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LA ESPIRITUALIDAD AUTÉNTICA

 

Escrito por el Prof. José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, República Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil) (E-mail: bonilla.bhz@terra.com.br)

 

            Una cosa es espiritualidad y otra, religión. Espiritualidad o misticismo(*) tienen que ver con la fuente, con la matriz espiritual del Universo; religiones son opciones, que los diferentes pueblos en diferentes épocas han creado. Generalmente sus cimientos están en las enseñanzas de maestros espirituales como Buda o Jesús; el problema es que ellas se institucionalizan con el tiempo, y por causa de eso perdieron buena parte de su contenido esencial.

            El Dalai Lama (1), coloca eso con claridad extrema. A pesar de ser el líder espiritual de una gran religión (el budismo) dice: “Mi apelo es por una revolución espiritual, no un apelo por una revolución religiosa. Considero que la espiritualidad está relacionada con aquellas cualidades del espíritu humano – tales como amor, respeto y solidaridad con los otros(**), tolerancia, capacidad de perdonar, contentamiento, responsabilidad, noción de armonía – que traen felicidad tanto para la propia persona como para los otros”. Y agrega. “Es por eso, que a veces digo que tal vez se pueda dispensar la religión. Lo que no se puede dispensar son aquellas cualidades espirituales básicas“.

            El Dalai Lama (1) avanza un poco más, en relación con el ya discutido tema de “realismo”. Él afirma: “Sí examinamos la evolución de la sociedad humana, constataremos la necesidad de ser ‘visionarios’(***) para producir cambios positivos. Nuestros ideales son el más poderoso motor del progreso. Ignorar ese hecho y meramente decir que precisamos tener políticas ‘realistas’ es un grave error”.

            No es necesario aceptar lo que el Dalai Lama dice y él mismo resalta que es apenas un ser humano, pero sus palabras tienen la fuerza suficiente como para hacernos reflexionar profundamente. En efecto, las políticas “realistas” como la “globalización caníbal” son muy buenas para sus creadores (el “management” americano con su cohorte de transnacionales), pero pésimas para muchos millones de personas. Lo que precisamos es formar nuevos “visionarios que nos permitan encontrar nuevos caminos; ellos serán los verdaderos “motores poderosos”.

            Sabemos que algunos fragmentos de este artículo, encontrarán resistencias en algunas personas, debido  a su formación religiosa, ya que ciertas ideas que están siendo expuestas, no concuerdan con los dogmas que les fueron inculcados durante la infancia.

            Esta situación es inevitable, ya que los objetivos son diferentes: las religiones están empeñadas en transmitir ciertos dogmas que ellas afirman ser la Verdad. Nosotros, al contrario, estamos interesados en otra cosa: lo que deseamos es presentar bases para el desarrollo espiritual de las personas. Cuando estas bases estén firmes, gracias al denodado esfuerzo de una masa crítica de personas, cada individuo tendrá condiciones para construir el edificio de la Verdad. Durante la construcción de aquel, siempre podrán contar con la ayuda de la Sabiduría Eterna, pero nunca en la forma de imposición y sí de orientación.

            Dios, El Creador, el Ser Supremo, la Unidad, el vacío cuántico, es anterior a todos los credos, ritos o religiones, que son apenas manifestaciones terrenas, tentativas – más o menos bien sucedidas – de interpretar en lenguaje y actitudes, los rayos inefables que se irradian de aquella Fuente Luminosa.

            Por lo tanto, El Creador, que es por esencia Unidad, no estará preocupado con cual sea el camino específico que un hombre determinando tomará (catolicismo, protestantismo, espiritismo, budismo, mahometismo, etc.), siempre que sea recorrido con los magníficos sentimientos del amor y de la armonía, de paz y alegría, de altruismo y buena voluntad.

            El hecho indiscutible es que encima de cualquier credo, reina aquel Excelso Ser, que a través de un ínfimo átomo de su sublime Luz, puede mudar nuestras vidas desde la más negra desesperación hasta las deslumbrantes cumbres de la gloria más resplandeciente.

