El Buenos Aires que se fue

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HORACE LANNES, DISEÑADOR DE VESTUARIO

Cuando cursaba el 4º año en el colegio nacional, uno de mis compañeros era Horace Lannes.

Delgado y rubio, era un alumno discreto pero con una gran habilidad para el dibujo específico de figurines de la moda. Era muy llamativo ver con que seguridad y velocidad los realizaba. Habitualmente en un cuaderno pero también sobre el pizarrón extendido de pared a pared.

Casi a diario, podíamos observar como al comienzo de una clase, se acercaba al pizarrón y vertiginosamente dibujaba alguna de sus creaciones. Solía dividirlo en varios rectángulos verticales y llenaba cada uno de ellos, con una creación diferente.

Su habilidad sobre el tema fue aumentando día tras día. Cuando cursamos el 5º año, era habitual llegar al aula después de un recreo, y encontrar todo el pizarrón lleno de dibujos, en esos rectángulos previamente marcados. La naturalidad y espontaneidad de sus dibujos creativos orientaban a pensar en cual sería su futuro.

Cuando en una oportunidad algun profesor preguntó a cada uno que carrera seguiríamos, el manifestó “diseño de vestuario”. En una ocasión recuerdo que dibujó un par de creaciones. Fue en la hora de Literatura y cuando llegó la profesora le dijo:”¿Que le parece? ¿Le gusta? Son para Ud”. La reacción de la Profesora fue lamentable.

Le dijo que borrara todo de inmediato, que eso era un insulto, que lo iba a sancionar por su falta de respeto. La respuesta de Lannes fue de asombro y pena;”Pero Ud no entiende nada. Son creaciones originales para Ud. y me obligó a borrarlas”. Asistimos a estas escenas totalmente identificados con nuestro compañero, ante la insólita y estúpida respuesta de la Sr. Profesora de Literatura, que demostró en un instante, una carencia de comprensión y agradecimiento.

Finalizado el último año del bachillerato, orientados en nuestras respectivas carreras, Horace Lannes dedicó su vida al diseño de vestuarios para actrices de cine, llegando a ser el modisto más importante en el cine argentino, durante décadas, en aquel Buenos Aires que se fue..

La educación, Modas y costumbres, Personajes de la ciudad

RENÉ GOSCINNY

René Goscinny fue un guionista y editor de historietas francesas que nació en París, el 14 de agosto de 1926.

En 1927, su padre Stanislaw Goscinny, un ingeniero químico polaco de origen judío, obtuvo empleo en la “Jewish Colonization Association”, creada por el Barón Maurice Hirsch, con el cargo de gerente en Buenos Aires.                                                                                                                            

Llegó con su esposa y sus hijos René y Claude en 1928. Vivió en la calle Sargento Cabral 875, cerca de la plaza San Martín. Goscinny estudió en el College Francais, ubicado en la calle Pampa al 1800, en donde su padre era profesor. Sus experiencias colegiales , fueron responsables de la creación de algunos personajes de la serie “El pequeño Nicolás”, ilustradas por Sempe.

En 1943 obtuvo el título de bachiller a los 17 años, y a los pocos días falleció su padre, hecho que lo obligó  buscar trabajo; primero en una empresa que reparaba neumáticos y al poco tiempo , ingresó como dibujante en una empresa de publicidad.

En sus cuadernos quedaron registradas caricaturas políticas, dibujadas durante la Segunda Guerra Mundial, en las que representó a las figuras protagonistas durante ese período. Entre 1944 y 1945 publicó ilustraciones en los boletines internos del desaparecido Colegio Francés: “Notre voix” para los alumnos y “Quater Latin”, para los ex alumnos.

En Octubre de 1945 emigró a Nueva York junto a su madre, continuando con las tareas de dibujo iniciadas en Buenos Aires. Asentado posteriormente en París, en 1951 conoció a Jean Michel Charlier y Albert Uderzo y en 1959 editó la revista “Pilote”, en la que aparecieron el 29 de octubre de 1959, las aventuras de Asterix y su inseparable Obelix, con dibujos de Alberto Underzo y guión de René Goscinny.

Goscinny descubrió en Buenos Aires su pasión por la historieta. Fue contemporáneo de la aparición de la historieta “Patoruzú” y se ha establecido una relación entre el papel que pudo desempeñar el indio Patoruzú en el engendro de Asterix el galo. Las similitudes en el carácter de los personajes y los diseños de Upa y Obelix estarían estrechamente relacionados.

Las simpatías de Goscinny por el Racing Club, quedaron reflejadas en el pantalón de Obelix, a grandes rayas celeste y blanco. No es extraño que personajes de ficción se inspiren entre sí o deriven unos de otros. Tanto Asterix como Patoruzú luchaban contra el mal, poseían una fuerza descomunal y facultades sobrehumanas, enmarcados en una historia de ficción. Es acertado pensar en la inequívoca influencia que tuvo Patoruzú en la creación de Asterix.

Patoruzú y Asterix representan personajes indígenas que se resisten al invasor. Son héroes que representan a sus países. Los parecidos entre Asterix y Patoruzú, Obelix y Upa, la Chacha y el cocinero de jabalíes en la campiña gala, denotarían la influencia de estas historietas de Dante Quinterno.

Hay que resaltar la influencia destacada en la creación del personaje Oum-pah-pah, aparecido en la revista “Pilote”, un producto de la sociedad Goscinny - Uderso; un indio de pata ancha que defiende un pueblito en el lejano oeste contra la colonización de los blancos. Este personaje, que antecedió a los posteriormente famosos Asterix y Obelix, explica más en detalle la calidad y el grado de influencia de los dibujos de Quinterno, en la época de gloria de Patoruzú.

René Goscinny falleció en París, el 5 de noviembre de 1977, a los 51 años, uno de los grandes guionistas de la escuela franco belga en el género historieta durante el siglo XX, que vivió una infancia y adolescencia feliz en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Rene_Goscinny

Pérez, Martin: La vida antes de Asterix. Página 12, 26 Oct 2008.

http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1137.html

Rey I: la nostalgia imposible. La Nación 29-04-2015.

http://www.diarioelpeso.com/anteriores/2009/06112009/FR_061109_AsterixPatoruzu.php

http://historietas-cine-teatro-por-dao.blogspot.com.ar/2006/07/quinterno-y-goscinny-patoruz-y-un-

Cuando Asterix plagió a Patoruzú. La Nación 05-01-2003

Artistas destacados, El exilio, Vivieron en Buenos Aires

MANUEL GÓMEZ CARRILLO

Manuel Gómez Carrillo, fue un pianista y recopilador de música nacido en Santiago del Estero el 8 de marzo de 1883.

A los 15 años, fue instructor de coros en Catamarca y Profesor de piano en 1916. Fue el artífice de la recopilación y popularización de la música santiagueña, destacándose “Rapsodia Santiagueña”, “La Telesita”, “Romanza Gaucha” y el ballet “La Salamanca”. Fue el creador del Instituto nacional de la Tradición.

Durante el año 1946, cursaba el primer año del colegio nacional Mariano Moreno. En la asignatura de música, además de las clases habituales  a cargo de una profesora, también participaba en la formación del coro del Colegio, a cargo del Maesto Gómez Carrillo.

Dos mañanas por semana, nos quedábamos ensayando durante una hora en el escenario del Aula Magna del Colegio, un hermoso teatro con mucha capacidad. El Maestro Gómez Carrillo nos enseñaba a respirar, aprender el falsete, vocalizar correctamente para varias canciones, que serían entonadas durante los actos conmemorativos.

Casi sin darnos cuenta, aprendíamos paso a paso los secretos de la interpretación vocal. Pero al mismo tiempo, nos perjudicábamos en aquellas materias donde estábamos ausentes, a consecuencia de esos ensayos. El coro nos permitía faltar en alguna materia en la que no deseábamos ser examinados.

Participé en el coro en un par de actos. Al año siguiente, volví a integrar la planta de ensayos en el coro pero durante un lapso corto. El Maestro Gómez Carrillo no pudo estar presente por razones de enfermedad, y el coro se interrumpió.

Falleció en Buenos Aires el 17 de marzo de 1968. La aptitud, competencia y condiciones didácticas del Profesor Manuel Gómez Carrillo, fueron una notable experiencia vivida en ese Buenos Aires que se fue.

La educación

PAN CON MIJO

Corría el año 1945. Cursaba el sexto grado de la escuela primaria. La Segunda Guerra Mundial estaba por concluir.

El hambre estaba plenamente instalada en muchos países de Europa y Argentina, era el “Granero del mundo”. A mitad de año, aproximadamente, comenzamos a observar que el pan blanco habitual, estaba cambiando su aspecto exterior; se parecía al pan negro.

