El Buenos Aires que se fue

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LAS AMÍGDALAS

En la década del cuarenta, la operación de amígdalas era muy frecuente. Se eliminaba “la carne crecida” de la garganta y la nariz.

Era un recurso habitual, a tal punto, que era excepcional superar la niñez sin padecer esta intervención. En esa época se consideraba que las amígdalas no eran útiles, por lo que la operación era la conducta habitual que “evitaba resfríos y anginas a repetición”.

Cuando padecíamos varios episodios de anginas con fiebre, se programaba la operación a la brevedad, ya que era “la gran solución”. En realidad, no se conocía con certeza que funciones desempeñaban en el organismo.

Yo no escapé a esa moda. Una tarde me llevaron al Cuerpo Médico Escolar, en Callao y Rivadavia. Estaba muerto de miedo. Las intervenciones se hacían en serie. Cuando llegó mi turno, me sentaron en una silla metálica que aprisionó mis brazos y piernas. La sensación era horrible, pero era sólo el comienzo.

Luego vino el médico con su espejo frontal que iluminaba mi boca y molestaba mis ojos; me observó y dijo: “este chico ya está operado”, y ante la negativa de mi madre, comenzó su labor, repitiendo “parece que está operado”. Pero no, no estaba operado y como el procedimiento se hacía sin anestesia, lancé un grito que aún escucho hoy.

Finalizó la tarea en medio del llanto y la hemorragia. Retorné a mi casa, a la cama. Se recomendaba comer helados como postoperatorio. Recuerdo que sólo lo probé, porque el dolor al tragar era intenso. Felizmente la moda cedió ante el avance de los conocimientos médicos y quedó reservada para los casos estrictamente necesarios. Son recuerdos de un Buenos Aires que se fue.

Modas y costumbres

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Comentarios

Una respuesta a “LAS AMÍGDALAS”
  1. Joise Morillo dice:

    Ceñor Carlos, buenos dias.

    El exito de lo escrito es siempre un buen titulo, este me agrado, por esto tuve la confianza de opinar.

    Una vez, hace mas de 30 años padeci de amiddalitis, en mi tierra venezuela existe el IVSS, seguro social obligatorio, al cual acudi, este tenia todos los servicios medicos para los suscritos, los cuales eramos trabajadores (obreros) de empresas privadas quienes tenian - tienen, la obligacion de subsidiar tal instituto en sociedad con el gobierno. el asunto fue que adolorido me presente ante el medico de turno-medicina general- quien me remitio a un especialista, este ultimo, muy joven me diagnostico cronico, por lo cual, medebian operar, pero antes, me receto y me dio cita para la proxima semana, al termino de los dias, volvi preparado para todo al consultorio, pero ya no estaba el medico anterior sino, otro, pues bien el mismo medijo, no señor, no os vamos a oprar, haste una gargaras de limon con sal, tres veces al dia, y volveis la semana que viene.

    Pues bien, me mejore como nunca antes, sin embargo como buen paciente volvi para la consulta y estaba el mismo joven anterior, este me examino y me dijo: esta amigdalas estan bien, segistes el tratamiento? -Me pregunto- Si! respondi, y tambien el del otro medico acenti con lujo de explicacion.

    Este -esceptico- me dijo, ese ademas de loco es brujo.

    y le replique, pero me lbro de la operacion,

    Ahora, sigo con mis amiddalas y sano. excepto los catarros de vez en cuando.

    Perdonad los sin acento.

    Os ama

    Joise



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