El Buenos Aires que se fue

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EL CIGARRILLO CASERO

Los marineros y los soldados acostumbraban fumar los cigarrillos que armaban. Y mi Abuelo también.

El cajoncito de madera medía 25 cm de largo, por 15 cm de ancho y 10 de altura; tenía dos secciones, gracias a un tabique medial. En una se colocaba el papel de arroz y la maquinita. En la otra, el tabaco negro “La hija del Toro” y varios toscanos “Avanti”, completaban el conjunto.

El Abuelo fumaba uno o dos cigarrillos por día. Con su afilado cortaplumas, picaba un poco del “Avanti”, lo mezclaba con el tabaco “La hija del Toro”, tomaba una hojita de papelde arroz en la que volcaba el tabaco, lo acomodaba a lo largo y lo hacía girar, formando el cigarrillo. Humedecía el borde del papel con la lengua y lo pegaba. Uno de los extremos lo retorcía.

Lo encendía y cada pitada de humo era suficiente para atolondrar a cualquier insecto que osara atravesar la nube de humo. Pero el abuelo tenía un dispositivo que le permitía armar los cigarrillos mucho más rápido. Colocaba el papel sobre una superficie de cuero, agregaba la cantidad adecuada de tabaco y mediante un movimiento de presión, se deslizaba el cuero formando un cilindro, el cigarrillo.

Se lo tomaba con ambas manos, humedecía el borde libre y listo, el cigarrillo artesanal estaba elaborado. Era para fumar en el momento. No se convidaba el cigarrillo, pero sí se ofrecía al otro, armar su cigarrillo. Como lo disfrutaba. Tras cada pitada, el Abuelo callaba y pensaba. Nunca pude saber que. Ese cigarrillo era una invitación a la meditación o al recuerdo. Sus ojitos miopes, se entrecerraban aun más, cuando lanzaba el humo.

Me deslumbraba la suave textura del papel de arroz, en un talonario de 30 papeles, con un borde engomado, para cerrar el cigarrillo luego de su armado y también me atraía el aroma de la mezcla de tabacos, que parecían haber penetrado en la madera del cajoncito. Nunca observé al Abuelo, fumar un cigarrillo comercial. El prefería disfrutar todo el proceso previo hasta la última pitada.

Se fumaba menos y se disfrutaba más, en aquél Buenos Aires que se fue.

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La casa, Los entretenimientos, Personajes de la infancia

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