El Buenos Aires que se fue

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MENTIRAS DEL 900

Foto: Caras y Caretas, Nº 323. 1904

Buenos Aires, primeras décadas del Siglo XX. Una masajista facial anunciaba un tratamiento especial, científicamente aplicado para extirpar o borrar las arrugas y que aflojaba la piel.

Se combinaba con una crema de almendras señalando que “con su uso y los masajes que yo enseño gratis, personalmente y por carta a toda persona compradora de la crema, desaparecen las arrugas”. En esa publicidad, la masajista aseguraba: “Todos mis específicos están analizados y aprobada su venta por el Departamento Nacional de Higiene de Buenos Aires. Sólo se venden en mi consultorio. Las consultas no se pagan”.

En aquella época, la tuberculosis era la enfermedad dominante y se cobraba muchas vidas sin importar la edad. Eso motivó la aparición de innumerables anuncios de medicamentos tales como la Emulsión de Scott, que prometía curar “tos, catarros, resfríos, bronquitis, tisis, asma, anemia y escrófula”.

En los comienzos del invierno, se recomendaba el uso de la Solución Dufour. “Si usted nota que su tos se está volviendo crónica, que su respiración se está haciendo más corta y difícil, es prueba de que el mal se está arraigando, pudiendo con el frío y la humedad producirse luego complicaciones mucho más graves y hasta la temible tuberculosis. Para librarse rápidamente, tome un frasco o dos. Es el gran específico de todas las enfermedades pulmonares, destructor de los microbios de la pulmonía y vivificante de los órganos respiratorios”.

Otro ejemplo, eran los Polvos Antiepilépticos del Dr. Monti, que supuestamente hacían desaparecer los ataques para siempre. Para avalar el producto, se mencionaba la opinión de “renombrados especialistas internacionales”, habitualmente de Europa, como el Dr. Gino Maiorfi, del Manicomio de San Nicolás, Siena. “He usado y uso los Polvos antiepilépticos del Dr. Monti, en muchachos y adultos que sufren epilepsia, consiguiendo mejorarlos en cuanto se relaciona con la inteligencia. En varios, los ataques epilépticos cesaron por completo”, contaba el Dr. Maiorfi.

También abundaban los reconstituyentes generales “que curaban todo”. Uno de estos era el Aceite Medicinal Sasso, tónico reconstituyente sin igual para combatir anemia, convalescencia, neurastenia, desarrollo, edad crítica, clorosis, insomnio, dispepsia, gastralgia, debilidad e inapetencia. Es el mejor preventivo de las enfermedades y aumenta la resistencia del organismo. Pídase en las buenas droguerías y farmacias”.

El tratamiento de la gota era uno de los desafíos de la época. El anuncio de una medicación útil era la venta segura, así se hablaba del Específico Bejean: “Ningún remedio conocido hasta hoy ha obtenido tanto éxito, en Francia ni en el extranjero, como el Específico Bejean. Es el más poderoso preventivo y curativo de la gota y de todas las afecciones reumatismales, agudas o crónicas; 48 horas bastan para apaciguar los accesos más violentos sin temor de trasladar el mal”.

Los resfríos desaparecían inhalando Vapo-Cresolene, “un remedio eficaz a base de evaporación, que al aspirarlo pasaba por los conductos respiratorios afectados aliviándolos al momento”. Estos anuncios se presentaban en las tres primeras décadas del Siglo XX, explotando la credibilidad humana, en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: Araujo, Carlos E. Profesión Salud, pag.18-19. 2000

Modas y costumbres, Realidades argentinas

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