El Buenos Aires que se fue

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EL CINE DE BARRIO

Foto: Luis Medrano

Cada barrio tenía su cine con programas que variaban diariamente, excepto el fin de semana. Vivimos la época del cine sonoro que nos acompañó en todas las etapas de nuestra vida. Las salas fueron multiplicándose con detalles arquitectónicos de buen gusto, pinturas y cortinados.

Cuando proyectaban películas extranjeras subtituladas, las personas que no sabían leer recibían la información de sus hijos o nietos en un interminable murmullo, muy molesto para los expectadores, que provocaba chistidos y exclamaciones de desagrado.

Los programas estaban integrados por tres películas. Los martes o miércoles era el “Día de Damas”, a precios rebajados. En algunos cines había exhibición los domingos por la mañana, dedicado a los niños.

El sonido prolongado de un timbre en el hall, anunciaba el comienzo de cada película. Cuando finalizaba cada exhibición, el acomodador entregaba una contraseña a quienes salían de la sala, que nos habilitaba para regresar  una vez finalizado el intervalo. Para cada día de la semana había una contraseña diferente.

Durante la semana, a la salida de la escuela, repartían programas anunciando la proyección de una serie completa en 12 episodios, acompañada de 2 películas de cowboys y un par de películas de Carlitos Chaplin. Quien no recuerda las series con “Charlie Chan”, “Dick Tracy”, “Flash Gordon” o “El Llanero Solitario” , personajes que alimentaron el imaginario de la época escolar.

Estas funciones lograban un lleno casi total y eran las funciones más sonoras, por los pataleos y los chiflidos originados ante cualquier inconveniente técnico, muy frecuente por la mala calidad de las copias proyectadas.

Algunos cines funcionaban con la modalidad de Cine Continuado: el espectador entraba a la hora deseada y salía cuando se le ocurría. Los estrenos se trasmitían por radio, desde un móvil ubicado en un rincón del vestíbulo del cine, habitualmente ubicado en la zona céntrica.

Algunos cines tenían el techo corredizo. En las sesiones nocturnas durante la época calurosa, el techo se desplazaba lentamente dejando un amplio espacio para favorecer la ventilación y el enfriamiento de la sala. Era una sensación curiosa observar un sector del cielo desde la butaca. Pero cuando amenazaba lluvia, la velocidad del cierre del techo, no era suficiente para evitar que algunos espectadores se mojaran en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Música, Recuerdos y…algo más”, FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº 24. 30 Setiembre de 1998.

El barrio

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