El Buenos Aires que se fue

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EL CARRERO

La tracción a sangre era el medio de transporte habitual. Carros, carrozas y chatas eran traccionadas por caballos conducidos por el carrero, estableciendo una estrecha relación entre el animal y el conductor.

La chata era un carro cuyas ruedas delanteras eran más chicas que las traseras, tirado por 2 o 3 caballos percherones. Transportaba fardos de lana, barriles de vino, bolsas de harina, cereales o de azúcar, cajones con botellas de vino o de cerveza, para proveer a los almacenes de la ciudad.

El carrero se sentaba sobre el tablón de la chata llevando en una mano las riendas de cuero, sosteniendo el látigo con la otra. Cuando era el momento de arrancar la chata pesada, se paraba en el pescante de madera con las piernas bien abiertas permitiendo ver sus pantalones de cambrona y su corralera cortona, siempre que no lo ocultara con un delantal de arpillera desflecada.

El sombrero ladeado llevaba un escarbadiente en la cinta, el pucho de un cigarro en una comisura labial, pañuelo al cuello y un clavel en la oreja. Camisa a cuadros, chaleco desprendido y alpargatas.  Con su voz ronca y potente, emitía gritos, interjecciones y silbidos dirigidos a los tungos, seguidos del ruido del látigo sobre las ancas del cadenero.

Las patas de los percherones resbalaban sobre los adoquines al comenzar a moverse la chata, pero ya en pleno movimiento, se desplazaba a los saltos por los empedrados no siempre parejos. Paraba siempre en el mismo boliche donde apuraba unos tragos de caña o de vino tinto, mientras armaba un cigarro tranquilamente, conversando sobre los temas repetidos, sus pesares y sus alegrías.

En algunas fondas se escuchaba música de acordeón, que le evocaba otras latitudes, otros tiempos. Pitaba su cigarro eliminando un humo pestilente. Pero existía la posibilidad de encontrar compañía femenina que alegraba esas horas de expansión.

La calidad de sus monturas y el cuidado de sus caballos despertaban la envidia de los carreros. Al terminar la jornada el camino se orientaba hacia el corralón donde chata y caballos quedaban hasta el día siguiente. En los costados de la chata, se veía un filete con una inscripción:” Donde para este varón hacen cola las mujeres”. Eran inscripciones comunes y provocativas que integraban el entorno de este personaje inconfundible de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Música, Recuerdos…y algo más”. Radio Cultura FM 97.9. Emisión Nº 1. 22 de Abril de 1998

Personajes de la ciudad

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