El Buenos Aires que se fue

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BEN MOLAR

Moisés Smolarchik Brenner, conocido como Ben Molar, nació en la calle México 2041 en Capital Federal, el 3 de agosto de 1915.              

Fuente: Plural Jai

Fue autor, compositor, difusor, productor y promotor artístico. Pero si algo lo destacó fue su capacidad de elaborar versiones en castellano de las canciones más famosas de la época, es decir, su desempeño como versionista, adaptando al español canciones escritas en otros idiomas, tales como “Las hojas muertas”, “Repican las campanas”, “Noche de paz, noche de amor”, y el clásico judío “Mi madre querida”.

Una labor similar realizó con canciones de “Los Beatles”, Paul Anka, Elvis Presley y muchos otros. Era común leer en las piezas de música o en las etiquetas de los discos: “versión en castellano Ben Molar”. No eran traducciones literales, sino interpretaciones idiomáticas que facilitaron su comprensión en Argentina y países de América Latina.

Sus primeras composiciones fueron letras de murga, cuando tenía 11 años. Pero hay que destacar la composición de famosos boleros como “Final”, “Sin importancia” y “Volvamos a empezar”, elaborados junto con Paul Misraki, famoso músico y autor turco francés, en la época de su exilio en Buenos Aires.

Fue responsable del éxito de muchas figuras como Mercedes Sosa, Sandro, Los Cinco Latinos, Lito Nebbia, “Los Abuelos de la nada”. Creó “El Club del Clan” y fue el principal impulsor de uno de sus integrantes, Palito Ortega, un auténtico creador.

Creó el sello musical “Fermata”, con el que produjo en 1966 su exitoso proyecto, el álbum titulado “14 con el tango”. Significó la creación de 14 piezas musicales y 14 pinturas convocando a las figuras más notables en ambos rubros. No fue una producción pareja, aunque algunos tangos alcanzaron notoriedad como “Bailate un tango, Ricardo” , letra de Ulyses Petit de Murad con música de Juan D’Arienzo y “En que esquina te encuentro, Buenos Aires” de Florencio Escardó y Héctor Stamponi. El resultado de este esfuerzo aumentó la difusión del tango, en una época no favorable.

En 1995, “Fermata” produjo “Los 14 de Julio De Caro”, un homenaje al Maestro, por parte de famosos solistas del tango. Se casó con la actriz cinematográfica Pola Newman con la que tuvo dos hijos. Fue Presidente Honorario de la Asociación Gardeliana Argentina; Miembro de la Academia Porteña del Lunfardo; Miembro de la CD del Instituto Cultural Argentino Israelí y Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Logró que el 11 de diciembre, fuera declarado “Día Nacional del Tango”, fecha correspondiente al día del nacimiento de Carlos Gardel y Julio De Caro. Falleció el 25 de abril de 2015. Ben Molar, fue un verdadero e incansable emprendedor multifacético que brilló con luz propia en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.trascarton.com.ar/cultura/ben-molar

Moreno María: Big Ben según pasan los años. Página 12, 31-12-2006.

Breslav Haydee. Ben Molar. 10-11-2015.  http://serdebuenosayres.blogspot.com.ar/

El tango, La inmigración, Personajes de la ciudad

JOAQUÍN GÓMEZ BAS

Joaquín Gómez Bas fue un escritor, pintor y guionista nacido en Cangas de Onis, Asturias, España, el 26 de mayo de 1907.

Llegó con su madre a la Argentina el 24 de agosto de 1908. Se orientó hacia el periodismo y la poesía. Trabajó como pintor y escritor autodidacta, colaborando en diarios de prestigio y se desempeñó como corrector de la Editorial Atlántida, donde posteriormente fue Secretario de Redacción y Director.

Su producción literaria se cumplió en dos etapas. En la primera escribió poesía, hasta fines de la década del 40. Su obra poética comprende los temas “Panorama de ensueño” (1934), “Marejada” (1937), “Faroles en la niebla” (1941), Birlibirloque ( 1943). Fundó la revista “Saeta” donde publicó parte de su producción poética.