La situación fue repitiéndose día tras día. Ese pan, no se parecía en nada al pan de corteza crocante y masa blanca y esponjosa, que era una delicia, siendo reemplazado por un pan de mala calidad, elaborado con una mezcla de harina de trigo, mijo y centeno.

Es cierto que el país, privilegiando la exportación de trigo a expensas del mercado interno, ordenó la mezcla de las harinas de trigo, creando un “pan de guerra”, llamado posteriormente, “pan cabecita”. No teníamos una información plena sobre este tópico, pero nuestra disconformidad y rechazo para el nuevo pan, eran más que evidentes.

Concurría al turno tarde en la escuela. En el segundo recreo, nos ofrecían un pan blanco pequeño, que debíamos empujar con algunos tragos de agua. Pero para deglutir los pancitos reemplazantes gris negruzco, era necesario algo más que el agua.

Ante el ofrecimiento, si bien aceptamos los panes, los arrojamos en el baño, donde estaban los mingitorios, con la colaboración espontánea de alumnos de otros grados. Lo cierto es que rápidamente se formó una montaña de pan empapada con orina, con un aspecto lamentable.

La escuela tenía dos porteros y uno de ellos, era gallego. Mientras estábamos en el baño, se acercó a nosotros, rojo de indignación, diciéndonos que mientras nosotros rechazábamos el pan tirándolo en los mingitorios, en España se morían de hambre. El pibe que me acompañaba, flaquito y muy excitado, le contestó al portero diciéndole:”Este pan es una porquería y no vamos a comerlo. Además, vivimos en Argentina, no en España”.

El portero no contestó y nosotros nos alejamos inmediatamente. El recreo había finalizado y nos sumergimos en el tema de la clase. Pero el episodio, breve y de mucha intensidad, nos dejó una huella que nos impactó profundamente, en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación, La infancia, Realidades argentinas

EL BOLETO

Cursaba el 4º año del turno mañana en el Colegio Nacional Mariano Moreno.

Todas las mañanas, antes de entrar en el aula, las divisiones de 40 alumnos, formaban en el amplio patio de la planta baja, durante la ceremonia del izamiento de la bandera a cargo del mejor alumno, a los sones de la canción “Aurora”.

Ya en plena formación y mientras esperábamos el comienzo de la canción “Aurora”, observé un boleto de tranvía en el suelo, a un par de metros de donde me encontraba. De pronto, se acercó el Sr. Vicerrector y me ordenó que lo levantara. Su indicación me molestó y contesté: “-No lo levanto porque no lo tiré”. Él iInsistió con un tono imperativo. Yo sentía a los cientos de ojos de los estudiantes observando esa escena.

Mi rostro estaba enrojecido, por una mezcla de indignación y temor, pero mantuve mi negativa en firme. El Señor Vicerrector me preguntó en que año y división me encontraba, y se alejó. Ya en el aula, al cabo de 10 minutosde clase, apareció el Señor Vicerrector, solicitándole a la profesora que se retirara porque “tenía que conversar con el alumnado”.

Inmediatamente se dirigió a mí, preguntándome donde vivía y porqué concurría a ese colegio. Vivía en Ciudadela desde hacía un año, a 7 cuadras de la estación de tren. Hasta un año antes, había vivido en la misma manzana del Colegio y desde mi casa, escuchaba el sonido del timbre de entrada. El Vicerrector señaló que, por razones de distancia, tenía que cambiar de colegio, que era mejor para mí y para el colegio, porque así se evitaban disturbios.

Contesté que no tenía la intención de hacerlo. Finalizó sus comentarios indicándome que al finalizar el día de clase, concurriera a la Vicerrectoría. Así lo hice y cuando se retiró el último alumno y en el Colegio no había nadie, apareció el Vicerrector preguntándome :-¿Qué hace Ud aquí?. Contesté que él me había citado y entonces, cambiando su voz dijo:”A Ud no le gusta que lo basureen, pero tiene que colaborar. En lo sucesivo, procure tener un espíritu más elevado de colaboración. Puede retirarse”.

