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LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil). bonilla.bhz@terra.com.br

Conceptos introductorios

Se trata de un asunto bastante complejo, muchas veces distorsionado y generalmente mal comprendido. En este momento haremos apenas una rápida incursión sobre el mismo, procurando - básicamente - aclarar conceptos y significados, de modo que se justifique plenamente considerar la Dimensión Espiritual como componente imprescindible de una nueva forma de ver el mundo.

Boff (1) dice: “Todos hablan hoy de espiritualidad y ella es un tema frecuente en nuestra cultura, incluyendo intelectuales, famosos científicos y - para nuestra sorpresa - grandes empresarios”… “El hecho de que grandes empresarios coloquen asuntos ligados a la espiritualidad, comprueba las dimensiones de la crisis que nos asola. Significa que los bienes materiales que ellos producen, las lógicas productivistas que incentivan, el universo que inspira sus prácticas, no deben ser suficientes. Hay un vacío profundo, un agujero inmenso dentro de sus seres que suscitan asuntos como espiritualidad y futuro de la vida y del planeta”.

El propio Boff (1) nos advierte, colocándonos en guardia. “Es importante, no obstante, mantener siempre nuestro espíritu crítico, porque con espiritualidad(*) también se puede ganar dinero. Hay verdaderas empresas manejando los discursos de la espiritualidad para crear un ejército de seguidores, que hablan más a los bolsillos que a sus corazones”.

Todos conocemos cuales son esas “empresas” autodenominadas de “iglesias”, por las cuales muchas personas son engañadas, con promesas de satisfacer carencias, que a veces son devastadoras.

Por lo tanto, cualquier cuidado en este tema, es poco.

Lo que interesa al respecto es que hoy, mundialmente, hay una demanda por valores inmateriales, por una redefinición del ser humano como un ser que busca un sentido plenificador, que está en busca de valores que inspiren profundamente su vida. O sea, el ser humano está en busca de su esencia, no de la superficie exterior, que ya conoce muy bien.

Y esta esencia tiene raíces espirituales.

Naisbitt y Aburdene (2) dedican un capítulo entero al “renacimiento religioso del tercer milenio “, conceptuándolo como una de las mega tendencias del siglo XXI.

A continuación algunas de sus ponderaciones más importantes: “En tiempos de grandes cambios, las personas se vuelven para uno de dos extremos: fundamentalismo religioso o experiencia espiritual personal”… “La Ciencia y la Tecnología no nos dicen lo que la vida significa. Se llega a ella a través de la literatura, el arte y la espiritualidad”… “con la aproximación del simbólico año 2000, la Humanidad no está abandonando la Ciencia, pero sí a través de un renacimiento religioso, reafirmando lo espiritual en aquello que es ahora una causa más equilibrada para mejorar nuestras vidas y la de nuestros vecinos”.

El Dalai Lama también dio varias conferencias  para empresarios, conceptuando espiritualidad como “aquello que produce, dentro de nosotros, un cambio interior”. Ese cambio interior según Boff (1) “son verdaderas transformaciones alquímicas, capaces de dar un nuevo sentido a la vida, abriendo nuevos campos de experiencia y de profundidad, rumbo al propio corazón y al misterio de todas las cosas”.

Desarrollo espiritual sería, pues, el proceso gradual (que a veces se manifiesta de una vez) a través del cual, el cambio interior ocurre. Los antiguos estimulaban este desarrollo en las llamadas Escuelas de Misterios, que hoy son llamadas de Órdenes Iniciáticas, aunque aquel desarrollo también puede ocurrir fuera de ellas, pues Escuelas y Órdenes son apenas catalizadores. La esencia del proceso está en el corazón y en el alma de seres humanos específicos.

Religión es otra cosa. Se trata de instituciones organizadas con base en enseñanzas espirituales de algún  gran mensajero (Moisés, Buda, Jesús, etc.). Sin embargo, ellas en la medida en que crecen en el medio de la sociedad, corren el riesgo de contaminarse con las debilidades humanas tales como autoritarismo, intolerancia, seducción por el dinero, etc., como la Historia puede contar en detalle.

El mencionado riesgo se acentúa en la medida en que las tentaciones mundanas llevan a priorizar el poder expansivo de la respectiva institución religiosa por encima de los contenidos originales, impregnados de sabiduría y de amor por la Humanidad, oriundos de un ser iluminado.

