El Buenos Aires que se fue

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EL ZAPATERO REMENDÓN

Foto:  ( A. G. N. )

El remendón era un personaje típico de Buenos Aires, de visita obligada. La colocación de un taco o una media suela exigía de su servicio. Inmigrante europeo griego, portugués o italiano, pasaba sus horas en un pequeño zaguán donde instalaba su negocio: una mesa cuadrada, muy baja, totalmente ocupada con trozos de cuero, clavos, zapatos en reparación, cola de carpintero, martillos, pinzas y demás elementos necesarios para llevar adelante su tarea.

Cubría su vestimenta con un largo delantal, generalmente de cuero, de un color indefinido; verdadera área de trabajo, donde apoyaba los zapatos para proceder a las distintas reparaciones. Algunos pocos, disponían de una máquina de coser pero lo habitual, era que todas las tareas fueran manuales, producto de una artesanía de toda la vida.

Trabajaba sobre una horma de hierro de 3 patas, útil para zapatos masculinos, femeninos y de niños. Los buenos remendones cosían el cuero empleando piolín impermeabilizado con cera de abeja, y una lezna para abrir el camino a la aguja. Al cuero lo afirmaban con una enorme pinza de madera, sostenida entre ambas piernas. Estos eran trabajos caros.

Lo habitual era el cuero clavado; el zapatero colocaba media docena de clavos en su boca, y los ubicaba en el lugar preciso con un martillazo seco, exacto y seguro. Un toscano marca Avanti ocupaba sus labios. Podía estar encendido o apagado pero nunca abandonaba ese lugar. Integraba la cara del remendón, como si hubiera nacido con el pucho pegado a la boca.

Una infaltable gorra de género con visera lo acompañaba todo el día, no importaba la temperatura. El sitio de trabajo era pequeño, incómodo y mal iluminado, con una lámpara de 25 o 40 vatios. La visita al reducto del zapatero remendón se realizaba indefectiblemente.

Los zapatos se renovaban después de dos o tres media suelas, y a los tacos, se les prolongaba la vida agregándoles tacos de goma o chapitas de metal, en el borde externo. En otras oportunidades, el motivo era colocar los zapatos en la horma a fin de ampliarlos y ablandarlos para evitar lesiones en los dedos. Recuerdos, de un Buenos Aires que se fue.

Personajes de la ciudad

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