El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Junio, 2012

LOS ENEMIGOS DEL TANGO

Durante la década del treinta, la invasión de músicos extranjeros se convirtió en una sensible amenaza para el tango.

La ejecución de ritmos foráneos como el fox-trot y el shimmy, motivó no sólo al ejecución masiva de estos ritmos sino que los cantantes argentinos, comenzaron a cantar por fonética, en un idioma que no conocían, malogrando la belleza de un idioma extranjero y menospreciando al nuestro.

Los ejecutantes de fox-trot llegados de países extranjeros, desalojaron a los músicos argentinos. Tenían mayor experiencia en la ejecución de esos ritmos , a pesar de ser elementos mediocres que abndonaron su país buscando mejores horizontes en estas tierras. Al dominar el idioma foráneo, superaban ventajosamente a los elementos locales.

Estos ritmos hicieron tambalear al tango de su sitial tan laboriosamente obtenido, ocupando espacios impensables años atrás. En Buenos Aires actuaban representantes genuinos del jazz que no desmerecían en absoluto por ser argentinos: el pianista René Cóspito, la jazz de Eduardo Armani y la Santa Paula Serenaders, entre otros, exponentes de un jazz de elevada calidad.

Pero el tango dejaba de ser el máximo atractivo popular, hasta que en el año 1935, la aparición de la Orquesta de Juan D’Arienzo con el pianista Rodolfo Biagi, impuso un sonido y ritmo nuevos, una verdadera revolución tanguera, que tuvo la virtud de recuperar espacios perdidos, despertando un entusiasmo inédito entre los cultores del tango.

Se constituyó en el disparador de un grupo único e inolvidable de orquestas típicas que desembocaron en la maravillosa “Década del 40″, donde el tango se erigió en absoluto dominador, por la dimensión de sus autores, compositores e intérpretes, en ese Buenos Aires que se fue.

El tango

DEL DISCO PATHÈ AL LONG PLAY

Los primeros discos europeos que conocí eran de la marca “Pathè”.

Eran de pasta, de 78 revoluciones por minuto ( RPM). Tenían dos características distintivas sobre los comunes: la púa tenía una bolita en su extremo y el disco comenzaba a escucharse desde el centro a la periferia, es decir, en sentido inverso al habitual.

Eran discos de muy buena calidad, que comenzaron a grabarse en 1906, grabaciones acústicas en las que oímos a “Los Gobbi” y a Enrico Caruso. A veces, sólo estaban grabadas en una cara, no eran dobles. Conocimos también a los viejos discos “Atlanta”, con una hermosa etiqueta. Grababa Juan Maglio “Pacho”, pero el ruido que hacía la púa, transformaba la audición en una tortura.

Otra marca europea fue “Odeón”, donde grababan Francisco Canaro y Carlos Gardel; eran aceptables, siempre en la época acústica. De todas maneras, las púas de metal, se gastaban rápidamente. Se las giraba para extender su duración, pero eso también significaba transformarlas en un instrumento que desgastaba rápidamente el disco, alterando el surco y brindando un sonido lamentable.

En 1926, aparecieron las grabaciones eléctricas, y la calidad de las grabaciones mejoró notablemente. Los discos de 78 R.P.M. tenían dos medidas: de 30.5 centímetros, con grabaciones de 4 minutos de duración. Se grababa música clásica, aunque hemos escuchado grabaciones de Francisco Canaro con su orquesta Sinfónica.

En los comunes de 25 centímetros, las grabaciones alcanzaban hasta 3 minutos 20 segundos. Por eso, todos los tangos se decía que contaban una historia en 3 minutos. También podían ser simples o dobles. En el primer caso, había una sola etiqueta. Estos discos eran muy frágiles y con mucha frecuencia, se malograban colecciones o conciertos, al fisurarse o quebrarse. Si se los escuchaba, el brazo fonocaptor o pick-up, se deterioraba rápidamente.

