El Buenos Aires que se fue

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MENSAJES EN VERSO

En las primeras décadas del Siglo XX, era muy frecuente el uso de tarjetas postales brillosas, coloreadas, mostrando una pareja que se miraba lánguidamente a los ojos, junto al tronco de un árbol donde estaba grabado un corazón con sus iniciales.

Los textos eran sensiblerías muy recargadas: “Entre flores he nacido, entre espinas moriré, pero a usted, querida amiga, yo jamás olvidaré”. Otra por el estilo decía: “Esta postal representa, el símbolo de la bondad, yo te la mando, en emblema de cariño y amistad.”

En los boliches, en las clásicas partidas de truco, se intercalaban versos como el siguiente: “Por el río Paraná, baja nadando un piojo, con un hachazo en un ojo, y una Flor en el ojal”. Eran épocas en la que los almaceneros anotaban en la libreta de tapas negras la deuda del comprador y al no cobrar, colgaban un cartel que decía: “Si Cristo murió en la cruz con tres clavos solamente, ¿Como voy a fiar yo, si me clava tanta gente? “.

Pero se podía tropezar con mensajes más elaborados: “Si doy, pierdo la ganancia de hoy. Si fío, pierdo lo que es mío. Si presto, cuando cobro me hacen gesto. Y para evitar todo esto, no doy, ni fío, ni presto”. Había uno muy sencillo que decía :” Hoy no se fía, mañana sí”.

En esa época comenzaron a aparecer las leyendas en carros y camiones, tan características del porteño: “Yo soy como el picaflor: llego, pico y me voy” . Otra ingeniosa decía :” Qué milonga ni que tango, con este carro me gano el mango”. También :” Andá que te cure Hortensia, que Lola está con licencia”. Otras simulando un refrán:” Es inútil tironear, cuando la cobija es corta”. Y siempre la fanfarronería:” La mina que no me mira, no sabe lo que se pierde”.

Se acostumbraba elaborar ensayos poéticos para los difuntos, y en algunas tumbas podían encontrarse algunos mensajes jocosos; la viuda de un almacenero hizo grabar en la lápida lo siguiente: “Reposa tranquilo debajo de la losa; tu viuda amorosa se acuerda de ti; y en tanto duermes un sueño profundo, se queda en el mundo llorándote así”.

Pero pasado un tiempo prudencial, la viuda reemplazó la lápida por otra que decía: ” Yace aquí Don Juan Quirós, el honrado almacenero del almacén de Salguero mil quinientos ventidos. La muerte con mano ruda, llevóse a este hombre de bien, mas continúa la viuda, al frente del almacén…”. Mensajes en postales y en verso, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Araujo C.E: Tango y Cultura Porteña. Emisión Nº 108, 21 Mayo de 2001. Radio Cultura

Modas y costumbres

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