            En algún comentario anterior puede haber sido malentendido un punto: tal vez, parezca que estamos afirmando que cada uno deba procurar su verdad, diferente para otros. El hecho es que la verdad no cambia para cada persona. Ella es Eterna e inmutable. Lo que cambia es el reflejo de ella en la conciencia humana, como un mismo objeto, iluminado de diferentes ángulos, parece diferente a la percepción visual, según cada uno de ellos. También es cierto que no todas las percepciones de la Verdad son igualmente valiosas. El criterio de elección estará en función del respectivo nivel espiritual alcanzado, el cual opera como un verdadero lente: cuanto mayor sea su aumento, con mayor claridad se diferenciarán las cosas.

            Dentro de este contexto, surge una pregunta interesante: ¿cuál será la religión, filosofía o credo con un nivel más elevado de espiritualidad? La respuesta a esta pregunta será dada, por la mayoría de las personas de forma emocional, escogiendo la creencia o ideología que actualmente profesan como la mejor, sin preocuparse en conocer y comparar otras alternativas.

            Aquí no vamos a proponer ninguna respuesta. Esta es una responsabilidad intrínseca a cada uno. Sin embargo y de acuerdo con el raciocinio hecho hasta aquí, sería altamente deseable que la dimensión espiritual, el espíritu místico, estuvieran  presentes.

            En efecto, si el hombre fue creado por el Ser Supremo (o Dios) y si está en procura de la Verdad, seguramente habrá absorbido de ésta, lo que le fue posible, según su respectivo grado de evolución espiritual. Esto significa que, concentrándonos en las ideas más avanzadas, más resistentes al tiempo, más profundas, desarrolladas a través de los milenios por los pensadores y místicos más reconocidos, tendremos una base razonablemente buena para erigir un sistema de interpretación de la vida, del hombre, del Creador y de las relaciones entre ellos.

            En otras palabras, si hiciéramos un estudio comparativo de las religiones, fraternidades y movimientos metafísicos más representativos a lo largo de los milenios, nos encontramos con una realidad fulgurante: los puntos esenciales son muy convergentes. Las divergencias existen, pero ellas están relacionadas – básicamente – con detalles, lo que es lógico, ya que aquellas ideas fueron divulgadas en diferentes épocas y en pueblos con costumbres y sentimientos bien diferenciados.

            El gran drama en este punto es que, en varios casos, las enseñanzas originales fueron distorsionadas por grupos posteriores, más interesados en solidificar el poder de la institución que dirigían, de que difundir las perlas espirituales ofrecidas con amor – a veces excelso – por el iluminado fundador de aquella religión o movimiento.

            Un ejemplo bien conocido por nosotros, occidentales, es el caso de la religión cristiana, cuyos fundamentos, nacidos del Maestro, fueran deformados posteriormente en la tentativa de creación de una institución fuerte y coherente. Así, con el pretexto de mantener y difundir la pureza de aquellos ideales de amor, se creó su antípoda: la Inquisición, practicando la intolerancia, asesinando “herejes” e “infieles” ¡en el sagrado nombre de Cristo!

            ¡Que horror! Sin duda, el Maestro de los Maestros, “sentado a la derecha del Trono del Padre”, ante estos acontecimientos tan tristes habrá repetido su frase evangélica: “Perdónalos Señor; ellos no saben lo que hacen”.

            Debe también ser resaltado que la altísima misión del Maestro, no fue un meteoro aislado dentro de la Sinfonía Cósmica. Él fue un sublime eslabón de la Corriente Divina. Él dio su mensaje en un momento específico, en el seno de un pueblo determinado, pero este mensaje no estaba restricto a este pueblo, que incluso lo rechazó, llegando a crucificarlo. Su mensaje es y será universal, siendo el más avanzado que recibimos hasta ahora.

            Así, correctamente percibidas, las enseñanzas evangélicas no son una erupción que de repente se derrama sobre la Humanidad y sí una magnífica flor en el árbol de la Sabiduría Eterna, de modo que la raíz viene de tiempos inmemoriales insertada en el propio corazón del Ser Supremo y cuyo primer brote visible parece haber sido el bíblico Melquisedec.

            Precisamos, pues, prepararnos para transformar la flor crística en un maravilloso fruto, que ya comienza a madurar con la entrada del Tercer Milenio.