Posteriormente, a partir de 1952, aparecieron sus novelas donde se destacó “Barrio gris” en 1952, por la que recibió la Medalla de Oro otorgada por la Comisión Nacional de Cultura en 1954. Elaboró el guión para la película del mismo nombre en 1954, ganadora del “Cóndor de plata” a la mejor película del año, en 1955. Mostraba la vida en una villa de los arrabales de Sarandí, a fines de la década del 40. Fue un gran éxito editorial.

Sus cuentos aparecieron a partir de 1965. Fue un experto en el manejo del idioma porteño, incluyendo muchas expresiones en lunfardo, como muy bien puede apreciarse en “La Comparsa”, aparecida en 1965, que obtuvo el premio “Feria del Libro de Mendoza”.

Otras novelas importantes de su producción fueron “Oro bajo” y “La gotera” en 1957, “La resaca” en 1969, “La guitarra” en 1970. Fue fundador de la “Academia Porteña del Lunfardo” alcanzando la vicepresidencia en el período 1981 a 1985; ocupó el sillón “Enrique González Tuñón”.

En 1958 realizó su primera exposición de arte pictórico. Su cuadro “Lanchones amarillos”, obtuvo el premio “Benito Quinquela Martín”. Falleció en Buenos Aires, el 4 de noviembre de 1989. En su “Soneto Lunfardo” señaló :”Ahora solo soy melancolía, / un malevo al costado de la vía / que está esperando un tren que ya pasó”. Un tren que ya pasó en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

http://fundacionkonex.org/b1078/-joaquin-gomez-bas

https://u.wikipedia.org/wiki/joaquin%C3%B3mez-Bas

http://www.lunfardo.org.ar/academicos/fallecidos-2/joaquin-gomez.bas

http://lasletrasdelquilmero.blogspot.com.ar/2012/06/barrio-gris-de-joaquin-gomez-bas

http://lunfardo.org.ar

La inmigración, Vivieron en Buenos Aires

LA MARCA “FLOR DE CEIBO”

Durante el primer gobierno peronista fue muy popular la marca “Flor de Ceibo”.

Fue representativa de la opción popular y económica en diversos rubros comerciales vinculados con el consumo familiar. Se aplicó a productos de consumo masivo pero con un costo sensiblemente menor, a fin de frenar el aumento de precios, consecuencia directa de la inflación.

Estos productos eran de inferior calidad. Así, el azúcar molida era de color oscuro pero útil. En muchas ocasiones los productos de consumo habitual se agotaban pero no se reponían; entonces era forzosa la adquisición de la línea económica.

Los zapatos presentaban una terminación tosca que difería bastante de los habituales. Es decir que la denominación “Flor de Ceibo”, era sinónimo de baja calidad. Esta modalidad se fue extendiendo y los restaurantes tenían la obligación de incluir un menú “Flor de Ceibo”. Algo similar ocurría con las prendas de vestir.

Todo negocio de indumentaria debía contar con algún producto que se inscribiera en esta categoría. Las telas que se vendían a menor precio, llevaban en el orillo la marca “Flor de Ceibo”. La histórica línea 160, sucesora del “Expreso Alsina”, denominada la línea 60 de emergencia, se llamó “Línea Flor de Ceibo”.

Pero el término, en forma peyorativa, se aplicó a los funcionarios, empleados y profesores advenedizos, contratados de manera irregular. Fue el caso del nombramiento de personas para cubrir puestos docentes, sin haber cumplido con los requisitos básicos de formación, frente a miles de maestros egresados, sin posibilidad de ejercer.