Desde la Vicerrectoría hasta la puerta de salida, había una distancia de 100 metros aproximadamente. En ese lapso rebobiné las experiencias contraproducentes de esa mañana. Y de pronto, me sentí en paz. Al abrir el portón que me separaba de la calle, un griterío me impactó. Casi toda la división estaba esperando mi llegada, acosándome con todo tipo de preguntas. Contesté en el medio de una rueda.

Con el recuerdo de palmadas en la espalda y múltiples exclamaciones, cerré un día de clase inolvidable en el Colegio Mariano Moreno, en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, La educación, La infancia

EL OTRO PAN

No eran muchas las variedades de pan que se vendían en las panaderías durante las décadas del 30 y del 40: pan francés, pan flauta, pan de Viena, pan criollo y pan pebete con el agregado de las facturas.

Se lo compraba directamente en el negocio o bien, a través de repartidores que lo acercaban a los clientes en su domicilio. Pero el aporte inmigratorio trajo al país otras variedades de pan, que no se hallaban en las panaderías tradicionales.

La comunidad italiana introdujo los tradicionales panes del sur de Italia. Pero no era fácil conseguirlo. Algunos días de la semana, recorría las calles del barrio un triciclo con su caja metálica brindándonos el “Pan casero”, que se cortaba apoyándolo sobre el pecho, obteniendose una tajada de un centímetro de espesor.

Solo o con manteca, era un manjar cuyo olor y sabor recordamos con nostalgia. También podíamos degustar las “fugazzas, con o sin cebolla”. Se cortaba igual que la pizza pero se abría como un libro, y la imaginación y el buen gusto, definían que agregar a ese pan blando y sabroso que tanto disfrutamos.

A medida que pasaron los años, fue desapareciendo el repartidor de ese pan peninsular y sólo quedó un local ubicado en la Avenida Independencia, en la vereda de los números pares, donde podemos reencontrarnos nuevamente con el pan casero, las fugazzas y las roscas con anís, que nos hacen evocar al Buenos Aires que se fue.

El barrio, La infancia, La inmigración

JOSÉ, EL ALUMNO DEL ÚLTIMO BANCO

Cuando cursaba el tercer año del colegio secundario, José fue el último alumno que se incorporó.

Lo hizo una semana posterior al comienzo de las clases, ocupando un asiento de la última fila, en una división de 40 alumnos. Siempre se expresaba en voz alta, discutiendo vivamente distintos temas con el profesor de turno.

Sin embargo, eran muy frecuentes sus errores de apreciación con los temas escritos en el pizarrón. Cuando era llamado al frente para hablar sobre el tema correspondiente, se destacaba por su preparación, que le permitía mantener respuestas prolongadas, con el beneplácito de todos los compañeros.

Sus respuestas eran entretenidas y motivaban que su permanencia en el frente permitiera zafar a más de uno que no tenía posibilidades en ese momento. Una mañana, al regresar de un recreo, le ocuparon el asiento, ubicándose entonces en la primera fila. Al comenzar la clase, era hora de matemáticas, se hicieron muchas preguntas y cuando le correspondió responder, lo hizo con total certeza.

José actuaba extrañamente. Se acercó a su asiento, regresó a la primera fila e hizo una exclamación insólita. Largando una sonora carcajada dijo: “es la primera vez que me siento en la primera fila, siempre lo hice en las últimas. Soy corto de vista, desde atrás no distingo nada”.

José había cursado toda la escuela primaria y dos años de la secundaria sin saber su condición ocular. En tercer año descubrió que sufría una importante miopía. Un par de anteojos de gruesos cristales fueron el comienzo del camino que lo condujo a la normalidad para leer. José fue, en muchas oportunidades, el salvador de muchos compañeros en la clase, en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, Personajes de la infancia

LOS AMIGOS DE LA VEREDA

Durante mi infancia viví en la calle Billinghurst, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre.

Los compañeros de juego de todos los días, vivían en esa cuadra, en esa vereda. La cosa cambiaba cuando se acercaban a participar de los juegos, pibes de otras cuadras o de la vuelta, aunque vivieran en la misma manzana. No era la misma relación.

Se forjó una amistad diaria con Alberto, que vivía en la carbonería. Tenía los ojos de distinto color, con aspecto achinado. Le quedó como apodo “el Chino”. Rápido e inteligente, jugaba muy bien al fútbol. Supimos compartir muchas buenas horas.

