El Buenos Aires que se fue

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EL CLOAQUISTA

Era el encargado de destapar y mantener las cloacas y caños cloacales en las casas de Buenos Aires. Hacían su aparición una vez al mes. Vestía un overall azul y gorra oscura con visera. Llegaba trayendo un balde cilíndrico de metal, sopapas de goma, trapos, botellas conteniendo acaroína y un rollo de alambre grueso trenzado, que colocaba en uno de sus hombros.

Cuando se lo llamaba por una urgencia, habitualmente la obstrucción de un caño, traía unas cañas que se enroscaban por sus extremos para darle la longitud deseada, e iba colocando la cantidad necesaria hasta alcanzar el sitio de la obstrucción. Era llamativa la flexibilidad y resistencia de estos elementos que, casi siempre, resolvían el problema.

Comenzaba su tarea limpiando las pequeñas cámaras destinadas a depósito de grasa, anexas a las cocinas. Luego verificaba la permeabilidad de los caños cloacales y limpiaba los depósitos de las rejillas de los patios, cocinas y baños. Para los trayectos cortos utilizaba el rollo de grueso alambre trenzado y las sopapas. En los trayectos largos recurría a las cañas.

Finalizada la tarea de destape o de verificación, hacían correr agua corriente en cantidad y finalizaba su labor rociando cada rejilla con acaroína, un viejo producto con limitadas propiedades antisépticas y un olor muy desagradable. Eran épocas en las que no existían los antibióticos, las infecciones eran difíciles de controlar y eran laa principal causa de muerte. El toque final con acaroína era la maniobra de protección que daba por finalizada la labor de este esforzado personaje típico e imprescindible en el Buenos Aires que se fue.

Personajes de la ciudad

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