El Buenos Aires que se fue

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LAS VELITAS LEPETIT

Las velitas “Lepetit” nos acompañaron diariamente en nuestra infancia.

Blancas, con una minibase metálica, se vendían en una caja de doce unidades. Se encendían por la noche, a la hora de acostarnos para el descanso nocturno. Cumplía la función de brindar una mínima iluminación que permitiera a nuestros padres, asistirnos en caso de cualquier imprevisto: sustos, temores infundados, demanda de la presencia de la madre, es decir, todos aquellas manifestaciones para solicitar apoyo o acompañamiento,para disipar los temores nocturnos.

No se encendía la luz eléctrica. La idea era no molestar a nadie en las horas de reposo. Cuando estábamos enfermos, era de gran ayuda cuando debíamos beber una cucharada de jarabe para la tos, o cubrirnos cuando nos destapábamos en las noches de frío.

Foto: Archivo del autor

No había calefacción, y no se usaban los mortíferos braseros a carbón. Nuestros padres estaban pendientes de que no estuviéramos expuestos al frío. Los enfriamientos facilitaban las temibles enfermedades respiratorias, en la época que la tuberculosis diezmaba jóvenes.

Se vivía en casa de inquilinato, era lo habitual, y la palabra “confort” casi no se pronunciaba. Mientras algunos médicos apoyaban el uso nocturno de las velitas, otros se oponían, señalando que perturbaban el crecimiento y formación del niño. El empleo de velitas a la hora de acostarse, fue una costumbre difundida en ese Buenos Aires que se fue.

La casa, Modas y costumbres

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