El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Junio, 2012

EL FILTRO DE AGUA

Cada vez que visitaba la casa de mis abuelos paternos, siempre le prestaba atención a un artefacto de cerámica, ubicado sobre la pileta de la cocina, el filtro de agua.

Medía unos 30 centímetros de altura; presentaba una canillita en el extremo inferior y una tapa en el superior. En la casa había agua corriente, sin embargo, cuando alguien estaba enfermo, lo utilizaban para filtrar el agua que bebería el paciente.

Me llamaba la atención  que el agua que salía por la canillita, lo hacía muy lentamente. Cuando se desarmaba, el filtro mostraba lo que había ocurrido. Su color era terroso, como barro pegado. En realidad era barro. A medida que se filtraba, aumentaba la capa de barro hasta dificultar la filtración, haciéndola imposible. Cuando solicité beber agua filtrada, la prueba no fue satisfactoria para mí, ya que tenía un gusto diferente. Aunque parezca extraño, nunca más bebí agua desde el filtro.

Foto: http://begijardigital.es.tl/La-pieza-del-mes.htm

Antes de 1950, en muchas casas de la ciudad de Buenos Aires, no había agua corriente y bebían el agua que compraban a los aguateros. La colocaban en una tina grande para su decantación y la trasvasaban a un porrón, una vasija de barro poroso de vientre abultado con un asa en la parte superior, una boca en uno de los lados para ingresar el agua y un pitón para beber, en el otro. El agua se bebía sin partículas en suspensión y con una sensación de frescura.

El filtro de agua, fue un elemento muy utilizado en la época que el agua no era incolora, inodora e insípida,  en los hogares de ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La ciudad

LLAMADA DE LARGA DISTANCIA

La disponibilidad telefónica actual unida a los avances tecnológicos, han dado por resultado realizar llamdas telefónicas a cualquier sitio del mundo y al instante.

Pero no era así en otras épocas. Efectuar una llamada de larga distancia era un procedimiento engorroso y lamentable, según de que tipo de teléfono se realizara.

Había 3 clases de teléfono: discado automático, los menos comunes. Los que eran asistidos por operadoras; uno descolgaba el auricular y debía esperar a que lo atendieran. Después de las 18 horas eran reemplazadas por hombres. Y estaban los teléfonos a manivela para llamar a la operadora.

La operadora decía “número” y se le comunicaba la característica y el número. Luego de un compás de espera, se oía el sonido característico de la campanilla llamando, o el de teléfono ocupado. Todo esto en una llamada normal.

Pero cuando se trataba de una llamada a larga distancia, todo era más complicado. Una vez que la operadora decía “Número”, se le respondía “quiero hacer una llamada a larga distancia”. Como respuesta nos decía:” Le comunico con la operadora”.

Cuando nos atendía decíamos el número, destino y el número de donde estábamos hablando. Después de varios minutos se escuchaba su voz diciendo: “Hay una demora de 5 horas”. Entonces teníamos dos opciones: aceptar la propuesta, que era lo habitual, o rechazarla, postergando el intento.

Después de la espera forzosa, sonaba la campanilla y la operadora o el operador confirmaba nuestro número. Ante nuestra respuesta afirmativa decía:”Hablen” y se establecía la comunicación. Bueno, el término comunicación es optimista. En muchas ocasiones apenas se escuchaba, la voz se oía cada vez más lejana hasta desparecer; luego retornaba aumentando paulatinamente su intensidad.

Era un vaivén insoportable, motivando repeticiones en ambas direcciones. El volumen era muy bajo. El costo de la llamada era elevado. Los primeros 3 minutos eran la tarifa básica de arranque y luego se cotizaba por minuto adicional. Habitualmente, las conversaciones eran cortas, hablándose lo imprescindible.

El precio y las demoras, eran factores disuasivos para realizar llamadas telefónicas de larga distancia dentro del país. Las llamadas a otros países se consideraban casi ciencia ficción, eran casi inexistentes. Las llamdas telefónicas de larga distancia fueron una aventura de final imprevisible en aquel Buenos Aires que se fue.

El barrio, La ciudad, Realidades argentinas

CHARLO

Carlos José Pérez de la Riestra, Charlo, nació en La Pampa el 6 de Julio de 1906.

Una de las voces más completas y afinadas del tango. Pero también compositor inspirado y ejecutante de piano, guitarra y acordeón. En Puán estudió la Escuela primaria y en La Plata la Secundaria, desde donde hacía escapadas a Buenos Aires, buscando una oportunidad donde cantar.

Comenzó como pianista en el cine “General Belgrano”, en una fiesta de fin de curso, donde estaban presentes los dueños de Radio Cultura, quienes lo bautizaron artísticamente “Charlo”. Durante algunos años estudió Derecho, mientras comenzaba a componer activamente.

En 1925 grabó 10 temas para el sello “Electra” y al año siguiente debutó en una revista, en el teatro “Comedia”. Grabó más de mil temas. Debutó con la orquesta Firpo-Canaro como estribillista. Actuó como solista acompañado por la orquesta de Francisco Canaro, hecho que repitió con las orquestas de Francisco Lomuto, Roberto Firpo, Adolfo Carabelli y con la Orquesta Típica Víctor. Cobraba 30 pesos por cada estribillo.

Ensayaba 5 horas por día, estudiaba canto y trabajaba en la radio 3 veces a la semana. Intervino en el cine en las películas: “El alma del bandoneón”; “Puerto Nuevo”; “Carnaval de antaño”; “Los troperos”; “Los muchachos se divierten” y “Un sueño y nada más”. Fue muy destacada su labor como compositor.

Los tangos  “Tortura”; “Sin ella”, “Rencor”, “Cobardía”, “Tormento”, “Fueye”, “Tu pálida voz”, “Rondando tu esquina”, “Ave de paso”, “Viejas alegrías” son algunas de las muy buenas composiciones que nos dejó.

Viajero incansable, recorrió Latino América en varias oportunidades llevando su voz y sus canciones, dejando una huella perdurable. En 1990 fue nombrado Académico de Honor de la Academia Nacional del Tango. Falleció el 30 de Octubre de 1990.

Charlo fue uno de los más grandes cantantes y compositores de tango, con una voz privilegiada e inigualable, que jerarquizó al tango en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Tango y Cultura Porteña”. FM 97.9, Radio Cultura. Emisión Nº 14.

El tango

ESCRIBIENDO EN EL CIELO CON HUMO

Cuando éramos pibes, veíamos que un pequeño avión escribía en el cielo, con humo blanco, el nombre de una yerba mate llamada “Safac”.

Era muy popular y el envase tenía la imagen de una negrita de cara redonda y labios rojos, que ofrecía un mate recién cebado. El trazo bien delineado, se iba agrandando y desdibujando, a medida que completaba el nombre.

Deseábamos ver el nombre completo, lo más rápido posible, ya que las letras se agrandaban hasta dar la apariencia de una nube, que nada tenía que ver con el comienzo de la escritura. La promoción de esta marca de yerba comenzó a fines de la década del treinta.

El “avión de la yerba” pertenecía a Siro Alberto Comi, el iniciador de la publicidad aérea con humo. Era aviador y mecánico, propietario del Aeródromo de Monte Grande. Era un biplano plateado que cambiaba constantemente de dirección, haciendo círculos o rectas hasta finalizar. Siro Comi nació en

Foto: Archivo del Autor

Sampacho, Córdoba, el 25 de Setiembre de 1910. En 1932 obtuvo el brevet de Aviador Civil. Encontró que el mejor generador de humo blanco era el aceite usado. Volaba a una altura de 2.500 metros. Debía escribir de derecha a izquierda y era fundamental la elección de un día claro, de cielo azul y sin vientos.

No era fácil divisarlo, porque se confundía con el trazo de humo. Se lo divisaba por delante del trazo como un punto negro, pero era más visible cuando salía de la zona del humo, atravesando el cielo para completar una letra. La empresa yerbatera ofrecía el atractivo de regalar unos vales, para realizar un vuelo de bautismo gratis con su correspondiente diploma.