Así ocurrió cuando la Inspección General de Escuelas Particulares nombró a más de 1100 personas para ejercer la docencia, mientras paralelamente, egresaron de escuelas oficiales y particulares 27.900 maestros, sin puesto. A la gente nueva que llegó en esa época para educar en las facultades o colegios secundarios, se les aplicaba esa etiqueta o rótulo gratuitamente. La línea de productos “Flor de Ceibo”, fue una propuesta peronista aparecida en la década del 40, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

Acevedo Díaz, Carmen. Algo así como una Flor de Ceibo. La Nación 11-05-2006.

Rozic, Oscar. Flor de Ceibo. 1º-06-2013

La cuestión social, Realidades argentinas

LA FIGURITA DIFÍCIL

Coleccionar figuritas fue una verdadera pasión, durante el transcurso de la escuela primaria, pasión muchas veces compartida por nuestros padres.

Todo comenzaba a partir de los 5 años aproximadamente. Un regalo casual de chocolatines con figuritas o de un sobre conteniéndolas, era el comienzo de una costumbre que se renovaría anualmente, ya que su vigencia corría paralelamente a la duración del período lectivo.

El problema era que para coleccionar las figuritas, se ofrecía un álbum que una vez completado permitía acceder a un premio que oscilaba entre una pelota de fútbol y una bicicleta. Pero siempre existía la figurita difícil, que costaba mucho encontrar, cuando ello era posible.

Las figuritas se adherían en el álbum empleando goma de pegar marca “Dos banderas”. El envase era un frasco pequeño con forma de cono truncado, que alojaba una pasta blanca maloliente, con propiedades adhesivas muy contradictorias. Pero no había otra, por lo tanto, era la mejor.

La aparición de figuritas repetidas era muy frecuente, situación que permitía llenar varios albumes, o bien disponer de una cantidad suficiente para negociar intercambios con otros pibes, así como también jugar a “la tapada”, “el puchero” o al “punto y revoleo”, como mecanismos para aumentar la colección, sin gastar dinero.

Los momentos ideales para intercambiar figuritas, eran los recreos en la escuela, o los juegos en la vereda. Se procuraba disponer de muchas repetidas para afrontar las demandas a la hora de los intercambios. Había que lograrlos durante ese año, ya que después se cerraba el concurso  y no había reclamo valedero. Eran épocas en las cuales siempre había una difícil, la que casi nunca salía, hecho que obligaba a frecuentar aquellos sitios de intercambio, los días domingo por la mañana, como ocurría en el Parque Rivadavia, famoso por los intercambios de estampillas. También existía un grupo de unas diez figuritas raras, de aparición menos frecuente.

Coleccionar figuritas fue una auténtica y atrapante costumbre infantil durante la época escolar, en ese Buenos Aires que se fue.

La infancia, Los entretenimientos, Los juegos

LAS TORTURAS INFANTILES

Durante nuestra niñez experimentamos, lamentablemente, lo que podemos denominar “torturas infantiles”.

Algunas relacionadas con el tratamiento de  la salud y otras, del diario vivir. Era común que ante episodios febriles, rápidamente se recomendara ingerir un purgante que podía ser muy intenso, como el “Aceite de Ricino”, de gusto asqueroso, o uno más suave como la “Limonada de Roger”, más aceptable. Uno u otro iban acompañados de estadía en cama por, al menos, 24 horas.

Durante las épocas invernales, los resfríos intensos con participación pulmonar, requerían del auxilio de las cataplasmas, unas compresas de tela cubiertas de harina de mostaza caliente, que se colocaban en la parte anterior del tórax, habitualmente acompañadas de una sesión de ventosas en la espalda. Eran unos vasos de vidrio que provocaban la succión de los tejidos, a fin de lograr la “descongestión pulmonar”.