En el año 1948 apareció el disco “Long play”, un disco de vinilo de 30.5 centímetros de diámetro con una capacidad por lado de 20 a 25 minutos. No fue el único tamaño. Los había de 25 centímetros y 17.5 centímetros. La velocidad más popular fue la de 33 1/3 RPM, pero también fue popular la de 45 RPM.

La velocidad de 16 RPM, no fue exitosa con la música, pero sí con libros, lecturas o cuentos infantiles. A principios de los años 70, la aparición del cassete determinó la desaparición de la velocidad 16 RPM. Entre 1985 y 1990, el disco de vinilo fue desplazado por el CD de audio. Había sido dominante en las décadas del 50 al 80. Preferido de los Disc Jockeys y melómanos, desde el año 2005, ha raparecido con un brío inusitado. Son recuerdos de un Buenos Aires que se fue.

El tango, La radio

ALFREDO GOBBI

Alfredo Gobbi nació en Francia el 14 de Mayo de 1912 y fue violinista, compositor, arreglador y director de orquesta.

Siendo muy pequeño llegó a Buenos Aires. Comenzó estudios de piano a los 6 años. Su primer contacto con el violín fue a los 10 años, cuando estudiaba en el conservatorio Falconi. Durante su infancia trabajó como canillita en la esquina de Triunvirato y Estomba.

Una noche fue al cine Select Lavalle, a escuchar al Sexteto de Julio De Caro. La impresión recibida fue muy importante, regresando en muchas oportunidades. Su futuro quedó marcado para el tango. Integró su primer conjunto, un trío de violín, bandoneón y guitarra a los 13 años.

A los 15 años ingresó en la orquesta del Teatro Nuevo, dirigida por Antonio Lozzi. A fines de la década del 20, actuó como segundo violín en la orquesta de Antonio Rodio. En 1928 actuó con Anselmo Aierta y en 1930 integró el Sexteto Vardaro-Pugliese, junto a Aníbal Troilo y Ciriaco Ortiz. Cuando se alejó Vardaro en 1931, se formó el Sexteto Pugliese-Gobbi. Lamentablemente, de ambos Sextetos, no hay grabaciones.

Formó su primera agrupación en 1931 con la presencia de Orlando Goñi al piano, Aníbal Troilo y Alfredo Attadía en bandoneones; debutó en el Café Buen Orden, ubicado en Brasil e Hipólito Irigoyen. En 1935, fue primer violín de Pedro Láurenz. Entre 1938 y 1942, participó por lapsos cortos, en varias agrupaciones.

Realizó la primera presentación con su orquesta en Sans Souci, en 1943. La orquesta recordaba a la de Julio De Caro, y Carlos Di Sarli. En cada una de sus interpretaciones, se aferraba al estilo decareano. Pero Gobbi, fue desarrollando su estilo de interpretación, imponiendo sus ideas en los arreglos.

En 1945 actuó en Radio Belgrano y en 1947, comenzó a grabar para el Sello víctor, donde permaneció durante 10 años, pasando luego al Sello Orfeo. En su última etapa, armó un conjunto más pequeño trabajando en locales nocturnos, donde Gobbi tocaba el piano. Falleció en Buenos Aires el 21 de mayo de 1965. Su estilo, cada vez más elogiado, dejó huellas profundas en importantes músicos de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Tango y Cultura Porteña”, FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº 25, 18 de Octubre de 1999.

El tango

EL HECTÓGRAFO

El hectógrafo fue un dispositivo económico, para realizar un número limitado de copias de textos o dibujos.

Se trataba de una placa del tamaño de una hoja oficio, recubierta de una sustancia gelatinosa, muy utilizado en la década del 40, que permitía realizar unas 15 a 20 copias desde un original.

El original debía ser un duplicado realizado con una hoja de alcohol, color violeta, que una vez escrito se colocaba hacia abajo, procurando asegurar un contacto perfecto con la gelatina. Se dejaba 1 minuto y se retiraba.

