El Buenos Aires que se fue

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INGEBORD MELLO, REPRESENTANTE DEL ATLETISMO ARGENTINO

Ingebord Mello de Preiss nació en Alemania el 4 de enero de 1919.

Emigró al país en el año 1938, a los 19 años de edad, huyendo del nazismo. Se incorporó al atletismo argentino donde descolló en el lanzamiento del disco y la bala.

Su trayectoria atlética se verificó en las décadas del 40 y 50, llegando a convertirse en la máxima figura del equipo nacional, en especial durante la época del gobierno peronista. Sus mejores registros en el lanzamiento del disco y de la bala, los obtuvo en esa época.

Si bien representaba al club San Lorenzo de Almagro, tuve la oportunidad de asistir a sus entrenamientos en la pista de atletismo del club River Plate, en el año 1947. Con un buzo azul oscuro y pantalón negro, Ingebord Mello hacía prácticas con la bala en un sector de la pista de color negro que rodeaba el perímetro de la cancha, con sus 6 andariveles. Conocía su rostro, que aparecía frecuentemente en los portales de las revistas deportivas, especialmente en “El Gráfico”.

Debutó oficialmente el 25 de marzo de 1939 con el lanzamiento de la bala, logrando el primer récord argentino el 28 de octubre de 1941. Fue representante olímpica en 2 ocasiones: en Londres en 1948 y en Helsinki, en 1952. Campeona panamericana en lanzamiento del disco y la bala, compitió hasta 1969, cumplidos los 50 años de edad.

Falleció a los 90 años en Buenos Aires, el 25 de octubre de 2009. Ingebord Mello fue la máxima figura del atletismo nacional durante dos décadas, cosechando 7 medallas de oro, 3 de plata y 15 de bronce en campeonatos argentinos, sudamericanos, iberoamericanos, y panamericanos.

Fue una temible competidora, capaz de superar a sus adversarios en el último intento. Esta gran atleta lanzadora de Argentina, vivió en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: https//www.elkilometro.com/foro/viewtopic.php?=20245&sid=12634

http://www.nacion.com/2009/octubre/31/obituario2143254.html (Spring 2014). pp 5-39

Nashim: A Journal of Jewish women’s studies & Gender Issues, Nº 26

La inmigración, Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

EL DR. ALBERTO CHAB

Un comentario a uno de los temas de este blog, fue el paso inicial para conocer al Dr. Alberto Chab, un joven médico de 87 años.

Su insistencia fue factor decisivo para encontrarnos personalmente. Quedaban atrás varios comentarios y respuestas, motivados por diversos temas del blog “El Buenos Aires que se fue” y un sábado por la tarde, nos conocimos cara a cara, en la esquina de Scalabrini Ortiz y Güemes.

Llegó caminando con la agilidad de una persona mucho más joven, su cabello blanco y tupido, destacó un rostro que convive con el sol. Conocerlo y dialogar intensamente, fue como reanudar una conversación iniciada desde mucho tiempo atrás, con una espontaneidad llamativa.

Un desfile incesante de recuerdos, anécdotas y viñetas variadas, fueron salpicando alternativamente este primer encuentro. Nuestras memorias se pusieron de acuerdo para no defraudarnos, estableciéndose un “ping-pong” sumamente ameno, que nos retrotrajo a etapas esenciales de nuestra infancia y adolescencia, cuando todo era difícil y creativo. Cuando 10 centavos era dinero y no fácil de conseguir.

Proveniendo ambos de distintos barrios, pero con temas y costumbres parecidos, el tiempo se consumió rápidamente, motivando reuniones posteriores, pero dejando un sedimento especial: la intención de formar un grupo de personas con vivencias similares, para reunirse, elaborar y documentar estos recuerdos, a fin de materializarlos en una publicación que cuente como era y como se vivía en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio

EL COLEGIO NACIONAL MARIANO MORENO

El Colegio Nacional Mariano Moreno está ubicado en el barrio de Almagro, en la calle Rivadavia 3577.

Allí cursé el bachillerato desde 1946 a 1950, cuando los colegios de la ciudad de Buenos Aires no eran mixtos y se asistía de lunea a sábados. Se utilizaban dos entradas: la de Rivadavia para el plantel docente y la de Bartolomé Mitre, exclusiva para el alumnado.

Edificado en planta baja y 2 pisos, poseía amplios patios en la Planta Baja, donde se reunían los alumnos para el acto de izar la bandera, al comenzar las tareas de cada día.