Para fortalecer nuestro crecimiento, por las mañanas “disfrutábamos” tragar una cucharada sopera del inmundo “Aceite de hígado de bacalao”. Sencillamente inolvidable para quienes lo padecimos. Todas estas experiencias alcanzaban su punto más destacado con el tratamiento quirúrgico de “la carne crecida”, como se denominaba al agrandamiento de las amígdalas. Inolvidable porque la operación duraba unos minutos que parecían horas y la realizaban sin anestesia. Esas experiencias vividas en Callao 19, sede del Cuerpo Médico Escolar, han dejado una huella muy profunda en nuestra memoria.

Otras “torturas”, eran la prohibición de salir a jugar en horas de la tarde, ya que concurríamos a la escuela durante la mañana. O cuando en la escuela nos obligaban a escribir 500 veces: “No debo molestar en clase”, o textos similares, como tarea para el hogar. En un grado menor, la prohibición de salir al recreo; eran 10 minutos que nos parecían una hora.

Y en nuestro hogar, como consecuencias de conductas incorrectas, quedarse sin el postre o algo peor: irse a la cama sin comer, culminando con la amenaza de ser enviado a un Colegio Pupilo. Éstas son algunas de las “torturas” infantiles de las que fuimos víctimas, en ese Buenos Aires que se fue.

La infancia, La medicina de ayer, Modas y costumbres

PEDRO LEOPOLDO CARRERA

Pedro Leopoldo Carrera, “Carrerita”, fue un jugador de billar nacido en Tres Arroyos, Provincia de Buenos Aires, el 19 de junio de 1914.

Se inició en este deporte a la edad de 14 años, conquistando los torneos locales menores. Llamó la atención el récord de carambolas libres realizado en el Café Bar Colón, en su Tres Arroyos natal, que registró ante escribano público. Después de 12 horas no erró ninguna tacada.

A los 19 años se trasladó a Buenos Aires, recalando en “Los 36 Billares”, ubicado en la Avenida de Mayo 1200. No tuvo rivales. Cada juego de “Carrerita”, era una partida ganada. Uno de sus fervientes admiradores fue Juan Duarte quien, durante el primer gobierno del General Perón, le consiguió los auspicios para sus giras europeas.

En 1939 ganó el Campeonato Argentino de Billar, en la especialidad libre y a 3 bandas. En 1950 se coronó por primera vez, Campeón Mundial de carambola libre en Madrid, España. Al año siguiente, Campeón Mundial de cuadro (47-2).

En octubre de 1952, en el Luna Park colmado por 12 mil espectadores, se coronó Campeón Mundial de 3 Bandas. En 1953, Campeón Mundial de carambola libre y en 1954, Campeón Mundial de Pentathlon (carambola libre, cuadro 2-47, cuadro 71-2, una banda y tres bandas).

Siempre luciendo un clavel blanco en la solapa de su impecable smoking y peinado a la gomina, como se acostumbraba en esa época. El Abogado Luis Alberto Venosa escribió su biografía titulada ” El hombre del clavel blanco”, para ser distribuida por las bibliotecas.

Resumiendo sus logros, obtuvo el título en 31 oportunidades: 5 de ellos campeonatos mundiales, 3 campeonatos sudamericanos y 23 campeonatos argentinos.  Luego del golpe de estado que derrocó al General Perón en 1955, fue uno de los afectados por la “caza de brujas”, que lo obligó a migrar a la ciudad de San Pablo, Brasil, donde se desempeñó como Instructor de Billar en el Jockey Club de esa ciudad.

Regresó al país en 1961. Una vida prolongada de trasnochadas, alcohol y 40 cigarrillos por día, fue dejando su huella, culminando con su fallecimiento en Buenos Aires, el 2 de setiembre de 1963, a la edad de 49 años. En 1980, recibió el Premio Konex de Platino al mejor billarista de la historia argentina.

Este múltiple campeón mundial de billar y dueño del récord de carambolas, fue uno de los máximos exponentes deportivos en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

Grande Carrerita. El Periodista de Tres Arroyos. Octubre 2000

Venosa, Luis A. Carrera en Tres Arroyos. 9/5/2014.

