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El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Diciembre, 2011

LA COMPRA POR CATÁLOGOS

Las grandes tiendas acostumbraban enviar sus catálogos, donde presentaban las novedades en materia de vestimenta, recientemente llegada de Europa; París para las damas y Londres para los caballeros.

También se ofrecía ropa de cama, vajilla y demás. Los clientes lo solicitaban enviando un cupón aparecido en diarios y revistas, y a vuelta de correo, recibían el catálogo de temporada, verano o invierno. Estos envíos llegaban a todo el país y fueron comunes a partir de la década del 20.

Este sistema de venta, revolucionario para la época, fue impulsado por las tiendas de mayoreo. Consistía en un catálogo con fotos ilustrativas de los productos a vender. Este sistema permitía tener mayor llegada a las personas, ya que no había necesidad de traer los clientes hasta los locales de venta.

Los métodos de envío eran el correo ordinario o las agencias de transporte. “Harrod’s”, “Gath & Chaves”, “Las Filipinas”, o “La Piedad”, eran algunas de las grandes tiendas que manejaban las ventas a través de sus detallados catálogos: las medidas, colores y detalles de las prendas, perfumes y cosméticos, que permitían que se viviera a la moda.

Los envíos llegaban en grandes cajas que despertaban la curiosidad y admiración de los interesados. Se compraba sin ver, sólo a través de las reproducciones del catálogo, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Los catálogos. El Heraldo de Concordia. 22-10-2011

http://es.wikipedia.org/wiki/Venta_por_cat%C3%A1logo

Las Grandes Tiendas, Modas y costumbres

EL OBELISCO

El Obelisco fue inaugurado el 19 de Marzo de 1936. Es un monumento recordatorio que celebra los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires y homenaje de la Capital a la Nación.

Ubicado en el centro neurálgico de Buenos Aires, fue un proyecto elaborado por el Arquitecto Alberto Prebisch, ocupando el centro de la Plaza de la República. La decisión de construir el Obelisco estuvo precedida de múltiples discusiones, en pro y en contra.

Todo tipo de críticas surgieron de las más diversas áreas culturales. El periodismo no se quedó atrás, cuando el diario “La Prensa” aconsejó su demolición. El diario “La Nación” en cambio, destacaba la armonía de sus líneas y su profunda blancura.

La Intendencia tenía mayoría socialista, que en ningún momento aceptó su construcción. Es más, se discutió un proyecto para sancionar al Intendente de Vedia y Mitre, por incurrir en responsabilidades civiles y administrativas, aconsejando la demolición.

Este monumento de belleza abstracta, con una silueta geométrica y elegante, es punto de referencia imperdible en el centro de la ciudad. El Obelisco se convirtió en el centro de los episodios más importantes de la vida porteña y nacional.

Es además una ayuda para orientarse en el centro de la ciudad, en especial para los turistas y todos aquellos que no están familiarizados con los desplazamientos por la zona céntrica. Es suficiente buscar su silueta y encontrar la orientación buscada, una ayuda práctica impensada tal vez, a la hora de diseñarlo en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Ayerza, Magdalena de. “El Obelisco y sus polémicas”. Todo es Historia, Nº 362, 1998.

La ciudad

RAQUEL MELLER

Raquel Meller nació como Francisca Marqués López, en Taragona, Zaragoza, el 9 de Marzo de 1888. Fue una famosa tonadillera y actriz.

Antes de dedicarse al canto fue estudiante en un colegio religioso en Francia, y modista en Barcelona. En Febrero de 1907 debutó en un escenario como “La Bella Raquel”, cantando canciones picarescas. Al año siguiente comenzó como tonadillera, que la llevaría a expandir su arte por Europa en las décadas del 20 y del 30, cuando adopta el nombre de “Raquel Meller”.

Foto: Egly Colina Marin

En 1914 estrenó “El Relicario” en “El Dorado”. Poco después el éxito le acompañó nuevamente cuando presentó “La Violetera”. En 1919 se casó en Francia con el escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, divorciándose en 1922.

Trabajó en el Teatro Olimpia de París y luego pasó a Nueva York. Debutó en el cine en 1919 con el film “Los arlequines de seda y oro”. En 1923 filmó “Violetas Imperiales” en su versión muda. La versión sonora se realizó en 1932. “La Violetera” fue el tema principal de la película “Luces de la ciudad”, filmada por Charles Chaplin en 1931.

A partir de 1930 se radicó en Francia donde permaneció hasta 1937, año en el que viaja a Buenos Aires, donde permanecerá 2 años. Actuó en el Teatro Maravillas, Teatro Buenos Aires y Teatro Metropolitan. En éste cumplió su temporada de despedida en 1938, donde estuvo acompañada por “Los Chavalillos Sevillanos” y la música conducida por el Maestro José María Palomo.

Realizaba presentaciones diarias en función Vermouth a las 18.45 horas, al precio de 1 peso la platea. La función de la noche comenzaba a las 22.15 y la platea costaba 1.50 pesos. Su número central, estaba siempre acompañado por muy buenos conjuntos de apoyo.

En 1939 regresó a Barcelona donde se casó nuevamente con un empresario francés, adoptando 2 hijos. Paulatinamente, su imagen se fue desdibujando. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial sufrió un grave quebranto económico al ser perseguida por el Fisco francés. Se despidió del público en el Teatro Madrid en 1958, a la edad de 70 años.

Filmó 12 películas y grabó unos 400 discos. Falleció en Barcelona el 26 de Julio de 1962. Raquel Meller deleitó al público porteño durante 2 años, en la época que vivió en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://coleccionesteatrales.blogspot.com/2010/11/raquel-meller-en-buenos-aires.

Colina Marin, Egly. Raquel Meller.

Las Revistas Inolvidables, Vivieron en Buenos Aires

EL CARNAVAL EN EL TANGO

Varios tangos ya clásicos abordaron el tema del Carnaval. Los enfoques se orientaron a describir las alegrías, las penas, las decepciones o la soledad, contrastando con el bullicio y los desbordes en esos días tan especiales.

Foto: Portada del Tango “Siga el corso”.

Un ejemplo es la angustia que trasmite el payaso en “Ríe payaso” de Emilio Falero y Virgiliio Carmona: “El payaso, con sus muecas y su risa exageradas,/ nos invita, camaradas,/ a gozar del Carnaval./ No notáis en esa risa una pena disfrazada,/ que su cara almidonada/ nos oculta una verdad?”. Pero las penas no son aisladas y a fin de compartirlas con ayuda del alcohol nos dice: “Ven payaso, yo te invito, compañero de tristezas,/ ven y acércate a mi mesa/ si te quieres embriagar./ Que si tú tienes tus penas, yo también tengo las mías/ y el champagne hace olvidar.”

Un espíritu de liberación de las normas de conducta, era factor determinante para cometer atropellos, cambios de conducta, ofensas y agresiones a terceros, como lo cuenta “Carnaval de antaño” de Manuel Romero y Sebastián Piana: “¿Te acordás de aquél festín/en aquel peringundín,/allá por Rodríguez Peña,/ que acabó con botiquín?/ ¿Y la biaba que cobró/ aquel pobre cocoliche/ que tocaba el acordeón/ en la puerta del boliche?/ ¡ Qué lindo tiempo aquél!/ ¡ Qué lindo Carnaval!/ Las farras terminaban en la puerta ‘el hospital”.

El misterio del encanto oculto tras el antifaz, que duraba una noche plena de emociones, promesas y desengaños, contribuían a crear un clima irreal, de ensoñación: “Siga el corso” de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta: “Te quiero conocer, saber adonde vas,/ alegre mascarita que me gritas al pasar:/ -Adios, adios, adios…¿Quién sos, a donde vas…?/ -Yo soy la misteriosa mujercita de tu afán…/ No finjas más la voz, abajo el antifaz,/ tus ojos por el corso van buscando mi ansiedad../ Descúbrete, por fin; tu risa me hace mal…/ ¡ Detrás de tus desvíos todo el año es Carnaval!”.

Durante el Carnaval se corría el gran telón, dejando ver a los tímidos animarse a lo impensado, durante esos días mágicos. Las mujeres de la vida se mostraban en esas noches detrás de un antifaz y luciendo sus mejores galas, única ocasión del año para vivir la ilusión de otra vida. Así, nos dice “Papel picado” de José González Castillo y Cátulo Castillo: “Pasaste en el turbión del Carnaval/ Como un detalle más de su tropel/ y me arrojaste, riéndote al pasar,/ un montón de trozos de papel…/ Nevaba. Estaba viejo mi gabán/ y yo sentí llegar al corazón,/ como otra nieve cruel,/ tus trozos de papel/ que fueron pedacitos de ilusión”.

Las noches de Carnaval, cargadas de erotismo y la expectativa del romance impensado con la mascarita imprevista, integraban una constante que se repetía día a día. La conquista fácil y curiosa, con mezcla de simulación y ansiedad, queda bien descripta en “Siempre es carnaval” de Osvaldo y Emilio Fresedo: “Y siempre es Carnaval…/ van cayendo serpentinas/ unas gruesas, otras finas/ que nos hacen tambalear./ Y cuando en tu disfraz/ la careta queda ausente/ En tu cara de inocente/ todo el año es Carnaval”.

En los juegos con agua, generalmente por las tardes, participaban integrantes del barrio, e invariablemente surgía alguna cita, que se cumplia en el baile de esa noche. La sugestión de la noche carnavalesca poseía su duración hasta la aparición de los rayos del sol. No era difícil encontrarse con un antiguo amor, pero completamente cambiado: “Carnaval” de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta: “¿Donde vas con mantón de Manila?/ ¿ Dónde vas con tan lindo disfraz?/ ¡ Nada menos que a un baile lujoso/ donde cuesta la entrada un platal!/ ¡Qué progresos has hecho pebeta,/ que cambiaste por seda el percal!/ ¡ Disfrazada de rica estás papa / lo mejor que yo vi en Carnaval!”.

También el Carnaval era motivo de alegres y felices reencuentros que daban origen a un nuevo camino, sembrado de dicha: “Cascabelito” de Juan Caruso y José Böhr: ” Entre la loca alegría/ volvamos a darnos cita/ misteriosa mascarita/ de aquel loco Carnaval. / Donde estás Cascabelito,/ mascarita pizpireta/ tan bonita y tan coqueta/ con tu risa de cristal.”

Foto: “Cascabelito”. Letra de Tango. Tomo I, pac 61.  Centro Edit. Sol 1997

Pero otras veces, la tristeza era sentimiento dominante cuando el abandono y el engaño del ser querido, provocaba una crisis de lamentos y desdichas. La aparición de “la otra”, condicionaba un desarrollo triste, a veces trágico: “Pobre Colombina” de Emilio Falero y Virgilio Carmona: “La colombina está triste y da pena,/ ¡ pobrecita nena,/ tan linda y tan buena!/ La que antes fue reina de la alegría,/ sus gracias lucía/ y siempre reía…/….Es que Pierrot la ha engañado/ se fue con su mandolina/ siguiendo el paso de otra colombina,/ de líneas más finas,/ de pelo ondulado”.

Carnavales con destellos, bullicio, corsos animados, bailes inolvidables, pitos, serpentinas, matracas y papel picado en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, El tango, Reuniones sociales

LA TUBERCULOSIS EN EL TANGO

El tango y la tuberculosis han transitado un largo camino.

Cuando el tango se hacía famoso, la tuberculosis era una amenaza siempre presente, que se cobraba muchas vidas jóvenes, en una época en la que no existían tratamientos eficaces. Esta triste realidad, motivó una serie de letras que describen sintéticamente, situaciones estrechamente relacionadas con esta enfermedad. Son historias tristes y dolorosas; historias de arrepentimiento, de quejas, de lamentos.

En el tango “Cotorrita de la suerte” del bandoneonista Alfredo De Franco con letra de José De Grandis, una paciente muy enferma espera ansiosa que llegue su amor:” ¿Como tose la obrerita por las noches!/Tose y sufre por el cruel remordimiento/de su vida que se extingue y el tormento/no abandona a su tierno corazón…”.

El clásico “Adios muchachos” cuenta las lamentaciones de un enfermo evocando buenos y malos momentos en otros tiempos de su juventud: “Adios muchachos, ya me voy y me resigno;/contra el Destino nadie la talla…/Se terminaron para mi todas las farras,/mi cuerpo enfermo no resiste más”. Este tango fue famoso porque fue considerado el monumento a la mufa. En el ambiente artístico nadie lo nombraba y se realizaban todo tipo de maniobras para protegerse de su influjo.

