El Buenos Aires que se fue

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LAS ZURCIDORAS

A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el nylon destinado a la fabricación de medias femeninas, fue materia prima para la confección de paracaídas por lo que fue necesario prolongar la vida útil de las medias de seda reparando las corridas de puntos y roturas.

En la década del 40, para zurcir alguna prenda había una oferta importante de especialistas, maestros en el arte del zurcido invisible. Era ésta una habilidad que se enseñaba en algunos talleres o en forma particular. Clavado en los árboles o en postes telefónicos se encontraban pequeños carteles de confección manual, donde se ofrecía “Zurcidos” seguido de un número telefónico.

Pero  otros carteles anunciaban “Se levantan puntos”; se referían a las zurcidoras de medias pero en distintas oportunidades, el anuncio fue motivo de bromas pesadas. Las zurcidoras utilizaban un huevo de madera con un mango portador de una aguja especial en uno de sus extremos, que se guardaba dentro del huevo, imitando el aspecto de una maraca. Poseía una canaleta longitudinal de sección cuadrada donde se ubicaba la zona a reparar, necesaria para realizar un zurcido de calidad mediante agujas muy especiales, a fin de solucionar puntos corridos, agujeros o enganches.

Quienes no poseían el huevo utilizaban en su reemplazo un mate o bien una lampara eléctrica, habitualmente para resolver situaciones domésticas. Era un oficio muy cansador para la visión, que provocaba dolor y transtornos musculares en la espalda.

Hasta la aparición de los hilados con nylon, las medias de seda fueron sinónimo de máxima elegancia para las piernas femeninas en aquél Buenos Aires que se fue.

Modas y costumbres, Personajes de la ciudad

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