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DIMENSIÓN ESPIRITUAL Y CIENCIA: METARREALISMO

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

Los avances científicos del Siglo XX retomaron las antiguas dudas metafísicas… y sólo consiguieran desplazar las fronteras del misterio. Parece ser que un nuevo acto de fe se hace necesario para el hombre del Siglo XXI. Esta problemática rara vez fue tratada en forma tan completa y con tanto rigor como en Guitton y Bogdanov (1).

¿Y que es lo que se dice en ese libro? Los autores comienzan refiriéndose a las consecuencias, que mal podemos concebir, oriundas de uno de los mayores descubrimientos de la Física Moderna, o sea que ¡el mundo “objetivo” (”la verdad”) parece no existir fuera de la conciencia que determina sus propiedades! Así, el Universo que nos rodea se vuelve menos material; ya no se le puede comparar a una máquina inmensa y sí a un ¡vasto pensamiento!

Guitton y Bogdanov (1) dicen exactamente: “Estamos en el comienzo de una revolución de pensamiento, de una ruptura epistemológica no experimentada por la filosofía hace muchos siglos”…”Parece que a través de la vía conceptual abierta por la teoría cuántica, surge una nueva representación del mundo”… “Se trata de un nuevo pensamiento, capaz de apagar las fronteras entre el espíritu y la materia”.

Este nuevo enfoque epistemológico es llamado metarrealismo y lleva a un nuevo tipo de pensamiento llamado metalógico, que se desarrolla incluso como contrario al sentido común, y sin participación activa de filósofos. Él emerge a partir del conocimiento de la más avanzada ciencia moderna, que comienza a elaborar una visión diferente del mundo ¡que los sabios espirituales ya tenían hace milenios! No en vano la UNESCO (2) reclama renovación radical de las Universidades, abordando con profundidad las dimensiones éticas y espirituales, oriundas del ser humano. Solo así podrán ser llamadas Catedrales del Saber.

A pesar de que un raciocinio muy simple nos demuestra que no puede haber crecimiento infinito en un mundo material finito, lo que más se ve hoy es la teoría “del crecimiento por el crecimiento” especialmente en las áreas económicas y administrativas.

El pensamiento metalógico ha demostrado que existen límites para el conocimiento científico. Ya en 1900 se conocían algunas barreras físicas como la constante de Planck, que representa la menor cantidad de energía posible de encontrar en nuestro mundo físico. Es increíble que hace más de 100 años, Planck haya calculado esa constante con precisión asombrosa: 6,625 x 10-34 joule-segundo.

De este modo, superando las distorsiones sufridas por las tradiciones espirituales, desarrolladas por individuos que solo quieren ganar dinero con este tema y que andan a la caza de incautos, el Siglo XXI nos trae la posibilidad inédita de combinar los conocimientos extraordinarios que la Ciencia ha desarrollado modernamente, con la Sabiduría milenaria, tan antigua como las Escuelas de Misterio. Este es el gran desafío y la gran esperanza a ser tangibilizados, de modo a poder reconstituir la sociedad humana.

Guitton y Bogdanov (1) dicen en la introducción:

“¿Que es la realidad? ¿De donde viene? ¿Reposa sobre un orden, una inteligencia subyacente?”…”Hay una inmensa diferencia entre el concepto antiguo de la materia y el nuevo”… “Antes de 1900, la idea que se tenía de la materia era simple: si se quebraba una piedrecilla, se obtenían granos de polvo y en ellos había moléculas, formadas de átomos, algo así como “bolitas” de materia, supuestamente indivisibles. En eso todo ¿hay lugar para el espíritu? ¿Dónde se encuentra él? En ninguna parte”. Y continúan:

“En ese Universo, mezcla de seguridades y de ideas absolutas, la Ciencia solo podía dirigirse a la materia. En su camino, ella conducía mismo a una especie de ateísmo virtual; así una frontera ‘natural’ se elevaba entre espíritu y materia, entre Dios y la Ciencia, sin que nadie osase – o mismo imaginase – cuestionarla”… Pero en el comienzo del Siglo XX “la teoría cuántica nos dice que, para comprender lo real, es necesario renunciar a la noción tradicional de materia, o sea algo tangible, concreto, sólido; que el tiempo y el espacio son ilusiones; que una partícula puede ser detectada en dos lugares al mismo tiempo; que ¡la Realidad fundamental no es cognoscible racionalmente!”

Uno de los asuntos más impresionantes que la Ciencia más avanzada aborda y que hasta poco tiempo atrás estaba reservado al campo de la metafísica, es descifrar si el Universo se formó al azar o siguiendo un cierto comando.

La tendencia general de la Ciencia, durante mucho tiempo, fue ignorar ese problema. Por ejemplo el Premio Nobel de Biología, Monod, tan cerca como en 1970 afirmó: “Finalmente el hombre sabe que está solo en la inmensidad indiferente del Universo, del cual surgió al azar”.

Ya Guitton y Bogdonov (1) afirman que “ninguna de las operaciones iniciales relativas a la vida pueden haber ocurrido al azar”, y fundamentan este punto de vista a través de cálculos estadísticos muy sofisticados, relativos a la probabilidad de que un agregado de nucleótidos generase una molécula de ARN o la variedad de isómeros que serían elaborados “por azar” a partir de una única molécula.

La precisión que involucra la existencia del Universo como es, nos deslumbra. En efecto, si solo una de las 14 ó 15 grandes constantes universales (la constante gravitacional, la velocidad de la luz o la constante de Planck, por ejemplo), tuviera en su origen una pequeñísima alteración, el Universo no tendría la menor chance de abrigar seres vivos (por lo menos semejantes a los que viven en la Tierra) y ni siquiera se sabe si el planeta podría haber existido.

