El Buenos Aires que se fue

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LA MODISTA

La costura era una actividad que se enseñaba a las mujeres durante la etapa educativa. Las mujeres de pobres recursos se ocupaban de la costura en fábricas textiles, mientras que la mujer de clase media lo hacía en su casa, para colaborar con los ahorros del hogar. Generalmente el curso de costura se aprendía en las Academias de Corte y Confección.

El trabajo en su casa consistía en realizar los moldes con las medidas de la clienta, cortar las telas, pegar los botones y los cierres, hacer bolsillos, ojales y arreglos de las prendas femeninas e infantiles. Había que diferenciar a la modista que trabajaba a domicilio, de la que lo hacía en su casa. Ésta última alternaba su labor con las tareas domésticas. Los ingresos eran en general, discretos, apenas una ayuda para los gastos del hogar.

Luisa vivía con su mamá y su hermano Raúl en la casa chorizo que yo también habitaba. La mamá, una anciana tucumana, se ocupaba de las tareas de la cocina; Raúl trabajaba en un banco y Luisa, era modista. Su vida se desarrollaba en una pieza de 4 x 4 metros; allí dormía, comía y trabajaba. Era una situación repetida en innumerables casas y conventillos.

La pieza, único sitio de vivienda al que se agregaba una pequeña cocina a carbón, era el mundo donde desarrollaba su labor cotidiana. En una amplia mesa de madera, ubicada en el centro de la habitación, Luisa marcaba con una tiza y cortaba las telas que luego unía con alfileres que sacaba del alfiletero, una pulsera de tela con una almohadilla, colocada en el dorso de la muñeca. Luego las hilvanaba y colocaba sobre el maniquí, hasta la primera prueba.

Cuando cosía a mano, enhebraba la aguja con suma facilidad y usaba un dedal metálico en el dedo mayor. Completaba su trabajo con la máquina de coser, marca “Singer”. Antes de la entrega, planchaba las prendas con una plancha a carbón, grande y pesada. Algunas clientas hacían pruebas en su “taller”, pero en otras ocasiones, llevaba las prendas a domicilio, para una prueba o para entregarla ya terminada.

Luisa y su hermano mantenían la economía familiar mientras su madre compartía con ella, buena parte del día. Por la tarde, en un brasero con carbón encendido, calentaba agua en una pava, y mateaba a la hora clásica de la merienda, comiendo bizcochos con grasa. Las tareas se realizaban con el acompañamiento de las trasmisiones radiales, escuchando las emisiones diarias de los radioteatros, alternando con programas musicales o cómicos. Luisa fue una modista de barrio, en ese Buenos Aires que se fue.

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Comentarios

2 respuestas a “LA MODISTA”
  1. Silvina Genisetto dice:

    por un momento me remonté a esos tiempos…..qué calidos, qué ricos en todo sentido.
    no se escuchaban los gritos de violencia, solo el ruido de la singer, la radio y sus radioteatros, el silbido de la pava…mi Buenos Aires querido qué nos pasó?????

  2. Carlos Araujo dice:

    Estimada Silvina:
    Le agradezco sus comentarios. Retomo sus frases, “el ruido de la Singer”, una “música” que escuché durante años pero no se me había ocurrido mencionarlo como Ud lo ha hecho. Por otra parte, si repito “Buenos Aires querido que nos pasó”, me conduce a pensar cada vez con más frecuencia en las grandes diferencias que nos separan, con aquel Buenos Aires que se fue.
    Hasta siempre.



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