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INTELIGENCIA ESPIRITUAL

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

Los pioneros sobre este tema, Zohar y Marshall (1), recientemente publicaron el primer libro en el mundo sobre este asunto. Ellos definen inteligencia espiritual como “la inteligencia con la que  abordamos problemas de sentido y de valor”… “Seres humanos son, esencialmente, criaturas espirituales, porque somos impulsados por la necesidad de hacer preguntas ‘fundamentales’ o ‘finales’, tipo: ¿cuál es el significado de mi vida? ¿Que es lo que hace que la vida sea digna de ser vivida?”

Ya Wolman (2) la define como “la capacidad humana de hacer las preguntas fundamentales sobre el significado de la vida y de experimentar simultáneamente, la conexión entre cada uno de nosotros y el mundo en el cual vivimos”.

Palmer (3) define como espiritual “la busca secular y permanente por la capacidad de conexión con algo mayor y más confiable que nuestros egos(**); en verdad con  nuestras propias almas, unos con los otros, con los mundos de la Historia y de la Naturaleza, con los meandros invisibles del espíritu, con el misterio de estar vivos”.

La inteligencia intelectual puede ser reproducida por computadores, que pueden alcanzar altos desempeños del respectivo cociente, pues conocen las reglas, pudiéndolas seguir sin cometer errores, ni tener interferencias emocionales. Pero ellos no son capaces de preguntar por que están en una determinada situación, por qué deben obedecer esas reglas ni si existen reglas mejores. Ellos, así como los animales superiores, se comportan dentro de límites prefijados, en un juego de cartas marcadas, claramente finito.

Ya la inteligencia espiritual es la fuente de la creatividad. Así podemos cambiar reglas, alterar situaciones y crear otras nuevas, entrando en un juego de naturaleza infinita. “Usamos la inteligencia espiritual para luchar con preguntas acerca del Bien y del mal y para imaginar posibilidades no realizadas, tales como soñar, aspirar y erguirnos del lodo”. (Zohar y Marshall, 1).

Dillard (4) agrega: “La espiritualidad habla a la necesidad más fundamental de todas: la necesidad de saber que, de algún modo, somos importantes, que nuestras vidas significan alguna cosa, que cuentan como algo más que una simple chíspa momentánea del Universo”.

Por otro lado, la inteligencia emocional, según Goleman (5) permite juzgar la situación en la que nos encontramos, y luego a seguir, comportarnos apropiadamente dentro de ella, así la utilizamos como brújula orientadora, dentro de los límites de una cierta situación.

Ya la inteligencia espiritual se caracteriza por su naturaleza transformadora. O sea, la pregunta que ella haría es si queremos, mismo, estar dentro de esa situación. ¿No podríamos cambiarla para otra mejor? Por lo tanto, tendremos poder para elegir. Es a través de ella que podemos ejercer plenamente el libre albedrío.

“En condiciones ideales las tres inteligencias funcionan en forma conjunta y se apoyan mutuamente. Pero todas ellas poseen un área cerebral propia y pueden también funcionar separadamente” (Zohar y Marshall, 1).

Los nuevos conocimientos sobre inteligencia espiritual no son especulativos; ellos tienen sólida base científica experimental, desarrollada por la moderna y ultra sofisticada neurofisiología. Desde hace mucho tiempo se sabía que la inteligencia intelectual se desarrollaba a través de la “cadena neuronal serial”; más tarde se identificó la “cadena neuronal asociativa”, por donde se procesa la inteligencia emocional. Pero existe un tercer sistema neuronal, cuyo estudio profundizado solo ocurrió en la década del 90, denominado “cadena neuronal unitiva”, capaz de unificar datos en todo el cerebro. Es esa cadena que proporciona la base empírica, experimental, al concepto de inteligencia espiritual.

Wolman (2) nos informa que la inteligencia espiritual es capaz de presentarse en dos estados mentales diferentes:

Estado de ser, o sea un estado en el cual la experiencia subjetiva por sí sola es la realidad.

Estado de hacer: conjunto de habilidades discretas y serie de acciones específicas que cada uno de nosotros es capaz de realizar.

