lig tv izle
justin tv

El Buenos Aires que se fue

Blog en Monografias.com

 

EL LUSTRABOTAS

Un domingo por la mañana, cuando tenía 6 años, un vecino de casa me llevó a un café cercano. Pidió un vermouth, y llenó un vaso pequeño con soda, le colocó una gota de bitter diciéndome: “éste es tu vermouth”, dejándome el triolet con maníes, papas fritas y galletitas. Unos minutos más tarde, llamó a un lustrabotas que tenía su parada en la puerta del café diciéndole: “Lústrele los zapatos al señor”. Azorado, sorprendido y feliz, percibí por primera vez, las sensaciones del cepillado y lustrado de los zapatos. Ese día conocí al lustrabotas, en vivo y en directo.

La salida laboral para los menores y adolescentes en la década del 30 era como canillita o lustrabotas. Este viejo oficio que comenzó con el uso de los zapatos y botas de cuero, fue una importante colaboración para “parar la olla” en las familias de condición precaria. El mini emprendimiento se centraba en el cajón que llevaba las tintas, pinceles, ceras y betunes, con los cepillos marrón, negro y las franelas de lustrado.

Foto: (A. G. N. )

El lustrabotas llevaba su cajón bajo el brazo hasta ubicarse en su parada ubicada en un cafe, al lado de un kiosko de diarios, en la estación de tren, o en una esquina barrial. El lustrabotas miraba los pies de los transeuntes, como al descuido, buscando al posible cliente.

Una vez apoyado el pie en el cajón, colocaba un protector de cuero en los tobillos para no embadurnarlos con betún. El manejo de los cepillos iba acompañado de movimientos de malabarista que culminaba con el empleo de las franelas para dar brillo mientras producía unos ruidos aparatosos, dejando los zapatos como un espejo.

En los salones de lustrar la situación era distinta, era otra categoría. Estaban ubicados como anexos de peluquerías masculinas. Los clientes se sentaban en un sillón cómodo y apoyaban los pies sobre unos soportes elevados, de bronce, que permitían al lustrabotas trabajar de pie.

Eran tres o cuatro clientes simultáneos que mientras esperaban su turno, se entretenían leyendo diarios y revistas o escuchando música de una victrola. La tarifa era superior pero los resultados similares a los brindados por el lustrabotas callejero cuando decía: “Señor, aquí se lustra mejor que en el salón”, reflejado en el tango “Se lustra señor” de Marvil, Dalessio y Del Piano, cantado por Alberto Castillo en ese Buenos Aires que se fue.

    Compartir este post en:
  • Facebook
  • Twitter
  • menéame
  • Delicious
  • Technorati
  • Digg
Personajes de la ciudad

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda