El Buenos Aires que se fue

Blog en Monografias.com

 

Archivo de Septiembre, 2010

PROPAGANDA CON PREMIOS

Los lectores de la revista “PBT” se encontraron con el siguiente ofrecimiento:” En Villa Aristóbulo del Valle, a pocos minutos de Córdoba y Jesús María, regalamos un lote de 10 por 20 metros, o sea 266,66 varas cuadradas, a los 1000 primeros lectores que envíen el cupón y una seña de 10 pesos moneda nacional, que será descontada de una parte de la escritura que será hecha por el escribano xx, al precio de 36 pesos; títulos perfectos y escritura inmediata.”

En el cupón se colocaba.” Sírvase anotarme por un lote en Villa Aristóbulo del Valle que Ud ofrece completamente gratis a los lectores de “PBT”. Le remito en calidad de seña y a cuenta de la escritura, la suma de 10 pesos moneda nacional. Le ruego enviarme planos y más datos para indicar el número del lote que me convendría adquirir”.

El otorgamiento de premios ha sido una de las estrategias publicitarias más frecuentemente utilizada. En la primera mitad del siglo XX, los confites guardaban en su interior un rollito con versos. Mientras se degustaba el confite, de pronto se percibía el sabor desagradable del papel. Con cuidado se lo sacaba de la boca y se lo desenrollaba para leer su contenido, generalmente una cuarteta romántica.

El aperitivo “PINERAL” se presentaba en una botella que contenía una ampolla de vidrio, dentro de la cual había un cupón con premio. En los paquetes de yerba y café se incluían platitos y tacitas para café, que permitía coleccionar el juego. En la década del 30 al 40, las especias KOKITO regalaban tazas blancas transparentes.

En las latas de “TODDY”, un alimento achocolatado en polvo, venía un cupón que permitía obtener un juego de platos de loza. Contra entrega de una lata vacía, los almaceneros obsequiaban un vaso de vidrio con el borde dorado. Recuerdo que en mi casa, teníamos una media docena de éllos. La manteca TULIPAN solicitaba el envío por correo de un segmento del envase donde figuraba su nombre; el primer premio era una bicicleta marca “Raleigh”.

El jabón de sales “LA TOJA” ofrecía 150 premios por valor de 10 mil pesos cada uno, adjudicados a las personas que acertaran o que más se aproximaran a calcular la cantidad de granos de maíz contenido en una caja de “Tres pastillas de jabón La Toja”. Era indispensable escribir en el dorso de la faja que envolvía al jabón, nombre, dirección del interesado y número de granos contenidos en la caja.

Si varias soluciones coincidían, se sorteaban varios premios: 1º un automóvil doble faeton, 4 cilindros, 30 HP, marca Overland, importado por los señores “Viuda de Canale e hijos”, valor 5000 pesos; 2º un hermoso piano marca Braña, valor 1000 pesos; 3º un maestrófono, es decir lo más perfecto inventado en máquinas emisoras de sonido, con 50 piezas elegidas, de la marca “Homokord”, valor 400 pesos; 4º un cronómetro de oro 18 K, marca Zenith, valor 300 pesos.

Una empresa acordó con el Teatro Victoria el obsequio de un vale para palco a los primeros 224 lectores que reconstruyeran la frase “La memoria es la base de la inteligencia”, escrita con palabras impresas en los avisos de la revista donde se ofrecías el premio, indicando la página donde aparecía cada palabra.

En 1940 “JABÓN FEDERAL” organizó un concurso para encontrar la “Llave de la felicidad”, ubicada dentro de un jabón de lavar la ropa. Las amas de casa atravesaban el jabón con agujas de tejer a fin de localizar la llave, pero casi siempre se encontraban con réplicas de llave, cuyo premio era un par de jabones. El ganador era premiado con un chalet estilo californiano, muy lindo, que tuvimos oportunidad de ver. Como en esa época era habitual contratar personal para lavar la ropa, se originaban grandes discusiones sobre a quien le correspondía la llave encontrada. Son algunas de las estrategias publicitarias empleadas en el Buenos Aires que se fue.

Modas y costumbres

PROPAGANDAS CON PREMIO EN LOS CIGARRILLOS

En Buenos Aires se fumaban exclusivamente marcas nacionales. Los paquetes eran de 10 cigarrillos, la mayoría sin filtro y el costo oscilaba entre 10 y 40 centavos. En el atado los cigarillos estaban dispuestos en dos filas de 5 cigarrillos cada una. En la lucha por ganar clientes, las compañías tabacaleras recurrieron a recursos publicitarios entre los que se destacaron los premios.

A modo de separador, una cartulina impresa representaba una bandera, una poesía, una reproducción de dibujos de algún famoso o el anuncio del ganador de un premio. Los cigarrillos CONDAL regalaban relojes suizos de bolsillo, de doble tapa y con números de oro. Muchos padres y abuelos exhibían orgullosos su reloj ganado en uno de estos paquetes de cigarrillos. Hoy se puede encontrar en las casas de antigüedades.