Los tratamientos antituberculosos se basaban en el descanso prolongado, buena alimentación, aire puro como el de la sierra. Córdoba ofrecía un sitio ideal para recuperarse. En 1943, Luis Rubinstein escribió “Ya sale el tren”, contando la dureza de la separación de una pareja:”Ya sale el tren/El humo pinta el cielo/Y en el anden/agito mi pañuelo./Ruedas que rechinan/con la angustia del adios/Y ella, mi muñeca,/que se ahoga con su tos./Se va en el tren/mi pobre novia enferma./Mi corazón/Se muere en el anden”.

El desenlace podía ocurrir en el barrio o en otro país, como se canta en el tango “La que murió en París” de H. Blomberg y E. Maciel cuando señala al duro invierno parisino que no perdonaba:” Muchacha, como tosías/aquel invierno al llegar…!/Como un tango te morías/en el frío bulevar”.

Una comparación con las modistas francesas, las grisetas, se relata en el tango “Griseta” de Enrique Delfino y J. González Castillo, cuando cuenta la rápida trayectoria descendente de la piba de arrabal, que pierde su brillo y su vida enceguecida por el cabaret, el alcohol y las drogas “al arrullo funeral de un bandoneón”. Una trayectoria parecida pero mucho más sutil se aprecia en el tango de J. Rotundo y A. Roggero “Mimí Pinson”: “Un año más/que tú no estás,/y nuevamente la neblina/trae recuerdos de mis noches parisinas,/y en el recuerdo nuevamente vuelves tú…”.

En “Medianoche” de Héctor Gagliardi y Aníbal Troilo, la queja y el arrepentimiento por la vida pasada, integra el lamento: “Un reloj da las doce, las doce de la noche;/¡y que triste es hermano, las horas escuchar/cuando estás olvidado en el lecho frío,/tan frío y tan triste que da el hospital”.

La década del 50, fue el comienzo del tratamiento eficaz de la tuberculosis. Las drogas aparecidas significaron disponer de armas efectivas para luchar con ventaja. La temática de la tuberculosis quedó entonces limitada a los tangos aparecidos en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La cuestión social, Realidades argentinas

LA ORQUESTA TIPICA VÍCTOR

Foto: Todo tango.com

La llamaban “la orquesta invisible”, porque el público jamás pudo verla actuar. No se presentó en cafés, ni cabarets, ni en boites, ni teatros, ni bailes en los clubes, ni presentaciones de radio. La orquesta se creó sólo para grabar discos.

El pianista Adolfo Carabelli, de formación clásica, fue director artístico de la Casa Víctor, donde le encomendaron la formación de una orquesta de tango, lo que originó la “Orquesta Típica Víctor”. Carabelli convocó a músicos selectos como Elvino Vardaro, Pedro Láurenz, Luis Pertrucelli, Ciriaco Ortiz, Federico Scorticati, Manlio Francia, Vicente Gorrese, Agesilao Ferrazano y tantos otros.

Comenzó su actuación grabando el 9 de Noviembre de 1925 los tangos “Olvido” de Angel D’Agostino y “Sarandí”, de Juan Bauer. No tenía un elenco estable, ya que los músicos faltaban cuando debían cumplir con sus compromisos. Sus discos eran infaltables en las casas de familia, con los que se amenizaban las reuniones familiares bailables.

El estudio de grabación estaba ubicado en la calle Suipacha 74. Carabelli trabajó hasta 1934, dedicándose posteriormente a la enseñanza en su conservatorio. Fueron muy importantes los integrantes que se sucedieron en esta orquesta: Carlos Marcucci, Aníbal Troilo, Cayetano Puglisi, Eduardo Armani, Eugenio Nóbile, los dos últimos luego se dedicaron al jazz.

El significativo éxito logrado, motivó a la Casa Víctor a la formación de otras orquestas como la “Orquesta Víctor Popular”, la “Orquesta Típica Los Provincianos” con Ciriaco Ortiz; la “Orquesta Radio Víctor Argentina” dirigida por Mario Maurano. El “Cuarteto Víctor” integrado por Cayetano Puglisi, Antonio Rossi, Ciriaco Ortiz y Francisco Pracánico y el siempre recordado “Trío Víctor”, formado por Elvino Vardaro, Oscar Alemán y Gastón Bueno Lobo.

