El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Noviembre, 2011

LOS PIROPOS

Foto: (A. G. N.)

Los piropos son versos o dichos callejeros que solían escucharse en las veredas de la ciudad de Buenos Aires.

Los más comunes eran dirigidos a las mujeres, buscando producir una sonrisa, una palabra de agradecimiento o la carcajada espontánea. El piropo fue parte fundamental de la identidad porteña. Hoy ha sido reemplazado por una tanda de groserías ofensivas que no halagan a nadie.

Se alababa la belleza femenina: “Señorita, ¿tiene permiso para llevar esos ojos? “. Muchos piropos se referían a distintas partes del cuerpo femenino: “Tantas curvas y yo sin frenos” o sino “Tu cuerpo es tan perfecto que sólo le falta un error humano”. Eran comunes los piropos referidos a los ojos. “¿ Me dejás encender un cigarrillo con el fuego de tus ojos? “; “Mirame un poco que me estoy muriendo de frío”.

Se comparaba  a la mujer con una flor, una estrella, una paloma. El piropo callejero, corto y espontáneo podía alabar desde los ojos hasta los pies. Era una expresión de admiración, de un sentimiento. El verdadero piropo era grato al oído. Alabando los rasgos o atributos de la mujer, el varón intentaba trasponer las fronteras de su privacidad.

El piropo debía reunir varias condiciones para lograr éxito: ser público, bonito, ingenioso, fragmentario, oportuno y causar sonrojo. Hacía falta tener coraje, ser teatral, acompañarse de un silbido, y sobre todo, que hubiera público: “Si la belleza es pecado, vos no tenés perdón de Dios”. Era una lisonja que el hombre le decía a una mujer cuando pasaba a su lado, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Miranda Poza, José. Usos coloquiales del español, 2º ed. Edic. colegio de España, Salamanca

Calvo Carilla, José. La palabra inflamada. Historia y metafísica del piropo literario en el siglo XX. Barcelona, Edic. Península S.A., 2000.

Himitian Evangelina. Los piropos, esa poesía en extinción. La Nación, 26 Marzo de 2011.

Modas y costumbres

MANUEL ROMERO

Manuel Romero nació en Buenos Aires el 21 de Setiembre de 1891. Creció junto con el cine y el disco.

Cursó en la Escuela de Fogoneros de la Armada, fue periodista de la revista “Fray Mocho” en el año 1933; luego del diario “Crítica”.  Dejó la redacción y se dedicó al teatro: fue actor, director y crítico, tareas que ocultaban su real pasión: el tango, el arrabal, el barrio, la ciudad que tan bien conocía, permitiéndole llegar al alma del pueblo.

Entre 1920 y 1924 escribió 178 piezas teatrales, varios sainetes y revistas como “El Rey del Cabaret”, todo un éxito. Renovó el género de la Revista agregando novedades del bataclán francés. En París participó activamente en el rodaje de la primera película de Carlos Gardel, “Luces de Buenos Aires”. En élla incluyó los tangos “El Rosal” y “Tomo y obligo”; “Canto por no llorar” y “La provinciana”, estos últimos cantados por Sofía Bozán.

Foto: Cine Nacional.com

Romero se dedicó entonces exclusivamente a la dirección cinematográfica y en todas, introdujo el tema del tango, asociado a los juegos y deportes afines al ciudadano porteño. En 1933 se relacionó con los Estudios “Lumiton”. En 1935 escribió “El caballo del pueblo”, para la actuación de Carlos Gardel pero debido al accidente fatal, fue reemplazado por Juan Carlos Thorry.

Su mejor producción abarcó a los títulos “La muchachada de a bordo” y “Los muchachos de antes no usaban gomina” en 1937; “La vida es un tango” en 1939; “Carnaval de antaño” en 1940; “Adiós pampa mía” en 1946; “El tango vuelve a París” en 1948, con Alberto Castillo y Aníbal Troilo; “La historia del tango”; “Juan Mondiola” en 1950, basado en el famoso personaje de la revista “Rico Tipo”; “Derecho viejo” en 1951, contando la vida de Pascual Contursi.