Una vez finalizada la escritura de las letras, remataba con una rúbrica a lo largo de la palabra. Falleció el 1º de Octubre de 1978. La publicidad continuó hasta finales de los años sesenta. Era habitual ver las letras sobre los estadios de fútbol y en las carreras de automóviles.

El piloto y el biplano no están más, pero no se borran de mi memoria las palabras escritas en ese cielo azul de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.peicovich.com/lospalabristas/favoritos.html

http://www.en22radiotandil.com.ar/index.php/secciones/personajes/1616-qalas-leg…

http://serdebuenosayres.blogspot.com.ar/2010/10/el-avioncito-de-safac.html

http://www.laopinion-rafaela.com.ar/opinion/2010/08/07/h080750.php

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ENRIQUE MARIO FRANCINI

Enrique Mario Francini nació en San Fernando el 14 de Enero de 1916.

A los 10 años estudiaba violín con el violinista Arturo Biondi. Vivió en Campana y sus primeras intervenciones en tango fueron en Zárate, junto a Héctor Stamponi, pero sin abandonar los estudios de música clásica.

En 1937 se trasladó a Buenos Aires para actuar en “Las matinees de Juan Manuel”, por Radio Stentor. Ese mismo año actuó en la misma emisora con la orquesta de Héctor María Artola. Fue requerido por Miguel Caló como primer violín junto a Armando Pontier, Héctor Stamponi y Cristóbal Herrero, todos de Zárate.

Fue maestro de Armonía y Composición, perfeccionándose con los maestros julián Bautista,  Marti Llorca y Maugiamarchi. En 1945 formó su orquesta típica junto a Armando Pontier, debutando en el Tango Bar el 1º de Setiembre de 1945. Por esa orquesta desfilaron como cantores Julio Sosa, Roberto Rufino, Raúl Berón, y Alberto Podestá entre otros. Dejaron grabados 120 temas. Lo disfrutamos en vivo, en los bailables de “Radio El Mundo”, en 1948, cuando cantaba Julio Sosa.

En 1952 grabó con Héctor Stamponi. En 1954 formó un quinteto junto a Aníbal Troilo, Roberto Grela, Kicho Díaz, y Horacio Salgán para evocar a Juan Carlos Cobian. En 1955 se separó de Armando Pontier para conducir su propia orquesta. Integró el Octeto Buenos Aires, dirigido por Astor Piazzolla y el Septimino “Los Astros del Tango”grabando temas orquestados por Argentino Galván. Integró también “Los violines de oro del tango”.

En 1958 ingresó a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, como Primer violín de Fila. Llegaba siempre tarde, en plena ejecución de la orquesta. Aparecía detrás del cortinado, se ubicaba en su sitio y seguía hasta el final. Las ejecuciones eran los domingos por la mañana. No es difícil suponer las causas del retraso si tenemos en cuenta la hora de finalización de los bailes de los sábados.

En 1960 formó con Ubaldo De Lío en guitarra, Pedro Láurenz en bandoneón, Horacio Salgán en el piano y Rafel Ferro en contrabajo “El Quinteto Real”. Actuó en Japón en varias opotunidades, con enorme éxito. En 1976 renunció a la Orquesta Filarmónica. El 27 de Agosto de 1978, falleció mientras ejecutaba el tango “Nostalgias”.

Enrique Mario Francini le dió al tango riqueza técnica, virtuosismo y calidad interpretativa, sin desvirtuar su esencia, en las jornadas tangueras de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Tango y Cultura Porteña”, FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº34. 20 de Diciembre de 1999.

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EL TENEDOR DE LIBROS

Los jóvenes volcados a las ciencias contables que no podían acceder a la carrera de Contador Público Nacional, estudiaban para Tenedor de Libros.

Se ocupaban de mantener los registros financieros de una empresa, escribiendo los asientos necesarios al buen orden y claridad de las operaciones de una casa de comercio. El curso se estudiaba en los coleguios secundarios y tenía una duración de 3 años.

Los que culminaban el 5º año, obtenían el título de Perito Mercantil. Con una formación sensiblemente inferior respecto de los contadores, el Tenedor de Libros lograba una rápida ubicación laboral, colaborando con empresas de pequeña o mediana estructura, secundando la actividad del Contador.

Papá llegó al país desde Galicia, a comienzos del Siglo XX; eran 8 hermanos y él fue el único que realizó estudios primarios y secundarios, en este caso, Teneduría de Libros. Eran épocas en las que todos trabajaban y no se disponía de tiempo sólo para estudiar.

Lo cierto es que este título lo habilitó para desempeñar trabajos de contaduría en una estancia ubicada en La Pampa, y en un establecimiento comercial en Rosario, para finalmente ubicarse en Buenos Aires, en una empresa farmacéutica multinacional.

La salida laboral del Tenedor de Libros, estaba condicionada a una oferta que, si bien existía, podía estar bastante alejada del domicilio. Pero constituyó una alternativa accesible a muchos jóvenes que culminaron un proceso de estudio con fines laborales en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://enlar.es/a/negocio/2012/01/Que-es-un-teneedor-de-libros-html

La educación

OSVALDO PUGLIESE

Osvaldo Pugliese nació el 2 de Diciembre de 1905 en el barrio de Villa Crespo, próximo al Arroyo Maldonado.

Debutó a los 15 años tocando el piano en el café “La Chancha”, rodeado de guapos, carreros y malandras. Estudio con Vicente Scaramuzza, Isaac Tennesoff, Pedro Rubbione y Pedro Aguilar. En 1921 estrenó su tango “Recuerdo”, cuando actuaba con el cuarteto de Enrique Pollet, tango que recién grabó en 1944.

En 1926, se conoció la excelente versión instrumental de este tango por el sexteto de julio DeCaro. En 1929, compartió el sexteto Vardaro-Pugliese debutando en El Nacional. Lamentablemente, no dejaron grabaciones. A partir de 1936 actuó con Miguel Caló, Carlos Marcucci y Pedro Láurenz.                                                                Foto: Sentir el Tango Nº 95, 1996

Se afilió al Partido Comunista y en 1939 lo pusieron preso. Dieron así comienzo a las anécdotas de la orquesta sin director, por estar en la cárcel: el piano cerrado y un clavel rojo encima o la actuación de otros pianistas reemplazándolo por esa razón.

Debutó con su orquesta en El Nacional, en el año 1939 donde permaneció 2 años. Luego continuó hasta 1943 en el Café Argentino de Chacarita. En ese año comenzó a grabar, acompañado por el cantante Roberto Chanel. Participó en la audición “Ronda de Ases” por “Radio El Mundo”.

Los hinchas de Pugliese se vestían “a lo Divito”, o sea con sacos de solapa ancha, con 4 a 5 botones en cada lado; pantalón abombillado con botones a la cintura. Las chicas con talles avispa, zapatos de taco alto y fino, polleras cortas y ajustadas.

Dejó como compositor, títulos inolvidables: “La yumba”, “La Beba”, “Adiós Bardi”, “El Encopao”, “Negracha”, “Recién”, “Una vez”, “Barro”. En 1985 dió un recital en el Teatro Colón. En 1986, el Consejo Deliberante lo nombró “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”. Entre sus cantores desfilaron Roberto Chanel, Alberto Moran, Jorge Vidal, Miguel Montero, Jorge Maciel, Alfredo Belusi. Falleció el 25 de Julio de 1995.

Osvaldo Pugliese basó su estilo en el de Julio DeCaro, pero le imprimió las características evolucionistas y armónicas que lo distinguieron como el más admirable pianista del tango de todas las épocas, de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Tango y Cultura Porteña”, FN 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº 12. 20 de Julio de 1999

El tango, Personajes de la ciudad

LAS VELITAS LEPETIT

Las velitas “Lepetit” nos acompañaron diariamente en nuestra infancia.

Blancas, con una minibase metálica, se vendían en una caja de doce unidades. Se encendían por la noche, a la hora de acostarnos para el descanso nocturno. Cumplía la función de brindar una mínima iluminación que permitiera a nuestros padres, asistirnos en caso de cualquier imprevisto: sustos, temores infundados, demanda de la presencia de la madre, es decir, todos aquellas manifestaciones para solicitar apoyo o acompañamiento,para disipar los temores nocturnos.

No se encendía la luz eléctrica. La idea era no molestar a nadie en las horas de reposo. Cuando estábamos enfermos, era de gran ayuda cuando debíamos beber una cucharada de jarabe para la tos, o cubrirnos cuando nos destapábamos en las noches de frío.

Foto: Archivo del autor

No había calefacción, y no se usaban los mortíferos braseros a carbón. Nuestros padres estaban pendientes de que no estuviéramos expuestos al frío. Los enfriamientos facilitaban las temibles enfermedades respiratorias, en la época que la tuberculosis diezmaba jóvenes.

Se vivía en casa de inquilinato, era lo habitual, y la palabra “confort” casi no se pronunciaba. Mientras algunos médicos apoyaban el uso nocturno de las velitas, otros se oponían, señalando que perturbaban el crecimiento y formación del niño. El empleo de velitas a la hora de acostarse, fue una costumbre difundida en ese Buenos Aires que se fue.

La casa, Modas y costumbres

LOS REMEDIOS DEL DR ANDREU

Las “Pastillas del Dr. Andreu” se utilizaban para el tratamiento de la tos.

Fueron muy populares en las décadas del 20 al 40. Se vendían en una caja de lata color plateado con rayas negras. Las pastillas, de color marrón oscuro, estaban envueltas en un papel translúcido. Se chupaban lentamente y cumplían con la función de calmar la tos, por contener en su composición, un derivado del opio con real acción antitusiva.

La dosificación era de una pastilla cada 3 horas. Indicadas para todo tipo de tos, también tenían un efecto expectorante. Las cajitas de lata eran muy apreciadas para usos múltiples, especialmente para guardar botones o alfileres. En todos los hogares se podía hallar por lo menos una caja para estos fines. El aspecto exterior de las cajas, constituían el logo, que se encontraba en diarios y revistas de la época.

El Dr. Salvador Andreu nació en Barcelona en el año 1841. Fue un farmacéutico que se dedicó a la Farmacia Industrial. La fabricación de sus productos en Buenos Aires, comenzó con la “Pasta pectoral”, a partir del año 1900.

El tratamiento de varias enfermedades del aparato respiratorio, destacaron el nombre del Dr. Andreu como marca registrada de otros productos como los “Papeles Azoados Antiasmáticos” y los “Cigarrillos Balsámicos Antiasmáticos”. Si bien hoy parece imposible, en las primeras décadas del Siglo XX, podía adquirirse en Buenos Aires estos “Cigarrillos Balsámicos”, que sirvieron como tratamiento y alivio del asma bronquial y de la tos crónica.

Sus efectos benéficos se debían a que contenían derivados del Cannabis, o sea la Marihuana. Los papeles azoados eran otro producto que se quemaba y se aspiraba el humo, para aliviar los ataques asmáticos.  Han transcurrido más de 60 años y parece imposible que los productos farmacéuticos del Dr. Andreu hayan sido un tratamiento corriente de las afecciones pulmonares crónicas y del asma.

Fumar cigarrillos o inhalar el humo de papeles quemándose, aparecen como indicaciones ridículas no recomendables. Sin embargo, no fue así, ya que la popularidad alcanzada por los productos del Dr. Andreu, fue la resultante del alivio brindado a esos síntomas respiratorios tan molestos, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://blog.uchcen.es/eponimos-cientificos/pasta-pectoral-pastillas-contra-la-tos-laboratorio-montepio-farmaceutico-del-doctor-Andreu

Aquellas enfermedades
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