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El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Marzo, 2012

LA GRAN PELEA DEL SIGLO XX

El 14 de Setiembre de 1923, se realizó en el estadio Polo Grounds de Nueva York, el denominado “Combate del siglo” entre Luis Angel Firpo y el campeón mundial Jack Dempsey, “el Matador de Manassa”.

Luis Angel Firpo era un grandote nacido en Junín, Provincia de Buenos Aires, que de joven trabajó en una farmacia como ayudante de un boticario. Poseedor de un desarrollo físico excepcional, incursionó en el boxeo a partir de los 21 años, debutando en un Campeonato de aficionados el 10 de Diciembre de 1917.

Foto: Todo es Historia, Nº 434,2003.

No era un entusiasta del boxeo, pero lo veía como una buena posibilidad de beneficiarse económicamente. Como el boxeo estaba prohibido en el país, Firpo peleó en Chile y Uruguay, obteniendo el título de Campeón Sudamericano de peso pesado.

En enero de 1922 viajó a Nueva York, como un perfecto desconocido. Realizó varias peleas. aumentando su cotización y popularidad, a pesar de su estilo tosco, sin juego de cintura y desplazamientos lentos. Regresó a Buenos Aires, pero fue convocado desde Nueva York para enfrentar a Bill Brennan y Jack Dempsey.

En la pelea con Brennan que ganó, fue bautizado “El Toro Salvaje de las Pampas”. Su aspecto imponente y sus golpes mortíferos lo consolidaron ante la opinión pública. La noche del 14 de Setiembre se realizó el combate que era trasmitido por los altavoces del diario “La Prensa”. La emisión se caracterizaba por la discontinuidad, es decir que de pronto, no se escuchaba absolutamente nada.

Esto motivó importantes confusiones ya que en el primer round, primero cayó Dempsey, luego Firpo en siete oportunidades, hasta culminar con la segunda caída de Dempsey, fuera del ring. Fueron 17 segundos hasta regresar al ring, con ayuda de todos los que le rodeaban. Hasta ahí, Firpo era el ganador, pero el árbitro comenzó a contar cuando Dempsey regresó al ring.

En Buenos Aires todo era confusión. No se sabía que había pasado. Comenzó el segundo round y rápidamente Dempsey derribó a Firpo en dos oportunidades, la segunda por la cuenta total, finalizando la pelea con el “triunfo” de Dempsey.

Se consideró que era una estafa, una pelea robada. En el Palacio Barolo, las luz verde que se encendería en caso de triunfar Firpo, fue reemplazada por una roja. La decepción, frustración e indignación por lo acontecido, fueron tremendas. Firpo acababa de perder una espectacular pelea, pero acababa de ingresar a la categoría de ídolo indiscutible, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Bauso Matías. Luis Angel Firpo. Todo es Historia, año 36, Nº 434. 2003

Personajes de la ciudad, Realidades argentinas

MUEBLES DÍAZ Y RADIO RIVADAVIA

La firma “Muebles Díaz” se estableció en la década del 20 en Sarmiento 1117, esquina Cerrito, un edificio de 10 pisos perteneciente a don Rafael Díaz, un inmigrante valenciano que lo hizo construir en 1927.

Vendía muebles a todo el país con financiación y por el sistema de catálogos. En los distintos pisos del edificio se exhibían los muebles, según los estilos y en la terraza, Don Rafael hizo construir un chalecito de dos plantas, como los que había visto en Mar del Plata. Allí almorzaba y dormía una siesta hasta las 16 horas.

A los efectos de difundir los avisos comerciales de su empresa, creó en 1929 “LOK Radio Muebles Díaz”, con las antenas ubicadas en el mismo edificio. La emisora anunciaba los productos comerciales, alternando con música.

Al año siguiente se denominó “LS5  Radio Estación Rivadavia”. A fin de no invertir un solo peso, en 1932 fue adquirida por Radio Splendid con la intención de privilegiar una programación de audiciones de carácter deportivo. Rápidamente se caracterizó como la emisora difusora de eventos deportivos, especialmente desde exteriores.

Los estudios estaban ubicados en Callao 1526, lugar de cita de caracterizados deportistas y cronistas. Las informaciones cobraron prestigio, al estar a cargo del diario Crítica. La actividad deportiva la manejaba el famoso relator de fútbol Lalo Pellicciari. En 1933 nació la “Edición Oral Deportiva”, una creación de cronistas de Crítica.