Ejemplos de estos desvíos, ocurren actualmente en grupos religiosos que ofrecen la gloria a personas desesperadas, a cambio del “vil” dinero, pero también se pueden encontrarlos 500 años atrás en el seno de la “Santa” Inquisición, que por su lado quemó tres millones de “herejes” (porque no concordaban con el desvío de las enseñanzas originales del Maestro).

Y si retrocedemos tres milenios, nos encontraremos con los corruptos sacerdotes egipcios que acabaron destruyendo completamente la ciudad de Tell-El-Amarna, que el gran faraón Aquenaton había construido especialmente para desarrollar lo que podríamos llamar de “religión universal”, que no es otra cosa que la “religión cósmica” mencionada por Einstein (3).

Es interesante resaltar que esta “religión universal” tenía un cimiento absoluto, que hoy parece obvio, pero que en aquella época no era. En efecto, en un mundo infectado por una colección interminable de pequeños dioses, Aquenaton levanta, por primera vez en la historia humana registrada, el concepto de Dios Único (monoteísmo). Y esto ocurrió 200 años antes de que Moisés escribiese la primera línea del Génesis.

Misticismo y religión

La palabra exacta que expresa el sentido específico de la palabra espiritualidad como discutida en este texto es: misticismo.

Misticismo significa la procura de la armonización cósmica, o sea la absorción de nuestro Ser Espiritual en el seno del Ser Supremo o Creador, denominado Dios por las religiones (aunque cada una con un nombre diferente: El Señor, Alá, Brahma, Rá, etc.).

La gran diferencia entre misticismo y religión, es que en el primero la búsqueda es un proceso autónomo, sin dogmas y sin imposición; ya en la segunda, la busca se procesa a través de los autodenominados intérpretes de lo divino: pastores, rabinos, curas y sacerdotes en general. Esto abre espacios para que las debilidades personales institucionalizadas de aquellos intérpretes, desvíen y distorsionen – a veces hasta absurdamente – la pureza original de las enseñanzas.

El místico es, pues, un libre pensador, que tiene un objetivo bien definido: su armonización cósmica. Para alcanzarla estudiará y experimentará muchas cosas; así leerá los Evangelios, el Bhagavad-Gita, el Antiguo Testamento, los textos de los mayores filósofos modernos, de los maestros griegos y tal vez hasta las obras de Hermes Trismegisto. Pero lo hará con sentido crítico. Podrá pertenecer a Órdenes Iniciáticas, pero ellas, por su propia naturaleza, no le enseñarán “verdades”; en cambio, le proporcionarán apenas propuestas para que su Ser Interior las acepte o no, en función de su nivel de desarrollo espiritual. El crecimiento interno, en la medida que progrese, acercará el individuo a su objetivo, y él siente eso como una reverberación interior, que la Ciencia con su enorme sofisticación no puede explicar.

Ya el religioso, generalmente bien intencionado, con buena voluntad, con un fuerte deseo de auto perfeccionamiento, puede entrar en serios conflictos si pretende seguir al pié de la letra las enseñanzas, en gran parte dogmáticas, que le son impartidas. En verdad, el Maestro vino a plantar en este planeta la frágil semilla del Amor(*). Por ser esta una propuesta “herética” (en el sentido de Einstein, ver más adelante), fue crucificado.

En sustitución de las enseñanzas originales, lo que proliferan son enseñanzas superficiales y aún peor: distorsionadas. La palabra pecado, por ejemplo, significa la violación de alguna ley (interna) que nuestra conciencia estableció con base a componentes espirituales fundamentales: ética, responsabilidad personal, necesidad de contribuir para la sociedad, etc. Sin embargo, “pecado” aparece en muchas enseñanzas religiosas, como desvío de alguna ley (externa), relacionada con el mundo físico, especialmente el sexo.

¡Como si el cuerpo pudiese pecar! ¡Quien “peca” es nuestra mente y nuestro corazón! De esta forma, el verdadero “pecado” es poco considerado: explotación, el poder de destrucción de personas, familias y naciones, la destrucción del planeta, la vanidad, la hipocresía, la injusticia social, etc. Estos sí son “pecados”, pues afectan nuestro Ser Interior, impidiéndonos de crecer y desarrollarnos.

