El Buenos Aires que se fue

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LOS CURANDEROS

Las curaciones a través de remedios caseros siempre han estado vigentes y la medicina popular ha presentado relatos con una explicación lógica o científica de los resultados. Cada barrio tenía su curandero. Se conocía su existencia por razones de vecindad o por la intervención policial, a raíz de alguna denuncia. Predominaba el sexo femenino y se especializaban en “cortar el empacho”, tratar la “culebrilla” o curar “el mal de ojo”.

Muchos no cobraban nada y recibían en cambio alimentos, azúcar, un par de gallinas o algunas monedas. Otros “curaban” torceduras o dolores musculares. Fueron famosos en su época “el Vasco” y “el Japonés”. Estos personajes, se fueron multiplicando extendiendo su radio de acción en muchos barrios; eran varios los “vascos” y “japoneses” que “curaban”. Había curanderos que se anunciaban en los diarios y ponían chapa en la puerta, “especializados” en determinadas dolencias. Otros publicaban en revistas y diarios “las cartas de agradecimiento de sus pacientes curados”.

En el tratamiento de los cálculos de la vesícula biliar, se preparaba una bebida colocando un huevo dentro de una taza conteniendo jugo de limón. Se lo dejaba toda la noche. El jugo disolvía el calcio de la cáscara de huevo, que una vez bebido “ablandaba los cálculos y ayudaba a expulsarlos”.

Había diversos tratamientos para el dolor de cabeza: las cataplasmas de dulce de membrillo sobre la frente, que “alimentaban” la cabeza de los niños, quienes en cuanto podían, se comían la cataplasma. En los adultos se usaban rebanadas de papas crudas que pegadas alrededor de los ojos, quedaban adheridas hasta que se desprendían espontaneamente. Para las picaduras de abejas o avispas, se usaba barro o paños de vinagre con sal. Las telas de araña se usaban para detener las hemorragias.

Hay muchos tratamientos para el dolor de oídos. Con las hojas que cubren al choclo, se recortaban y se armaba un cigarrillo, con una mezcla de yerba mate y tabaco. Una vez encendido, se pitaba dos o tres veces y el humo se soplaba en el oído, cubriéndolo luego con un trozo de algodón embebido en aceite verde. Otros recurrían a la leche de madre recién emitida; un chorro dentro del oído enfermo, taparlo con algodón y esperar resultados

El sapo ha sido empleado para resolver distintos padecimientos. Para el dolor de muelas, se lo pasaba vivo por la zona dolorida. Para el tratamiento de la “culebrilla” se pasaba su vientre sobre las vesículas en sentido contrario a su crecimiento hasta que el vientre del sapo se ponía colorado y comenzaba a gritar. Era la señal esperada, porque significaba que la enfermedad había pasado al cuerpo del sapo.

El tratamiento del “empacho” se realizaba pellizcando y traccionando le piel que recubre las vértebras dorso lumbares; al producirse un ruido de “despegamiento”, se consideraba que el paciente estaba “empachado”, por lo que se aplicaba en la zona del estómago un emplasto de ceniza y aceite. Todo el procedimiento se realizaba durante 3 días consecutivos.

Para el tratamiento del mal de ojo, se dejaban caer tres gotas de aceite en un plato con agua, mientras se pronunciaba una oración aprendida en una fecha fija del año y a una hora determinada. Si las gotas de aceite descendían al fondo del vaso, tenía “mal de ojo”. Había personas a quienes se les atribuía una “mirada fuerte”, especialmente las de ojos saltones; una fuerza misteriosa que podía hacer un “daño”, desde “ojear” a una criatura o “enloquecer” a una persona adulta.

El uso de la barrita de azufre para los dolores musculares, en especial los del cuello, se pasaba (y se sigue pasando) por la región dolorosa. El azufre crujía por la acción del calor generado al frotar, pero se decía que “comenzaba a salir el aire” de la zona dolorida y el paciente mejoraba.

Esta forma de curar no ha sido desterrada a pesar del tiempo transcurrido, ya que responde a una necesidad humana, la de encontrar a alguien que escucha los lamentos y se ocupa de intentar resolver sus causas, más allá de los resultados obtenidos. Recuerdos de un Buenos Aires que se fue.

Personajes de la ciudad

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