Pérez, José M. El mejor de todos los tiempos. 6/4/2011

https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Leopoldo_Carrera

Los entretenimientos, Realidades argentinas

EL PARQUE AVELLANEDA

El Parque Avellaneda, también conocido como Parque Olivera, está ubicado en las calles Lacarra y Directorio, en la ciudad de Buenos Aires.

Lo conocí durante una excursión escolar en bañadera(*), cuando cursaba la escuela primaria. Fue mi primera vez en un parque que tenía atracciones inolvidables.

En los juegos infantiles, destaco los toboganes, los más grandes y elevados de la Ciudad. Superaban ampliamente a todos los que había conocido. Eran tres toboganes impactantes, ya que el más pequeño, superaba en tamaño a los más grandes de otras plazas y parques.

Siempre tengo presente la sensación vivida al ascender por una escalera muy elevada, que conducía a la plataforma del gran tobogán, que no era recto sino con una amplia curva en el tercio inferior de su recorrido, a los efectos de mitigar la velocidad del descenso.

Los restantes juegos como el sube y baja, la calesita manual, hamacas y pasamanos, completaban el área de entretenimiento infantil. También circulaba un trencito, como el de Luján. Recorría todas las instalaciones permitiendo comprobar su extensión y la disposición de las distintas instalaciones.

Diez centavos era la tarifa, para cada vuelta, experiencia que no dejamos de cumplir. El parque estaba totalmente cercado. Las pocas puertas de entrada obligaban a caminar trechos largos para localizarlas. Cuando ingresé a primer año en la escuela secundaria, regresé al Parque, a los efectos de cumplir con el programa de Educación Física.

Así conocí la cancha de fútbol, sin pasto y los fríos vestuarios con duchas de agua fría exclusivamente. Bañarse en invierno, después de finalizada la clase de gimnasia y prácticas de fútbol, era un acto de guapeza que nadie, se atrevía a cumplir.

Al año siguiente, las clases de gimnasia se trasladaron a la filial Palermo del club Gimnasia y Esgrima. Nos encontramos con tres grandes novedades: la cancha de fútbol, tenía pasto; los arcos tenían redes y las duchas del vestuario, agua caliente. Habíamos llegado al paraíso, un paraíso en aquel Buenos Aires que se fue.

*) bañadera: Especie de ómnibus, descapotado en verano y cubierto en invierno, con capacidad para transportar a todo el pasaje sentado. No era posible viajar parado. Muy populares en la década del 30 y 40.

La educación, La infancia, Los juegos, el fútbol

JACK, EL DESTRIPADOR

Jack el Destripador, fue un asesino de cinco prostitutas entre agosto y noviembre de 1888 en Whitechapel, Londres.

Fueron múltiples e inútiles las investigaciones de Scotland Yard para hallar al autor de los crímenes, por lo que el caso se cerró en 1892. La identidad de Jack el Destripador se transformó en un misterio. Investigaciones periodísticas inglesas señalaron que escapó en barco hacia la Argentina, llegando a Buenos Aires en el mes de enero de 1889.

El periodista inglés Leonard Matters, que se desempeñó como Jefe de Redacción del diario Buenos Aires Herald, publicó en Londres, en 1929 el libro “El misterio de Jack el Destripador”. Allí señaló que el asesino era un médico conocido como Dr. Stanley, que cometió los crímenes como consecuencia de la muerte de su hijo, enfermo de sífilis por contagio con una prostituta de la que estaba enamorado.

La  información también mencionó que era dueño en Buenos Aires del “Sally’s Bar”, ubicado en la calle 25 de Mayo, próximo al puerto, uno de los tantos locales similares de la zona, frecuentado por marineros, prostitutas y delincuentes. El Dr. Stanley continuó ejerciendo la medicina hasta el día de su muerte en 1926, siendo enterrado en el cementerio del Oeste, en el barrio de Chacarita.

Otra hipótesis importante, escrita por el criminólogo y escritor Juan Jacobo Bajarlía, se publicó en un artículo de la revista “Ellery Queen’s Mystery Magazine”. Destacó que el financista argentino Alfonso Maroni, vivió en Londres durante la época de los crímenes en Whitechappel, realizando actividades bursátiles gestionadas por la Greeshan House.

Falleció en 1929. Su secretario privado reveló que lo había ayudado a cubrir el rastro de los cinco homicidios. Bajarlía señaló que Jack el Destripador murió en un hotel de la calle Leandro Alem, frente a la plaza Roma, en octubre de 1929 a la edad de 75 años.

Lo cierto es que según estas versiones, Jack el Destripador vivió y murió en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Amaya S. Jack el Destripador ¿era argentino?. La Nación 06-02-2013.

TKM Chile. Jack ek Destripador murió en Argentina. 08-05-2016.

Vivieron en Buenos Aires

EL LOCRO DEL 9 DE JULIO

Entramos al boliche, ubicado en la calle Brasil, que ofrecía el locro a 100 pesos por plato. Un grupo de obreros degustaba un costillar asado, muy abundante. Un televisor brindaba un espectáculo de música folclórica acorde con la fecha. Llegaron los locros casi, desbordando el plato.

Tenía buen aspecto y mejor sabor. Las voces de los clientes subía de tono destacando una entonación provinciana, de laburantes que se encontraron en el boliche durante la hora del almuerzo. Sitio frecuentado por obreros que degustaban un asado o un plato de mondongo a fin de paliar el hambre, rociado con un vino de la casa o una cerveza.

Debimos comer el locro despaciosamente, por su elevada temperatura y por la abundante cantidad de huesos, pequeños, medianos y grandes. De pronto, una voz se destacó por sobre el resto de los asistentes, pronunciando un rosario de palabras obscenas, salpicadas por sonoras carcajadas. El resto dialogaba casi normalmente, entre bocado y bocado.

Conversación en la que se mezclaba la política con el deporte, los temas humorísticos con los affaires sentimentales, salpicadas de tanto en tanto con exclamaciones.  Varias mesas ocupadas frente a un vaso de vino o a un café, eran un buen pretexto para permanecer horas conversando con conocidos o desconocidos, pero disfrutando de una compañía transitoria, que demoraba el regreso a la soledad.

El barrio, Realidades argentinas

RESTAURANTE LA EMILIANA

“La Emiliana” fue un antiguo restaurante fundado en 1882.

Su nombre pertenecía a la hija de uno de los fundadores. Había ocupado otros predios en la calle Paraná al 300, hasta que en la Nochebuena de 1934, abrió sus puertas en Corrientes 1431.

Disponía de un amplio y hermoso salón con sillas y percheros Thonet, importados de Viena, Austria. Atendido por mozos con guantes blancos y un maitre que hablaba tres idiomas,  eran signos de distinción que comenzaban con el saludo del portero, vestido con uniforme y galera.

Supo recibir a los famosos que pasaban por Buenos Aires y se sentían atraídos por las delicadezas de su menú para disfrutar el famoso “Pollo al spiedo”, los “hígados de pollo a la Veneciana”, o los “fettuccini a la crema”.

Una experiencia inolvidable que experimenté durante mis visitas a esa inolvidable casa de comidas, fue la degustación del famoso postre “Omelette Surprise”, flambeado con Negroni en la mesa, y compuesto con una base de pío nono, crema americana, frutas de estación, sabayón caliente y merengue italiano para      cuatro personas, consecuencia de su tamaño.

El Restaurante “La Emiliana”, abierto desde 1882 hasta 1995, fue un lugar de encuentro social y cultural en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Videl Dora. Tradiciones porteñas. Clarín, 14-09-2001.

http://restaurantesybaresdebuenosaires.blogspot.com.ar/2016/01/restaurantes-desaparecidos-la-emiliana.html

La ciudad, Realidades argentinas
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