Pero… ¿habrá religiosidad mística? Claro que sí. Toda religión superior comenzó siendo mística. Veamos el caso del cristianismo: los Evangelios son misticismo puro. El Maestro expone, enseña, pero no impone dogmas. Entrando en la esencia de cualquier religión, si eliminamos los dogmas restrictivos, creados posteriormente, podemos practicar misticismo y así desarrollar la espiritualidad. Para más detalles sobre este fascinante asunto, ver Challaye (4).

Muchos científicos y otras personas, colocan como máximo galardón humano la racionalidad y consideran la espiritualidad como algo evanescente, subjetivo e imposible de comprobar. O sea, la nueva religión, llamada Ciencia, sustituye a las anteriores.

¿Será que hay alguna convergencia entre Ciencia y Espiritualidad?

Es muy ilustrativo llevar en cuenta lo que escribió aquel que fue reconocido unánimemente como el mayor científico de todas las épocas: Albert Einstein (3). Veamos apenas algunas frases de tan reconocida figura.

· “La emoción más magnífica y profunda que podemos sentir es la sensación mística. Ese es el germen de toda ciencia verdadera: Saber que lo que nos es impenetrable existe, manifestándose como la más alta sabiduría y la más espléndida belleza”.

· El espíritu científico, fuertemente armado con su método, no existe sin la religiosidad cósmica. Yo aseguro con todo vigor, que la religión cósmica (**) es el móvil más poderoso y más generoso de la investigación científica. Esta religiosidad consiste en extasiarse ante la armonía de las leyes de la Naturaleza, revelando una inteligencia tan superior, que todos los pensamientos humanos y todo su ingenio, no pueden revelar delante de ella, a no ser su nada irrisorio”. Mientras tanto…

· Ninguna iglesia enseña la religión cósmica. También tenemos la impresión de que los ‘herejes’ de todos los tiempos de la historia humana se nutrían con esta forma superior de religión”.

Estas frases de Einstein tienen un contenido riquísimo, capaz de ser desdoblado en muchos aspectos de valor extraordinario. Con todo, ahora nos limitaremos apenas a algunos comentarios rápidos.

En primer lugar, es claro que Einstein rechaza cualquier tipo de consideración científica que no está apoyada en cimientos más profundos, claramente no experimentales. Esos cimientos están vinculados a una Inteligencia Superior, infinitamente más elevada que la humana, que aparece ante aquella como completamente insignificante: hay aquí más que una convergencia entre Ciencia y Espiritualidad, reconociéndose la predominancia de la segunda sobre la primera.

En segundo lugar, Einstein manifiesta que ningún tipo de “iglesia” enseña este tipo de espiritualidad y que los “herejes” de todos los tiempos se nutrían en ella. Eso es una clara alusión al hecho de que cualquier ideología política, religiosa, filosófica o de otra naturaleza que quiera imponerse con base a dogmas, apelando a la interpretación de libros sagrados o no, como verdades absolutas, no está en sintonía con nuestros tiempos, que exigen otra cosa. Y esa otra cosa, a falta de mejor nombre, ha sido llamada de comprensión holística, la cual sería un grado apenas, mas bajo que la religiosidad cósmica de Einstein.

En tercer lugar, se debe destacar nítidamente la importancia y el papel fundamental que los “herejes” cumplen en todo el proceso de la evolución humana: hoy en día ser “hereje”(*) es rechazar el conformismo, el comodismo y el consumismo como formas de vida.

Bibliografía consultada

.

1.    BOFF L. Espiritualidade: um caminho para a transformação. Rio de Janeiro: Sextante. 2001, 94 p.

2.    NAISBITT J. y P. ABURDENE. Megatrends 2000. San Pablo: Amana Key. 1990,   461 p.

3. EINSTEIN A. Como vejo o mundo. Rio de Janeiro: Nova Fronteira.1981. 213 p.

4..   CHALLAYE F. As Grandes Religiões. San Pablo: Ibrasa. 1981, 287 p.

5.     BONILLA J. A. El mensaje olvidado de Einstein : la Religión Cósmica. Libro disponible on line .2010, 151 p.


(*) Creemos que en este contexto, la palabra adecuada sería “pseudo espiritualidad” o “mistificación”.

(*) O sea del principio integrativo.

(**) El autor de  este monografía  ha escrito un libro sobre este asunto (Bonilla,5)

(*) En el sentido de Einstein.

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