Las copias se realizaban colocando una hoja de papel, retirándola desde una de las puntas, con mucho cuidado. Si ocurrían alteraciones de la gelatina en ese momento, las copias salían con defectos. Por eso, antes de comenzar el copiado, se debía mojar la gelatina pasando una esponja mojada en agua, dejándola secar. De esa forma, se protegía la superficie.

A medida que se avanzaba en el copiado, se perdía la legibilidad. Las copias eran cada vez menos nítidas. Esa era una de sus limitaciones. Usamos el hectógrafo en varias oportunidades, con un éxito discreto, justamente por la limitación en el número de reproducciones y su progresiva pérdida de nitidez.

A medida que pasaba el tiempo, los restos de la escritura se profundizaban en la gelatina, por eso se recomendaba lavar la gelatina con agua fría, después de obtener las copias, y dejarla secar antes de usarla nuevamente.

Las fotocopiadoras, han dejado obsoletas a las copias hechas con el hectógrafo, una imprenta casera que pasó a ser un recuerdo de ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La educación

LA EDITORIAL CLARIDAD

La Cooperativa Editorial Claridad, fue uno de los emprendimientos culturales más importantes durante las primeras décadas del Siglo XX.

Fundada por el andaluz Antonio Zamora, un cronista que escribía sobre el movimiento obrero en el diario “Crítica”, tuvo por padrinos a Juan B. Justo, Alfredo Palacios y Mario Bravo. Estaba ubicada en la calle Boedo 837, comenzando a funcionar el 30 de Enero de 1922.

Su importancia fue fundamental ya que ahí se formó el “Grupo Boedo”, integrado por escitores como Elías Castelnuovo, Álvaro Yunque, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Roberto Marini, César Tiempo, Raúl González Tuñón, y artistas plásticos como Agustín Riganelli, Guillermo Facio Hebecquer y Lorenzo Stanchina.

Comenzó su actividad con la publicación de cuadernillos semanales llamados “Los Pensadores”, de los que se editaron alrededor de 100 números, al precio de 20 centavos. Contenían obras de la literatura universal y también de autores argentinos.

En 1924, Zamora inicia una nueva colección, “Los Nuevos”, que lo vincula con los jóvenes escritores realistas de la época. Es cuando aparece el “Grupo Boedo”, tomando conciencia de agruparse para realizar una tarea más efectiva. Sus fundadores fueron Nicolás Olivari, Leónidas Barletta y Elías Castelnuovo.

Fue un agupamiento informal de artistas de vanguardia de la Argentina durante la década de 1920. Se caracterizó por su temática social. Sus ideas de  izquierda y sus deseos de vincularse con el movimiento obrero. El Grupo se fue disolviendo entre los años 1928 a 1929.

El 23 de Julio de 1926 comenzó a aparecer la revista “Claridad”. Fue una tribuna del pensamiento izquierdista en todas sus manifestaciones. Reflejó el panorama político argentino entre los años 1926 y 1941. En este órgano del pensamiento socialista argentino y americano, publicaron trabajos Roberto Arlt y César Tiempo.

Editorial Claridad también editó libros que abordaban temas sociales fundamentales. El costo de las publicaciones era muy accesible, ya que oscilaban entre 50 centavos y cinco pesos. A los lectores se les solicitaba que opinaran sobre las ediciones populares y la Revista , a fin de efectuar correcciones o ampliar las iniciativas. Se imprimía en las solapas del libro.

Los libros continuaron apareciendo por acción de los colaboradores, hasta que la muerte de Zamora en la década del 70, obligó a sus familiares a clausurarla. En la fachada de Boedo 837, una placa realizada por por el artista del filete Luis Zorz, recuerda a la Editorial Claridad, un faro cultural que iluminó con luces propias aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:Boedo,un barrio con historias. Gobierno Ciudad de Buenos Aires.1º edición, 2006.

Eitorial Claridad y el nacimiento del Grupo Boedo. Comuna 5, Barrio Almagro y Boedo. CABA. 18 Oct.2007

El barrio, La cuestión social, La educación

EL AMIGO INVISIBLE

“El Amigo Invisible”, fue un personaje que durante casi treinta años, permaneció en el aire, escudado detrás de ese anónimo.

El responsable fue Eugenio Félix Miletti, un cordobés nacido en 1900, que se presentó como cantante en Radio Cultura en 1924. En 1925 pasó a Radio Sud América y en 1928, se inició como locutor en Radio Prieto. En 1934 creó a “El Amigo Invisible”.

Lo presentó en ocasión de la aparición de Radio El Mundo, como un microprograma  programado para un año. Pero fue tan buena la recepción que tuvo, que alargó su estadía en la radio durante 30 años más.

Con acento norteño y marcando las erres, Miletti mezclaba avisos publicitarios con reflexiones, lecturas y curiosidades, finalizando su breve intervención con un pensamiento notable, y a veces, con una reflexión propia. Así nos decía: Mis respetable amigos, muy buenas noches. Casas y cosas: Y aquí está el rayo de luz con los grandes pensadores de la vida, la estrofa célebre que dice:”Cada rosa gentil ayer nacida,/ cada aurora que apunta entre sonrojos,/ dejan a mi alma en el éxtasis sumida/ nunca se cansan de mirar mis ojos,/ el perpetuo milagro de la vida”. Señoras, señores, les habló “El Amigo Invisible”. Muchas gracias.

Fue un clásico en la programación de las noches de Radio El Mundo, sus ondas cortas y la red azul y blanca de emisoras argentinas, entre las décadas del 40 al 60. Primero anunciaba un aviso publicitario y luego comenzaba con su reflexión. Poseía una vasta colección de frases célebres, muchas verdaderas y otras apócrifas, que decía con voz grave y pausada. Durante treinta años pudimos escuchar al “Amigo Invisible” por Radio El Mundo, en esas noches de un Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://tangomiamor.fr/curiosidades/historia_radio_el_mundo.pdf

Mundo 1070:Una radio con historia. 1935-2005.

Audiciones Radiales, La radio

EL MERCADO

Entrar al mercado significaba experimentar una serie de olores distintos y característicos, con predominio de las aves y el pescado. Eran épocas de carencia de heladeras a hielo, por ello la necesidad obligatoria de consumir alimentos muy frescos o recién faenados, ya que no podían conservarse mucho tiempo; no había congeladoras. Se elegía un pollo o una gallina de la jaula correspondiente y al instante era sacrificado y desplumado en un tacho de latón, conteniendo agua caliente, o en una pileta exclusiva para ese fin.

El piso del mercado estaba recubierto con aserrín de madera en toda su extensión (nunca supe por qué) y al caminar, se percibía la sensación de deslizarse. La “Orquesta del Mercado”, un trío compuesto por bandoneón, violín y batería, ejecutaba cada mañana valses, tangos, milongas, pasodobles y rancheras para los clientes. Niños y adultos, se detenían no sólo por curiosidad sino para solicitar la ejecución o la repetición del tema musical de moda.

La carne y el pescado expuestos sobre los fríos mármoles blancos, eran clásicos del mercado. El puesto de venta de pescado era muy criticado por los clientes, quienes calificaban la calidad de la mercadería, verificando su aspecto y frescura. Una jaula contenía caracoles de tierra y era difícil resistir la tentación de tocar los cuernitos, que al menor contacto, se retraían readquiriendo su tamaño normal poco tiempo después. Generalmente el puestero obsequiaba entonces, un caracol que estaría forzado a padecer todo tipo de molestias por parte nuestra.

Alrededor de las lámparas o colgando de ellas, se colocaba un papel atrapa moscas; era una cinta retorcida y pegajosa, intento optimista de reducir la población de abundantes insectos que pululaban por el mercado, especialmente en los puestos de carne y pescado. La compra de hortalizas en el puesto de verduras, finalizaba con el pedido de la “verdurita”: el verdulero seleccionaba perejil, zanahoria, apio, y puerro que obsequiaba a cada comprador.

En el puesto de frutas, se compraban por docenas las peras, duraznos, manzanas y bananas, o las ofertas de frutas muy maduras. El fin de semana era catastrófico para la mercadería no vendida. El sábado por la mañana las ofertas eran comunes.  Las frutas se ofrecían en cantidad de 30, 40 o más unidades a precios muy bajos y eran rápidamente aprovechadas por las amas de casa para preparar compotas abundantes.

En el mercado los precios eran algo menores que en los almacenes y carnicerías, pero no existía el sistema de la libreta. El pago era al contado exclusivamente y la discusión por los precios era una constante, renovada con cada artículo. La pelea por el centavo era muy dura, y en muchas ocasiones, originaba situaciones francamente cómicas.

Los gatos eran visitantes permanentes que siempre recibían algún desecho para calmar el hambre. Su presencia no pasaba inadvertida, a la hora de discriminar olores ambientales. A pesar de las discusiones, la relación con la clientela era cálida y cordial. Se concurría al mercado una vez por semana estableciéndose una casi amistad y un encuentro obligado con otros vecinos de la zona.Era una relación humana y dialogada, de intercambio.

Las distancias entre los mercados eran grandes, ya que estaban distribuidos en pocos barrios de la ciudad.  Hoy la tecnología nos proporciona los espectaculares hipermercados, donde hay de todo, excepto diálogo y contacto humano. Los mercados barriales marcaron una senda típica y exclusiva en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, Reuniones sociales

CUANDO LAS DROGAS PROHIBIDAS ERAN MEDICINAS

Las llamadas drogas de abuso, actualmente prohibidas, fueron consideradas fármacos medicinales en la medicina del Buenos Aires de ayer.

La morfina, la cocaína y la heroína, fueron consideradas auténticos remedios milagrosos. Se vendían en las farmacias y boticas en las primeras décadas del Siglo XX, incluso sin la necesidad de una receta. La heroína integraba la fórmula del “Jarabe Bayer de Heroína”, indicado en el tratamiento de las afecciones respiratorias,  como calmante de la tos en la coqueluche y la tuberculosis, en las bronquitis, faringitis, asma bronquial y catarro pulmonar.

Por su efecto analgésico, en la orquitis, ciática, esclerosis múltiple, crisis gástricas de los tabéticos, es decir, manifestaciones tardías de la sífilis; en los dolores gripales y aneurisma de aorta. También en psiquiatría por sus propiedades sedantes, para contrarrestar los efectos de la confusión aguda, depresión y neurastenia.

El opio y sus derivados se usaron desde mucho tiempo atrás. El uso del Láudano, una mezcla alcohólica con opio, frecuentemente empleada como analgésico y antiespasmódico. En nuestra época de trabajo en las guardias de emergencia, empleabamos el “Pantopón”, una mezcla de alcaloides del opio, y el “Spalmalgine”, poderoso analgésico y antiespasmódico, también con deerivados del opio.

La Cocaína en forma de comprimidos o pastillas para el dolor de garganta. Eran elaborados por los farmacéuticos y los boticarios. La cocaína por sus efectos analgésicos, se empleaba como tópico local en el dolor de muelas.

Por sus efectos anestésicos en la cirugía ocular. La coca, integraba “vinos espirituosos”, con propiedades tónicas, como así también los vinos con coca y quina.

No podemos dejar de lado a los derivados del Cannabis, es decir, la marihuana. Los derivados canábicos o extractos de cáñamo indiano, el extracto hidroalcohólico de hachis, y los papeles azoados balsámicos contra toda clase de asma. Hoy en día, los niños que toman heroína, no lo hacen para dejar de toser, como ocurría en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://perso.wanadoo.es/jeuso/drogas-medicamentos/drogas-medicamentos.htm

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EL TEATRO INFANTIL LABARDÉN

El Instituto de Teatro Infantil Labardén, llamado hoy Instituto Vocacional de Arte”Manuel José de Labardén”, se creó en 1913, con sede en la Avenida Juan de Garay y Solís, en la Ciudad de Buenos Aires, a fin de formar actoralmente a niños, para representar obras de teatro en las plazas.

