El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Septiembre, 2012

ESTEBAN DE SANLÚCAR

Esteban Delgado Bernal, conocido como Esteban de Sanlúcar, fue un eximio ejecutante de la guitarra flamenca que nació en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, España, el 21 de Febrero de 1912.

Fue su primer maestro su hermano Antonio y comenzó su carrera a los 13 años en cafés cantantes sevillanos y en reuniones de aficionados en las tabernas, donde también se bailaba. Entre 1933 y 1920, actuó en Sanlúcar de Barrameda y en Granada, trabajando en las compañías teatrales de La Niña de los Peines, Pepe Marchena, Angelillo y Juanito Valderrama. En 1942 acompañó a Juanita Reina y en 1943 a Gracia de Triana.

El 1º de Setiembre de 1944, salió de España con destino a la Argentina, integrando la compañía de Conchita Piquer, donde permaneció hasta Octubre de 1946, cuando la Piquer se dirigió a Mexico. Esteban de Sanlúcar recaló en Venezuela, actuando en los tablaos de Caracas y dando conciertos.

Luego de permanecer 2 años en ese país regresó a la Argentina y ya no se iría más, alternando su trabajo en tablaos, teatros y giras, con la composición y la docencia, que desempeñó en una academia que fundó en Buenos Aires. En la giras acompañó a Angelillo, Marchena, tareas que repitió en las presentaciones radiales y en la grabación de discos. También acompañó a Imperio Argentina, Carmen Sevilla, Paquita Rico y Joselito.

Por el hecho de vivir en latinoamérica, este ejecutante y compositor de relieve, no fue suficientemente conocido ni valorado en España, siendo ninguneado por el gobierno franquista. Perteneció a la generación de tocaores destacados del Siglo XX, como Melchor de Marchena, el Niño Ricardo, Manolo de Huelva y otros.

Su alumno y amigo, el guitarrista Manuel Iglesias, recopiló su obra escribiendo las partituras para guitarra y grabándolas en CD. Obras como “Los Panaderos Flamencos”, “Perfil Flamenco”, “Aromas del Puerto”, “El Castillo de Xauen”, son algunas de las excelentes composiciones que nos dejó. La tarea de su alumno fue determinante en favorecer el conocimiento y difusión de su obra a nivel internacional.

Este Maestro y concertista de la guitarra flamenca, falleció en Buenos Aires el 29 de Octubre de 1989, luego de vivir más de 40 años en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Esteban_de_Snl%C3%BACar

http://flamencoweb.fr/spip/spip.php?article132

El exilio, Vivieron en Buenos Aires

LAS TARJETAS POSTALES

Las tarjetas postales constituyeron un medio de comunicación frecuente durante las primeras décadas del Siglo XX.

Eran rectangulares, de cartulina, con una dimensión de 9 x 14 centímetros; presentaban una ilustración, habitualmente una fotografía del lugar, en blanco y negro, o coloreada. El hecho de enviar una tarjeta postal ilustrada, constituía una referencia para informar brevemente, a un pariente o amigo, donde uno se encontraba y enviar un mensaje de salutación, generalmente optimista.

Se solían enviar sin sobre, colocando la estampilla en el dorso, aunque se compraban con un sobre adjunto. Esta modalidad, se empleaba por quienes deseaban mantener una mayor privacidad. En general, las tarjetas presentaban el reverso dividido en dos secciones: una para el texto y la otra para colocar la dirección y el franqueo.

Se las encontraba en los hoteles y en los quioscos de la zona visitada. La tarifa de franqueo era menor, cuando no se utilizaba el sobre. Las mejores tarjetas postales provenían de Europa, con una impresión perfecta.

La documentación brindada por estas excelentes fotografías, impresas por el sistema de fototipia, un procedimiento de reproducción y estampado de clisés fotográficos, presentaban temas muy variables; deportes, modas, costumbres, edificios, paisajes y parejas en actitudes románticas.

Las tarjetas impresas en Argentina, aparecieron con ilustraciones en 1896. A comienzo del Siglo XX, aparecieron las primeras imágenes coloreadas. Estuvieron de apogeo hasta 1930, dejando testimonios imperecederos de edificios, sitios de veraneo, aspectos políticos o religiosos. En muchas oportunidades, fueron el único testimonio gráfico de un sitio y momento determinado.

A comienzos del Siglo XX, fueron muy empleadas como mensajes de amor, incorporando fragmentos de poesías aluisivas. Un hecho común, era el envío de postales desde un sitio de veraneo, a los familiares y amigos. Esta modalidad perduró hasta la mitad del Siglo XX.

Las tarjetas postales se han constituido en un reflejo documental, histórico y social que evocó la nostalgia de ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, Modas y costumbres

TROILO - FIORENTINO

La relación laboral entre Aníbal Troilo y Francisco Fiorentino comenzó el 1º de Julio de 1937.