Como se puede apreciar, se presentan aquí nuevamente los dos principios universales holísticos: el auto-afirmativo (conjunto de habilidades) e integrativo (estado de ser).

Ahora queda firmemente establecida la fuente, la base, el origen del segundo principio, el integrativo: es la inteligencia espiritual o inteligencia integradora (o Amor, en el sentido auténtico de la palabra, dado por el Maestro hace 2000 años).

La inteligencia espiritual tiene así el potencial de transformar el material oriundo de la razón y de la emoción, facilitando el diálogo entre la mente y el corazón, dando al yo, la generación de un sentido para la vida humana.

En monografías anteriores fue discutida la diferencia entre religión y espiritualidad. Con la introducción del concepto de inteligencia espiritual, la diferencia queda más evidente.

Zohar y Marshall (1) afirman: “La religión convencional es un conjunto de reglas y creencias (dogmas), impuesto de afuera; ya la inteligencia espiritual es una capacidad interna, innata, del cerebro y de la psiquis humana, extrayendo sus recursos más profundos del centro del propio Universo”… “La inteligencia espiritual es la inteligencia del alma, y con la cual nos transformamos en un todo íntegro”.

Y aún agregan aquellos autores: “La inteligencia espiritual ha sido un tópico embarazoso para académicos, porque la ciencia oficial no está preparada para estudiar cosas que no pueda medir objetivamente. Pero, existen, realmente un gran volumen de pruebas (sobre ella), oriundas de estudios psicológicos, neurológicos y antropológicos recientes, así como sobre el pensamiento humano y procesos lingüísticos”.

Algunos de estos estudios son citados a continuación:

Singer (6) fue el primero (en 1992) a ofrecer un primer indicio científico acerca de un tercer tipo de pensamiento, llamado unitivo, oriundo de un proceso neuronal dedicado a unificar y dar sentido a nuestras experiencias.

Llinas y Robary (7) perfeccionaron una nueva técnica neurofisiológica llamada MEG (magneto encefalografía), que permite estudios acerca de campos eléctricos oscilantes, relacionados con el desarrollo del pensamiento unitivo.

Deacon (8), de la Universidad de Harvard, mostró que la evolución de la imaginación simbólica (que solo el ser humano posee) y su respectivo papel en el cerebro y en la evolución social, dan sustentación a la facultad denominada inteligencia espiritual. En palabras más simples, esta inteligencia instaló el sistema necesario para saber quien somos y aún para implantar nuevos sistemas que sean capaces de participar en el crecimiento, desarrollo y transformación de nuestro potencial humano.

Para resumir esa apretada síntesis de descubiertas científicas, Persinger (9), así como Ramachandran y Blakesley (1026) con su equipo de la Universidad de California, comprobaron la existencia de lo que llamaron de “punto divino” en el cerebro humano, localizado entre conexiones neuronales en los lobos temporales. La prueba fue obtenida a través de escaneamientos realizados con la modernísima tecnología neurofisiológica denominada “topografía de emisión de positrones”. Este “punto divino” o centro espiritual se iluminó en todos los casos en los que los participantes de la investigación se involucraron en tópicos espirituales o religiosos. Ese “punto divino” no prueba la existencia de Dios, pero sí de que el cerebro humano evolucionó para hacer las “preguntas finales”, relativas al sentido y al significado de la vida humana.

La inteligencia espiritual es, pues, la fuente de la creatividad. Es ella que utilizamos para enfrentar nuestros problemas existenciales, los que ayuda a resolver yendo al centro de las cosas, o sea a la energía subyacente que está atrás de cualquier manifestación material. En verdad, ella nos puede colocar en contacto con el sentido y el espíritu fundamental original que dio origen tanto al misticismo como a las grandes religiones.

Tal vez algunos conceptos aquí colocados, puedan ser considerados como muy teóricos (o  quien sabe hasta fantasiosos), por lo que precisamos ligarlos a la “realidad” prevaleciente. Esa ligación es hecha de forma admirable por Zohar y Marshall (1):

“La inteligencia espiritual colectiva es baja en la sociedad moderna. Vivimos en una cultura espiritualmente estúpida, caracterizada por materialismo, utilitarismo, egocentrismo miope, falta de sentido y rechazo a la asunción de compromisos”…”La cultura occidental, donde quiera que exista en el planeta, está saturada de lo inmediato, de lo material, de la manipulación egoísta de cosas, experiencias y personas. Usamos mal nuestros relacionamientos y el medio ambiente, de la misma forma como usamos mal nuestros sentidos humanos más profundos”…”Negligenciamos tristemente lo sublime y lo sagrado que existe en nosotros, en los otros y en el mundo”.

Para “Cambiar de verdad(*)…”, es necesario desarrollar la concientización y después aplicar la acción encima de ella. En la medida en que esa concientización va avanzando, estaremos cada vez más contactados con la verdad interna (aquella que se vive); así podremos actuar siguiendo nuestra brújula propia (no la que nos quieran imponer).

Es importante saber que la palabra verdad viene del griego: alithia, que significa literalmente “no olvidar”. Y ese “no olvidar” se refiere a la sabiduría profunda, a la sabiduría del alma, a la inteligencia espiritual que está dentro de nosotros, muchas veces adormecida.

En resumen, una constelación de factores está operando para que la espiritualidad sea incorporada al ámbito científico y al académico. Obviamente, no se está hablando aquí de pseudo espiritualidad, dogmatismo, oscurantismo, superstición, fanatismo o charlatanería, que de alguna forma pueden estar relacionadas, en el imaginario popular, con aquella palabra.

Los principales componentes de esa constelación son:

Recomendación de la UNESCO (11) reclamando que la Educación Superior asuma “dimensiones éticas y espirituales más arraigadas”.

Estudios de la Física Cuántica (desde 1930), convergiendo para una visión unificada del Universo y una sintonía cada vez mayor entre la Ciencia y la sabiduría mística milenaria. Así lo que el misticismo denominaba Ser Supremo y las religiones, Dios, la Ciencia ahora lo conoce como “vacío cuántico” o Unidad.

Estudios de neurofisiología bien recientes descubrieron la base neuronal de la inteligencia espiritual (”cadena unitiva”).

El trabajo pionero de Zohar y Marshall (1), combinando todos esos elementos y varios más, creando el modernísimo término inteligencia espiritual.

En este contexto ¿hasta cuando los medios científicos y académicos continuarán a hacer el juego del “avestruz racional”? (Aktouf, 12). El hecho es que no se quiere ver, en aquellos medios, lo que las personas de la calle saben: ¡somos seres espirituales! Por lo tanto, la dimensión espiritual es un asunto imprescindible en los cursos universitarios.

Bibliografía consultada

1. ZOHAR D e I. MARSHALL. Inteligencia Espiritual. Rio de Janeiro: Record. 2000, 349 p.

2.. WOLMAN R. Inteligencia Espiritual. San Pablo: Ediouro. 2001,  336 p.

3.. PALMER P.J. Evoking the Sprit in Public Education: Educacional Leadership 56:4. Dic. 98/Enc. 99.

4.. DILLARD A. For the Time Being. Nova York: Vintage. 1999. 324 p.

5. GOLEMAN D. Inteligencia Emocional. Rio de Janeiro: Objetiva. 1995, 370 p.

6. SINGER W. Striving for Coherence: Nature 397:391-93. Feb. 1992.

7. LLINAS R. y U. ROBBARY. Coherent 40 Hz-Oscilation characterizes Dream States in Humans. Proceedings National Academy of Sciences (USA) 90:2078-81. Mar. 1993.

8. DEACON F. The Symbolic Species. Londres: Penguim Press, 1997.

9. PERSINGER M. A. Religious and Mystical Experiences as Artefacts Temporal Lobe Functions. Nueva York: Randon House, 1993.

10. RAMACHANDRAN V. S. y S. BLAKESLEE. Phantoms in the Brain. Londres: Fourth State, 1998.

11.. UNESCO. Declaración de Venecia, 1986. Disponible en: www.cetrans.futuro.usp.br (Acceso en 24.08.03).

12.. AKTOUF O. Le management entre tradition et renouvellment. Montreal: Gaétan Morin. 1994. 710 p.

13. BONILLA J.A. El Cambio de Verdad: La Gran Utopía se transforma en Realidad. Montevideo: Nordan. 2006,  254 p.

INTELIGENCIA ESPIRITUAL

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

Los pioneros sobre este tema, Zohar y Marshall (1), recientemente publicaron el primer libro en el mundo sobre este asunto. Ellos definen inteligencia espiritual como “la inteligencia con la que  abordamos problemas de sentido y de valor”… “Seres humanos son, esencialmente, criaturas espirituales, porque somos impulsados por la necesidad de hacer preguntas ‘fundamentales’ o ‘finales’, tipo: ¿cuál es el significado de mi vida? ¿Que es lo que hace que la vida sea digna de ser vivida?”

Ya Wolman (2) la define como “la capacidad humana de hacer las preguntas fundamentales sobre el significado de la vida y de experimentar simultáneamente, la conexión entre cada uno de nosotros y el mundo en el cual vivimos”.

Palmer (3) define como espiritual “la busca secular y permanente por la capacidad de conexión con algo mayor y más confiable que nuestros egos(**); en verdad con  nuestras propias almas, unos con los otros, con los mundos de la Historia y de la Naturaleza, con los meandros invisibles del espíritu, con el misterio de estar vivos”.

La inteligencia intelectual puede ser reproducida por computadores, que pueden alcanzar altos desempeños del respectivo cociente, pues conocen las reglas, pudiéndolas seguir sin cometer errores, ni tener interferencias emocionales. Pero ellos no son capaces de preguntar por que están en una determinada situación, por qué deben obedecer esas reglas ni si existen reglas mejores. Ellos, así como los animales superiores, se comportan dentro de límites prefijados, en un juego de cartas marcadas, claramente finito.

Ya la inteligencia espiritual es la fuente de la creatividad. Así podemos cambiar reglas, alterar situaciones y crear otras nuevas, entrando en un juego de naturaleza infinita. “Usamos la inteligencia espiritual para luchar con preguntas acerca del Bien y del mal y para imaginar posibilidades no realizadas, tales como soñar, aspirar y erguirnos del lodo”. (Zohar y Marshall, 1).

Dillard (4) agrega: “La espiritualidad habla a la necesidad más fundamental de todas: la necesidad de saber que, de algún modo, somos importantes, que nuestras vidas significan alguna cosa, que cuentan como algo más que una simple chíspa momentánea del Universo”.

Por otro lado, la inteligencia emocional, según Goleman (5) permite juzgar la situación en la que nos encontramos, y luego a seguir, comportarnos apropiadamente dentro de ella, así la utilizamos como brújula orientadora, dentro de los límites de una cierta situación.

Ya la inteligencia espiritual se caracteriza por su naturaleza transformadora. O sea, la pregunta que ella haría es si queremos, mismo, estar dentro de esa situación. ¿No podríamos cambiarla para otra mejor? Por lo tanto, tendremos poder para elegir. Es a través de ella que podemos ejercer plenamente el libre albedrío.

“En condiciones ideales las tres inteligencias funcionan en forma conjunta y se apoyan mutuamente. Pero todas ellas poseen un área cerebral propia y pueden también funcionar separadamente” (Zohar y Marshall, 1).

Los nuevos conocimientos sobre inteligencia espiritual no son especulativos; ellos tienen sólida base científica experimental, desarrollada por la moderna y ultra sofisticada neurofisiología. Desde hace mucho tiempo se sabía que la inteligencia intelectual se desarrollaba a través de la “cadena neuronal serial”; más tarde se identificó la “cadena neuronal asociativa”, por donde se procesa la inteligencia emocional. Pero existe un tercer sistema neuronal, cuyo estudio profundizado solo ocurrió en la década del 90, denominado “cadena neuronal unitiva”, capaz de unificar datos en todo el cerebro. Es esa cadena que proporciona la base empírica, experimental, al concepto de inteligencia espiritual.

Wolman (2) nos informa que la inteligencia espiritual es capaz de presentarse en dos estados mentales diferentes:

Estado de ser, o sea un estado en el cual la experiencia subjetiva por sí sola es la realidad.

Estado de hacer: conjunto de habilidades discretas y serie de acciones específicas que cada uno de nosotros es capaz de realizar.

