El Buenos Aires que se fue

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LA TUBERCULOSIS EN EL TANGO

El tango y la tuberculosis han transitado un largo camino.

Cuando el tango se hacía famoso, la tuberculosis era una amenaza siempre presente, que se cobraba muchas vidas jóvenes, en una época en la que no existían tratamientos eficaces. Esta triste realidad, motivó una serie de letras que describen sintéticamente, situaciones estrechamente relacionadas con esta enfermedad. Son historias tristes y dolorosas; historias de arrepentimiento, de quejas, de lamentos.

En el tango “Cotorrita de la suerte” del bandoneonista Alfredo De Franco con letra de José De Grandis, una paciente muy enferma espera ansiosa que llegue su amor:” ¿Como tose la obrerita por las noches!/Tose y sufre por el cruel remordimiento/de su vida que se extingue y el tormento/no abandona a su tierno corazón…”.

El clásico “Adios muchachos” cuenta las lamentaciones de un enfermo evocando buenos y malos momentos en otros tiempos de su juventud: “Adios muchachos, ya me voy y me resigno;/contra el Destino nadie la talla…/Se terminaron para mi todas las farras,/mi cuerpo enfermo no resiste más”. Este tango fue famoso porque fue considerado el monumento a la mufa. En el ambiente artístico nadie lo nombraba y se realizaban todo tipo de maniobras para protegerse de su influjo.

Los tratamientos antituberculosos se basaban en el descanso prolongado, buena alimentación, aire puro como el de la sierra. Córdoba ofrecía un sitio ideal para recuperarse. En 1943, Luis Rubinstein escribió “Ya sale el tren”, contando la dureza de la separación de una pareja:”Ya sale el tren/El humo pinta el cielo/Y en el anden/agito mi pañuelo./Ruedas que rechinan/con la angustia del adios/Y ella, mi muñeca,/que se ahoga con su tos./Se va en el tren/mi pobre novia enferma./Mi corazón/Se muere en el anden”.

El desenlace podía ocurrir en el barrio o en otro país, como se canta en el tango “La que murió en París” de H. Blomberg y E. Maciel cuando señala al duro invierno parisino que no perdonaba:” Muchacha, como tosías/aquel invierno al llegar…!/Como un tango te morías/en el frío bulevar”.

Una comparación con las modistas francesas, las grisetas, se relata en el tango “Griseta” de Enrique Delfino y J. González Castillo, cuando cuenta la rápida trayectoria descendente de la piba de arrabal, que pierde su brillo y su vida enceguecida por el cabaret, el alcohol y las drogas “al arrullo funeral de un bandoneón”. Una trayectoria parecida pero mucho más sutil se aprecia en el tango de J. Rotundo y A. Roggero “Mimí Pinson”: “Un año más/que tú no estás,/y nuevamente la neblina/trae recuerdos de mis noches parisinas,/y en el recuerdo nuevamente vuelves tú…”.

En “Medianoche” de Héctor Gagliardi y Aníbal Troilo, la queja y el arrepentimiento por la vida pasada, integra el lamento: “Un reloj da las doce, las doce de la noche;/¡y que triste es hermano, las horas escuchar/cuando estás olvidado en el lecho frío,/tan frío y tan triste que da el hospital”.

La década del 50, fue el comienzo del tratamiento eficaz de la tuberculosis. Las drogas aparecidas significaron disponer de armas efectivas para luchar con ventaja. La temática de la tuberculosis quedó entonces limitada a los tangos aparecidos en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La cuestión social, Realidades argentinas

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