Fue dirigida en 1936 por el bandoneonista Federico Scorticati y en 1943 por el pianista Mario Maurano. La última grabación se realizó el 9 de Mayo de 1944. Fueron muchos y buenos los vocalistas que desfilaron por la orquesta en sus 19 años de existencia entre los que mencionamos a Antonio Buglione, Roberto Díaz, Alberto Gómez, Ernesto Famá, Teófilo Ibañez, Charlo. También colaboraron Angel Vargas, Fiorentino, Héctor Palacios, Dorita Davis. Completó 444 grabaciones.

Fue una de las mejores orquestas en la historia del tango. La excelencia y calidad de los valores que la componían, determinaron a uno de los conjuntos típicos más completos de ese Buenos Aires que se fue.

El tango, Reuniones sociales

PIERRE CHENAL

Pierre Chenal, en realidad Pierre Cohen, nació en Bruselas, Bélgica, el 5 de Diciembre de 1904. Fue director de cine desarrollando su actividad en Francia y Argentina.

En Francia, en la década del 30, donde se destacó su adaptación de la novela de james Cain, “El cartero siempre llama dos veces”, con Michel Simón y Corinne Luchaire. Huyó de Francia cuando la invasión alemana llegaba a la zona libre de Vichy. Tomó el último tren que partió hacia Barcelona, en el año 1942.

Se dirigió a Buenos Aires llegando en el mes de Julio de 1942, en el buque “Cabo de Buena Esperanza”. No hablaba español. Su ex-esposa, la actriz Florence Marly, había conseguido visas para la Argentina, pero se vió obligada a dirigirse hacia Bolivia.

Ignorando esta situación, Chenal se alojó en el Alvear Palace Hotel, con un profundo estado depresivo. Gracias a contactos con el director argentino Luis Saslavsky, se relacionó con sus primeros productores. Saslavsky lo conectó con la Cooperativa “Artistas Argentinos Asociados”.

Permaneció 4 años en Argentina, hasta 1946. Rodó “Todo un hombre” en 1943, con Francisco Petrone y Amelia Bence que fue un éxito permaneciendo 8 semanas en cartel. Continuando con AAA, escribió “El muerto falta a la cita”, con guión de Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, actuando Angel magaña, Sebastián Chiola y Nélida Bilbao. La película combinó el suspenso con el humor. Fue considerada la mejor comedia policial del cine argentino de esa época (1944).

Posteriormente dirigió para el sello “Argentina Sono film”, “Se abre el abismo” con Silvana Roth en 1944 y “Viaje sin regreso” en 1946, con Sebastian Chiola y Florence Marly. Retornó a Francia pero sus films no alcanzaron la notoriedad previa.

Regresó a Buenos Aires en 1951 y filmó “Sangre negra”con Richard Wright. Pasó a Chile y en 1952 filmó “El ídolo” con Florence Marly y Alberto Closas. En 1954 “Confesiones al amanecer”con Lautaro Murúa.  En 1955 se divorció de Florence Marly y en 1956, ya en Argentina “Sección desaparecidos”con Nicole Maurey y Maurice Ronnet, una coproducción franco argentina.

Regresó a Francia y el éxito nuevamente lo acompañó al filmar películas de excelente factura, entre las que se destacaron “Las noches de Rasputín” en 1960, y “El asesino conoce la misión”, en 1963. “Las bellas”, de 1969, fue su último largometraje.

Falleció cerca de París, el 23 de Diciembre de 1990. En sus casi 10 años de trabajo en la Argentina, Pierre Chenal dejó una producción de 6 películas que se destacaron por su calidad, en ese Buenos Aires que se fue.

El cine, Vivieron en Buenos Aires

JULIAN CENTEYA

Amletto Vergiatti nació en Parma, Italia, el 15 de Octubre de 1910. El 14 de Abril de 1922 junto a sus padres y dos hermanos llegó a Buenos Aires, viajando en la Tercera clase del “Conte Rosso”, situaciones que quedaron plasmadas en uno de sus poemas lunfardos:

“Vino en el Conte Rosso. Fue un espiro. Tres hijos, la mujer, amás un perro. Como un tungo tenzado la fue de tiro. Todo se lo aguantó, hasta el destierro”. En Setiembre de 1923 se instaló en el barrio de Pompeya. Cursó el bachillerato en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia.

