El Buenos Aires que se fue

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EL CARNAVAL EN EL TANGO

Varios tangos ya clásicos abordaron el tema del Carnaval. Los enfoques se orientaron a describir las alegrías, las penas, las decepciones o la soledad, contrastando con el bullicio y los desbordes en esos días tan especiales.

Foto: Portada del Tango “Siga el corso”.

Un ejemplo es la angustia que trasmite el payaso en “Ríe payaso” de Emilio Falero y Virgiliio Carmona: “El payaso, con sus muecas y su risa exageradas,/ nos invita, camaradas,/ a gozar del Carnaval./ No notáis en esa risa una pena disfrazada,/ que su cara almidonada/ nos oculta una verdad?”. Pero las penas no son aisladas y a fin de compartirlas con ayuda del alcohol nos dice: “Ven payaso, yo te invito, compañero de tristezas,/ ven y acércate a mi mesa/ si te quieres embriagar./ Que si tú tienes tus penas, yo también tengo las mías/ y el champagne hace olvidar.”

Un espíritu de liberación de las normas de conducta, era factor determinante para cometer atropellos, cambios de conducta, ofensas y agresiones a terceros, como lo cuenta “Carnaval de antaño” de Manuel Romero y Sebastián Piana: “¿Te acordás de aquél festín/en aquel peringundín,/allá por Rodríguez Peña,/ que acabó con botiquín?/ ¿Y la biaba que cobró/ aquel pobre cocoliche/ que tocaba el acordeón/ en la puerta del boliche?/ ¡ Qué lindo tiempo aquél!/ ¡ Qué lindo Carnaval!/ Las farras terminaban en la puerta ‘el hospital”.

El misterio del encanto oculto tras el antifaz, que duraba una noche plena de emociones, promesas y desengaños, contribuían a crear un clima irreal, de ensoñación: “Siga el corso” de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta: “Te quiero conocer, saber adonde vas,/ alegre mascarita que me gritas al pasar:/ -Adios, adios, adios…¿Quién sos, a donde vas…?/ -Yo soy la misteriosa mujercita de tu afán…/ No finjas más la voz, abajo el antifaz,/ tus ojos por el corso van buscando mi ansiedad../ Descúbrete, por fin; tu risa me hace mal…/ ¡ Detrás de tus desvíos todo el año es Carnaval!”.

Durante el Carnaval se corría el gran telón, dejando ver a los tímidos animarse a lo impensado, durante esos días mágicos. Las mujeres de la vida se mostraban en esas noches detrás de un antifaz y luciendo sus mejores galas, única ocasión del año para vivir la ilusión de otra vida. Así, nos dice “Papel picado” de José González Castillo y Cátulo Castillo: “Pasaste en el turbión del Carnaval/ Como un detalle más de su tropel/ y me arrojaste, riéndote al pasar,/ un montón de trozos de papel…/ Nevaba. Estaba viejo mi gabán/ y yo sentí llegar al corazón,/ como otra nieve cruel,/ tus trozos de papel/ que fueron pedacitos de ilusión”.

Las noches de Carnaval, cargadas de erotismo y la expectativa del romance impensado con la mascarita imprevista, integraban una constante que se repetía día a día. La conquista fácil y curiosa, con mezcla de simulación y ansiedad, queda bien descripta en “Siempre es carnaval” de Osvaldo y Emilio Fresedo: “Y siempre es Carnaval…/ van cayendo serpentinas/ unas gruesas, otras finas/ que nos hacen tambalear./ Y cuando en tu disfraz/ la careta queda ausente/ En tu cara de inocente/ todo el año es Carnaval”.

En los juegos con agua, generalmente por las tardes, participaban integrantes del barrio, e invariablemente surgía alguna cita, que se cumplia en el baile de esa noche. La sugestión de la noche carnavalesca poseía su duración hasta la aparición de los rayos del sol. No era difícil encontrarse con un antiguo amor, pero completamente cambiado: “Carnaval” de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta: “¿Donde vas con mantón de Manila?/ ¿ Dónde vas con tan lindo disfraz?/ ¡ Nada menos que a un baile lujoso/ donde cuesta la entrada un platal!/ ¡Qué progresos has hecho pebeta,/ que cambiaste por seda el percal!/ ¡ Disfrazada de rica estás papa / lo mejor que yo vi en Carnaval!”.

También el Carnaval era motivo de alegres y felices reencuentros que daban origen a un nuevo camino, sembrado de dicha: “Cascabelito” de Juan Caruso y José Böhr: ” Entre la loca alegría/ volvamos a darnos cita/ misteriosa mascarita/ de aquel loco Carnaval. / Donde estás Cascabelito,/ mascarita pizpireta/ tan bonita y tan coqueta/ con tu risa de cristal.”

Foto: “Cascabelito”. Letra de Tango. Tomo I, pac 61.  Centro Edit. Sol 1997

Pero otras veces, la tristeza era sentimiento dominante cuando el abandono y el engaño del ser querido, provocaba una crisis de lamentos y desdichas. La aparición de “la otra”, condicionaba un desarrollo triste, a veces trágico: “Pobre Colombina” de Emilio Falero y Virgilio Carmona: “La colombina está triste y da pena,/ ¡ pobrecita nena,/ tan linda y tan buena!/ La que antes fue reina de la alegría,/ sus gracias lucía/ y siempre reía…/….Es que Pierrot la ha engañado/ se fue con su mandolina/ siguiendo el paso de otra colombina,/ de líneas más finas,/ de pelo ondulado”.

Carnavales con destellos, bullicio, corsos animados, bailes inolvidables, pitos, serpentinas, matracas y papel picado en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, El tango, Reuniones sociales

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