El Buenos Aires que se fue

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APRENDIENDO A BAILAR

Íbamos a bailar después de superar el largo aprendizaje. No queríamos pasar vergüenza y para lograrlo, eran necesarias horas de ensayo.

Para ello, se organizaban encuentros de fin de semana con amigos y sus hermanas o primas, y a través de los bailables de la tarde del sábado o domingo trasmitidos por la radio, aprendíamos con tropezones y disculpas, los secretos básicos de los ritmos de moda: melódicos, tropicales y del swing.

El objetivo era manejarse con soltura en los bailes de estudiantes o en los asaltos. Ir a bailar a un club, era una situación distinta porque más del 50% de la música que se difundía era tango. Aprender a bailar el tango era una tarea que comenzaba entre varones. El que sabía, enseñaba los pasos imprescindibles, desempeñando alternativamente el papel femenino o masculino.

Una vez adquirido el entrenamiento suficiente, comenzaban los ensayos con chicas. En general, la experiencia que tenían era escasa o nula y el aprendizaje era dificultoso pero entretenido. Se elegían los bailes de Carnaval para el debut en el club barrial, donde era más fácil pasar desapercibido. Y lo hacíamos con quienes habíamos aprendido.

El Carnaval finalizaba y durante el resto del año, se optaba entre los bailes con grabaciones o con orquestas. Algunos clubes muy populares funcionaban los fines de semana y programaban grabaciones de 2 conjuntos: uno de música típica y el otro podía ser un conjunto de jazz o una orquesta característica. Eran anunciados durante la semana quienes integraban los rubros del sábado y domingo.

Importaba como se bailaba el tango y que la compañera ocasional, no desentonara. En general se empleaba un estilo sencillo, que permitía disfrutar de la danza y no chocar en una pista que se llenaba completamente, donde a duras penas se podía caminar. Las figuras acrobáticas que nos muestran en la época actual eran impensadas y jamás realizadas, incluso, en las demostraciones teatrales. Simplemente, se bailaba.

Paulatinamente incorporábamos nuevas figuras a lo ya aprendido, que nos brindaba mayor seguridad y solvencia bailable. Bailábamos el tango en silencio, siguiendo minuciosamente su interpretación, con una coreografía sencilla, disfrutando de cada paso con la compañera, conocida o no.

Dispersos por la ciudad existían los clubes que realizaban bailes con orquesta como Vélez Sarsfield, Comunicaciones, Pedro Echagüe o con grabaciones, tales como Social Rivadavia, Ferro Carril Oeste, Villa Sahoers, Social Buenos Aires donde comenzamos a disfrutar del tango y los ritmos del momento, en ese Buenos Aires que se fue.

El tango

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