Esa regulación, asombrosa por su perfección, no parece tener otra explicación que una Causa Primera, una inteligencia organizadora que transciende nuestra realidad tridimensional. ¿O será mismo efecto del azar?

Guitton y Bogdanov (1) profundizan este asunto y agregan nuevas pruebas, una de ellas relativas a experimentos hechos en computadores súper-veloces, programados para producir números aleatorios (al azar). Los cálculos probabilísticas realizados muestran que se debería calcular durante billones de billones de billones de años hasta que pudiese aparecer una combinación de esos números comparable a aquella que permitió el nacimiento del Universo. (La Ciencia calcula que el Universo tiene “apenas” algunos miles de millones de años).

En realidad, no precisamos conocer Física subatómica ni cálculo de probabilidades para saber, intuitivamente, que la inteligencia del Universo con sus galaxias, sistemas solares y planetas, funcionando perfectamente equilibrados, no pueden ser obras del azar. Ni siquiera una minúscula hoja de hierba podría serlo, porque ella es, también, un maravilloso Mini-Universo.

Guitton y Bogdanov (1) dicen: “En el origen de la Creación no hay acontecimiento aleatorio; no hay azar, pero sí un orden infinitamente superior a todo aquello que podemos imaginar: orden suprema que regula las constantes físicas, las condiciones iniciales, el comportamiento de los átomos y la vida de las estrellas. Poderosa, libre, infinitamente existente, misteriosa, implícita, invisible, ella está allí, eterna y necesaria por detrás de los fenómenos, encima del Universo, pero presente en cada partícula”.

Las religiones llaman ese orden de Dios; los místicos, de Ser Supremo y la Ciencia, de vacío cuántico. Tal vez podamos mas adelante reconocerlo con una única palabra: la Unidad.

En resumen, los avances que la Ciencia verdaderamente moderna, como la Física Subatómica, la Biología Molecular, la Neurofisiología y la Radioastronomía, muestran características de la realidad que no eran ni sospechadas poco tiempo atrás. Energías cada vez más sutiles interpenetran el Universo todo; algunas de ellas son inaccesibles a los sofisticados aparatos científicos del Siglo XXI, otras energías, en su nivel mas grosero, se presentan como materia física.

Hermes Trismegisto, Aquenaton, Moisés, Buda, Jesús… conocían esas energías hace milenios, porque ellos se habían desarrollado a un grado espiritual tan alto que podían sentir aquellas elevadas vibraciones y operar con ellas. Por eso, fueran Maestros reverenciados. Paralelamente, millares de personas alcanzaron vibraciones intermediarias a lo largo de los siglos.

Estas vibraciones intermediarias son captadas por los auténticos científicos (como Einstein, entre muchos otros). Así siendo, el concepto antiguo de “materia” se evapora ante sus ojos. Pero tanto unos como otros, científicos o no, comprenden – racional o intuitivamente -  que teniendo diferentes intensidades vibratorias, esas energías se “manifiestan” de modos específicos para cada caso.

Por lo tanto, cada nivel vibratorio aparece como “realidad” en su marco referencial específico. Es lo que ocurre con la materia: ella es “real” sí, pero exclusivamente en el plano físico. Ella es energía cristalizada que se “manifiesta” de las formas más variadas (flor, nube, montaña, ser humano). Precisamos trabajar con ella porque el mundo físico es parte de nuestra vida; despreciarlo (como hacen algunos pseudo espiritualistas) sería un acto de insensatez y absurda estrechez mental.

Heisenberg (3) fue el primero a comprender que la complementariedad entre el estado de partícula y el de onda en un fotón, características aparentemente contradictorias, pone fin para siempre el dualismo cartesiano entre materia y espíritu, pues uno y otro son “los elementos complementarios de una misma y única Realidad”.

¿Palabras tal vez verdaderas, pero apartadas de nuestra realidad cotidiana donde las personas son cada vez más excluidas, pasan hambre, vuelven enfermedades medievales etc.? Todo lo contrario: por no querer saber de esos asuntos, continuamos chapoteando en el lodo. ¡Aquellas palabras representan la raíz de la vida humana y del Universo todo! ¿Cuándo dejaremos de ser niños, peleándonos por los frutos y olvidando las raíces?

Para entrar en ese nuevo enfoque, es necesario desarrollar una nueva concepción filosófica, propia del Siglo XXI, el llamado meta realismo.

Finalmente, Gitton y Bugdanov (1) dicen: “Las repercusiones de la Ciencia en el campo filosófico nos dan, por primera vez, los medios de hacer la síntesis entre el materialismo y el espiritualismo; de conciliar el idealismo; así, la realidad inmanente que percibimos, se une al principio transcendente que se supone le dio origen”…”No podemos decir simplemente que el espíritu y la materia co-existen: ellos existen uno a través del otro”.

O sea, hay una interpenetración de los diferentes niveles vibratorios. Es en este punto que la ciencia avanzada del Siglo XXI y la sabiduría mística milenaria, se sintonizan y se completan.

Bibliografía consultada

1.. GUITTON J. G. BOGDANOV e I. BOGDANOV. Deus e a Ciência: em direção ao metarrealismo. Rio de Janeiro: Nova Fronteira. 1992, 158 p.

2.. UNESCO. Declaración de Venecia, 1986. Disponible en: www.cetrans.futuro.usp.br (Acceso en 24.08.03).

3.. HEISENBERG W. Physics and phylosophy. Nueva York: Harper y Row. 1962.

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