Los cigarrillos TURISTAS obsequiaban cuentos gráficos para hombres solamente. En 1930 la COMPAÑÍA TABACALERA editó reproducciones en seda de mariposas del mundo y también figuras con consejos y recomendaciones para el diario vivir: “no arrojar fósforos encendidos; los cuidados al cruzar las vías del tranvía; como emplear de bastones y paraguas; guardar bajo llave los frascos con venenos para insectos, etc.

Prácticas libretas de anotaciones para el bolsillo con los cigarrillos 43 y a partir de 1940 con LA TECLA y GAVILÁN. Los cigarrillos YOLANDA traían fotografías eróticas en relieve, para mirar con un visor.

Los cigarrillos PARÍS anunciaban:”Señores, Señoras, Señoritas, Caballeros: Entregando en perfecto estado de conservación 200 de estas fotografías, repetidas o no, pueden recoger en mi escritorio, una orden para el establecimiento fotográfico de José Caffaro y Cía., donde se les hará gratis una docena de retratos para tamaño album o igual número de reproducciones del retrato que remitan”.

Cigarrillos DOLAR publicó series sobre deportistas de las Américas: nadadores, ciclistas, tenistas y jugadores de golf. La firma Calvo y Cía., responsable de los cigarrillos FALCON editó en los años 30 figuritas en blanco y negro con estrellas de cine, presidentes argentinos, estrellas de radio y monumentos argentinos. “Contra entrega de la reproducción Nº 9 intacta, firmada y sellada por esta manufactura, le obsequiaremos un finísimo reloj suizo, áncora 15 rubíes”.

Cigarrillos POUR LA NOBLESSE de 30 y 40 centavos, figuritas con reproducciones del Buenos Aires antiguo, realizadas por el pintor Fortuny. Tabacos COMBINADOS  entregaba en canje por 200 banderitas sueltas, un álbum con banderas de todo el mundo.

El otorgamiento de premios, algunos de muy buena calidad, fue una estrategia muy frecuente en aquel Buenos Aires que se fue.

Reuniones sociales

EL BARRENDERO

Eran en su mayoría inmigrantes italianos. Vestidos con uniforme color gris, cerrado al cuello y gorra del mismo color, que llevaba una chapa de metal con un número identificador.

Recorrían las calles empujando un recipiente cilíndrico de hierro color gris con tapa, montado sobre un par de ruedas metálicas con rayos, una pala y un cepillo, ambos con un mango largo. Diariamente y siempre a la misma hora, desarrollaban su tarea barriendo el ángulo formado por la calle y el cordón de la vereda, donde formaban pequeños acúmulos de basura, separados varios metros unos de otros.

La abundancia de bosta en todas las calles, consecuencia del intenso tránsito caballar, se adjuntaba a los montículos previamente formados. Luego arrastraban el carrito que habitualmente dejaban próximo a la esquina y recogían todos los montículos, repitiendo la operación en la acera opuesta.

En algunas esquinas se instalaron en las veredas receptáculos subterráneos donde almacenaban la basura transitoriamente. La basura estaba fundamentalmente integrada por hojas de árboles, bosta de caballo y papeles. Era importante evitar que en las esquinas, se obstruyeran los desagües, por lo que había un celo muy especial en recoger todos los acúmulos próximos a las alcantarillas.

Toda la basura recogida se dejaba en la esquina contra el cordón de la vereda, a la espera del carrito que recogía el contenido de todos los tachos del barrio. Pero los tachos fueron cada vez más grandes, se les añadió una tapa para evitar a las molestas moscas, y así los barrenderos trabajaron con más comodidad en ese Buenos Aires que se fue.

Sin categoría

EL PIZZERO AMBULANTE

A la salida del colegio o de la cancha de fútbol, aparecía el pizzero. Vestido con guardapolvo y gorro color blanco, llevaba sobre la cabeza una caja circular de latón, con tapa y un trípode de madera en una de sus manos. Se ubicaba cerca de la salida anunciando su mercancía, unas enormes pizzas chatas recubiertas de salsa de tomates, orégano y anchoas.

Transportaba alrededor de diez pizzas, que cortaba en porciones, todas desiguales, con un pequeño cuchillo muy afilado. Con un trozo de papel blanco tomaba la porción y la entregaba al cliente. Por su delgadez, era necesario apuntalarla con la otra mano o bien doblarla sobre sí misma, de lo contrario, ensuciarse la ropa era lo habitual.

Era una pizza distinta, que el apetito de estudiante o de una tarde pasada en el estadio de fútbol, impedía detectar problemas de sabor. Se engullía en pocos segundos y tenía la consistencia de una goma; era francamente inferior pero, por 5 o 10 centavos, el precio dependía del tamaño, mataba el hambre.

En invierno, una bufanda y una gorra protegían al pizzero del frío quien con  las manos en los bolsillos y balanceándose lateralmente, cambiaba alternativamente de pie.

Comer la pizza caliente era imposible. Esa pizza estaba siempre fría. Y no había nada para beber, no se la podía empujar con nada. Pero el hambre con el que nos disponíamos a comerla, era más que suficiente para que desapareciera rápidamente de las manos. El pizzero ambulante ha pasado a integrar la galería de vendedores que caracterizaron a ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

Personajes de la ciudad

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda