El Buenos Aires que se fue

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LOS JUEGOS DE SALÓN

Foto: Luis Medrano

Los juegos de salón eran entretenimientos que en la mayoría de los casos, incluía apuestas de dinero que no sólo aumentaba el interés de las jugadas, sino que provocaba la aparición de otros sentimientos.

El tute con las variantes “cabrero”, “codillo”, o “remate”, eran juegos con barajas españolas que me enseñó mi abuelo Pepe, un inmigrante italiano que llegó a la Argentina en la primera década del siglo XX. Otros juegos con estas barajas eran la brisca, el mus, la escoba y el truco, que formaban parte de los juegos clásicos del café o del despacho de bebidas en el boliche del barrio.

Ahí se descargaba la bronca acumulada durante el día, jugando con naipes sucios y grasosos, cuyo grosor estaba casi duplicado. Barajas y porotos para marcar los tantos, eran el pretexto que inmovilizaba durante horas a los habituales parroquianos, en la misma mesa y en la misma silla.

La cita se renovaba día tras día, acompañada de un vino moscato, tinto o semillón, extraído de la bordalesa, en medio de un aroma donde se mezclanban los vapores de vino, olores humanos, humo de tabaco negro o de café express. Durante el juego con esas barajas se escuchaban expresiones de taberna pero sin peleas, mezcladas con sonoras risotadas.

Era frecuente realizar “solitarios” y juegos de ingenio con las figuras de la  baraja. Pero no sólo se jugaba con naipes. Otros habitués se conformaban con el dominó. En algunos cafés, en el “Club Social y Deportivo” o en la “Sociedad de Fomento”, había mesas para jugar a las damas y al ajedrez.

El juego fue un tema repetitivo en las letras de tango donde se lo encuentra con distintas denominaciones: el escolaso, la timba, la carpeta, la peca, etc., asociado con la nostalgia del inmmigrante por su país de origen.

Los naipes ingleses se usaban en casinos, clubes o garitos. Se jugaba al Poker o a los juegos carteados como Punto y Banca o Treinta y Cuarenta. También al Rumy y la Canasta Uruguaya, asociados con la búsqueda de fondos para causas solidarias o sociales.

El billar era el juego que jerarquizaba al café. Su sólida mesa con el paño verde, mostrando las huellas de algunas pifiadas y cicatrices provocadas por algún cigarrillo. Dos bolas blancas y una roja, una media docena de tacos y un par de tizas azules, servían a dos o más aficionados que intentaban deslumbrar haciendo carambolas, a quienes nunca sostuvieron un taco, hasta que una pifiada frenaba la fanfarronería.

Cada barrio tenía su café con su mesa de billar. El billar se aprendía en el café del barrio o en el que estaba cerca del colegio. A pesar de los controles policiales, los pibes por la mañana o por la tarde concurrían a esos sitios sagrados de aquel Buenos Aires que se fue.

Los juegos

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