El Buenos Aires que se fue

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LA VISITA DEL GRAF ZEPPELIN

El Graf Zeppelin fue un gran dirigible alemán que voló por primera vez en 1928 y al año siguiente, dió la vuelta al mundo en 21 días, a una velocidad media de 85 km por hora, pero que en sus vuelos habituales lo hacía a 117 Km por hora.

El 1º de Julio de 1934 llegó a Buenos Aires, procedente de Río de Janeiro con una tripulación de 40 personas y 24 pasajeros. Tenía el aspecto de un gran cigarro habano de color plateado, de 236 metros de longitud y 45 metros de altura. El dirigible tenía una capacidad de 105 millones de litros de hidrógeno.

Llegó desde el Delta, cruzó la ciudad y luego siguiendo las vías del Ferrocarril San Martín se dirigió a los terrenos militares de Campo de Mayo, donde fue amarrado con la ayuda de un gran número de soldados conscriptos en la zona de descenso, sosteniendo unas gruesas sogas que salían desde la cabina, ya que en Campo de Mayo no había un mástil de amarre.

En esa mañana muy fría, 2 grados bajo cero, fue mucha la gente que se acercó a observar la llegada de la enorme aeronave, luego de la gran difusión realizada por la radio.  Estuvieron presentes los ministros de Guerra y de Marina. El objetivo de la llegada del Graf Zeppelin a la Argentina era establecer una línea regular entre Europa y Argentina, con una escala técnica de reabastecimiento en Río de Janeiro.

La vida en el dirigible era similar a la de un barco pero con menos comodidades. Los hombres asistían a los cocktails de la noche muy bien  vestidos y las mujeres luciendo trajes de noche. Pero el dirigible no tenía calefacción, de modo que cuando volaba por zonas frías o en invierno, los pasajeros y la tripulación debía taparse con varias mantas. Los camarotes eran relativamente amplios y cómodos; había cabinas individuales con sofá camas o con literas.

Antes de partir, el dirigible sobrevoló Buenos Aires durante 2 horas, siendo observado y fotografiado por mucha gente. Recuerdo que en el año 1937, recibí de regalo un dirigible de lata imitación del Graf Zeppelin, color plateado, de unos 30 centímetros de largo, con dos rueditas en la cabina y una en la cola, y que funcionaba a cuerda, avanzando y girando por un corto tiempo, como la mayoría de los juguetes de ese Buenos Aires que se fue.

La ciudad

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