El Buenos Aires que se fue

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EL TANGO Y LAS ACADEMIAS

La Academia era un café atendido por mujeres; un local alumbrado con farol a querosen donde se ejecutaba música con un organito. Se bebía y entre copa y copa, se bailaba con la camarera. Eran centros de distracción y placer.

En su comienzo eran lugares de baile, como antesala de prostíbulo, pero evolucionaron hasta convertirse en academia de enseñanza donde también se bailaban valses, polkas, pasodobles, mazurcas, chotis. A las danzarinas no se les exigía ninguna condición de belleza, sino que fueran buenas bailarinas y usaran pollera corta sobre enaguas almidonadas.

Para los tímidos y los que querían iniciarse en los ritos del tango, la Academia fue escuela a razón de 10 centavos por cada pieza bailable. Algunas se destacaron al ser frecuentadas por la flor del malevaje, a lo que se sumaron los niños bien, pero que se hicieron respetar del sabalaje por dos razones: enfrentados en hombría con los compadritos demostraron  que eran capaces de trenzarse con ellos, siendo tan hábiles con el cuchillo como con los pies, a la hora de bailar.

Muchos de estos locales estaban situados en el bajo, en los mismos sitios donde años más tarde se instalaron los cafetines y danzings de ínfima categoría y funciones similares, con bailarinas bonitas y eficaces. Sitios que se oían desde varias cuadras a la redonda. Pero la música era ejecutada por flauta, violín y guitarra, con el agregado de un bandoneón. 

Las Academias de baile más famosas de la época estuvieron ubicadas en Solís y Estados Unidos, Pozos e  en Independencia, y en Plaza Lorea. Curiosidades del tango en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La cuestión social

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