Treinta divisiones para el turno mañana y 30 en el turno tarde, con 40 alumnos cada una, dan una idea de la cantidad de alumnos que asistían, sin mencionar que en el turno noche, funcionaba como Colegio Comercial para graduarse de perito mercantil.

Un plantel de profesores de primera línea, fue característica dominante durante mi paso por este centro educativo. Figuras de la talla de Baldomero Fernández Moreno, Ricardo Levene, Narciso Binayán, Manuel Gómez Carrillo, relevantes en sus correspondientes asignaturas, jerarquizaban al Colegio.

Yo vivía en la manzana, a escasos 150 metros. Desde el fondo de mi casa, se escuchaba el sonido del timbre de entrada. Más de una vez salí corriendo después de oirlo, para llegar antes del cierre del portón de Bartolomé Mitre.

Fueron 5 años de formación cultural con compañeros que alcanzaron renombre nacional e internacional. Leopoldo Mames en música, Sergio Renán en cine, Natalio Fejerman en Neurología infantil, Horace Lannes en Diseño de Vestuario, son sólo algunos ejemplos conocidos con quienes compartí el aula.

Al cumplirse 25 años de nuestra graduación, regresamos al Colegio para disfrutar de una clase evocativa dictada por el profesor de 5º año, Sr. Atilio Alterini. Fue un reencuentro muy emotivo con los ex-compañeros de aquel Buenos Aires que se fue.

La educación

LA CALLE DE LOS CINES

La década del 40 fue pródiga en la aparición de salas cinematográficas.

La radio, el fútbol y el cine, eran las diversiones más populares. Los cines ubicados en el microcentro porteño, brindaban una programación distinta, respecto de los ubicados en los barrios. Los estrenos y las grandes reposiciones, eran responsabilidad de los cines del centro, ubicados en la calle Corrientes como el Ópera, Gran Rex, Broadway, o en la calle Lavalle, donde se instalaron más de 15 salas, como el Hindú, Luxor, Monumental, Ambassador, Taricco, París, Select Lavalle, y otros.

Las “premieres” con la presencia de artistas, fotógrafos y cronistas de cine, constituían un espectáculo extra de la película, el día del estreno. Se transmitía por radio y aparecía reflejada en las revistas Radiolandia, Sintonía o Antena.

En los barrios la programación difería. Había secciones de matineé infantil, con la proyección de una película completa en 12 episodios, con el agregdo de un par de películas de cowboys. Eran promocionadas a la salida de las escuelas, con precios rebajados. En la sección de la noche, se proyectaba un programa de dos o tres películas.

Durante la semana, existía el “Día de Damas”, con la proyección de tres películas de carácter romántico, a un precio más popular. En la sección noche, el programa era el mismo durante la semana, integrado por viejos estrenos. Los cines de barrio, no proyectaban estrenos, patrimonio exclusivo de la calle de los cines. Los supermercados, los templos evangélicos y las galerías comerciales, reemplazaron a estos baluartes culturales de aquél Buenos Aires que se fue.

El barrio, El cine, Los entretenimientos

EL VASO SONRIENTE

Durante mi niñez, los fines de semana iba con mis padres a visitar a mis abuelos paternos.

Ancianos mayores de 80 años, vivían en compañía de tres hijos solteros, que los acompañaron hasta el final de sus días. El varón, fumador de cigarritos negros, realizaba las cobranzas de los asociados del Hospital Español.

De las dos tías restantes, la mayor había pasado la mayor parte de su vida criando hijos ajenos, poniendo de manifiesto su gran bondad y una rígida disciplina. La menor, había padecido de muy pequeña una otoesclerosis, que la privó de la audición transformándola en sordomuda. Una rigurosa educación en una institución espcializada, le permitió leer los labios a gran velocidad, y hablar con un sonido gutural, sin variaciones, que le permitieron comunicarse perfectamente con todos.

Yo tendría 6 años cuando una tarde, mientras mis abuelos dormían la siesta, me llamó la atención que en cada mesa de luz, había un vaso con agua, conteniendo dos dentaduras completas, superior e inferior. No conocía las dentaduras postizas, eran las viejas dentaduras de caucho, que mis dos abuelos usaban desde mucho tiempo atrás.

Quedé impresionado por el aspecto que presentaban dentro del vaso, por lo que solicité una explicación a mi tía, la mayor. Siempre recuerdo la respuesta en medio de una carcajada, señalándome que era un vaso que reía, donde colocaban las dentaduras por razones de higiene. Así conocí las viejas dentaduras de caucho, en ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La infancia, Modas y costumbres

HORACE LANNES, DISEÑADOR DE VESTUARIO

Cuando cursaba el 4º año en el colegio nacional, uno de mis compañeros era Horace Lannes.

Delgado y rubio, era un alumno discreto pero con una gran habilidad para el dibujo específico de figurines de la moda. Era muy llamativo ver con que seguridad y velocidad los realizaba. Habitualmente en un cuaderno pero también sobre el pizarrón extendido de pared a pared.

Casi a diario, podíamos observar como al comienzo de una clase, se acercaba al pizarrón y vertiginosamente dibujaba alguna de sus creaciones. Solía dividirlo en varios rectángulos verticales y llenaba cada uno de ellos, con una creación diferente.

Su habilidad sobre el tema fue aumentando día tras día. Cuando cursamos el 5º año, era habitual llegar al aula después de un recreo, y encontrar todo el pizarrón lleno de dibujos, en esos rectángulos previamente marcados. La naturalidad y espontaneidad de sus dibujos creativos orientaban a pensar en cual sería su futuro.

Cuando en una oportunidad algun profesor preguntó a cada uno que carrera seguiríamos, el manifestó “diseño de vestuario”. En una ocasión recuerdo que dibujó un par de creaciones. Fue en la hora de Literatura y cuando llegó la profesora le dijo:”¿Que le parece? ¿Le gusta? Son para Ud”. La reacción de la Profesora fue lamentable.

Le dijo que borrara todo de inmediato, que eso era un insulto, que lo iba a sancionar por su falta de respeto. La respuesta de Lannes fue de asombro y pena;”Pero Ud no entiende nada. Son creaciones originales para Ud. y me obligó a borrarlas”. Asistimos a estas escenas totalmente identificados con nuestro compañero, ante la insólita y estúpida respuesta de la Sr. Profesora de Literatura, que demostró en un instante, una carencia de comprensión y agradecimiento.

Finalizado el último año del bachillerato, orientados en nuestras respectivas carreras, Horace Lannes dedicó su vida al diseño de vestuarios para actrices de cine, llegando a ser el modisto más importante en el cine argentino, durante décadas, en aquel Buenos Aires que se fue..

La educación, Modas y costumbres, Personajes de la ciudad

RENÉ GOSCINNY

René Goscinny fue un guionista y editor de historietas francesas que nació en París, el 14 de agosto de 1926.

En 1927, su padre Stanislaw Goscinny, un ingeniero químico polaco de origen judío, obtuvo empleo en la “Jewish Colonization Association”, creada por el Barón Maurice Hirsch, con el cargo de gerente en Buenos Aires.                                                                                                                            

Llegó con su esposa y sus hijos René y Claude en 1928. Vivió en la calle Sargento Cabral 875, cerca de la plaza San Martín. Goscinny estudió en el College Francais, ubicado en la calle Pampa al 1800, en donde su padre era profesor. Sus experiencias colegiales , fueron responsables de la creación de algunos personajes de la serie “El pequeño Nicolás”, ilustradas por Sempe.

En 1943 obtuvo el título de bachiller a los 17 años, y a los pocos días falleció su padre, hecho que lo obligó  buscar trabajo; primero en una empresa que reparaba neumáticos y al poco tiempo , ingresó como dibujante en una empresa de publicidad.

En sus cuadernos quedaron registradas caricaturas políticas, dibujadas durante la Segunda Guerra Mundial, en las que representó a las figuras protagonistas durante ese período. Entre 1944 y 1945 publicó ilustraciones en los boletines internos del desaparecido Colegio Francés: “Notre voix” para los alumnos y “Quater Latin”, para los ex alumnos.

En Octubre de 1945 emigró a Nueva York junto a su madre, continuando con las tareas de dibujo iniciadas en Buenos Aires. Asentado posteriormente en París, en 1951 conoció a Jean Michel Charlier y Albert Uderzo y en 1959 editó la revista “Pilote”, en la que aparecieron el 29 de octubre de 1959, las aventuras de Asterix y su inseparable Obelix, con dibujos de Alberto Underzo y guión de René Goscinny.

Goscinny descubrió en Buenos Aires su pasión por la historieta. Fue contemporáneo de la aparición de la historieta “Patoruzú” y se ha establecido una relación entre el papel que pudo desempeñar el indio Patoruzú en el engendro de Asterix el galo. Las similitudes en el carácter de los personajes y los diseños de Upa y Obelix estarían estrechamente relacionados.

Las simpatías de Goscinny por el Racing Club, quedaron reflejadas en el pantalón de Obelix, a grandes rayas celeste y blanco. No es extraño que personajes de ficción se inspiren entre sí o deriven unos de otros. Tanto Asterix como Patoruzú luchaban contra el mal, poseían una fuerza descomunal y facultades sobrehumanas, enmarcados en una historia de ficción. Es acertado pensar en la inequívoca influencia que tuvo Patoruzú en la creación de Asterix.

Patoruzú y Asterix representan personajes indígenas que se resisten al invasor. Son héroes que representan a sus países. Los parecidos entre Asterix y Patoruzú, Obelix y Upa, la Chacha y el cocinero de jabalíes en la campiña gala, denotarían la influencia de estas historietas de Dante Quinterno.

Hay que resaltar la influencia destacada en la creación del personaje Oum-pah-pah, aparecido en la revista “Pilote”, un producto de la sociedad Goscinny - Uderso; un indio de pata ancha que defiende un pueblito en el lejano oeste contra la colonización de los blancos. Este personaje, que antecedió a los posteriormente famosos Asterix y Obelix, explica más en detalle la calidad y el grado de influencia de los dibujos de Quinterno, en la época de gloria de Patoruzú.

René Goscinny falleció en París, el 5 de noviembre de 1977, a los 51 años, uno de los grandes guionistas de la escuela franco belga en el género historieta durante el siglo XX, que vivió una infancia y adolescencia feliz en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Rene_Goscinny

Pérez, Martin: La vida antes de Asterix. Página 12, 26 Oct 2008.

http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1137.html

Rey I: la nostalgia imposible. La Nación 29-04-2015.

http://www.diarioelpeso.com/anteriores/2009/06112009/FR_061109_AsterixPatoruzu.php

http://historietas-cine-teatro-por-dao.blogspot.com.ar/2006/07/quinterno-y-goscinny-patoruz-y-un-

Cuando Asterix plagió a Patoruzú. La Nación 05-01-2003

Artistas destacados, El exilio, Vivieron en Buenos Aires

MANUEL GÓMEZ CARRILLO

Manuel Gómez Carrillo, fue un pianista y recopilador de música nacido en Santiago del Estero el 8 de marzo de 1883.

A los 15 años, fue instructor de coros en Catamarca y Profesor de piano en 1916. Fue el artífice de la recopilación y popularización de la música santiagueña, destacándose “Rapsodia Santiagueña”, “La Telesita”, “Romanza Gaucha” y el ballet “La Salamanca”. Fue el creador del Instituto nacional de la Tradición.

Durante el año 1946, cursaba el primer año del colegio nacional Mariano Moreno. En la asignatura de música, además de las clases habituales  a cargo de una profesora, también participaba en la formación del coro del Colegio, a cargo del Maesto Gómez Carrillo.

Dos mañanas por semana, nos quedábamos ensayando durante una hora en el escenario del Aula Magna del Colegio, un hermoso teatro con mucha capacidad. El Maestro Gómez Carrillo nos enseñaba a respirar, aprender el falsete, vocalizar correctamente para varias canciones, que serían entonadas durante los actos conmemorativos.

Casi sin darnos cuenta, aprendíamos paso a paso los secretos de la interpretación vocal. Pero al mismo tiempo, nos perjudicábamos en aquellas materias donde estábamos ausentes, a consecuencia de esos ensayos. El coro nos permitía faltar en alguna materia en la que no deseábamos ser examinados.

Participé en el coro en un par de actos. Al año siguiente, volví a integrar la planta de ensayos en el coro pero durante un lapso corto. El Maestro Gómez Carrillo no pudo estar presente por razones de enfermedad, y el coro se interrumpió.

Falleció en Buenos Aires el 17 de marzo de 1968. La aptitud, competencia y condiciones didácticas del Profesor Manuel Gómez Carrillo, fueron una notable experiencia vivida en ese Buenos Aires que se fue.

La educación

PAN CON MIJO

Corría el año 1945. Cursaba el sexto grado de la escuela primaria. La Segunda Guerra Mundial estaba por concluir.

El hambre estaba plenamente instalada en muchos países de Europa y Argentina, era el “Granero del mundo”. A mitad de año, aproximadamente, comenzamos a observar que el pan blanco habitual, estaba cambiando su aspecto exterior; se parecía al pan negro.

La situación fue repitiéndose día tras día. Ese pan, no se parecía en nada al pan de corteza crocante y masa blanca y esponjosa, que era una delicia, siendo reemplazado por un pan de mala calidad, elaborado con una mezcla de harina de trigo, mijo y centeno.

Es cierto que el país, privilegiando la exportación de trigo a expensas del mercado interno, ordenó la mezcla de las harinas de trigo, creando un “pan de guerra”, llamado posteriormente, “pan cabecita”. No teníamos una información plena sobre este tópico, pero nuestra disconformidad y rechazo para el nuevo pan, eran más que evidentes.

Concurría al turno tarde en la escuela. En el segundo recreo, nos ofrecían un pan blanco pequeño, que debíamos empujar con algunos tragos de agua. Pero para deglutir los pancitos reemplazantes gris negruzco, era necesario algo más que el agua.

Ante el ofrecimiento, si bien aceptamos los panes, los arrojamos en el baño, donde estaban los mingitorios, con la colaboración espontánea de alumnos de otros grados. Lo cierto es que rápidamente se formó una montaña de pan empapada con orina, con un aspecto lamentable.

La escuela tenía dos porteros y uno de ellos, era gallego. Mientras estábamos en el baño, se acercó a nosotros, rojo de indignación, diciéndonos que mientras nosotros rechazábamos el pan tirándolo en los mingitorios, en España se morían de hambre. El pibe que me acompañaba, flaquito y muy excitado, le contestó al portero diciéndole:”Este pan es una porquería y no vamos a comerlo. Además, vivimos en Argentina, no en España”.

El portero no contestó y nosotros nos alejamos inmediatamente. El recreo había finalizado y nos sumergimos en el tema de la clase. Pero el episodio, breve y de mucha intensidad, nos dejó una huella que nos impactó profundamente, en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación, La infancia, Realidades argentinas

EL BOLETO

Cursaba el 4º año del turno mañana en el Colegio Nacional Mariano Moreno.

Todas las mañanas, antes de entrar en el aula, las divisiones de 40 alumnos, formaban en el amplio patio de la planta baja, durante la ceremonia del izamiento de la bandera a cargo del mejor alumno, a los sones de la canción “Aurora”.

Ya en plena formación y mientras esperábamos el comienzo de la canción “Aurora”, observé un boleto de tranvía en el suelo, a un par de metros de donde me encontraba. De pronto, se acercó el Sr. Vicerrector y me ordenó que lo levantara. Su indicación me molestó y contesté: “-No lo levanto porque no lo tiré”. Él iInsistió con un tono imperativo. Yo sentía a los cientos de ojos de los estudiantes observando esa escena.

Mi rostro estaba enrojecido, por una mezcla de indignación y temor, pero mantuve mi negativa en firme. El Señor Vicerrector me preguntó en que año y división me encontraba, y se alejó. Ya en el aula, al cabo de 10 minutosde clase, apareció el Señor Vicerrector, solicitándole a la profesora que se retirara porque “tenía que conversar con el alumnado”.

Inmediatamente se dirigió a mí, preguntándome donde vivía y porqué concurría a ese colegio. Vivía en Ciudadela desde hacía un año, a 7 cuadras de la estación de tren. Hasta un año antes, había vivido en la misma manzana del Colegio y desde mi casa, escuchaba el sonido del timbre de entrada. El Vicerrector señaló que, por razones de distancia, tenía que cambiar de colegio, que era mejor para mí y para el colegio, porque así se evitaban disturbios.

Contesté que no tenía la intención de hacerlo. Finalizó sus comentarios indicándome que al finalizar el día de clase, concurriera a la Vicerrectoría. Así lo hice y cuando se retiró el último alumno y en el Colegio no había nadie, apareció el Vicerrector preguntándome :-¿Qué hace Ud aquí?. Contesté que él me había citado y entonces, cambiando su voz dijo:”A Ud no le gusta que lo basureen, pero tiene que colaborar. En lo sucesivo, procure tener un espíritu más elevado de colaboración. Puede retirarse”.

Desde la Vicerrectoría hasta la puerta de salida, había una distancia de 100 metros aproximadamente. En ese lapso rebobiné las experiencias contraproducentes de esa mañana. Y de pronto, me sentí en paz. Al abrir el portón que me separaba de la calle, un griterío me impactó. Casi toda la división estaba esperando mi llegada, acosándome con todo tipo de preguntas. Contesté en el medio de una rueda.

Con el recuerdo de palmadas en la espalda y múltiples exclamaciones, cerré un día de clase inolvidable en el Colegio Mariano Moreno, en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, La educación, La infancia
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