El Buenos Aires que se fue

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EL CANILLITA

Fue un personaje integrado a la vida ciudadana, bautizado en 1902 por el poeta Florencio Sánchez. De pantalón corto, las piernas descubiertas, alpargatas y una gorra con visera, constituyeron una falange de esforzados trabajadores que con astucia y rapidez, se ganaron los centavos en la calle, a costa de sufrir todo tipo de enfermedades.

Foto: ( A. G. N. )

Las inclemencias del tiempo no eran situaciones que los frenaran, pero muchos de ellos pagaron con su vida tales desequilibrios, porque la tuberculosis se los llevaba rápidamente. Las mojaduras, los enfriamientos, las gripes

mal curadas y una mala alimentación fueron las etapas previas de estos desenlaces fatales.

Encaramados a los tranvías y carros, su vida se desplazaba siempre a extrema velocidad, desde las imprentas corriendo a la búsqueda del comprador; el que llegaba primero vendía. Voceando a la carrera mientras llevaba el fajo de diarios con una mano, o con la ayuda de una ancha correa de cuero, anunciaba las noticias más sensacionales.

Colgados en el estribo de los tranvías o de las chatas recorrían todos los puntos de la ciudad. Con la complicidad del motorman, subían o bajaban del tranvía a la carrera al grito de “diarios, diarios”, en una incesante gimnasia de ascenso y descenso. Algunos voceaban desastres terribles pero inexistentes, a fin de captar al eventual comprador.

La venta de diarios por menores de 18 años estaba penada por la ley, originando muchas contravenciones.  La venta era casi exclusivamente callejera. Salían a la carrera con toda la furia desde la calle Leandro N. Alem para ganar clientes. Era una verdadera competencia entre los vendedores, para llegar lo antes posible a la esquina asignada a cada uno, la que defendían con uñas y dientes. Sabían que no debían invadir el terreno del otro.

No había viento, lluvia, calor o frío que detuvieran su labor. A mediados de la segunda década del siglo XX, comenzaron los recorridos con chatas que distribuían los ejemplares en las distintas paradas de la ciudad. En los barrios, algunos adquirían un break o un Ford a bigote, con el que trasladaban los paquetes de diarios, evitando el trabajoso desplazamiento del canillita hasta las imprentas, a cambio de 20 o 30 centavos por bulto.

Sobre un mármol en la vidriera de un bar esquinero, o sobre un par de cajones desvencijados que alguna vez llevaron naranjas de Brasil, ubicaban la parada, a veces defendida a cuchillo, a trompadas o con armas de fuego contra recién llegados, que no respetaban la antigüedad en el puesto. Fue la de los canillitas una vida a la intemperie, sufrida y estoica  que marcaron una época exclusiva en el Buenos Aires que se fue.

Fuente: “Tango y Cultura Porteña” FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº 12. 20 Julio de 1999

Personajes de la ciudad

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