Dirigida por el Dr. Edmundo Campagnale, se rodeó de colaboradores que marcaron un surco profundo en la historia argentina del deporte. Alfredo Aróstegui, Luis Elías Sojit siguiendo las alternativas de las carreras de automovilismo realizadas en el país en Fuerza Limitada, Fuerza Libre y Turismo de Carreera, complementadas con las carreras de Fangio y otros argentinos por las pistas de Europa.

Boris Sojit “Córner” en boxeo; Bernardino Veiga y Luis García del Soto en fútbol; el Dr. Ulises Barrera en boxeo; Washington Rivera en fútbol y boxeo, fueron figuras de gran arraigo en la prestigiosa Radio Rivadavia, sinónimo de deporte.

Rafael Díaz falleció en 1968 y el negocio fue manejado por sus hijos hasta finales de la década del 70. Los carteles de propaganda luminosa han tapado al chalet, hoy ocupado por oficinas.

El “chalecito ” de Don Rafael Díaz, dió origen al nacimiento de Radio Rivadavia, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Rocca Edgardo: Por el éter en la década del 30. Historias de la Ciudad. Año 2, Nº 10. 2001

La ciudad, Las Grandes Tiendas

EL ALBERGUE WARNES

El “Albergue Warnes” estuvo constituído por un grupo de edificios proyectado para el futuro Hospital de Pediatría, a comienzos de la década del 50, que reemplazaría a los viejos Hospital de Niños y Casa Cuna.

La caída del presidente Perón en 1955, paralizó las obras, ya avanzadas, de su construcción. Como consecuencia de un incendio producido en una villa miseria, un funcionario de turno decidió alojar temporariamente en ese predio, a los damnificados que perdieron su vivienda.

Foto:Todo es Historia. Nº 392. 2000

El edificio no estaba en condiciones de alojar a nadie pero durante 4 décadas, funcionaron allí varias villas miseria, ya que fueron desalojados y vuelta a ocupar en varias oportunidades. Estuvo habitado por grupos marginales, a los que sirvió como aguantadero y depósito de objetos robados. La basura ocupaba varios pisos.

Se sucedieron varios gobiernos que no supieron como finalizar prácticamente, un emprendimiento de tal naturaleza, aceptando lo inconcluso como algo normal y natural. A principo de los años noventa, el edificio fue volado con cargas de dinamita. Dos edificios de más de 100 metros de largo y 10 pisos, se desplomaron provocando una gran nube de polvo, presenciada por un público estusiasmado.

Una vez más, obras abandonadas, que jamás se usaron para nada, o fueron usadas para otros fines en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Potenze P. Todo es Historia. Nº 392, pag. 8-21. 2000

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

PETER KREUDER

Peter Kreuder fue un gran pianista, compositor y director musical, nacido en Aachen, Alemania el 18 de Agosto de 1905.

A los 6 años ejecutó su primer concierto en público con obras de Mozart. Estudió piano y composición en relevantes academias de Hamburgo, Berlín y Munich. En esta ciudad fue Director del Teatro Alemán a los 17 años. En 1924 aprobó los exámenes como Compositor, Director y Pianista en la Academia Estatal de Arte Musical de Munich.

Foto:Peter Kreuder. Home Page.

En 1935 obtuvo el Premio Internacional en París por la música del film “Das Maedchen Johanna”. En 1938 debutó en el Teatro del Pueblo, en Viena, con la comedia “Frack”. Emigró a Suecia y en 1940 presentó en Estocolmo su ópera “Labios”, en la Real Ópera de Estocolmo, a lo que seguirían conciertos por toda Suecia.

Regresó a Alemania en 1942. En 1946 escribió en Viena, la música del primer film de la posguerra. En 1947, los periodistas musicales de Washington lo votaron como el Tercer Mejor Director de bandas de jazz del mundo.

Durante la gira que Eva Perón realizó por Europa en 1947, fue ofrecida una recepción por la Embajada argentina en Berna, Suiza, el 9 de Agosto de 1947. Peter Kreuder amenizó la reunión, conociendo a Eva Perón, quien lo invitó a visitar Argentina. Kreuder llegó al país en 1951, invitado por la Presidencia de la Nación.

Kreuder compuso la música de 180 películas, 8 de las cuales las realizó en Buenos Aires. En 1951, “Qué hermanita”, “El heroico Bonifacio”, “Concierto de bastón”, “Cosas de mujer” y “El honorable inquilino”. En 1952 “El gaucho y el diablo”. En 1953 “El paraíso” y en 1954 “Canción en la nieve”.

Fue designado por decreto, Director de la Orquesta Filarmónica Nacional. Además de director y compositor, Peter Kreuder fue un pianista que acompañó a las grandes figuras internacionales de la época. Fue ejecutante fino y delicado, en especial en la música intimista, llamada de “piano bar”, que solía presentar con gusto y originalidad, con el reconocido “toque Kreuder”. Felizmente, existen muchas grabaciones comerciales para disfrutarlo.

Kreuder vivió en Acasusso y la muerte de Eva Perón, fue factor decisivo a la hora de abandonar el país en 1954 y dirigirse a Brasil. Falleció el 28 de Junio de 1981 en Salzburgo, Austria. Peter Kreuder, fue otro de los personajes que vivieron en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.peterkreuder.com/ThePianist.htm

http://peter-kreuder.de/en/hp/about-peter-kreuder.html

Vivieron en Buenos Aires

EL NÚMERO VIVO

En las décadas del 40 y del 50, en las salas cinematográficas del centro y barriales, durante uno de los intervalos, se realizaba una presentación en vivo de un acto de variedades a cargo de  diversos artistas.

Ejecución de instrumentos, canto, magia, acrobacia, baile, malabarismo, recitado, ventriloquía, fonomímica, etc. realizado por artistas pertenecientes a la Unión Argentina de Artistas de Variedades, profesión reglamentada por la Ley 14.226.

En muchos de los programas cinematográficos, aparecía la nómina de artistas que participaban. Los “números vivos” permitieron acceder a la presentación de artistas de calidad, pagando un precio irrisorio. Los artistas encontraron una segunda oportunidad de mostrar sus aptitudes y aliviar sus apremios económicos.

Eran presentaciones de corta duración, pero que incorporaban una nota distinta dentro de un programa estructurado de exhibición cinematográfica. No todos los cines disponían de un escenario útil para la presentación de los “números vivos”, por lo tanto en esas salas, no se realizaban, situación que satisfacía a una minoría. Generalmente se trataban de artistas poco conocidos; sin embargo, en algunas ocasiones, se presentaba una figura con sólidos antecedentes.

Los “números vivos” desaparecieron de las salas cinematográficas y junto con ellos, la posibilidad de un paseo a precios populares, que combinaba la magia del cine con la actividad teatral, en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, El cine, Los entretenimientos

EL GUARDA DE ÓMNIBUS

El guarda de ómnibus era un personaje con facetas semejantes al guarda de tranvía.

En el ómnibus se ascendía por la plataforma trasera y se descendía por la delantera, al lado del conductor. El guarda controlaba el ascenso y descenso de los pasajeros, indicándole al conductor cuando detener el vehículo, para el descenso.

Foto: Siglo XX, La Nación, Nº 5  pg. 84

No había paradas prefijadas, por lo que se ascendía y descendía en cualquier sitio, cercano a la esquina. Una vez que el pasajero ascendía, el guarda entregaba y cobraba el boleto, sobre la plataforma trasera, aunque cuando el ómnibus circulaba con poco pasaje, entregaba el boleto en los asientos.

Vestía uniforme compuesto por saco y pantalón gris, y gorra con visera, también gris. Una soga pendiente en la plataforma trasera, se comunicaba hasta una campanilla ubicada en el techo, en donde se sentaba el conductor. Un toque de campanilla, era para detener el vehículo, cuando alguien gritaba: “en la esquina”.

Dos toques de campanilla, para continuar la marcha. Dentro del ómnibus, además de la soguita de la plataforma, colgaban dos o tres extensiones de la soga, para detener o continuar la marcha, cuando el guarda no estaba en la plataforma trasera. Si era necesario dar marcha atrás, se lo indicaba al conductor haciendo sonar la campanilla con toques dobles y consecutivos, dado que el conductor no tenía visión retrógrada.

El control de los boletos entregados, era realizado por el Inspector, que podía ascender en cualquier sitio del recorrido, para “picar los boletos”. De acuerdo con la distancia que recorría, la máquina de boletos disponía de 4 a 6 sectores para tantos rollos de boletos.

Cuando en la plataforma se desarrollaban grescas, el guarda intervenía, usando la máquina de boletos como un arma contundente rompe cabezas. Si la discusión era con el conductor, éste usaba como arma, un palo con el que comprobaba la presión de las gomas. Son recuerdos de personajes de ese Buenos Aires que se fue.

La ciudad, Personajes de la ciudad

EL HELADERO AMBULANTE

Durante la época estival, el heladero era un personaje típico e importante de la ciudad, vestido con un saco y gorrito blancos, empujando su carrito también blanco, con forma cilíndrica o cúbica, según la marca que representaba.

Recorría la ciudad ofreciendo el refrescante helado, delicia para chicos y grandes. Los niños estábamos a la expectativa de su aparición en las calles de la ciudad, deleitándonos con su sabrosa preparación.

En los parques y plazas, ocupaban siempre el mismo sitio, donde cuando era posible, comprábamos una tacita o un vasito de papel encerado, ya que no existía el plástico, por un valor de 10 centavos. Disponía de dos o tres gustos: crema, frutilla y chocolate. No había otros, y era suficiente. Lo importante era disfrutasr el gusto de un helado.

Por esa razón, cuando en las tardes se escuchaba su pregón por las calles del barrio, rogábamos a nuestra madre nos diera la moneda para comprarlo. A esa hora, nuestro padre estaba trabajando fuera del hogar. y la destinataria de todos nuestros pedidos, era nuestra madre.

A veces, esta súplica era positiva; en esos casos no disponíamos de mucho tiempo, ya que el heladero pasaba una sola vez. Rogábamos que alguien lo hubiera detenido en su camino y así, teníamos la posibilidad de lograr nuestro objetivo. Los helados se encontraban dentro del carrito, mantenidos en buenas condiciones, mezclados con trozos de hielo seco.

El heladero buscaba lo solicitado y luego, del bolsillo superior del saco, sacaba y nos daba una cucharita plana, de madera, envuelta en papel de seda. Cuantas veces repetimos este procedimiento en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, Personajes de la ciudad, Personajes de la infancia

LA VÍBORA JUANITA

Una valija marrón, un caballete, una tabla y una víbora dentro de una valija.

El vendedor decía que por excedente de stock, la casa xx tenía en promoción el extraordinario pela papas por la módica suma de 50 centavos.

Se formaba una ronda de curiosos alrededor de la valija, cuando el vendedor tomaba a la víbora, una culebra inofensiva, que veía así interrumpido su descanso. El charlatan le hablaba a Juanita y le explicaba lo que iba a realizar ante la concurrencia. Se la colocaba alrededor del cuello, le rascaba la cabeza cariñosamente, la besaba, se paraba delante los curiosos y finalmente le decía: “Bueno Juanita, ahora tengo que trabajar. Te dejo en la valija así, mientras descansás, yo hablo con la gente.

Y acto seguido, colocaba a Juanita en la valija, que dejaba abierta en el suelo, delante de la mesa en donde  haría la demostración de las virtudes del producto de ese momento. “Futis, latis, viboratis, que estas en la valijatis”. Con estas palabras en un seudo latin, el charlatan iniciaba el operativo embrollo.

Convencer sobre las virtudes del nuevo y sensacional pelapapas. Pero ¿ de que se trataba?. Era un trozo de alambre , enroscado en los dos extremos. Se colocaba sobre el filo del cuchillo y permitía, a veces, cortar rodajas de papa, similares entre sí. Todo este operativo, se realizaba a la vista del público, sin olvidar las continuas advertencias referidas a la víbora, que reposaba dentro de la valija.

Por cortesía de la casa XX, y ante un excedente de producción, tengo el agrado de ofrecerles en esta ocasión, el famoso pela papas de rápida instalación y fácil uso, con el que podrá elaborar las más exquisitas papas fritas o para coctel. Una vez promovido, se acercaba a los mirones y les mostraba el pelapapas, pero no lo entregaba.