En la mitad de la cuadra vivía un tucumano, siempre vestido con un mameluco azul, “el Nino”. Estudiaba el armado de aparatos de radio, en la organización “Radio Instituto”, que al finalizar el curso premiaba al estudiante regalándole el último receptor armado. Nino era otro brillante exponente del fútbol, que habitualmente jugábamos en el potrero, o en los galpones del Ferrocarril Oeste, sobre la calle Bartolomé Mitre.

En el número 80 de Billinghurst vivía el hijo del Dr. Frydman, que no participaba de los juegos en la vereda. Más retraído, prefería jugar en su casa, donde en más de una ocasión, nos pidieron silencio porque era hora de consulta.

Al lado, en el número 82 vivía Alfredo con su tía. Era un campeón jugando al balero o a las bolitas, absolutamente invencible. Pero jugando alfútbol era un desastre y su torpeza se reflejaba en la cantidad de patadas que pegaba. Jugar al fútbol con Alfredo, era una aventura de final conocido, porque finalizaba a las trompadas.

Cerca de la esquina de Bartolomé Mitre, vivía Yamilio, que cuando hablaba “le patinaba la erre” y pronunciaba “gue”. Era de ascendencia judía, de Europa Central, y en su casa jugaba con un billar de juguete, que tuve ocasión de compartir. Nunca se integró al grupo de las vereda y no poseía ninguna habilidad para jugar al fútbol.

En la esquina de Bartolomé Mitre, estaba la carnicería donde vivía Amado. Era el de menor edad, pero siempre intentó y logró integrarse al grupo de amigos de la vereda. Muy rubio, de piel muy blanca, participaba de todos los juegos. Tenía una hermana mayor que acostumbraba pasear por el barrio con el novio de turno, para finalizar su recorrido en la puerta lateral de la carnicería. Uno de esos novios fue un famoso boxeador, que participó en las Olimpíadas de Londres en 1948, destacándose por su valentía. Lo ví en varios combates realizados en la Federación Argentina de Box, en aquél Buenos Aitres que se fue.

El barrio, La infancia, Los juegos, el fútbol

PIERINO GAMBA, NIÑO PRODIGIO MUSICAL

Piero Gamba (Pierino) fue un pianista, violinista y director de orquesta nacido en Roma, Italia, el 16 de setiembre de 1936.

Su padre, el violinista Pietro Gamba, fue su primer profesor de música, junto a los profesores Capocci y Arduini. Dirigió por primera vez en 1945, a la edad de 9 años, una orquesta reducida de 16 músicos. Al año siguiente se presentó en el Teatro Adriano de Roma con la Orquesta de la Ópera de Roma, dirigiendo la 5a. Sinfonía de Beethoven.

Fue el despegue de su intensa actividad musical a nivel internacional. Vestido con pantalones cortos de terciopelo negro, zapatos negros de charol, medias blancas y sin corbata, recorrió los escenarios del mundo musical. En 1947 debutó en Londres y París. Vivió en España hasta los 18 años y posteriormente en Johannesburgo, Sudáfrica.

Fue nombrado Director de la Orquesta Sinfónica de Winnipeg, Canadá, entre 1974 y 1980. En 1983, fue Director de la Orquesta Sinfónica de Adelaida, Australia, hasta 1986. En la década de 1990, vivió en Punta del Este, Uruguay, dirigiendo la Orquesta Sinfónica Nacional de Uruguay en los períodos 1994 - 1995 y 2001 - 2004. Dirigió en casi todos los países de Latinoamérica.

Junto a Pablo Casals, Albert Sweitzer, Andrés Segovia e Igor Stravinsky, fundó “The Symphonicum Europae Foundation”, con la finalidad de promover una mayor armonía en la humanidad, a través del arte.

Durante su actuación en Buenos Aires en 1949, dirigió algunos conciertos en el Cine Teatro “Gran Rex”. Su primera actuación no llenó la sala, pero en las siguientes, el lleno fue total. Todos querían ver al niño rubio dirigiendo a las mejores orquestas del país.

Las localidades se agotaron días antes de cada presentación y fue necesaria la ayuda de la policía para mantener el orden en las filas de quienes esperaban para adquirir las entradas en la boletería del teatro. Uno de los programas desarrollado en el mes de mayo de 1949 fue la “Sinfonía Inconclusa” de Schubert, “Obertura Cleopatra” de Mancinelli y la “5a. Sinfonía” de Beethoven.

Sin embargo se conocieron comentarios y opiniones referidas a la capacidad de Pierino como conductor de orquesta. Se elaboraron opiniones científicas para explicar las condiciones del niño prodigio. Se dijo que era un acto de magia. Otros expresaron que estaba en trance, hipnotizado. Lo cierto es que la formación musical de Pierino Gamba era muy sólida, tal como quedó posteriormente confirmada en cada una de sus presentaciones.

En la Argentina, Pierino Gamba fue designado Director Honorario de por Vida de la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón; de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de Buenos Aires; de la Orquesta del Teatro Argentino de La Plata; de la Orquesta Filarmónica de Mendoza y de la Orquesta Sinfónica de Tucumán. Ha conducido 120 orquestas sinfónicas en más de 300 ciudades de 40 países. Pierino Gamba vive actualmente en Nueva York, donde dicta la Cátedra de Dirección Orquestal. Las visitas del niño Pierino Gamba causaron sensación en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Mondino de Forni, Nidya: El niño que asombró al mundo. El Litoral.com 25-03-2013

http://es.wikipedia.org/wiki/Piero_Gamba

http://www.lacapitalmdp/recorte-prensa-pierino-gamba-nino-prodigio-como-director-orquesta-revista

http://www.lirolay.com/Books/8846.htm

Artistas destacados, Visitas inolvidable

JORGE D’URBANO

Jorge D’Urbano fue un musicólogo y crítico musical que nació en Buenos Aires el 18 de junio de 1917.

Estudió en la Escuela Normal de Profesores “Mariano Acosta”, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en el Conservatorio Nacional de Música “Carlos López Buchardo”.

Se desempeñó como crítico musical en los diarios “La Vanguardia” 1938; “Argentina Libre” 1939-1942; “Hoy” 1943-1946; “Crítica” 1946-1958; “El Mundo” 1958-1967. En las Revistas “Buenos Aires Musical”, “Claudia”, “El Hogar”, “Ars”, “Lyra”, “Polifonía”, “Sur”, “Revue de la Musique Contemporaine” y “Panorama”, donde se desempeñó como Secretario de Asuntos Culturales.

Entre 1950 y 1956 fue Secretario del Círculo de Críticos Musicales de Buenos Aires. En el período 1956-1957 se desempeñó como Director General del Teatro Colón y en 1962, Director General de Cultura de la Provincia de Buenos Aires. En 1963, fue Profesor en la Universidad Nacional de Buenos Aires.

En 1955, escribió el libro “Como escuchar un concierto”, dirigido a no especialistas. Escrito en lenguaje sencillo y de fácil comprensión fue una gran ayuda para quienes, como en mi caso, siguieron las sugerencias y recomendaciones de D’Urbano para disfrutar de un concierto. Yo no tenía experiencia de asistir a conciertos, pero a los 23 años concurrí al primero, en la Facultad de Derecho con la Orquesta Sinfónica Nacional.

El conocimiento de la disposición de los instrumentos sobre el escenario, de acuerdo con el tipo de orquesta, fue una valiosa ayuda para disfrutar mejor del espectáculo. En 1959 publicó “Como formar una discoteca”, con un estilo semejante al libro anterior. Nuevamente compramos esta pequeña joya, que en forma clara y sencilla nos ayudó a formar una discoteca básica de música clásica, con buenas grabaciones.Estos dos libros escritos para aficionados, fueron muy empleados por sus normas orientadoras; una verdadera ayuda de Jorge D’Ubano, perdurable en nuestra memoria.

El 24 de abril de 1969, fue designado Académico de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Fue constante su actividad en radio, televisión y como jurado. Escribió “Panorama de la historia de la música”, “Música de Buenos Aires” en 1966; “Diccionario musical para el aficionado” en 1976. Tradujo “J.S.Bach, El Músico Poeta” de Albert Schweitzer y “Música de la Civilización Occidental”, de Paul Henry Lang.

En 1987, recibió el Premio Konex de Platino. Falleció en Buenos Aires, el 28 de setiembre de 1988, a los 71 años. Jorge D’Urbano, fue un erudito y sólido crítico musical, que a los no especializados, enseñó a disfrutar de un concierto y armar fácilmente una discoteca básica, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_D%27Urbano

D’Urbano, Jorge. “Como escuchar un concierto”. 3a Ed. 1955

http://www.anba.org.ar/academico/durbano-Jorge/

Artistas destacados, El Teatro
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