Como se puede apreciar, se presentan aquí nuevamente los dos principios universales holísticos: el auto-afirmativo (conjunto de habilidades) e integrativo (estado de ser).

Ahora queda firmemente establecida la fuente, la base, el origen del segundo principio, el integrativo: es la inteligencia espiritual o inteligencia integradora (o Amor, en el sentido auténtico de la palabra, dado por el Maestro hace 2000 años).

La inteligencia espiritual tiene así el potencial de transformar el material oriundo de la razón y de la emoción, facilitando el diálogo entre la mente y el corazón, dando al yo, la generación de un sentido para la vida humana.

En monografías anteriores fue discutida la diferencia entre religión y espiritualidad. Con la introducción del concepto de inteligencia espiritual, la diferencia queda más evidente.

Zohar y Marshall (1) afirman: “La religión convencional es un conjunto de reglas y creencias (dogmas), impuesto de afuera; ya la inteligencia espiritual es una capacidad interna, innata, del cerebro y de la psiquis humana, extrayendo sus recursos más profundos del centro del propio Universo”… “La inteligencia espiritual es la inteligencia del alma, y con la cual nos transformamos en un todo íntegro”.

Y aún agregan aquellos autores: “La inteligencia espiritual ha sido un tópico embarazoso para académicos, porque la ciencia oficial no está preparada para estudiar cosas que no pueda medir objetivamente. Pero, existen, realmente un gran volumen de pruebas (sobre ella), oriundas de estudios psicológicos, neurológicos y antropológicos recientes, así como sobre el pensamiento humano y procesos lingüísticos”.

Algunos de estos estudios son citados a continuación:

Singer (6) fue el primero (en 1992) a ofrecer un primer indicio científico acerca de un tercer tipo de pensamiento, llamado unitivo, oriundo de un proceso neuronal dedicado a unificar y dar sentido a nuestras experiencias.

Llinas y Robary (7) perfeccionaron una nueva técnica neurofisiológica llamada MEG (magneto encefalografía), que permite estudios acerca de campos eléctricos oscilantes, relacionados con el desarrollo del pensamiento unitivo.

Deacon (8), de la Universidad de Harvard, mostró que la evolución de la imaginación simbólica (que solo el ser humano posee) y su respectivo papel en el cerebro y en la evolución social, dan sustentación a la facultad denominada inteligencia espiritual. En palabras más simples, esta inteligencia instaló el sistema necesario para saber quien somos y aún para implantar nuevos sistemas que sean capaces de participar en el crecimiento, desarrollo y transformación de nuestro potencial humano.

Para resumir esa apretada síntesis de descubiertas científicas, Persinger (9), así como Ramachandran y Blakesley (1026) con su equipo de la Universidad de California, comprobaron la existencia de lo que llamaron de “punto divino” en el cerebro humano, localizado entre conexiones neuronales en los lobos temporales. La prueba fue obtenida a través de escaneamientos realizados con la modernísima tecnología neurofisiológica denominada “topografía de emisión de positrones”. Este “punto divino” o centro espiritual se iluminó en todos los casos en los que los participantes de la investigación se involucraron en tópicos espirituales o religiosos. Ese “punto divino” no prueba la existencia de Dios, pero sí de que el cerebro humano evolucionó para hacer las “preguntas finales”, relativas al sentido y al significado de la vida humana.

La inteligencia espiritual es, pues, la fuente de la creatividad. Es ella que utilizamos para enfrentar nuestros problemas existenciales, los que ayuda a resolver yendo al centro de las cosas, o sea a la energía subyacente que está atrás de cualquier manifestación material. En verdad, ella nos puede colocar en contacto con el sentido y el espíritu fundamental original que dio origen tanto al misticismo como a las grandes religiones.

Tal vez algunos conceptos aquí colocados, puedan ser considerados como muy teóricos (o  quien sabe hasta fantasiosos), por lo que precisamos ligarlos a la “realidad” prevaleciente. Esa ligación es hecha de forma admirable por Zohar y Marshall (1):

“La inteligencia espiritual colectiva es baja en la sociedad moderna. Vivimos en una cultura espiritualmente estúpida, caracterizada por materialismo, utilitarismo, egocentrismo miope, falta de sentido y rechazo a la asunción de compromisos”…”La cultura occidental, donde quiera que exista en el planeta, está saturada de lo inmediato, de lo material, de la manipulación egoísta de cosas, experiencias y personas. Usamos mal nuestros relacionamientos y el medio ambiente, de la misma forma como usamos mal nuestros sentidos humanos más profundos”…”Negligenciamos tristemente lo sublime y lo sagrado que existe en nosotros, en los otros y en el mundo”.