Su cine se convirtió en un registro de muchos aspectos de la vida argentina. Siempre procuró incluir en sus producciones los muy buenos tangos que compuso como “Patotero sentimental”, “Buenos Aires”, “Tiempos viejos”, “Tomo y obligo”, “La muchacha del circo”, “La canción de Buenos Aires”, “Aquel tapado de armiño”, “Las vueltas de la vida”, que son una pequeña muestra de su calidad autoral. Escribió un total de 146 letras, muchas de ellas de amplia repercusión.

Sus películas consideradas frías y sin vida por los “entendidos”, eran recibidas por un público alborozado que, de una u otra manera, se sentía representado, interpetado y comprendido. Manuel Romero falleció el 3 de Octubre de 1954 en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Tango y cultura Porteña”, Radio Cultura  FM 97.9, Emisión Nº 38, 17 Enero de 2000.

El cine, El tango, La cuestión social

BLACKIE

Paloma Efron, Blackie, nació en Basavilbaso, una colonia judía de Entre Ríos, el 6 de Diciembre de 1912.

Su padre, Yedidio Efron, era un maestro de escuela que ocupó un cargo importante en el área educativa de la colectividad judía, cuando se trasladaron a Villa Crespo, en la Capital Federal, en 1918. Sus padres la llamaban “Negrita” por su cabello negro, que luego pasó a ser “Blackie”.

Comenzó sus estudios de música a los 5 años, con el Profesor Vicente Scaramuzza. Egresó del Conservatorio Nacional de Música; estudió Armonía y Contrapunto. Música Primitiva con Carlos Vega, uno de los musicólogos más distinguidos del continente.

Foto: Annemarie Heinrich

Cantaba “Blues” o “Spirituals”, acompañándose en el piano. A los 22 años ganó un concurso de canto en Radio Stentor, auspiciado por “Jabón Federal” interpetando “Tiempo tormentoso”. Después de varios meses de cantar en Radio Stentor, fue contratada por Vicente Sierra, Director de Radio Municipal, desempeñándose como “Blackie y sus Boys”, un trío de piano, guitarra y trompeta.

Allí conoció a Eduardo Armani, famoso director de jazz, quien la invitó a cantar en su conjunto durante los bailes de Carnaval realizados en el Teatro Colón, conjuntamente con la Orquesta Típica de Julio De Caro. Era la época en la que el Tango y el Jazz, caminaban juntos.

De Radio Municipal pasó a Radio Belgrano cantando “Spirituals”. Cantó también con el grupo “Black Birds”. En la Agupación Amigos del Arte,  brindó el 20 de Noviembre de 1936 un recital de Música Americana: canciones de cámara sobre temas del folklore negro y fragmentos de “Porgy and Bess”. Entre 1934 y 1936, grabó 12 temas para el sello Odeón, acompañada por sus Boys, y por la Santa Paula Serenaders.

Actuó en la Confitería Richmond de la calle Florida, donde Luis César Amadori, Director del Teatro Maipo, luego de oirla cantar la contrató. Por recomendación de su padre, partió a principos de 1937 hacia Estados Unidos, ingresando en el Departmento de Música Primitiva de la Universidad de Columbia. Luego pasó a convivir durante un año con el pueblo negro de la Universidad Negra de Tuskeegee, estudiando su folklore. Estudió Literatura negra y canto negro.

Actuó en la NBC durante 6 meses y frecuentó a los grandes del jazz como Duke Ellington, Louis Amstrong, Ella Fitzgerald, Marian Anderson, Count Basie. También a renombrados artistas como Rosalind Russell, Joan Crawford, Charles Chaplin. En la Columbia Broadcasting, cantó con la orquesta de Buddy Clark. Permaneció en Estados Unidos 7 años.

A su regreso trabajó en el Teatro Maipo con Pepe Arias; allí conocio al periodista y escritor teatral Carlos Olivari, con quien se casó. Su matrimonio duró 10 años. Actuó en loscomienzos de la televisión, en 1952, cantando en el Tropicana Club, junto a Amelita Vargas, Jovita Luna y Gloria Guzmán.