            La Sabiduría Eterna es, pues, como el arquetipo de una planta. En ella, la savia(*) representa su fuerza vital, en la verdad su círculo interno. Este es el transmisor de aquella, tanto en forma vertical (o sea, a través de los tiempos), como horizontal (o sea, a través de pueblos variados). La existencia de estos círculos internos, verdaderas órdenes o fraternidades fué la responsable por la coherencia de los principios originales de éstas, completamente apartadas en el tiempo y en el espacio. En una palabra, ellos son los transmisores de la Sabiduría Eterna. Y esta – nos parece – es la guía más confiable que el ser humano puede tener, en relación a los misterios palpitantes de ese Misterio llamado Vida.

            La propia Biblia dice que Cristo era “el sumo sacerdote según la Orden de Melquisedec (Hebreos 5:10). ¿Qué Orden era esa? De acuerdo con ese versículo parece claro que el Maestro no era sólo un “enviado de Dios” y sí que tenía vínculos con alguna Orden pre-existente. Y esa “Orden”, naturalmente, sería portadora de conocimientos profundos y muy avanzados, que en este texto llamamos de “Sabiduría Eterna”(**). Y como ya explicado, quien transmitía la Sabiduría Eterna era la Gran Fraternidad Blanca.

            La unidad básica entre las religiones está explicada en forma magnífica en el siguiente párrafo del historiador Schuré (3):

            “Al considerar religiones de la India, de Egipto, de Grecia y de Judea por el lado exterior, no se ve otra cosa que discordia, superstición y caos. Pero sondando los símbolos, interrogando los misterios, buscando la doctrina madre de los fundadores y de los profetas, la armonía se hará en la Luz. Por diversos caminos, con frecuencia tortuosos, se llegará al mismo punto; de suerte que si penetramos en el arcano de una de esas religiones, también penetraremos en las otras”…”Entonces se produce un fenómeno extraño: poco a poco, pero en una forma creciente se ve brillar la Doctrina de los Iniciados en el centro de esas religiones, como un Sol que disipa la nebulosa existente. Cada religión aparece como un planeta diferente. Con cada uno de ellos cambiamos la atmósfera y la orientación celeste, pero siempre el mismo Sol las ilumina”.

            Apenas un ejemplo: la “Santísima Trinidad”, compuesta por el Padre, el Hijo y el Espírito Santo, como enseñan las religiones cristianas, no es oriunda de ellas0. La manifestación del Ser Supremo a través de la Trinidad es un misterio central en todas las religiones avanzadas, como la egipcia o la hindú, tres mil años atrás. Solo que ellas utilizaban otros nombres: Brahma, Visnú y Shiva (India); Osiris, Horus e Isis (Egipto).

Para cerrar este capítulo algunos pensamientos interesantes:

·         “La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón” (Tolstoi)

·         “En cualquier período analizado, la verdadera naturaleza del hombre ha sido comprendida por un número pequeño de individuos, por lo que no fue posible cambiar el curso de la Historia” (Goi, 4). (Es por eso que precisamos crear una masa crítica en esa dirección; este es el objetivo fundamental de este texto).

·         “La misión del hombre es sintonizar el mundo físico con el mundo de la luz. El Bien y el Mal son las manchas, claras y oscuras respectivamente, formadas por la proyección de la Luz en el medio físico, todavía no bien sintonizado en aquella (Goi, 4).

·         “Poca Ciencia aparta de Dios. Mucha a Él reconduce” (Pasteur)

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

1.    DALAI LAMA. Uma Ética para o Novo Milênio. Rio de Janeiro: Sextante. 2001, 255p.

2.    POOLE C. Psicología do misticismo. In: BERNARD R. Fragmentos de sabedoria Rosacruz. Rio de Janeiro: Renes. 1974, 174 p.

3.   SCHURÉ E. Los Grandes Iniciados. México: Mexicanos Unidos. 1982, 644 p.

4.    GOI M. Deus e o Homem. Porto Alegre: Fundação Educacional e Editorial Universalista. 2004.,88 p.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



(*)  Misticismo, según Poole (32) tiene que ver con “la explicación de la relación fundamental del hombre con las fuerzas del Universo”.

(**) A esto él llama de “compasión”, pero esa palabra es confusa para nosotros, occidentales.

(***) Einstein los llamaba de “herejes”, entre los cuales se incluía.

(*) Es impresionante como estas palabras: savia y sabia son tan parecidas.

(**)  Espiritualidad Auténtica” o “Misticismo Auténtico”.

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