Para “Cambiar de verdad(*)…”, es necesario desarrollar la concientización y después aplicar la acción encima de ella. En la medida en que esa concientización va avanzando, estaremos cada vez más contactados con la verdad interna (aquella que se vive); así podremos actuar siguiendo nuestra brújula propia (no la que nos quieran imponer).

Es importante saber que la palabra verdad viene del griego: alithia, que significa literalmente “no olvidar”. Y ese “no olvidar” se refiere a la sabiduría profunda, a la sabiduría del alma, a la inteligencia espiritual que está dentro de nosotros, muchas veces adormecida.

En resumen, una constelación de factores está operando para que la espiritualidad sea incorporada al ámbito científico y al académico. Obviamente, no se está hablando aquí de pseudo espiritualidad, dogmatismo, oscurantismo, superstición, fanatismo o charlatanería, que de alguna forma pueden estar relacionadas, en el imaginario popular, con aquella palabra.

Los principales componentes de esa constelación son:

Recomendación de la UNESCO (11) reclamando que la Educación Superior asuma “dimensiones éticas y espirituales más arraigadas”.

Estudios de la Física Cuántica (desde 1930), convergiendo para una visión unificada del Universo y una sintonía cada vez mayor entre la Ciencia y la sabiduría mística milenaria. Así lo que el misticismo denominaba Ser Supremo y las religiones, Dios, la Ciencia ahora lo conoce como “vacío cuántico” o Unidad.

Estudios de neurofisiología bien recientes descubrieron la base neuronal de la inteligencia espiritual (”cadena unitiva”).

El trabajo pionero de Zohar y Marshall (1), combinando todos esos elementos y varios más, creando el modernísimo término inteligencia espiritual.

En este contexto ¿hasta cuando los medios científicos y académicos continuarán a hacer el juego del “avestruz racional”? (Aktouf, 12). El hecho es que no se quiere ver, en aquellos medios, lo que las personas de la calle saben: ¡somos seres espirituales! Por lo tanto, la dimensión espiritual es un asunto imprescindible en los cursos universitarios.

Bibliografía consultada

1. ZOHAR D e I. MARSHALL. Inteligencia Espiritual. Rio de Janeiro: Record. 2000, 349 p.

2.. WOLMAN R. Inteligencia Espiritual. San Pablo: Ediouro. 2001,  336 p.

3.. PALMER P.J. Evoking the Sprit in Public Education: Educacional Leadership 56:4. Dic. 98/Enc. 99.

4.. DILLARD A. For the Time Being. Nova York: Vintage. 1999. 324 p.

5. GOLEMAN D. Inteligencia Emocional. Rio de Janeiro: Objetiva. 1995, 370 p.

6. SINGER W. Striving for Coherence: Nature 397:391-93. Feb. 1992.

7. LLINAS R. y U. ROBBARY. Coherent 40 Hz-Oscilation characterizes Dream States in Humans. Proceedings National Academy of Sciences (USA) 90:2078-81. Mar. 1993.

8. DEACON F. The Symbolic Species. Londres: Penguim Press, 1997.

9. PERSINGER M. A. Religious and Mystical Experiences as Artefacts Temporal Lobe Functions. Nueva York: Randon House, 1993.

10. RAMACHANDRAN V. S. y S. BLAKESLEE. Phantoms in the Brain. Londres: Fourth State, 1998.

11.. UNESCO. Declaración de Venecia, 1986. Disponible en: www.cetrans.futuro.usp.br (Acceso en 24.08.03).

12.. AKTOUF O. Le management entre tradition et renouvellment. Montreal: Gaétan Morin. 1994. 710 p.

13. BONILLA J.A. El Cambio de Verdad: La Gran Utopía se transforma en Realidad. Montevideo: Nordan. 2006,  254 p.

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