El fútbol del Club Huracán con sus palenques, pulperías y malevos, y los cafés “El Aeroplano” y “Dante”, en el barrio de Boedo, fueron sus sitios predilectos donde conoció a César Tiempo, Álvaro Yunque, Nicolás Olivari, Roberto Arlt y Raúl González Tuñón, integrantes del “Grupo de Boedo”.

Frecuentó la calle Corrientes donde conoció a Enrique Cadícamo, José María Contursi, Homero Expósito, Celedonio Flores y muchos otros. junto a quienes elaboró su obra, sobre los estaños de la calle Corrientes. Transitó por los periódicos “Crítica”, “El Sol”, “Noticias Gráficas”, “El Laborista”, “Última Hora”, “Democracia” y la revista “Ahora”.

Su primera milonga fue “Julian Centeya”, de donde surgió su apelativo: “Me llamo Julián Centeya,/por mas datos soy cantor,/tuve un amor con Mireya,/ me llamo Julián Centeya,/ su seguro servidor”. Luego llegó el tango “Claudinette”, en colaboración con el gran Enrique Delfino. Con Lucio Demare compuso el tango “Más allá de mi rencor” y con Sebastián Piana “Sueños de papel”. Junto a Enrique Mario Francini compuso “La vi llegar” y “Lluvia de abril”.

Escribió guiones y textos para radio. Desarrolló varios programas de tango: “Tango y lunfardo”; “Desde una esquina sin tiempo” en Radio Argentina y ” La mesa cuadrada del tango”, junto a Cátulo Castillo, Roberto Giménez y Sebastián Piana.

Sus poemas fueron grabados con el acompañamiento del bandoneón de Pedro Maffia y la guitarra de José Canet como “Antología lunfarda”. Con Aníbal Troilo grabó:”El hombre gris de Buenos Aires”, denominación con la que perduró. Publicó varios libros. En 1946, “El misterio del tango”; en 1964 “La musa mistonga”. En 1972 “El vaciadero”. Falleció el 26 de Julio de 1974 a los 63 años de edad, dejándonos el recuerdo de sus versos expresados como sentencias, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Yofre Felipe. Su seguro servidor. La Nación

Julián Centeya. Tango y cultura Porteña. Radio Cultura. 2001.

El tango, La inmigración, Personajes de la ciudad

EL OTRO TÚNEL DEL FERROCARRIL SARMIENTO

Foto: Entrada al tunel en Puerto Madero (Juan Raik, Merlo, Prov. Bs. Aires)

La estación de partidas y llegadas del Ferrocarril Sarmiento, antes Ferrocarril Oeste, estaba ubicada debajo de la Plaza Once, junto a la línea A de subterráneos.

Su acceso transcurre por un túnel que comienza al pasar la calle Bustamante y Bartolomé Mitre, tanto de ida como de regreso. En la estación a nivel de Plaza Miserere, partían los trenes de larga distancia. Esta línea fue el medio de transporte que empleé en mi época de estudiante, durante 14 años. Vivía en Ciudadela y viajaba en el tren de las 7.05 todas las mañanas, que me llevaba a Once y de ahí, al Colegio Nacional Mariano Moreno, y posteriormente a las Facultades de Odontología y de Medicina.

Lo cierto es que una mañana de verano de 1949, el tren encendió las luces antes de lo habitual y desplazándose por otras vías, distintas a las habituales, ingresó en otro túnel ubicado en el lado izquierdo. El viaje fue mucho más largo, porque aparecimos en lo que hoy es Puerto Madero.

La sorpresa fue general. Algunos se beneficiaron, otros no. El viaje fue sin aviso, era experimental. Tuve la oportunidad de repetirlo poco tiempo después, porque ya se efectuaba a horas determinadas. Pero no conocía la historia de ese túnel que comenzó a construirse en 1912 y se inauguró en 1916, con la finalidad de transportar cereales al puerto de Buenos Aires, para su exportación.

El túnel comenzaba a la altura de calle Bulnes y Díaz Vélez, una obra de ingeniería genial, hecha a pico y pala bajo la dirección de ingenieros ingleses, usando ladrillos traídos de Inglaterra, similares al los del muro que llega casi hasta Caballito. El túnel desemboca en Eduardo Madero y Sarmiento.

En esa época, se empleaban locomotoras a vapor, cuyo humo contenía monóxido de carbono, lo que provocó no pocos inconvenientes al personal afectado a los trenes, ya que la ventilación era deficiente, con dos bocas ubicadas en Plaza Congreso y Plaza Once respectivamente.

Se consideraba que el movimiento de los trenes provocaría una corriente de aire que aseguraría una ventilación aceptable. Fueron muchas las dificultades que debieron superarse durante su construcción: caños cloacales, napas freáticas, inundaciones y bordear ciertos edificios públicos. En 1922 se electrificaron las vías y se emplearon locomotoras eléctricas.

El transporte de pasajeros se inauguró el 1º de marzo de 1949 con un servicio de 4 trenes diarios, pero fue suprimido en Enero de 1950, ya que en caso de accidente, era dificultoso el envío de auxilios. Desde el 20 de Octubre de 1997, el túnel volvió a utilizarse para el transporte de pasajeros, pero ésta es otra historia que no pertenece a ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Ramos Horacio. El túnel de cargas del Ferrocarril Oeste. Historias de la Ciudad. Una revista de Buenos Aires. Nº 2. Diciembre de 1999.

La ciudad, Realidades argentinas

MENSAJES EN VERSO

En las primeras décadas del Siglo XX, era muy frecuente el uso de tarjetas postales brillosas, coloreadas, mostrando una pareja que se miraba lánguidamente a los ojos, junto al tronco de un árbol donde estaba grabado un corazón con sus iniciales.

Los textos eran sensiblerías muy recargadas: “Entre flores he nacido, entre espinas moriré, pero a usted, querida amiga, yo jamás olvidaré”. Otra por el estilo decía: “Esta postal representa, el símbolo de la bondad, yo te la mando, en emblema de cariño y amistad.”

En los boliches, en las clásicas partidas de truco, se intercalaban versos como el siguiente: “Por el río Paraná, baja nadando un piojo, con un hachazo en un ojo, y una Flor en el ojal”. Eran épocas en la que los almaceneros anotaban en la libreta de tapas negras la deuda del comprador y al no cobrar, colgaban un cartel que decía: “Si Cristo murió en la cruz con tres clavos solamente, ¿Como voy a fiar yo, si me clava tanta gente? “.

Pero se podía tropezar con mensajes más elaborados: “Si doy, pierdo la ganancia de hoy. Si fío, pierdo lo que es mío. Si presto, cuando cobro me hacen gesto. Y para evitar todo esto, no doy, ni fío, ni presto”. Había uno muy sencillo que decía :” Hoy no se fía, mañana sí”.

En esa época comenzaron a aparecer las leyendas en carros y camiones, tan características del porteño: “Yo soy como el picaflor: llego, pico y me voy” . Otra ingeniosa decía :” Qué milonga ni que tango, con este carro me gano el mango”. También :” Andá que te cure Hortensia, que Lola está con licencia”. Otras simulando un refrán:” Es inútil tironear, cuando la cobija es corta”. Y siempre la fanfarronería:” La mina que no me mira, no sabe lo que se pierde”.

Se acostumbraba elaborar ensayos poéticos para los difuntos, y en algunas tumbas podían encontrarse algunos mensajes jocosos; la viuda de un almacenero hizo grabar en la lápida lo siguiente: “Reposa tranquilo debajo de la losa; tu viuda amorosa se acuerda de ti; y en tanto duermes un sueño profundo, se queda en el mundo llorándote así”.

Pero pasado un tiempo prudencial, la viuda reemplazó la lápida por otra que decía: ” Yace aquí Don Juan Quirós, el honrado almacenero del almacén de Salguero mil quinientos ventidos. La muerte con mano ruda, llevóse a este hombre de bien, mas continúa la viuda, al frente del almacén…”. Mensajes en postales y en verso, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Araujo C.E: Tango y Cultura Porteña. Emisión Nº 108, 21 Mayo de 2001. Radio Cultura

Modas y costumbres

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