El Buenos Aires que se fue

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LOS TIMOS

Quiero contarles tres timos: 2 de ellos causaron sensación y el restante era diario.Los sorteos semanales de la Lotería Nacional se realizaban con la participación de 3 adolescentes que cantaban los números y sus respectivos premios. El grupo de “Niños Cantores” y sus familiares más cercanos, conformaron un aparato delictivo sin precedentes en el país.

En el año 1941 un carpintero les fabricó bolillas similares a las que se utilizaban en los sorteos oficiales con un número previamente determinado. Se hicieron ensayos en uno de los sorteos, el éxito los acompañó y decidieron realizar un nuevo fraude con las bolillas elaboradas y el premio mayor correspondiente. Mientras tanto, los familiares de los “Niños Cantores” compraron todas las series del númro que sería premiado. Llegó el día del sorteo y en un momento dado, el primer “Niño” cantó el número falso que retenía en su mano ocultando la bolilla que realmente salió. El encargado de cantar los premios, leyó el premio mayor en la bolilla falsa y ocultó la bolilla real.

En los días siguientes se cobraron todas las series del número premiado, pero el sueño duró poco, ya que no se guardó la discreción necesaria. A viva voz, los niños anunciaron que ganarían la grande, lo que sumado al hecho  de que sus familiares cobraran los premios, alertó a la policía, hecho que permitió capturar a todo el grupo y recuperar la mayor parte del dinero.

Los “Quinieleros” fueron los artífices del juego clandestino y estaban distribuídos por todos los sitios de trabajo. Muchos tenían su parada en el café del barrio, exponiéndose a las habituales visitas de la policía. Muchas veces no pasaban todas las jugadas que les encargaban y cuando alguno acertaba, desaparecían por un tiempo para evitar las consecuencias.

Procuraban no dejar rastros escritos recurriendo a la memoria. Cuando la policía los visitaba, algún informante se encargaba de avisarles y si tenía tiempo, desaparecían; en caso contrario se tragaban las anotaciones. Pero de todas maneras, la policía se llevaba a un inocente, que cuando los soltaban, debía ser recompensado por el quinielero pagándole una jugada doble.

Y finalmente la compra de un automóvil cero kilómetro el fin de semana. El día viernes, a última hora, cuando el banco ya había cerrado, el comprador pagaba con un cheque al portador con talón. A los efectos de no despertar sospechas, los datos del domicilio particular y comercial eran correctos. El problema surgía ante la duda de verificar previamente si el cheque tenía fondos suficientes o realizar la venta.

En una ocasión, ante la desconfianza del vendedor, éste hizo la denuncia a la policía diciendo que le habían pagado con un cheque sin fondos, lo que motivó la inmediata detención del comprador y su encarcelación en averiguación de antecedentes. El día lunes, al abrir los bancos, el vendedor llevó el cheque para su cobro.

Quedó muy sorprendido cuando comprobó que el cheque tenía fondos. Pero se sorprendió mucho más cuando un reconocido estudio de abogados le informó que el comprador había hecho una denuncia por privación ilegítima de la libertad, acompañada de una demanda que duplicaba el costo del automóvil adquirido. El arte de la estafa en ese Buenos Aires que se ¿fué?.

Personajes de la ciudad

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