El Buenos Aires que se fue

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LA GOMINA BRANCATO

La “Gomina Brancato” era un fijador para el cabello.

Los peinados a la gomina eran un patrimonio masculino, que tuvo su máximo exponente en Carlos Gardel. La gomina tenía el aspecto de una gelatina espesa, ligeramente perfumada, con la quese embadurnaba la cabeza, a fin de lograr una peinada “ganadora”.

El cabello quedaba endurecido, pero una vez que se secaba completamente, se cubría de una capa de polvo blanquecino, similar a la caspa. No era estético. La peinada “a la gomina”, estaba presente en todas las milongas, donde el tango era rey y señor.

La “Gomina Brancato” se presentaba en un envase de vidrio, pequeño, el de uso habitual, a un costo de 30 centavos; y uno muy grande, que usaba el peluquero. Lo veíamos en la peluqiuería, cuando el peluquero introducía el peine y extraía una cantidad suficiente para peinar a dos clientes.

Foto: Sentir el tango. Ed. Altaya, Nº 31. 1998

Cuando no se disponía de los 30 centavos, por 10 centavos comprábamos en la farmacia un sobre de goma tragacanto, que disolvíamos en una cantidad suficiente de agua para obtener un preparado similar a la Gomina Brancato, pero incoloro, ya que la gomina tenía color rosado y sin perfume. Todo para lograr un mismo resultado, pero más barato.

La “Gomina Brancato” fue elaborada y comercializada por el farmacéutico José Antonio Brancato en el año 1914. Reemplazó al uso de aceite o jabón para lograr peinadas impecables, en ese Buenos Aires que se fue.

Modas y costumbres

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