchapiquer.html

Artistas destacados, Visitas inolvidable, Vivieron en Buenos Aires

EL LLAMADOR

El llamador era una pieza de bronce, generalmente con la forma de una mano sosteniendo una bola, que estaba ubicado en el lado derecho de la puerta de calle, para golpear sobre ella.

Las puertas de madera con herrajes de bronce, poseían este elemento, que reemplazaba al timbre. Se lo golpeaba varias veces para ser reconocido por los habitantes de la casa, ya que cada uno lo hacía de una forma determinada para identificarse. En algunas oportunidades, nos trepábamos a las puertas, golpeábamos varias veces, antes de salir corriendo.

Se lustraba con Brasso, una vez por semana. Se lo golpeaba sobre un vástago de hierro insertado en la puerta , cuya sonoridad no se apreciaba en los fondos de la casa chorizo. Por eso se usaba el timbre, alimentado a pilas, unos cilindros enormes y pesados; medían unos 6 centímetros de diámetro por 20 centímetros de altura, con la misma capacidad de las actuales AAA pero de una duración más prolongada.

No eran comunes y en las casas chorizo, su sonoridad disminuía a medida que la pila envejecía. Generalmente, las pilas se colocaban en una caja, a una altura de 4 metros.

El llamador de mi casa nunca lo usé porque el timbre me resultaba más accesible. Pasado el tiempo, las pilas fueron reemplazadas por la electricidad de la red, aumentando significativamente la intensidad del sonido. Esas pilas me sirvieron para realizar experimentos básicos de física eléctrica.

El llamador con forma de mano, desapareció de la mayoría de las puertas de la ciudad permaneciendo unos pocos, como un testimonio de aquel Buenos Aires que se fue.

El barrio, La casa, La ciudad, La infancia

LA EDITORIAL LOSADA

El 18 de Agosto de 1938, nace en Buenos Aires la Editorial Losada.

Gonzalo Losada nació en Madrid en 1894, y se instaló en Buenos Aires en 1928, como director de la sucursal argentina de la Editorial Espasa-Calpe. Como consecuencia del estallido de la Guerra Civil Española, Espasa-Calpe hizo conocer sus simpatías pro franquistas y exigió que los libros se editaran en España, y que no se editaran libros de autores argentinos.

Esta decisión dió origen a otra, realmente trascendental. Losada hipotecó su casa, vendió su auto y junto con Guillermo de Torre, Felipe Jiménez de Asúa, Atilio Rossi, Amado Alonso, el dominicano Pedro Henríquez Ureña y Francisco Romero, fundaron la Editorial Losada, hecho relevante y sin antecedentes, disparador de la industria editorial de toda América Latina.

Fue llamada, “la editorial de los exiliados”, un centro de convivencia para los exiliados republicanos, intelectuales argentinos y residentes españoles en la Argentina antes del comienzo de la Guerra civil.

Era una época crítica desde el punto de vista económico, por la aparición de gran cantidad de copias ilegales, que provocó un gran descenso en las ventas. Gonzalo Losada, con los antecedentes de Albatros en Alemania en 1931, y de Penguin en el Reino Unido en 1935 con el “libro de bolsillo”, decidió emprender la aventura del libro de bolsillo, de formato reducido y a precios muy convenientes. Así nació la Colección Austral.

Eran títulos de todas las materias y géneros: literatura, ciencias, historia, arte, viajes, política y pensamiento, con un diseño atractivo, formato reducido y precio accesible. La colección abrió la “Época de oro” de la industria editorial argentina. En la década de 1930 se fundaron una serie de editoriales que dejaron una huella profunda y perdurable, en la historia cultural iberoamericana del siglo XX.

Editorial Sudamericana, Emecé, Santiago Rueda, Labor, junto a Espasa Calpe Argentina y Losada. Fue la resultante de una serie muy especial de coyunturas favorables: el desbastecimiento de los mercados americanos por el ocaso editorial de España, agravado por la Guerra Civil. La modernización de la industria argentina, la celebración de ferias de libros, exposiciones internacionales, congresos, y la gran mejoría del contenido cualitativo y cuantitativo de los catálogos editoriales en las colecciones de libros de bolsillo.