Produjo para la televisión varios programas exitosos como “Historia del canto negro” y “Una chica de New York”. En 1953 siguió con “Cita con las estrellas” donde contaba sus recuerdos y la relación con otros artistas. Fue considerada una de las animadoras más importantes de la televisión argentina y la mejor entrevistadora.

Fue la Directora Artística de Canal 7 durante 1954. “Volver a vivir” fue su gran acierto al recosnstruir y actualizar la vida de los ídolos populares. Le siguió “Derecho a réplica”, “La mujer” y “Tarde, bien tarde”. Fue una creadora múltiple, capaz de brillar como productora, guionista, conductora e intérprete. Falleció el 3 de Setiembre de 1977, a los 64 años de edad.

Blackie fue una de las personas más inteligentes que pasó por el mundo de la televisión argentina, mostrando talento, cultura, sentido crítico y una gran capacidad de trabajo, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Martínez Adolfo: La Nación 1º Julio de 2011

http://riverplatejazzfiles.blogspot.com/search/label/blackie

Nombres que dejaron su sello. la nacion.com  5 de Abril de 2009

Canela: Blackie, una mujer arrolladora. La Nación 4 Febrero de 2011

http://www.rollingstone.com.ar/1411728-un-libro-sobre-cantantes-argentinos-de-jazz

La inmigración, Personajes de la ciudad, Vivieron en Buenos Aires

MIGUEL CALÓ

Miguel Caló nació en el barrio de Balvanera el 28 de octubre de 1907. Eran 16 hermanos, hijos de inmigrntes italianos.

A los 15 años comenzó a estudiar solfeo. Comenzó sus estudios de bandoneón con un carnicero durante 6 meses, tocando de oido. A partir de 1924, consiguió tocar en el cine Independencia durante 18 meses. Con lo que ganaba, mejoró sus conocimientos con Julián Divasto y luego, con Pedro Maffia. Su actividad radial comenzó en 1926, en Radio Splendid. En 1933 actuó en Radio Stentior. En 1934 animó los bailes de Carnaval en el Teatro Ópera.

En Julio de 1937 actuó en Radio Belgrano, Radio Mitre y Radio Porteña. En 1945 animó los bailes del Club Atlanta, junto con la Orquesta de Feliciano Brunelli. Miguel Caló compuso algunos tangos inolvidables como “Jamás retornarás”, “Que falta que me hacés”, “Con personalidad” . Su orquesta fue la cuna de grandes cantores como Alberto Podestá; Raúl Berón; Jorge Ortiz; Raúl Iriarte; Roberto Arrieta; Roberto Rufino; Carlos Barbé entre otros.

Fue llamada “la Orquesta de las Estrellas”, por la coincidencia simultánea de grandes ejecutantes: Domingo Federico, Armando Pontier, José Cambareri, Felipe Ricciardi en bandoneón; Enrique Mario Francini, Aquiles Aguilar, Angel Bodas en violín; Ariel Pedernera en contrabajo y Osmar Maderna en el piano.

Al margen de estos destacados elementos, pasaron por esa Orquesta importantes ejecutantes de bandoneón como Ismael Spitalnik, Eduardo Rovira, Julio Ahumada, Víctor Lavallén, Leopoldo Federico, Mario Demarco, José Libertella, Joaquín Mauricio Mora, Julián Plaza y Felipe Lipesker.

Entre los violinistas recordamos a Pedro Sapochnik, Mario Abramovich, Hugo Baralis, Simón Bajour, Simón Broitman, Antonio Rodio, Nito Farace, Leo Lipesker, Mario Lalli, Fernando Suarez Paz, Raúl Kaplún, Víctor Braña, José Votti, Hugo Gutiérrez. La conjunción de valores que integraron su orquesta fue de elevado valor artístico. Los pianistas sumaron a Armando Baliotti, Héctor Stamponi, Miguel Nijensohn, Orlando Trípodi, Horacio Salgán.

El 12 de mayo de 1946 inició una gira por Latinoamérica junto a Raúl Iriarte y Roberto Arrieta, a fin de mostrar el mismo conjunto que tocaba en Argentina. Esto le valió una gran popularidad en los países de Centro y Sudamérica. En 1961, por idea de Alejandro Romay reunió a los músicos de la famosa Orquesta de las Estrellas.

También realizó grabaciones con Alberto Marino, Lucho Gatica y la japonesa Ranko Fujisawa. Dejó 363 grabaciones y el 24 de mayo de 1972 nos dijo adios.

Tuve la ocasión de admirar a su orquesta en una sola oportunidad, en el año 1948, en los estudios de Radio El Mundo. Me llamó la atención que en las ejecuciones utilizara dos contrabajos, caracterizando a su ritmo inconfundible, en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, Personajes de la ciudad

JULIAN BAUTISTA

Nació en Madrid el 22 de Abril de 1901. Inició sus Estudios de Piano a los 11 años y de Composición a los 14. En 1922 obtuvo el Premio Nacional de España con su “Cuarteto de Cuerdas Nº 1, Op. 6″. Dirigió las Orquestas “Nacional de España”, “Filarmónica” y “Sinfónica de Madrid”.

Entre las composiciones que le premiaron se encuentra “Obertura para una ópera grotesca, Op. 12″ en 1932. Fue nombrado Catedrático del Conservatorio Nacional de Música y Declamación de Madrid en 1936. Al año siguiente integró el Consejo Central de Música. En Diciembre de 1938, obtuvo el Primer Premio en el Concurso Internacional de Composición Musical.

Foto: Annemarie Heinrich

En 1940 inició desde Ostende, Bélgica, la ruta del exilio que lo llevó a Buenos Aires. En Agosto del mismo año, ejecutaron en el Teatro Colón su “Sonata-Trío”. El 8 de Mayo de 1943, el Maestro Juan José Castro ejecutó en el Teatro Colón su “Suite de Danzas del Ballet Juerga”, y obtuvo el “Premio a la Mejor Partitura de Música Original”, otorgado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina, con la película “Cuando florezca el naranjo”.

La participación de Julian Bautista en el cine argentino fue realmente significativa. Desde 1941 a 1956, escribió la música de 37 películas, de las cuales obtuvo el Premio a la mejor partitura musical, en 6 de ellas: “Cuando florezca el naranjo”; “Cuando la primavera se equivoca”; “La Dama duende”; “Mirad los lirios del campo”; “La barca sin pescador” y “El cura Lorenzo”. En 1944 fue nombrado Académico de Número en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina.

Fueron varias las obras de su autoría que se estrenaronen el país:”Obertura para una ópera grotesca” por la Orquesta Sinfónica Nacional el 17 de junio de 1952. La “Suite all’Antica” en el Teatro Ópera, el 20 de Setiembre de 1955. Junto al Maestro Juan José Castro y Roberto García Morillo, integró la delegación argentina al Segundo Festival de Música Latinoamericana, en Caracas, donde se ejecutó su “Sinfonía Breve”.

En 1958, integró en el Fondo Nacional de las Artes, las Comisiones encargadas de otorgar becas y premios en la especialidad “Dirección de Orquesta”. Fue integrante de Jurado de la Secretaría de Cultura y Acción Social de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires a partir de Julio de 1959, para Concursos sobre Producción Musical. El 5 de Diciembre de 1959, fue designado Jefe del Departamento de Teoría y Composición a inaugurarse en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, cuyo director fue Pablo Casals y  Decano de Estudios, el Maestro Juan José Castro, a quien reemplazó en sus períodos de ausencia.

Julian Bautista pudo desarrollar su actividad profesional en Buenos Aires sin muchas concesiones. Su labor se dividió entre la enseñanza a nivel privado y la composición. En este terreno, dedicó muchos esfuerzos a la creación de música para cine, actividad nueva y rentable que le permitió vivir aceptablemente. Pero esta tarea, no apartó a Bautista de sus objetivos como compositor de Música de Cámara.

Su producción en Argentina no fue numerosa ya que empleaba mucho tiempo en revisar cada obra. Así dijo el Maestro Juan José Castro que “cuando sus silencios se quebraban, brindaba ricas compensaciones: “Los Cantos Galegos”, “El Romance del Rey Rodrigo”, “La Sinfonía Breve” o “El Cuarteto Nº 3″. El medio musical local aceptó a Bautista con interés y respeto, y si bien no todas fueron flores, la inserción del músico en Argentina fue eficaz y productiva.

Dirigió conciertos en Radio El Mundo. Se incorporó activamente a la vida cultural argentina, formando parte del panorama musical local. También escribió música para Teatro, entre las que se encuentra “Pupila al viento” con palabras rítmicas de Rafael Alberti. Julian Bautista falleció en Buenos Aires el 6 de Junio de 1961 dejando un recuerdo imperecedero entre quienes fueron sus alumnos, colegas, críticos musicales, mecenas, amigos y todos los que lo trataron después de pasar un tercio de su vida, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.julianbautista.com.ar/espanol/varios/biografia.htm

http://www.julianbautista.com.ar/espanol/varios/catalogodepeliculas.htm

La inmigración, Vivieron en Buenos Aires

EL TANGO Y EL PROSTÍBULO

El prostíbulo ha desempeñado un papel muy importante en la trayectoria del tango, siendo etapa obligada en su recorrido.

Para la población de los barrios y los suburbios, la diversión la brindaba el circo barato y el prostíbulo. Éste anexó al tango como una atracción más, para mantener y acrecentar la clientela.

Por su origen prostibulario, estaba prohibido escuchar tangos en los hogares. Pero los llamados “niños bien”, fueron los difusores indirectos del tango, al conocerlo directamente de sus lugares de origen y llevarlo a sus casas.

Los músicos que se destacaban en los boliches, peringundines y academias integrando tríos y cuartetos, fueron requeridos y bien pagados por los propietarios de los establecimientos. Algunos fueron muy conocidos como el de María “la Vasca”, Laura Monserrat o Concepción Amaya.

Los tangos nacieron en esos ambientes prostibularios con títulos afines: “El Queco”; “Cobrate y dame el vuelto”; “Sacudime la persiana”, con referencias directas al cuerpo femenino o a su oficio. En un nivel intermedio se encontraban las “Academias”, donde se daban lecciones de baile, a razón de 5 a 10 centavos por pieza, con actividades simultáneas de comercio sexual.

La “lata”, en términos de burdel, era la ficha que el cliente compraba en la caja del prostíbulo y que debía dar a la pupila; ésta, a su vez, le daba las latas a su hombre, quien las hacía dinero efectivo frente al dueño del establecimiento, previa deducción del porcentaje establecido, que nunca era menor del 40%. En retribución, el rufián se encargaba de pagar los gastos de ropa y alimentación de la mujer, y cuidar de ella durante las posibles enfermedades.

En su primera etapa, los tangos fueron bautizados con modalidades del ambiente prostibulario, carcelario o conventillero. El organito fue el primer difusor de música de tango en el prostíbulo, y en ocasiones, reemplazo de los conjuntos estables cuando no podían actuar. El prostíbulo cumplió funciones de club social, ya que los hombres tenían la oportunidad de vincularse con mujeres y con otros hombres donde se entablaban conversaciones de negocios , de empleos y además, bailaban tangos.

Los buenos conjuntos orquestales se desempeñaron en prostíbulos de lujo, ubicados en departamentos cerrados y restringidos a una clientela adinerada. El tango se difundió en forma silenciosa y firme, hasta llegar a sectores de la clase media y media alta, introduciéndose cada vez más en la sociedad porteña.

El grueso de la sociedad que formó el mundo donde se desarrolló el tango, fue el elemento obrero que luego  incluyó a sectores cada vez más amplios de la clase media. Los miles de hombres que concurrieron a los prostíbulos porteños, le dieron al tango una popularidad que no tenía ninguna otra música en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Carretero A. El compadrito y el tango. Ed. Peña Lillo-Continente. Buenos Aires, 1999

Carretero A. Tango, testigo social. Ed. Peña Lillo-Continente. Buenos Aires, 1999

El barrio, El tango, La cuestión social, La inmigración

RAFAEL ALBERTI

Poeta y dramaturgo español, nacido en Puerto de Santa María, Cádiz, el 16 de Setiembre de 1902.

En sus primeros años se inclinó por la pintura, que nunca abandonó. En 1921 comienza a acercarse a la literatura publicando en 1922 sus primeras poesías.

Se casó en 1930 con la escritora María Teresa León. En 1931 se afilió al Partido Comunista. En 1939 abandonó España, ante la derrota del Ejército Republicano dirigiéndose a Francia, alojándose en París, en la casa del poeta Pablo Neruda.

Foto: http://www.mundolatino.org/cultura/albert.htm

En Febrero de 1940 zarpó de Marsella a bordo del “Mendoza”, en dirección a Buenos Aires, donde arribó el 2 de Marzo de 1940, siendo recibido por escritores, artistas, periodistas y amigos exiliados en el país. Se alojó en un departamento de la calle Libertad 1693, pero por estar indocumentados, se refugiaron en la estancia “El Totoral”, ubicada en Córdoba, propiedad del Dr. Rodolfo Aráoz Alfaro, hasta el 30 de Setiembre de 1940.

Ya en posesión de sus documentos, regresaron al departamento de la calle Libertad y se instalaron en Buenos Aires. Fueron varios los domicilios en la Capital Federal: Tucumán 677, 7º C; Santa Fe 3735, 7º A y Las Heras 3783. En 1941 nació su hija Aitana. La gran personalidad y genio creativo de Alberti le permitieron expresarse en pintura, poesía, música, teatro, cine y política.

Durante su estadía en Francia escribió el poema “Se equivocó La Paloma”, que fue musicalizado por Carlos Guastavino en1941, integrando el ballet “Suite Argentina”. Ese mismo año publicó su primer libro escrito en el exilio “Entre el clavel y la espada”, publicado por la Editorial Losada y dedicado al poeta Pablo Neruda.

En 1943 recorrió el país pronunciando conferencias y participando en actos culturales. En 1944, Margarita Xirgu representó en Montevideo su adaptación de “Numancia” y en Buernos Aires “El Adefesio”, seguida de “La Gallarda” y el poemario “Pleamar”.

De su amistad con la actriz Delia Garcés y el director cinematográfico Alberto de Zavalía, surgieron las películas “La Dama Duende” en 1944 y “El Gran Amor de Becquer”, con guiones de Rafael y María Teresa.  Realizó exposiciones pictóricas en Montevideo (1947) y en Punta del Este (1948).

Fueron muchos los representantes argentinos de la cultura con quienes participó, como Victoria Ocampo en la Revista Sur; Raúl González tuñón, la actriz Margarita Xirgu, el matrimonio de Oliverio Girondo y Norah Lange, los pintores Lino Spilimbergo, Raúl Soldi y Juan Carlos Castagnino.

El editor Gonzalo Losada publicó varias de sus obras: en 1942 “La arboleda perdida”, su primer libro de memorias.  Poesía (1924-1939) en 1946; “Pleamar” en 1944; “A la pintura. Poema del color y la línea” en 1948; “Baladas y canciones del Paraná” en 1953. “Las Coplas de Juan Panadero” de 1949 y “La Primavera de los pueblos” de 1961, corresponden a sus poemas políticos.

En 1951 presentó “Buenos Aires en tinta china” y en 1952 “Retornos de lo vivo lejano”. Expuso sus pinturas en las Galerías Vía U, Bruno y Galatea, en Buenos Aires. Realizó innumerables viajes, en especial en países de Europa del Este: Polonia, la Unión Soviética, Rumania, Italia, China, que motivó su libro “Sonríe China” en 1958, escrito en colaboración con su esposa.

En 1960 recorre Latinoamérica, brindando recitales y conferencias. En 1962, celebra en Buenos Aires sus 60 años y publica “Poemas escénicos” y “Diálogos de Venus y Priapo”   El 28 de Mayo de 1963 abandonó Argentina y fijó su residencia en Roma, donde permaneció durante 14 años regresando a España el 27 de Abril de 1977.

Fue Premio Lenin de la Paz en 1966 y Premio Cervantes en 1983. Falleció en Cádiz, el 28 de Abril de 1999. Rafael Alberti, fue uno de los más grandes poetas de España, que vivió más de 20 años en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Emiliozzi, Irma: Alberti y León, los inmigrantes. La Nación 10-12-2010

Algañaraz, Juan C. Rafael Alberti: muestran vida, obra y exilio en la Argentina. Clarín 22-09-2003.

http://www.portal-local.com/occu_cer_alber_vid.asp

http://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Alberti

Vivieron en Buenos Aires

EL CIGARRILLO CASERO

Los marineros y los soldados acostumbraban fumar los cigarrillos que armaban. Y mi Abuelo también.

El cajoncito de madera medía 25 cm de largo, por 15 cm de ancho y 10 de altura; tenía dos secciones, gracias a un tabique medial. En una se colocaba el papel de arroz y la maquinita. En la otra, el tabaco negro “La hija del Toro” y varios toscanos “Avanti”, completaban el conjunto.

El Abuelo fumaba uno o dos cigarrillos por día. Con su afilado cortaplumas, picaba un poco del “Avanti”, lo mezclaba con el tabaco “La hija del Toro”, tomaba una hojita de papelde arroz en la que volcaba el tabaco, lo acomodaba a lo largo y lo hacía girar, formando el cigarrillo. Humedecía el borde del papel con la lengua y lo pegaba. Uno de los extremos lo retorcía.

Lo encendía y cada pitada de humo era suficiente para atolondrar a cualquier insecto que osara atravesar la nube de humo. Pero el abuelo tenía un dispositivo que le permitía armar los cigarrillos mucho más rápido. Colocaba el papel sobre una superficie de cuero, agregaba la cantidad adecuada de tabaco y mediante un movimiento de presión, se deslizaba el cuero formando un cilindro, el cigarrillo.

Se lo tomaba con ambas manos, humedecía el borde libre y listo, el cigarrillo artesanal estaba elaborado. Era para fumar en el momento. No se convidaba el cigarrillo, pero sí se ofrecía al otro, armar su cigarrillo. Como lo disfrutaba. Tras cada pitada, el Abuelo callaba y pensaba. Nunca pude saber que. Ese cigarrillo era una invitación a la meditación o al recuerdo. Sus ojitos miopes, se entrecerraban aun más, cuando lanzaba el humo.

Me deslumbraba la suave textura del papel de arroz, en un talonario de 30 papeles, con un borde engomado, para cerrar el cigarrillo luego de su armado y también me atraía el aroma de la mezcla de tabacos, que parecían haber penetrado en la madera del cajoncito. Nunca observé al Abuelo, fumar un cigarrillo comercial. El prefería disfrutar todo el proceso previo hasta la última pitada.

Se fumaba menos y se disfrutaba más, en aquél Buenos Aires que se fue.

La casa, Los entretenimientos, Personajes de la infancia

EL GALLINERO

El gallinero era una construcción muy frecuente en las casas de las primeras décadas del siglo XX.

Un gallo y media docena de gallinas constituían el harem básico. Dos o tres cubículos para las ponedoras, conteniendo paja o viruta, a fin de evitar que los huevos se rompan; un par de palos de escoba bien afirmados, donde se posaban al anochecer. Piso de ladrillos, para lavarlo con facilidad y un sector con tierra, donde excarbaban buscando un gusano, un grano de cereal o bien, echarse tierra con las alas.

Ubicado en un sector del fondo de la casa, proveía de huevos frescos hasta que en un momento determinado, alguna gallina se ponía clueca y comenzaba a empollar. Eran 21 días que debían pasar para que aumentara la población del gallinero.

Esto contribuía a disponer de un pollo para asar con motivo del festejo de un acontecimiento familiar. Era necesario limpiar el gallinero con frecuencia a los efectos de evitar el mal olor y la proliferación de las moscas. Las gallinas comían verduras cortadas, raciones de maíz triturado y los restos de los alimentos mezclados con afrecho, los que eran rápidamente devorados.

Los huevos se recogían 2 veces al día: al mediodía y por la tarde, para evitar que alguna gallina los rompiera y los comiera. Como existían gallineros muy cercanos, era habitual escuchar los cacareos de los gallos, a cualquier hora del día, contestados por los que estaban cerca y también por los alejados. Era una seguidilla interminable que tanto podía suceder al mediodía como a la medianoche. Cuantas veces nos habran despertado esa seguidilla de voces variadas.  El gallinero fue un integrante habitual del fondo, en ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La inmigración

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