Fue un proyecto experimental y renovador de la enseñanza artística, atendiendo a la perspectiva teórica y pedagógica de la “Educación por el Arte”, a fin de garantizar el desarrollo personal de cada niño o niña. A través de la experimentación, elaboración y reflexión en los distintos lenguajes artísticos, se buscaba el desarrollo armónico de la personalidad.

Los criterios de  ingreso eran estrictos y muy exigentes. Las materias básicas eran el teatro, la declamación, la dicción, la danza clásica y la folclórica, para una carrera que duraba 4 años. El  ingreso era muy severo y la selección dejaba a muchos postulantes fuera de carrera.

Superaban las pruebas los niños con  reales condiciones para las disciplinas artísticas. Al finalizar los 4 años de estudio, integraban el elenco estable del Teatro Labardén. Las representaciones de comedias, danzas, canto y ballet, se realizaban los domingos a las 15 horas en el Viejo Teatro Municipal.

Se trabajaba en 2 niveles: uno para niños de 7 a 12 años, con las materias plástica, educación musical, teatro, iniciación literaria, expresión corporal y títeres. Estas tareas eran paralelas a las de la escuela primaria.

El otro nivel era para adolescentes de 14 y 15 años, con un programa similar al anterior, los dos primeros años para luego, en los dos años restantes, especializarse en Música, Teatro o Plástica. Alfonsina Storni y Berta Singerman pertenecieron al elenco de profesores y fueron alumnos Amelia Bence, Augusto Fernándes, Ángel Magaña, Delia Garcés, Beba Bidart, Paulina Singerman, Julia Sandoval y muchos más.

El Teatro Labardén fue un ambicioso programa cultural aun vigente, creado en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Instituto_Vocacional_de_Arte

http://www.buenosaires.gov.ar/areas/culturas/ens_artistica/labarden.php?menu_id=…

El Teatro, La ciudad, La educación

LA OLLA A PRESIÓN

Los días lunes, mi madre preparaba un puchero.

Disponíamos de cocina a gas, todo un avance para la época, y alrededor de las 9 de la mañana, colocaba sobre la hornalla, una olla con unos 4 litros de agua; cuando comenzaba a hervir, agregaba los elementos constitutivos del puchero: carne con hueso, verduras, papas, choclos, zapallo, etc.

El puchero estaba listo cercano el mediodía, muy próximo a la hora de almorzar. Esta rutina se desarrollaba todas las semanas, hasta que un día, en la primera mitad de la década del cuarenta, mamá compró “la olla a presión”, una olla distinta, con otras características.

Cuando se cerraba, la tapa, que tenía un burlete de goma, ajustaba fuertemente sobre la olla, y cerraba herméticamente. El vapor salía por una espita ubicada en la tapa. Era un sistema de cocción basado en el aumento de la presión dentro del recipiente, que permitía reducir considerablemente el tiempo de cocimiento.

Una verdadera revolución en la preparación de las comidas. Lo que antes demoraba 2 horas y media, con esta olla se cocinaba en 30 minutos. Un positivo avance en la técnica de cocción, gracias a la ayuda proporcionada por una olla que brindaba la comida esterilizada, por la acción del vapor a presión en su interior.

Las comidas conservaban su color original, situación opuesta a lo que observábamos con la cocción tradicional. Lo cierto es que la aparición de esta olla, que en sus comienzos se la usaba con temor, porque se suponía que existía el riesgo de una explosión, se constituyó en una extraordinaria ayuda, economizando tiempo y dinero, para las amas de casa de ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La infancia

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