El Buenos Aires que se fue

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LA VACUNA PUEYO

Hasta 1950, la tuberculosis era la segunda causa de muerte en todo el mundo, Argentina incluída.

Las palabras “tuberculoso” o “tísico”, se usaban como un insulto. Se trataba de una enfermedad inconfesable. La base del tratamiento era el Reposo, la Alimentación y el Clima. De los medicamentos usados en esa época, ninguno afectaba al Bacilo de Koch, agente productor de la enfermedad.

Habitualmente, aparecían las soluciones mágicas a cargo de los charlatanes de turno. Así ocurrió con la Vacuna Pueyo para la tuberculosis, aparecida en la década del 40.

Jesús Pueyo, que trabajaba en la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, declaró a la prensa haber encontrado la vacuna curativa de la tuberculosis.

Fue atacado por la clase dirigente médica y el Departamento Nacional de Higiene, lo sancionó por su “experimento sin rigor científico, producto de un don nadie de la comunidad científica”. Al grito de “queremos la vacuna Pueyo”, los enfermos marcharon hacia el Congreso en el invierno de 1941, reclamando la vacuna a gritos.

La revista “Ahora”, se hizo eco de estos reclamos, publicando fotos que mostraban a enfermos con la enfermedad avanzada, cubiertos con frazadas hospitalarias. La movilización, enfrentado a la policía, logró entrar al Congreso, recibiendo la adhesión de los medios.

El diario “Crítica”, ofreció sus oficinas para que los pacientes recibieran la vacuna. Los partidarios de Pueyo, “reclamaban su derecho al medicamento, mas allá que su eficacia estuviera probada o no”. Reclamaban el derecho a un tratamiento cuya inofensividad, ya había sido probada. No se registraron resultados favorables.

En 1944, apareció la Estreptomicina, primer antibiótico útil para el tratamiento de la tuberculosis, y en 1952 se descubrió la Isoniazida, verdadera revolución terapéutica en esta enfermedad, que la transformó en enfermedad curable, en la mayoría de los casos. Fueron los cambios terapéuticos extraordinarios, que nos tocó vivir en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Moreno, María: “Diga treinta y tres”. Pag. 12, 29 Setiembre de 2002.

Pogoriles, Eduardo: “La tuberculosis y sus discursos”. Clarín, 22 de Setiembre de 2007.

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