La entrega ocurría posteriormente, contra el pago de los 50 centavos solicitados. Compramos el artículo; era un trozo de alambre que al ser usado en 2 o 3 oportunidades se oxidaba rápidamente y se desechaba. Como la gente se acercaba a la valija para ver a la culebra más de cerca, era común que el charlatán dijera: “¡Por favor señores, no me pisen la víbora!”.  Eran víboras y charlatanes de ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, La ciudad, Modas y costumbres, Personajes de la ciudad

LA FIAMBRERA

La fiambrera era una jaula para conservar alimentos construída en madera, pintada de color verde oscuro y una malla de alambre tejido.

En su interior se colocaban comidas preparadas, carne fresca, tortas, trozos de queso, tocino, dulce de membrillo, etc. que eran mantenidos en esas condiciones, protegidos de la invasión de insectos. En los barrios alejados de la capital, la electricidad no era patrimonio de todos y muy pocos, disponían de la heladera a hielo, especialmente en esas zonas carenciadas.

A los efectos de mantener en condiciones aceptables a estos alimentos perecederos, libres de la acción de las moscas, eran ubicados en la fiambrera, la que se colgaba a cierta altura, para que los perros no dañaran la tela de alambre.

Se la colocaba en la sombra, en la corriente de aire, así los alimentos estaban protejidos del calor provocado por el encierro. La falta de heladeras y de congeladoras, obligaba al uso de alimentos frescos todos los días.

La búsqueda de métodos de conservación como el ahumado o la salmuera, constituían una alternativa. Por razones de dinero o de distancia, no se disponía de alimentos renovados diariamente. La fiambrera obviaba esa dificultad en ese Buenos Aires que se fue.

La casa

Dr. PÍO DEL RÍO HORTEGA

La Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, motivaron la llegada al país de distinguidísimos representantes de las ciencias, el arte y la cultura que no siempre, fueron bien recibidos o aceptados para establecerse en Buenos Aires.

Un ejemplo de ello fue el doctor Pío del Río Hortega, uno de los grandes maestros de la histopatología (estudio de los tejidos enfermos) y de la neurohistología (estudio de los tejidos del sistema nervioso) del Siglo XX.

Nació en Portillo, España, el 5 de Mayo de 1882. Se recibió de médico en 1908 y se perfeccionó en Francia, Alemania e Inglaterra, en la especialidad de neurohistología. En 1925 dictó en Buenos Aires, una serie de conferencias y clases prácticas. En 1929, fue propuesto al Premio Nóbel de Medicina. En 1932 fue Director del Instituto de Oncología de Madrid. En 1934, fue nuevamente candidato al Premio Nóbel de medicina.

Iniciada la Guerra Civil salió del país, llegando primero a Francia y luego a Oxford, Inglaterra, actuando en la Sección de Neurohistología del Servicio de Neurocirugía de Hugh Cairns. En este sitio conoció a su futuro discípulo, el anatomopatólogo argentino Moisés Polak. En 1940, la Institución Cultural Española lo contrató para dictar en Buenos Aires, un curso teórico práctico de histología.

A su llegada a Buenos Aires, ningún profesor, titular o suplente, estaba para recibirlo. Se lo consideraba “un rojo republicano”. Desarrolló sus tareas durante 3 meses en el Instituto de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Finalizado su contrato, sólo encontró indiferencia ante los dirigentes de la Facultad de Medicina.

Entonces, nuevamente la Institución Cultural Española comprendió lo que ganaría la ciencia de nuestro país con la permanencia del maestro español, poniendo a su disposiciónun un local y el dinero necesario para montar un laboratorio sencillo donde pudiera vivir y continuar su tarea de investigación y enseñanza.

Fundó y dirigió la revista “Archivos de Histología Normal y patológica”, donde publicaba los trabajos científicos realizados en su laboratorio. En 1943 fue designado Profesor Extraordinario de Embriología e Histología, en la Facultad de Medicina de La Plata. Falleció en Buenos Aires el 1º de Junio de 1945.

Su vida errática en el exilio y la discriminación ideológica que padeció, no debilitaron la vocación de servicio de este educador, investigador y formador de discípulos, que tanto benefició a los médicos argentinos que alcanzaron un nivel de excelencia, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Panzeri de Rosell, Roxana.-”Pío del Río Hortega en Buenos Aires. A 120 años de su nacimiento”

Médicos y Medicinas en la Historia. Vol 1, Nº 4. Noviembre de 2002

La inmigración, Modas y costumbres, Realidades argentinas, Reuniones sociales

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