El Buenos Aires que se fue

Blog en Monografias.com

 

EL COLEGIO SECUNDARIO

Casi al finalizar la escuela primaria, los interesados en entrar al colegio secundario tenían que preparar el examen de ingreso. Algunos estudiaban solos, otros recurrían al maestro de grado, quien previo pago de una módica suma, recibía a algunos de sus discípulos en su casa.

Había institutos especializados, algunos con férrea disciplina, con clases matutinas y vespertinas, de lunes a sábados, que se dictaban durante todo el año, incluidas las vacaciones. No querían perder el prestigio adquirido a fuerza de aprobar exámenes.

El día del examen, temores y ansiedades predominaban en medio de la algarabía nerviosa de tantos postulantes, en su mayoría imberbes que acababan de finalizar la escuela primaria. Dos exámenes, uno de matemáticas y el otro de castellano, imponían un suspenso, una espera, para saber quienes reunían el puntaje necesario para ingresar. La gran demanda de postulantes, que superaba los asientos disponibles, obligaba a estructurar este examen.

Por la mañana, castellano; un recreo largo para apurar un almuerzo en el quiosco del colegio: un sandwich de jamón crudo o cocido, o mortadela, salame o bondiola, o sino una empanada Rey, seca, fría y de contenido escaso, de carne o dulce, empujada con agua de los bebederos, o bien alguna gaseosa como Bidú, Naranja Bilz, Crush o Naranjín. Por la tarde, el examen de matemáticas para completar el sufrimiento, luego de haber evaluado en el recreo, como se habían contestado las preguntas de la mañana.

Los alumnos de primer año, eran objeto de todo tipo de bromas por parte de los alumnos de cursos superiores. Niños no acostumbrados aun a la nueva disciplina, eran constantemente observados por quienes simulando ser celadores, imponían falsas penas de disciplina, con el consiguiente susto por parte del novato.

Ponerse los primeros pantalones largos, fumar en clase, especialmente en clase de música o en los gabinetes de física o química, o hacerse la rata en el baño, eran etapas que se agregaban a la larga lista de hechos nuevos para el alumno, pero constantemente reiterados año tras año. Las bromas entre estudiantes aumentaban en frecuencia y complejidad, a medida que pasaban de año.

Colocarse 7 u 8 sobretodos, explotar un petardo en el aula, esconderse en el aula en determinada clase, formaban parte de los recuerdos que provocaban más de una sonrisa. ¿Cómo se encondían en el aula? Al fondo de la clase había un cuarto clausurado, con una puerta sin picaporte como único obstáculo, fácilmente solucionable. El problema surgió cuando el que estaba escondido comenzó a fumar y el profesor de turno, al pasearse por el aula, observó la salida de humo por el orificio del picaporte, comprobando que algo no andaba bien.

Sin categoría

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom