El Buenos Aires que se fue

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LA ACEITERÍA

Eran pequeños locales que vendían aceite fraccionado, suelto, de varias calidades.

Eran atendidos por inmigrantes españoles, quienes se ocupaban de transvasar el aceite solicitado de un surtidor grande, de chapa enlozada verde, conteniendo 200 litros. Mediante un sistema de bombeo se elevaba el aceite, visible en un vaso de vidrio ubicado en la parte superior con un nivel que indicaba la cantidad.

Mediante una canillita ubicada en la parte inferior y un embudo, se llenaba una botella o botellón, de acuerdo con lo solicitado. El aceite de oliva, no se vendía suelto. Llegaba al país importado de España, Italia o Francia, en latas de uno y cinco litros. Las marcas “Boccanegra”, “Ybarra”, “Cubillas” eran algunas de las que estaban a la venta en los almacenes.

Durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el abastecimiento de aceite de oliva estuvo muy comprometido, ante las dificultades del traslado. El aceite nacional, en especial el de girasol pasó a ser empleado con frecuencia. Las combinaciones con aceite de oliva nacional y con maíz, fueron las más comunes.

Cada vez que se vendía el aceite suelto, siempre caían algunas gotas sobre el piso metálico donde se asentaban los tanques dispensadores. Ese aceite se pegoteaba a esa superficvie trasmitiendo al ambiente un olor a aceite rancio, viejo, nada agradable.

La venta de aceite suelto, no era aceptada por muchos, que preferían comprarlo envasado, de origen nacional. La aparición de nuevas marcas y la mejoría de su calidad, fueron factores determinantes de la paulatina desaparición de estos locales, característicos en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, Pequeños locales comerciales

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