El Buenos Aires que se fue

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LAS FIGURITAS

Las figuritas siempre ejercieron una fascinante atracción sobre los pibes de ambos sexos, especialmente en la etapa escolar. Las niñas coleccionaban figuritas de colores, abrillantadas, representando princesas, ángeles o animales; las adquirían en los kioscos o librerías y a menudo jugaban colocándolas dentro de un cuaderno o libro. Ganaba quien adivinaba como había sido colocada, si cara o seca.

Los varones tenían otras opciones. Una de ellas era coleccionar figuritas que venían con los chocolatines o las que venían en pequeños sobres y se adquirían por monedas. Estaban confeccionadas en papel, cartulina, cartón o lata. Los temas eran diversos, aunque generalmente existía una marcada preferencia por los deportistas, especialmente el fútbol y los artistas de cine.

Hubo colecciones que fueron famosas. Por ejemplo, las figuritas “Nestle”. Además de ser muy instructivas, ya que abarcaban todas las disciplinas, la tarea de llenar el álbum era toda una hazaña que en el caso de ser alcanzada, permitía alcanzar el ansiado premio de una bicicleta. Yo lo llené llegué tarde porque a la hora de buscar el premio, no se entregó por haber “finalizado el concurso”; quedo como recuerdo el álbum.

También eran muy populares los chocolatines “Kelito”. Para recibir un premio era necesario juntar latitas redondas que en su dorso tenían impresa una letra; completando determinados textos, se accedía a la gratificación. Otra marca “Starosta”, allá por los años 30 comenzó su promoción a la salida de los colegios (con posteridad se vendía en los kioscos), regalando figuritas a los chicos que, obviamente, se volcaron entusiastamente a coleccionarlas.También fue muy popular el chocolatín “Godet”, que presentó en variados colores y formatos de cartón, una colección de armas y soldados de la Segunda Guerra Mundial.

Con el afan de  incrementar la colección, los chicos se ubicaban en la vereda (también en el patio del colegio durante los recreos) y desde una distancia de aproximadamente dos metros, arrojaban las figuritas procurando arrimarlas a la pared. El que lograba la mejor posición tenía derecho a recogerlas y revolearlas; si salían cara, es decir con la figura hacia arribaa, ganaba, y así sucesivamente competían entre sí. Otro juego era el “puchero”. Este consistía en dejar caer alternadamente las figuritas tratando de tapar parcialmente a la que cayó primero. El ganador se llevaba todas.

Las figuritas más populares eran las que traían imágenes de jugadores de fútbol y por ser las más buscadas, muchas veces fueron causantes de la desatención en las aulas, provocando en más de una oportunidad la expropiación por parte de la maestra. Al llegar la época de vacaciones, toda esa euforia coleccionista se agotaba en parte; los juegos eran otros y el interés por las figuritas se desvanecía.

De todas maneras, año tras año se renovaba el interés de los pibes que retomaban las expectativas de obtener un premio o lucir ante un compañero una figurita difícil como “el Tucán” o “la Salamandra”. Recuerdos de un Buenos Aires que se fue.

Los juegos

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