Troilo armó su primera orquesta para debutar en el “Marabú” incorporando a Fiorentino, que venía de actuar en los conjuntos de Francisco Canaro, Juan Carlos Cobián, Roberto Firpo, Pedro Maffia, Juan D’Arienzo, Roberto Zerrillo y Minotto Di Cicco.

Pero con Troilo, la actuación de Fiorentino cambió radicalmente, transformándose en un instrumento indispensable en la orquesta. El ensamble fue óptimo, constituyéndose en el punto culminante de su carrera, lástima que muchos de los temas cantados, no hayan llegado a los discos comerciales.

Foto: Troilo y Fiorentino en Radio Belgrano

Superó con Pichuco, sus actuaciones anteriores ya que su voz intimista y con un fraseo bien porteño, fue característica de esta primera etapa en la orquesta de Pichuco. Durante los casi 7 años de actuación de este binomio tanguero, grabaron 60 temas, que al escucharlos 70 años después, conservan la frescura de un fraseo inconfundible, junto a un ritmo excelente, el de la orquesta más milonguera que dirigió Troilo.

Fiorentino no fue el mismo, ni antes ni después de Troilo. La simbiosis lograda entre ambos músicos, ya que Fiorentino era bandoneonista, fue perfecta. Fue puntal de una época en la que todos eran buenos, y así logró destacarse, elaborando un halo de magia interpretativa en un conjunto que contaba con valores irreemplazables.

Las interpretaciones de esta primera época de la orquesta hasta su separación el 30 de Marzo de 1944. se caracterizaron por el engranaje logrado con un acople perfecto y un ampliio lucimiento por ambas partes, dejando una huella imborrable en aquél Buenos Aires que se fue.

Binomios tangueros, El tango

AQUELLAS FRASES QUE ESTUVIERON DE MODA

“¿Qué le dijo?”, era el comienzo de una serie de preguntas y respuestas que alcanzaron enorme popularidad en la década del 40.

“¿Qué le dijo el fósforo al cigarrillo? -Por vos, pierdo la cabeza”. Se publicaron en un rústico librito que contenía todo tipo de preguntas, aplicables a múltiples situaciones del diario vivir.

“Calor eh, tiempo loco y no refresca”, fue un dicho que se popularizó rápidamente. Se utilizaba pra iniciar una conversación con una persona desconocida, intentando un acercamiento. Ser “un churro bárbaro”, era aplicable a ambos sexos para referirse a la belleza de la persona, su atracción y su buena presencia. En forma nada sutil, solía agregarse cuando se trataba del sexo femenino la expresión :”Nena ¿que comés, bulones?. Eran expresiones callejeras.

Si alguien no conocía el tema del cual se hablaba, se le decía “que no estaba en la pomada”. Cuando alguien cortejaba a una chica se decía que “le arrastraba el ala”, en alusión al juego amatorio del gallo. Si la chica rechazaba esa propuesta, “le colgaba la galleta”, o se le recomendaba al varón que abandonara sus intentos diciéndole “perro, largá ese hueso”. Si en cambio aparecía un rival que era aceptado por ella, se decía que éste “le había pateado el nido”.

Las medias femeninas de calidad, eran caras. Eran habituales los enganches provocando “la corrida de un punto”. Esta dificultad originó el trabajo de reparación anunciado como :”se levantan puntos de media”, servicio al que se acudía frecuentemente. Pero en ciertas ocasiones, no se colocaba “de medias” y la expresión “se levantan puntos”, era un anuncio prostibulario, expresiones idiomáticas que originaron más de un entrevero.

Tuvo bastante vigencia la expresión “hacete hervir y tomate el caldo”, como actitud de rechazo ante una situación u opinión indecuada. Si alguien se ubicaba en un trabajo oportuno o se beneficiaba de una disposición, ésto “le venía como anillo al dedo”.

Hay expresiones y palabras que han desaparecido completamente del vocabulario porteño como “pastenaca” o “paparulo”, para llamar a alguien tonto. En cambio, otras que también se empleabn para decir lo mismo, hoy forman parte del hablar diario, ¿no es cierto bolu…?

La educación, Modas y costumbres

LA CATAPLASMA

Las cataplasmas fueron un remedio casero empleado en la era preantibiótica para el tratamiento de las infecciones broncopulmonares.

Se preparaba mezclando harina de lino y mostaza con agua caliente, hasta formar una pasta, que se colocaba entre dos lienzos sobre el pecho, trasmitiendo su calor durante unos 15 minutos aproximadamente.

Se aprovechaban sus efectos antiinflamantorios y emolientes, para favorecer la fluidificación de las secreciones bronquiales. Había que ser cuidadoso en su aplicación, a fin de evitar quemaduras, que cuando se producían, requerían de un tiempo muy prolongado para su curación.

La cataplasma se asociaba con otros procedimientos disponibles en la época para combatir los tan temidos episodios broncopulmonares como las compresas de calor seco en el pecho y espalda; las fricciones con “untura blanca”, un compuesto a base de esencia de trementina, las inhalaciones de vapor proveniente del humo provocado por el agua caliente conteniendo frutos de eucaliptus y la colocación de sustancias mentoladas en las fosas nasales, para facilitar la respiración.

Estos procedimientos se repetían durante varios días, hasta que los síntomas disminuían paulatinamente. Eran otros tiempos, otros ritmos; las enfermedades tenían generalmente una duración definida en su evolución. Las enfermedades respiratorias eran motivo frecuente del uso de estas cataplasmas. Las hubieron también de papa, de barro o de hierbas, para diversas indicaciones como infecciones en la piel, cistitis y dolores articulares.

La cataplasma fue, durante la época preantibiótica, un popular y eficaz medio terapéutico empleado en ese Buenos Aires que se fue.

Aquellas enfermedades, La infancia, La medicina de ayer

LA YAPA

La “yapa” era un regalo que el vendedor le hacía al comprador.

Eran épocas en las que la mayoría de los alimentos se vendían sueltos. En los almacenes, los alimentos como los fideos, las legumbres, el azúcar en terrones o molida, estaban contenidos en grandes cajones de madera que en el frente, disponían de un compatimiento estrecho, cubierto por un vidrio transparente, que permitía observar el aspecto de cada producto.

Una pala metálica construida con una lata de duraznos, era el medio empleado para cargar el producto sobre un papel blanco colocado sobre uno de los platos de la balanza, mientras el otro soportaba las pesas correspondientes a esa compra, que se equilibraba con el producto solicitado. Una vez alcanzado el peso, el almacenero agregaba un poquito más, “la yapa”. O un niño pedía “la yapa” y recibía un caramelo

Así ocurría cuando el lechero llegaba diariamente al domicilio. Una vez cargada la cantidad de leche solicitada, agregaba un chorrito adicional de leche diciendo:”y esto va de yapa”. En la carnicería, generalmente la atención era compartida con la esposa del carnicero, quien se ocupaba de la venta de verduras y frutas.

El carnicero proporcionaba como “yapa” el bofe (1) para el gato, el corazón o un hueso, para el perro. Era habitual que el comprador solicitara en calidad de “yapa” la verdurita, compuesta por perejil, puerro, cebolla de verdeo, apio, una zanahoria y un trozo de zapallo, para prepara la sopa.

El cliente, compraba la carne y luego, al comprar las verduras, conversaba con la vendedora sobre diversos temas cotidianos, estableciendo un vínculo como vecino, que se consolidaba con la famosa “yapa”, un verdadero reconocimiento a ese cliente fiel, que día tras día, recurría a los proveedores del barrio, integrando una gran familia que conocía mucho del otro, con el que interactuaba.

Y así fue hasta la mitad del Siglo XX, cuando comenzaron a aparecer los grandes locales de venta llamados supermercados, en donde todos los alimentos estaban envasados y donde hablar con el vendedor, ya no era necesario o imposible. La “yapa” fue una muestra de gentileza y reconocimiento del vendedor para su cliente, institucionalizada en almacenes, mercados y carnicerías de ese Buenos Aires que se fue.

(1).- Pulmón

El barrio, Modas y costumbres, Pequeños locales comerciales

EL ACEITE DE CASTOR

Aceite de Castor era el nombre con que conocíamos al Aceite de Ricino, un purgante muy popular.

Eran épocas en las que no existían los antibióticos y el empleo de purgantes era un procedimiento frecuente ante los procesos infecciones leves. Al finalizar la etapa invernal, la ingestión de aceite de Ricino, era la norma ya que se aseguraba su utilidad “para depurar el organismo de las impurezas acumuladas en la sangre”.

Pero durante todo el año, cuando se producía un estado febril asociado con decaimiento, se recurría a un procedimiento de rutina: reposo en cama y una purga con aceite de ricino. Como poderoso irritante intestinal, sus efectos eran seguros, favoreciendo el control de los episodios con fiebre.

Se consideraba que, independientemente de un episodio febril, el purgante debía tomarse un par de veces al año. Esta constante venía de arrastre, cuando purgante y sangrías, eran los medios terapéuticos para tratar todo.

Tomar una o dos cucharadas soperas de aceite de ricino, no era fácil. El desagradable gusto del aceite, provocaba el rechazo espontáneamente, hecho que motivaba la búsqueda de cualquier método o maniobra que facilitara su deglución.

Con el advenimiento de los antibióticos, los purgantes perdieron su vigencia hasta constituirse en una rareza, los mismos que llegaron a utilizarse como herramienta de castigo en los niños, al provocar náuseas, vómitos, cólicos y diarrea.

Las purgas con aceite de ricino integraron el armamentario médico de ese Buenos Aires que se fue.

Aquellas enfermedades, La infancia, La medicina de ayer
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