El Buenos Aires que se fue

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EL BARRIO

El subconciente nos tiende trampas al rescatar imágenes de nuestro pasado, estimulando nuestro deseo de recuperar lo irrecuperable. Alguna vez hemos sentido la necesidad de retornar al barrio de nuestra infancia, con el deseo de revivir esa época y al concretar ese deseo, nos damos cuenta de que el tiempo no es generoso cuando queremos transformar los recuerdos en realidad. Pero escritos, fotografías y remembranzas de sobrevivientes, nos permiten reconstruir algo de esa geografía perdida.

Buenos Aires tuvo su primer barrio alrededor de la Plaza de Mayo. Sus límites eran el Río de la Plata y la Avenida Callao con su continuación, Entre Ríos. El constante ingreso de inmigrantes lo extendió más allá de esos límites generando pequeñas unidades integradas por una o más cuadras, sin fronteras visibles, los barrios.

La ayuda mutua de sus habitantes motivó la creación de las Sociedades de Fomento y la aparición de diarios semanales o quincenales. Las calles estaban pobremente alumbradas con lámparas instaladas cada 50 metros, que eran encendidas o apagadas por un encargado que todos los días, al oscurecer y amanecer realizaba esta tarea. Recuerdo que caminaban muy rápido deteniéndose en cada poste para esos fines.

Casas bajas con calles empedradas alternando con calles de tierra, imposible de transitar en los días de lluvia, configuraban un área que disponía de carnicería, almacén y panadería, en las que el uso de la libreta facilitaba el pago quincenal o mensual. El corazón del barrio era el almacén con el bar contigüo, lugar para tomar un trago, leer el diario, jugar a los naipes o al dominó y actualizar la situación política y deportiva de la semana.

La mayoría de los hombres trabajaban en el barrio y las mujeres lo hacían en su domicilio o en las cercanías, generalmente como costureras o lavanderas. A pesar de las diferentes nacionalidades, la gente estaba identificada con su zona de residencia.

En el Once se establecieron los inmigrantes judíos y en el Bajo, los árabes. Esta identificación se prolongó hasta superada la década del 50. Las ocupaciones estaban relacionadas con las nacionalidades: los vascos eran lecheros o ladrilleros; los japoneses tintoreros o cultivadores de flores; los italianos peluqueros, zapatero remendón, carboneros, lustrabotas, maniseros o albañiles. Los franceses sastres o cocineros.

La distribución por todo el ambito de la Capital fue consecuencia del desarrollo de las líneas de tranvías, que favorecieron la comunicación dentro del ámbito capitalino, hecho que no fue obstáculo para mantener la identificación con el barrio a la hora del regreso. Cada barrio tenía sus colores y sus olores predominantes.

El ritmo febril de estos días prácticamente no nos permite vivir comunitariamente e incluso casi no conocemos a la mayoría de nuestros vecinos. El progreso nos ha dado confort, equipamiento y nos ha facilitado la comunicación a distancia, pero nos ha quitado el encanto del trato frecuente y cotidiano con nuestros vecinos. Todo eso pertenece a un Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Música, Recuerdos y…algo más”, FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº 11. 1º Julio 1998

El barrio

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