El Buenos Aires que se fue

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EL TANGO Y EL PROSTÍBULO

El prostíbulo ha desempeñado un papel muy importante en la trayectoria del tango, siendo etapa obligada en su recorrido.

Para la población de los barrios y los suburbios, la diversión la brindaba el circo barato y el prostíbulo. Éste anexó al tango como una atracción más, para mantener y acrecentar la clientela.

Por su origen prostibulario, estaba prohibido escuchar tangos en los hogares. Pero los llamados “niños bien”, fueron los difusores indirectos del tango, al conocerlo directamente de sus lugares de origen y llevarlo a sus casas.

Los músicos que se destacaban en los boliches, peringundines y academias integrando tríos y cuartetos, fueron requeridos y bien pagados por los propietarios de los establecimientos. Algunos fueron muy conocidos como el de María “la Vasca”, Laura Monserrat o Concepción Amaya.

Los tangos nacieron en esos ambientes prostibularios con títulos afines: “El Queco”; “Cobrate y dame el vuelto”; “Sacudime la persiana”, con referencias directas al cuerpo femenino o a su oficio. En un nivel intermedio se encontraban las “Academias”, donde se daban lecciones de baile, a razón de 5 a 10 centavos por pieza, con actividades simultáneas de comercio sexual.

La “lata”, en términos de burdel, era la ficha que el cliente compraba en la caja del prostíbulo y que debía dar a la pupila; ésta, a su vez, le daba las latas a su hombre, quien las hacía dinero efectivo frente al dueño del establecimiento, previa deducción del porcentaje establecido, que nunca era menor del 40%. En retribución, el rufián se encargaba de pagar los gastos de ropa y alimentación de la mujer, y cuidar de ella durante las posibles enfermedades.

En su primera etapa, los tangos fueron bautizados con modalidades del ambiente prostibulario, carcelario o conventillero. El organito fue el primer difusor de música de tango en el prostíbulo, y en ocasiones, reemplazo de los conjuntos estables cuando no podían actuar. El prostíbulo cumplió funciones de club social, ya que los hombres tenían la oportunidad de vincularse con mujeres y con otros hombres donde se entablaban conversaciones de negocios , de empleos y además, bailaban tangos.

Los buenos conjuntos orquestales se desempeñaron en prostíbulos de lujo, ubicados en departamentos cerrados y restringidos a una clientela adinerada. El tango se difundió en forma silenciosa y firme, hasta llegar a sectores de la clase media y media alta, introduciéndose cada vez más en la sociedad porteña.

El grueso de la sociedad que formó el mundo donde se desarrolló el tango, fue el elemento obrero que luego  incluyó a sectores cada vez más amplios de la clase media. Los miles de hombres que concurrieron a los prostíbulos porteños, le dieron al tango una popularidad que no tenía ninguna otra música en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Carretero A. El compadrito y el tango. Ed. Peña Lillo-Continente. Buenos Aires, 1999

Carretero A. Tango, testigo social. Ed. Peña Lillo-Continente. Buenos Aires, 1999

El barrio, El tango, La cuestión social, La inmigración

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