El Buenos Aires que se fue

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CARNAVAL EN EL CLUB DE BARRIO

El festejo del Carnaval en el club, se centralizaba en los 8 clásicos bailes: sábado, domingo, lunes y martes de la primera semana, a los que se agregaban los sábados y domingos de las 2 semanas siguientes. Los sábados de 22.00 a 3.00 horas y los domingos de 20.00 a 24.00 horas, eran la cita esperada para largarse a bailar.

Una relajación discreta de las reglas habituales, permitía vivir jornadas plenas de alegría, excitación y entusiasmo. El club del barrio reunía a una entusiasta concurrencia: pibes, adolescentes y adultos, todos dispuestos a divertirse sanamente, al compás de selectas grabaciones, en su mayoría de conjuntos orquestales nacionales, para bailar tango, música tropical, jazz y ritmos variados donde no faltaba la clásica tarantela, el instante esperado por todos aquellos que sólo miraban. Era la invitación a participar para todos los concurrentes, lo que motivaba su repetición varias veces.

El carnaval permitía concurrir a los varones sin saco ni corbata, requisitos básicos fuera de estos días especiales. Con disfraz o sin él, provistos de un pomo de agua florida o de un lanza perfume algunos pocos, papel picado y serpentinas otros, pitos y matracas muchos, se desarrollaba este acontecimiento barrial. Participaba la familia en pleno; los hijos con los padres y también los abuelos.

Una amistad la primera noche, comienzo de romance la segunda, compromiso formal la última semana, eran las secuencias que se vivían; otras veces, la última noche de los 8 bailes 8, marcaba el fin de un idilio cuando élla o él, que vinieron a pasar los Carnavales en Buenos Aires, regresaban a su lugar de origen. Emociones y sentimientos, se confundían en un algo indefinido que se desdibujaba a través del tiempo transcurrido; lo que pudo ser y no fue.

No todos los clubes finalizaban la reunión danzante a la misma hora. Quienes concurrían a los que finalizaban más temprano, se desplazaban luego a los que cerraban la velada más tarde; a esa hora no pagaban y se alargaba la diversión. Al regreso del baile, el grupo de muchachos comentaba las novedades ubicándose debajo la luz de un farol, en un cruce de calles, esperando la llegada del amanecer de un Buenos Aires que se fue.

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