El Buenos Aires que se fue

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EL JUEGO EN EL TANGO

Los porteños afectos al juego, gozaban en la buena y “lloraban” cuando la suerte les era esquiva.

Las aventuras sobre el tapete, también llamado “escolazo”, superaban los sentimientos hacia los seres más queridos y tornaban de un buen pasar a una vida de privaciones y quejas. El tango no podía ignorar al juego, una de las pasiones del porteño y lo describió con distintos enfoques, empleando términos del juego para destacar situaciones de los protagonistas del tango.

En “Monte criollo”, de Homero Manzi y Francisco Pracánico, lo dice así: “Cuarenta cartones pintados / con palos de ensueño, de engaño y de amor, / la vida es un mazo marcado, / baraja los naipes la mano de Dios…..// Me ofrece la espada su filo, / rencores del basto te quieren vengar…/ ¡Hoy juego mi carta tranquilo, / y entre oros y copas te habré de olvidar…/”.

Las relaciones amorosas, desdichadas o felices, fueron incluídas en la jerga burrera dando origen a tangos clásicos como “Canchero“, de Celedonio Flores y Arturo de Bassi: “Para el record de mi vida sos una fácil carrera / que yo me atrevo a ganarte sin emoción ni final. / Te lo bato pa’ que entiendas en esta jerga burrera, / que vos sos una potranca para una penca cuadrera / y yo, che vieja, ya he sido relojiao pa’l Nacional”.

Otras veces, sólo se detallaba la obtención de una “fija” para salir momentáneamente de pobre. Así lo expresaron José Rial y Guillermo Barbieri en “Preparate pa’l domingo“: “Preparate pa’l domingo si querés cortar tu yeta, / tengo una rumbiada papa que pagará un buen sport…/ ¡ Me asegura mi datero que lo corre un gran muñeca / y que paga por lo menos treinta y siete a ganador!…..// Los amigos se cotizan / en las malas y en las buenas¡ / a mi me dieron la chaucha / y la reparto con vos…/ con esos cuatro manguillos / se calmarán nuestras penas, / y entonces si que podemos…/ ¡ Podemos pensar que hay Dios!.

La viveza del porteño, no le era suficiente cuando se encontraba con una mujer astuta en lograr sus objetivos, superándolo en habilidad, a pesar de su experiencia. Eduardo Mendez y Nicolás Vaccaro lo explican muy bien en “Barajando“: “Con las cartas de la vida por mitad bien maquilladas, / como guillan los malandros carpeteros de cartel, / mi experiencia timbalera y las 30 bien fajadas, / me largué por esos barrios a encarnar el espinel. /…..En el naipe de la vida, cuando cartas son mujeres, / aunque lleve bien fajadas pa’l amor las 33; / es inútil que se prendan al querer con alfileres, / si la mina no es un paño, derechita y sin revés.”

Como responsable de provocar rupturas en la vida del jugador, el juego se transforma en la única causa de desvío, capaz de hundir al más mentado en el fango. Una de tantas historias con este argumento, se cuenta en “Por culpa del escolaazo”, de Mario Cecere y Roberto Grela: “Por culpa del escolazo / me quedé bien en la vía, / las cosas que ¡ mama mía / me tuve que apechugar! / Ya no podía empilchar, / andaba misho de fasos, / y al no gustrme el pechazo /ni los grupos pa’ filar, / para poder escabiar / del whisky me fui al quebracho.”

La quiniela en su etapa de juego prohibido, fue partícipe en relatos y poesías diversas. Se jugaba en forma ilegal en todas partes: en el trabajo, en el almacén o en el mercado; en los puestos de diarios, etc. Lo más fácil era encontrar un pasador de quiniela. El tango integró más de una letra, generalmente humorística. Roberto Aubriol Barboza y Luis Cluzcan Mortet escribieron “El quinielero“: “Hoy lo invita el quinielero / con su promesa temprano / diciendo que hay “vento” fresco / tres veces a la semana, / en su pregón el voceo, / dice con tono formal: / ¡Quinielero…! patrona ¿quiere jugar…? / Hoy en Córdoba tenemos / y mañana en Tucumán, / y para desquite el viernes…/ se juega la Nacional…/”.

El diario vivir fue comparado con el juego de naipes, con sus dichos, sus chances y sus modalidades, tal como lo describe el famoso dúo de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta en “Suerte loca“: “En el naipe del vivir, suelo acertar la carta de la boca / y a mi lado oigo decir, / que es porque estoy con una suerte loca. / Al saber le llaman suerte, / yo aprendí viendo trampearme / y ahora solo han de coparme, / cuando banquen con la muerte. / En el naipe del vivir / para ganar, primero perdí”.

Muchas veces, fue el juego el responsable de perder todo, provocando la decadencia y la pérdida del status social, como queda demostrado en “Las vueltas de la vida“, de Francisco Canaro y Manuel Romero: “Parao en la vereda, bajo la lluvia / que me empapaba, la vi pasar, / el auto limusine como un estuche / de mica aislaba con su cristal. / Frenó, me dió dos mangos / y en la mirada de indiferencia / que echó al seguir / Noté que para ella yo era un mendigo / sin importancia y me reí. / Gran perra las vueltas que tiene la vida / ayer yo era rico, su amor disfruté / De sedas y encajes la tuve vestida / y alhajas y coche, sin par le compré. / La timba más tarde, me tuvo apurado, / el juego es más perro que toda mujer.”

Y así, el tango fue enhebrando canciones en las que el juego, con distintas características, desarrollaba un papel preponderante en la generación de situaciones adversas para aquellos personajes de ese Buenos Aires que se fue.

El tango

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