Había un antecedente muy importante, ocurrido en la década de 1920: las colecciones populares publicadas por las editoriales Claridad y Tor. Precedieron a las colecciones Austral y La Biblioteca Contemporánea. El costo de los libros, nunca fue tan accesible. Losada editó autores prohibidos en España como Pablo Neruda, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Roberto Arlt, Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato, Oliverio Girondo, García Lorca y Antonio Machado. Gonzalo Losada falleció en Buenos Aires en 1981.  

Hasta fines de la década dde 1950, Buenos Aires se convirtió en el Centro Editorial de América Latina. El primer libro que leí de la Colección Austral, fue “Córdoba del recuerdo”, de Arturo Capdevila. Años más tarde, como tema de estudio en la escuela secundaria, leí completo “El poema del Mío Cid”. Fueron épocas brillantes de la industria del libro, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=EditorialLosada

    http://www.hoyesarte.com/libros/sectoreditorial/11658austral-la-primera-coleccion-de-bolsillo

http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/07/31austral-la-cultura-en-el-bolsillo

Larraz, Fernando:Política y cultura. Biblioteca Contemporánea y Colección Austral, dos modelos de difusión cultural. Orbis Tertins, 2009,XIV (15). Univ. Autónoma de Barcelona

La educación, La inmigración, Vivieron en Buenos Aires

Y NO ERAN ARTÍCULOS DESCARTABLES

Hasta superada la primera mitad del siglo XX, las jeringas, agujas de inyección, tubuladuras y frascos de suero, no eran descartables.

Las jeringas Lüer eran de vidrio, con un émbolo esmerilado y una capacidad que oscilaba desde 1 cm3 a 100 cm3, detallada en una escala bien visible, grabada en el vidrio. Las más comunes tenían una capacidad de 5 cm3, para inyecciones intramusculares, y de 10 cm3 y 20 cm3 para inyecciones endovenosas.

Las más pequeñas, de 1 cm3 y 2 cm3, eran para inyecciones subcutáneas. Las agujas de acero inoxidable eran habitualmente 50/8 (5 cm de largo y 0.8 mm de luz) intramuscular  o 30/7 para endovenosas. Todos estos elementos eran usados hasta que no tenían más utilidad.

Se esterilizaban por calor seco en estufa, o calor húmedo en autoclave. Pero lo habitual, lo de todos los días, era colocarlos en un recipiente con agua hirviendo y dejarlas 15 minutos. Una vez utilizados, se depositaban en una bandeja con material sucio, que sería lavado con agua y jabón, para seguir con los pasos correspondientes de esterilización.

Si era necesario disponer al instante de materila estéril, se recurría a un procedimiento heroico: se rociaban los elementos con alcohol fino y se encendía fuego por un breve instante. Los riesgos más comunes eran que las jeringas, se resquebrajaran, por el calor excesivo, requiriendo su descarte inmediato.

Las agujas perdían el filo de su extremo biselado. Un sencillo método de recuperación era el de afilarlas con el émbolo de las jeringas. Aprendí la técnica durante la época de soldado, cuando hacía guardias en el Hospital Militar de Campo de Mayo.

El stock de agujas no era abundante; el uso era intenso y las consecuencias se experimentaban al realizar inyecciones intramusculares o endovenosas. Nada era descartable: las tubuladuras para sueros eran de goma. Una vez usadas, se lavaban y esterilizaban. Lo mismo con las tubuladuras para las transfusiones sanguíneas, que se lavaban con aparatos especiales. Los sueros se reenvasaban en los frascos de vidrio, previamente esterilizados, para su próximo uso.

Poco se eliminaba; casi todo se reutilizaba. En medio de esas dificultades, aprendimos a resolver situaciones imprevistas y colaborar en la mejoría o curación de los pacientes en ese Buenos Aires que se fue.

La medicina de ayer, Recuerdos del Hospital
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda